se estrena el viernes que viene

Se estrena documental sobre Xul Solar: artista polígrafo e inventor

El documental de Cristián Costantini propone un recorrido contemplativo y minucioso por la vida y obra del artista argentino, donde la memoria, la infancia y la experiencia del tiempo se entrelazan con la exploración de sus lenguajes inventados, su imaginario simbólico y su singular concepción del arte. La película reconstruye su misterio y su condición de figura excéntrica dentro de la cultura argentina, integrando testimonios, archivos y reflexiones iluminadores.

Memoria. Fotos, libros, cartas, documentos, los manipula el director con guantes de cirugía. La película podrá verse en el marco del Bafici el viernes que viene en Cacodelphia y el lunes 20 en Cinépolis Recoleta 2. Foto: gentileza cristián costantini

Al ver este documental resulta imposible separar la duración del tiempo de lo filmado de aquella morosidad que el recuerdo subraya en la infancia: los ambientes familiares desplegados, solitarios, donde un niño abraza esa dimensión íntima para afrontar el miedo al abandono. También produce un desajuste con lo contemporáneo: sin urgencia, la cámara de Cristián Costantini recorre una iluminación que es la de los cuadros de esa exposición distante, luego cercana al detalle, compuesta por un Xul Solar (Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari, 1887-1963) tan ausente como vívido. 

Pero no es en esa fracción de un círculo astrológico, de un mapa estelar del azar por venir, que el artista supo trazar como añoranza de una vida trunca, la de la ausente hermana. ¿Cuántos signos emite una ausencia? Acaso un polígrafo es el único capaz de responder a semejante imposibilidad, con una o varias neolenguas, con juegos de complejidad inaprensible, en el saber de la imaginación que escapa a toda enciclopedia. Una de las panlenguas inventadas por Xul (que al final de sus días estudiaba guaraní), por ejemplo, es precursora de “la de tres fronteras” –español, portugués y guaraní– creada por Wilson Bueno en su novela Mar Paraguayo (1992).

Xul, el documental, contempla los rastros en la Fundación que lleva su nombre. La biblioteca (sin contar los dos mil ejemplares perdidos en un incendio), a la que Borges admiraba como una Babel de la diversidad lingüística y temática. Y aquí la voz, tratada con suma depuración técnica, de ese amigo que –sin decirlo– al lector/espectador sugiere un regreso a ese mismo principio de lo fílmico: en la iluminación y ambientes detenidos de un ayer inamovible está el engendro de esa esfera infinita, diminuta. Más allá de la de H. G. Wells en The Crystal Egg, la esfera de “El Aleph” parece diseñada en un sueño de Xul Solar. Y si no fuera así, algo hay de injusto.

Y aparece la cita, Xul escribe: “Soy campeón del mundo de un panjuego que todavía nadie conoce: el panajedrez. Soy maestro de una escritura que nadie lee todavía. Soy creador de una nueva técnica musical, de una grafía musical que permitirá que el estudio del piano, por ejemplo, sea posible en la tercera parte del tiempo que hoy lleva estudiarlo.” Soy, dice, ese abismo dentro de El Aleph, ¿o acaso existe otra posibilidad?

Fotos, libros, cartas, documentos, los manipula el director con guantes de cirugía. Es que existe lo frágil por delante de toda intervención de la cámara, que sugiere un profundo respeto por esa materia débil, como un nuevo cuerpo, a la vez único, que permite el reflujo de la reconstrucción histórica. Pero no es una pulcritud estéril, todos los testimonios tienen ese cuidado sobre la figura de Xul: Alejandra Eusebi Polich, Vilma Piñeyro, Jorge Schwartz, Daniel Nelson, Luis Felipe Noé, Patricia Artundo, Rafael Cippolini, Natalio Jorge Povarché, Mario Gradowczyk, Jorge López Anaya, Marco Naya, Cintia Cristiá, Martha Caprotti y Leo Genovese. 

Rafael Cippolini bien señala que la formación del personaje Xul antecede a la del artista pop mediático, por caso Warhol, pero que eso no tuvo efecto sobre la incomodidad social que despertó en la sociedad argentina, a la que Xul aportó un desdecirse de tal lugar, negando la relevancia del artista como un acto de indudable vanguardia. De allí que Luis Felipe Noé va sobre otra injusticia, la falta de reconocimiento como artista plástico en el medio crítico, mientras que los recortes periodísticos sobre su trayectoria destacan cronistas como Juan Jacobo Bajarlía. Algo había que incomodaba y que tal vez Xul Solar devolvía a la manera de escudo ante la hostilidad.

Pero esa anomalía tampoco es ancla para acusar de locura o remitir a la indiferencia. Su obra trascendió post mortem, y este efecto, es de suponer, ya formaba parte de un plan diseñado por Xul mismo. Un giro al reconocimiento donde destino y azar ya carecen de importancia, incluyendo el epitafio.

El comentario sobre Xul en el catálogo del Bafici, a cargo de David Obarrio, destaca: “Está su obra, que abarca distintas disciplinas con una altivez ensimismada que supo apartarlo de todo e investirlo con un halo de rareza aún inexpugnable. Hay aquí un esmerado repaso sobre Xul y su misterio. Todo es muy sobrio y dedicado, sin derivas alambicadas: solo están Xul y su universo”.

Tal rareza, sin embargo, incita a la búsqueda de influencias del arte precolombino, combinado con la imaginería fúnebre egipcia; mientras en las armonías musicales trastocadas al espacio pictórico, surgen rasgos expresivos de Leonora Carrington, Remedios Varo y M. C. Escher. En diálogo con diario PERFIL, Costantini destacó otras similitudes como “con Klee y Kandisnky, veo también algo parecido. Musicalmente con Scriabin, quien creó un teclado de colores.” Y aquí aparece la historia del piano modificado –afinado por primera vez desde la muerte del artista por la producción del documental–, pero para acceder a ese misterio musical hay que ver este Xul filmado en el siglo XXI, con el que Leo Genovese rinde homenaje.

Este documental se exhibe en el Bafici 27° el viernes 17 de abril a las 21.25, en Cacodelphia 1, Av. Roque Sáenz Peña 1150; y el lunes 20 de abril a las 11.30, en Cinépolis Recoleta 2, Vicente López 2050, ambas salas en la Ciudad de Buenos Aires. Algunos detalles técnicos: guion y dirección: Cristián Costantini; fotografía y montaje: Miguel de Zuviría; sonido directo: Gabriel Real, Eugenio Pastor, Félix Marano; producción: Candelaria Artundo y Cristián Costantini; música original: Leo Genovese; diseño sonoro, armado y mezcla: Gabriel Real.