Una poeta, podría decirse parafraseando a Gertrude Stein, es una poeta, una poeta, una poeta. La repetición al infinito deshace la tautología y la multiplica impidiendo cualquier definición de la condición poética. Alicia Genovese, que es esa poeta, escribió un libro que también convierte al poema en un poema, un poema, un poema. Se trata de una errancia alegre o, como se subtitula el libro, de la felicidad del desplazamiento. Para hacerlo, Genovese se viste de ensayista y diarista.
Poesía y errancia es un libro doble. La primera parte avanza de manera ensayística sobre la escritura y movimiento de la poesía, invocando cuatro procedimientos para pensar sus resonancias: habitar, improvisar, ejercitar, respirar. La segunda parte es un diario de escritura, hecho con entradas que la autora redacta cuando está escribiendo sus libros de poemas. Esta parte tiene un formidable antecedente en Diario de un libro de Alberto Girri, escrito en torno al libro de poemas En la letra, ambigua selva, de 1972. En el libro de Genovese, dos géneros son puestos frente a frente para hablar, o quizás tocar, un tercero: el poético.
Por fuera de la lógica de los libros concluidos, Poesía y errancia hace una apuesta por lo desflecado y lo embrionario, donde la escritura se parece más que nunca a la vida. El poema no puede quedar sujeto a la técnica del cierre y la perfección, la apertura es su fuerza. Genovese proporciona una serie de reflexiones, que se mueven entre concepciones teóricas y poemas concretos, para señalar aquello que es necesario sostener: la muestra de una escena de escritura. Se trata, como señala la autora siguiendo a Lispector, de hacer visible la puntada, las costuras que dejan expuesto el tránsito de quien escribe lleno de vacilaciones.
De inmediato, esas reflexiones llevan al otro terreno. El tránsito de quien escribe, vacilante, es nada más y nada menos que el movimiento de la vida misma. De ahí que el diario de la segunda parte, digamos la praxis vital de la teoría, reescriba la primera parte. Es como si asistiéramos a un hechizo interno del libro, donde las afirmaciones del momento ensayístico son desplazadas por las anécdotas y fragmentos de poemas de la segunda parte, y así reescritas.
En medio del ensayo y el diario, de la teoría y la praxis, la poeta ejercita la astucia de Penélope. Ella sabe que un texto, en la reminiscencia textil de su condición, no se teje hasta que queda terminado. Por el contrario, cuando un texto se vincula con la fuerza del poema, se teje de día y se desteje de noche. El viaje, realizado en la habitación, es la costura a la vista de todos, la línea del poema que se mueve en esa hora donde el día y la noche son inseparables, donde la escritura está desplazándose. Así, la ideología de la perfección queda descartada. Hay momentos en que Poesía y errancia suena como un libro de poemas, aunque no lo es. Quizás porque en esa costura de géneros, se siente la escena viva de quien escribe, escribe, escribe.
Poesía y errancia
Autora: Alicia Genovese
Género: ensayo
Otras obras del autor: El mundo encima; La línea del desierto; Abrir el mundo desde el ojo del poema; La invención del equilibrio; Leer poesía; Oro en la lejanía; La contingencia; El río anterior; Aguas
Editorial: Entropía, $ 27.000