crítica

Literatura y vida

Borges. Un destino literario da la impresión, por su minuciosidad, de abarcarlo todo. En su profusa cronología, advertimos cabalmente que el Borges anciano, ya ciego, reverenciado como sabio y erudito, no sólo es una construcción del propio escritor (de la que, al mismo tiempo, también trataba de desmarcarse), sino que también hubo otros Borges.

Foto: cedoc

En la introducción a esta biografía que podría adjetivarse como monumental, Lucas Adur (investigador del Conicet, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA) afirma que “este libro busca ofrecer la historia de una vida, una versión posible de Jorge Luis Borges, que no se limite al acopio de datos, sino que trace un itinerario que, como en el famoso epílogo de El hacedor, dibuje las líneas que permitan reconocer un rostro”. Adur, en algo más de setecientas páginas de trabajo minucioso, ofrece “las coordenadas para leer críticamente la producción borgeana”. Allí radica quizás su mayor logro, ya que el autor no queda prendado del propio relato autobiográfico de Borges, un relato al que denomina “automitográfico”, sino que lo examina para dar cuenta de sus operaciones y sus efectos de sentido. Por su parte, del amplio caudal de bibliografía que dio lugar a este libro, Adur le otorga especial relevancia al Borges de Bioy Casares, a las investigaciones de Daniel Balderston, así como también al texto de Laura Rosato y Germán Álvarez, Borges, libros y lecturas.

Una de las líneas fundamentales del libro es la que sostiene que Borges fue desde el principio un escritor profundamente autoconsciente, atento a los modos de inserción en el campo literario argentino y a la red de relaciones necesarias para edificar una imagen de autor –ya sea a través de polémicas (Alan Pauls lo señaló como “el escritor más peleador de la literatura argentina”) o de vínculos con editoriales, ámbitos académicos, diarios y revistas. Es claro que sin su genialidad literaria no hubiese sido quien fue, pero también conviene resaltar que hubo determinadas condiciones materiales que lo hicieron posible, algo que los discursos de sacralización de su figura a menudo omiten. Como alguna vez dijo Ricardo Piglia, Borges hizo de todo para “ganarse la vida”; en palabras de Adur: “Integró grupos, fundó revistas, dirigió editoriales, tradujo, preparó antologías, participó en concursos literarios, intervino en polémicas, escribió prólogos, dio clases y conferencias”.

Borges. Un destino literario da la impresión, por su minuciosidad, de abarcarlo todo (aunque sepamos que esa es una ilusión de algunas escrituras biográficas). En su profusa cronología, advertimos cabalmente que el Borges anciano, ya ciego, reverenciado como sabio y erudito,  no sólo es una construcción del propio escritor (de la que, al mismo tiempo, también trataba de desmarcarse), sino que también hubo otros Borges: el joven inquieto y apasionado que en España frecuentaba burdeles, fumaba y bebía; el que reverenciaba a las mujeres pero las encontraba inalcanzables; el que a los treinta y tres años todavía dependía económicamente de sus padres; el que en su juventud deseaba que triunfara la revolución rusa; o el que años más tarde apoyaría fervorosamente el golpe militar argentino de 1955. La biografía de Adur capta con lucidez esas múltiples facetas, ese prisma borgeano que ha sabido entremezclar la literatura y la vida.

 

Jorge Luis Borges. 

Un destino literario

Autor: Lucas Adur

Género: biografía

Editorial: Cátedra, $55.000