El cuerpo, habla
Abro la boca lo más grande que puedo. No puedo respirar hondo. Siento que me asfixio. Un pensamiento me atraviesa: me estoy muriendo. Mi corazón se acelera. Percibo la circulación de la sangre corriendo con violencia por mis venas. Fluye demasiado rápido. Respiro entrecortado. Me ahogo. El aire no pasa. Abro la boca intentando captar más oxígeno. Es inútil: cuanto más lo intento, más se me cierra el pecho. Jadeo. Siento vértigo. ¿Me voy a morir? Me tiemblan las manos. Siento calor, y también frío. Un ardor que sube por el cuello y me explota en la cara. (…)
Me llevó catorce años superar o al menos tener a raya a la ansiedad. Después de muchas caídas y aprendizajes, encontré algo que se parece bastante a la calma. Ahora, con el paso del tiempo y las herramientas que fui construyendo, miro hacia atrás y puedo ver que todo eso que parecía gigante y aterrador, ya no lo es. Y aunque por momentos fue un infierno, lo que viví dejó marcas en mí que hoy me hacen ser quien soy. Si nunca hubiera tenido ataques de pánico, mi vida hoy sería completamente distinta. A veces pienso que seguro habría sido un poco más tranquila, pero definitivamente menos profunda también. Habría llegado hasta acá algo distraída, corriendo de un lado a otro, sin detenerme en ningún momento a notar cómo estoy, cómo se siente mi cuerpo, qué necesita. Probablemente hubiera seguido huyendo de lo que dolía, me hubiera perdido la oportunidad de conocer esas partes propias que me dan vergüenza, que me lastiman, que me angustian, y que hoy me permiten ser auténtica.
La ansiedad me enseñó a escucharme. A registrar que el cuerpo siempre habla, incluso cuando yo me tapo fuerte los oídos. Me enseñó que escapar solo agranda al monstruo, y que lo único que lo achica es animarse a enfrentarlo, aunque tiemble todo por dentro. También a valorar la calma como un tesoro, a no darla por sentada. A elegir mis batallas, a decir “no” sin sentirme culpable, a aceptar que no puedo con todo. A ser más humana. A dejar de lado la ilusión de perfección que me hacía creer que tenía que ser siempre brillante, rendir sin fallas y poder con todo. A reconocer que mi vulnerabilidad me conecta más con otros que cualquier fachada de yo puedo sola. Me empujó a buscar sentido. Lo que al principio creí una condena terminó siendo el inicio de mi mayor pasión: comprender la mente humana y acompañar a otros a caminar a través de su propio laberinto. Este libro nace de ese viaje.
También es el resultado de años de investigación, porque si bien mi historia personal me trajo hasta acá, este libro no está basado solo en ella, sino que está construido a partir de mi experiencia clínica con personas que conviven con una ansiedad intensa, frecuente y con un alto impacto en su calidad de vida. Además de las enseñanzas de grandes referentes que me permitieron entender en profundidad el mecanismo de la ansiedad. Varios de ellos, a quienes iré citando a lo largo del libro, han dejado algo muy claro: las herramientas para trabajar nuestros pensamientos y emociones son sorprendentemente sólidas, al punto de que hay métodos que han demostrado ser más eficaces disminuyendo la ansiedad que los medicamentos mejor probados. Estos resultados sorprendieron a la comunidad científica y abrieron la puerta a una nueva forma de entender la ansiedad (….)
Es lógico asustarse cuando el cuerpo se desborda, y también caer en búsquedas de internet que terminan alarmando más de lo que ayudan. Quiero que tengas la certeza de que, aunque una crisis de ansiedad se sienta como el fin del mundo, no te va a matar. Lo que sí puede pasar, si se instala demasiado tiempo, es que desajuste tu equilibrio interno: el sueño, las hormonas, la glucosa. La buena noticia es que, si accionamos a tiempo, todos esos desequilibrios son reversibles.
Otra aclaración: este libro no reemplaza una terapia. No puede, no debe, y tampoco lo intenta. La profundidad que se alcanza en un proceso terapéutico es única, porque se construye en el encuentro humano, en la escucha, con tiempo, a fuego lento. Lo que vas a encontrar en estas páginas es otra cosa. Para algunas personas, este libro puede acompañar un proceso terapéutico y ayudar a ordenarlo. Para otras, quizás sea el primer contacto con una comprensión más amable y rigurosa de la ansiedad: un modo de dejar de sentirse a la deriva, empezar a entender qué está pasando y recuperar orientación. (…)
Las herramientas que aparecen acá no son opiniones ni recetas rápidas, sino prácticas respaldadas por la ciencia, pensadas para orientarte cuando todo se vuelve confuso y ayudarte a tomar decisiones más conscientes incluso en medio del malestar. Algunas historias que aparecen están inspiradas en casos reales, otras en vivencias propias.
En todos los casos, las identidades fueron modificadas para preservar la intimidad de quienes confiaron en mí, procurando mantener la esencia del trabajo que hicimos juntos. Lo importante no son los nombres, sino lo que esas historias despiertan en vos.
*Autora de Frená tu cabeza, editorial Grijalbo (Fragmento).