Escándalo en Harvard-Westlake: la guerra de poder que fracturó al equipo de waterpolo y expuso tensiones en la élite de Los Ángeles
La investigación de Vanity Fair expuso las internas dentro de una de las escuelas privadas más exclusivas de Los Ángeles, después de una serie de denuncias anónimas contra el entrenador de waterpolo Brian Flacks.
El conflicto en Harvard-Westlake, una de las escuelas privadas más exclusivas de Los Ángeles, estalló cuando una serie de denuncias anónimas comenzó a circular entre familias y autoridades del colegio cuestionando la cultura interna del programa de waterpolo. Así, la institución —conocida por formar atletas de élite y enviar graduados a universidades como Stanford, UCLA o las de la Ivy League— quedó en el centro de una crisis que involucró a padres influyentes, entrenadores de alto perfil y estudiantes sometidos a una intensa presión académica y deportiva.
Su detonante inicial fue la salida del entrenador Brian Flacks, figura clave del programa durante más de una década. Exalumno de la propia escuela y considerado uno de los técnicos juveniles más exitosos de Estados Unidos, Flacks llevó al equipo a múltiples títulos de la sección sur de California y transformó al programa en una potencia nacional antes de ser contratado en 2022 como entrenador del equipo masculino de la Universidad de Stanford.
A medida que pasaba el tiempo, la atmósfera dentro del campus se volvió cada vez más tensa cuando comenzaron a circular acusaciones sobre el estilo de liderazgo de Flacks y el ambiente competitivo del equipo. Según la investigación de la periodista Deanna Kizis publicada en Vanity Fair, algunos padres y jugadores denunciaban que los entrenamientos eran extremadamente exigentes y que el programa funcionaba bajo una lógica casi profesional.
Otros, en cambio, defendían el método del entrenador y lo consideraban la clave del dominio del equipo.
Romain reportó los hechos al entrenador Jack Grover y a la administración, pero la escuela supuestamente no actuó
En medio de esa disputa había un contexto particular: las familias que integran la comunidad de Harvard-Westlake incluyen productores de Hollywood, ejecutivos tecnológicos, abogados corporativos y figuras del mundo del entretenimiento, muchos de los cuales pagan matrículas que superan los 50.000 dólares anuales.
Sin dudas, el waterpolo no es solo una actividad extracurricular: se convierte en una vía estratégica para acceder a becas deportivas y a programas universitarios de primer nivel. La competencia por esos lugares —en universidades como Stanford, UCLA o USC— elevó las tensiones entre entrenadores, jugadores y padres.
Allí, en ese ecosistema, uno de los nombres que más se destacaba dentro del equipo era el de Lucca van der Woude. Considerado el jugador estrella del programa y uno de los talentos más prometedores de su generación, su figura se había convertido en un símbolo del éxito deportivo de la escuela y en un fuerte candidato al reclutamiento universitario.
Romain, quien dejó la escuela en mayo de 2024 y se mudó a Barcelona para entrenar waterpolo
El caso escaló aún más cuando Van der Woude fue arrestado en febrero de 2024 por el Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) dentro de las instalaciones. La detención estuvo vinculada a denuncias de acoso sistemático y agresiones físicas contra su entonces compañero Aidan Romain. El jugador —que ya había sido reclutado para competir en la Universidad de California— fue suspendido por la escuela y se le prohibió participar en ceremonias de graduación.
Según los documentos judiciales citados en la investigación periodística, el episodio formó parte de una serie de conflictos dentro del equipo que ya habían sido reportados previamente por algunos estudiantes. Romain reportó los hechos al entrenador Jack Grover y a la administración, pero la escuela supuestamente no actuó.
Romain, quien dejó la escuela en mayo de 2024, se mudó luego a Barcelona para entrenar waterpolo.
Tiempo después, el conflicto terminó trasladándose al plano judicial. El caso se amplió y terminó exponiendo problemas más profundos dentro del equipo: una demanda presentada en 2026 por el exjugador denunció que, entre 2022 y 2024, sufrió agresiones sexuales y ataques racistas por parte de compañeros.
El rol de los correos anónimos y la caída de Flacks
La presión contra el cuerpo técnico se canalizó a través de una cuenta de correo anónima denominada “HW Water Polo Truth”, desde la cual comenzaron a enviarse mensajes a directivos de la escuela y a autoridades universitarias. Allí, en esos correos se denunciaban presuntas irregularidades dentro del programa y se cuestionaba la conducta del entonces entrenador Brian Flacks y de su sucesor, Jack Grover, a quienes se acusaba de incumplir normas de seguridad.
Seguidamente, ante la gravedad de las acusaciones y el creciente clima de conflicto entre familias, la institución decidió contratar investigadores externos para evaluar la veracidad de los reclamos.
Al momento, Flacks había sido una figura clave en la consolidación del programa de waterpolo. Sin embargo, sus detractores sostenían que el modelo de entrenamiento —intensivo y orientado al alto rendimiento— sometía a los estudiantes a una presión física y psicológica excesiva.
El programa de waterpolo se suspendió temporalmente para una revisión externa
En la investigación publicada por Vanity Fair, algunos testimonios describieron entrenamientos en los que los jugadores eran ignorados o expuestos públicamente si no alcanzaban el nivel esperado. En medio de la controversia y el aumento de las denuncias internas, el programa de waterpolo fue suspendido temporalmente.
Sin embargo, la tensión no se limitaba al vestuario. El reportaje también señaló que ciertos padres intentaban influir en los procesos de reclutamiento universitario, presionando para favorecer a sus propios hijos en un sistema donde cada puesto podía traducirse en oportunidades en universidades de élite como Stanford, UCLA o USC.
A partir de esa dinámica, se terminaron erosionando las relaciones dentro de la comunidad escolar. “El waterpolo se convirtió en un juego de suma cero”, explicó una fuente cercana al programa citada en las crónicas sobre el caso.
La investigación interna y las consecuencias institucionales
En la creciente exposición del conflicto, el presidente de la escuela, Rick Commons, debió intervenir de manera directa para contener la crisis. Su dirección intentó equilibrar la tradición de alto rendimiento deportivo con el bienestar de los estudiantes, pero la circulación de los correos anónimos y las denuncias cruzadas entre familias hicieron que el caso trascendiera el ámbito interno y se instalara en la opinión pública.
Sin más, la situación se complicó aún más con el sucesor de Flacks, Jack Grover, quien asumió la conducción del equipo tras la salida de su mentor. Los mismos correos anónimos que habían apuntado contra el antiguo entrenador comenzaron a acusarlo de mantener prácticas similares dentro del programa. Con el clima cada vez más enrarecido y la comunidad escolar dividida, Grover terminó dejando su cargo en medio de la controversia.
Otro punto crítico del escándalo giró en torno a sospechas de que información académica y deportiva de los estudiantes habría sido compartida con entrenadores universitarios para favorecer a determinados jugadores en los procesos de reclutamiento. Aunque esas acusaciones nunca fueron probadas de manera concluyente en los tribunales, el episodio impactó en la imagen de transparencia de la institución y profundizó las divisiones dentro de la comunidad escolar.
MV / EM
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