crítica

Un realismo de la felicidad

Foto: cedoc

El desarraigo y el trauma son denominadores de la narrativa nacional de los emigrados políticos y económicos postdictadura y derrumbes sociales, entre las fundacionales Maldición eterna a quién lea estas páginas de Manuel Puig  y su contemporánea Respiración artificial de Ricardo Piglia. La última que arranca nomás con el ejemplificador fraseo de T.S. Eliot, “Tuvimos la experiencia pero perdimos el significado, un acercamiento al significado restaura la experiencia”. Fabricio Tocco, profesor de literatura española en la Universidad de Australia, remueve esas aguas negras ávida de ruinas en la ópera prima Parece diciembre, con una juventud reunida que rumia el mismo tango empastado.

Novela polifónica de aprendizaje y la mala educación sobre la literatura autobiográfica, tuvo primera edición australiana y ahora llega al Río de la Plata. 

Tras el primer capítulo de una supuesta novela premiada, y la voz del Padre en los prolegómenos de la crisis del 2001, luego la lectura lleva a rearmar la novela familiar de Piero, un adolescente clasemediero fuera de sector durante la década del noventa, a través de la hermana, amigos, profesora de inglés, una relación fallida y, finalmente, la empleada doméstica.  “Son tus palabras, es el tiempo que viviste acá. Es tu historia, chango. Podés tratar de olvidártela; el problema es que no hay manera: siempre vuelve. Andá, m´hijito, andá nomás y llévate todo con vos”, recomienda la “señora que cuida” Doña Aurora, y el gaucho bueno Don Segundo Sombra reaparece en el horizonte de la pampa camino Ezeiza.  

La casa no es la salvación, Piero. Allí confluyen todos los partes que exploran distintos tiempos y lugares, entre España, Brasil, Inglaterra, Italia, Plaza de Mayo y Ramos Mejía. “Vivir en el exterior debe hacer más volátil tu presencia, tu pertenencia, tu permanencia. Estar dando tantas vueltas no hace bien, lo tengo clarísimo, no es para todo el mundo. Yo, acá, estoy arraigadísima a mi vida en Ramos Mejía, no me pienso mover”, confiesa Lihuén a la amiga, en el capítulo particular que sopesa letra y memoria. 

Silvia Molloy, quizá la más fina de nuestros escritores que preguntó sobre la identidad, la patria y el ser migrante, requisaba, “Después de todo, ¿en qué lengua soy?”. En la novela de Tocco queda colidido este después identitario por un lenguaje vaciado de su significación y carnadura, golpeado por el peso de la nostalgia del presente pasado.

Collages de retóricas gastadas, consignas de sobrecitos de azúcar y diarios de lunes, soporíferas citas del ser telúrico a lo Homo Argentum, Parece diciembre patentiza el diciembre de 2001 que ronda la literatura nacional con mejores devenires en Un año en el desierto de Pedro Mairal, o El grito de Florencia Abbate, que incluso recurre a similares procedimientos metaficcionales, sin literaturas pastorales. 

Estas de fellowship, de filosofía barata y zapatos de goma, que desactivan la conmoción y la incógnita de la política y la historia personal en la buena literatura. Indecidibilidad del trauma que no son de este diciembre.   

 

Parece diciembre

Autor: Fabricio Tocco

Género: novela

Otras obras del autor: Precarious Secrets: A History of the Latin American Political Thriller

Editorial: Equidistancias, $ 20.000