Cómo es el mapa productivo de medicamentos argentinos que aumenta el empleo, genera dólares y le hace ahorrar millones al Estado
A diferencia de los rubros alcanzados por el RIGI, los laboratorios argentinos sostienen su actividad mediante la innovación tecnológica y una red de plantas industriales federales. El ahorro acumulado para el Estado supera los USD 10.000 M.
Lejos de los beneficios impositivos que hoy concentran los sectores más dinámicos de la economía argentina —la energía, la minería y el agro, amparados bajo el régimen RIGI—, la industria farmacéutica nacional consolidó una tracción económica silenciosa que se mueve con una lógica propia. Mientras otros rubros manufactureros atraviesan una crisis terminal debido al ancla de la recesión en el consumo interno, el ecosistema de laboratorios locales logró sostener su actividad, a pesar de la presión de las multinacionales que buscan, con la carta del acuerdo comercial de Argentina con los Estados Unidos de por medio, alterar las prioridades del mercado doméstico.
Un informe al que accedió PERFIL, elaborado por la Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (CILFA), detalló una estructura que mantiene una dinámica propia respecto al resto del aparato productivo nacional. A diferencia de la desinversión registrada en otros segmentos, la industria farmacéutica incrementó el empleo desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada, alcanzando los 43.693 puestos de trabajo registrados en el tercer trimestre de 2025, lo que representó un incremento del 1,7% respecto al cierre de 2023.
Capilaridad logística y valor agregado local
El mapa del sector, que concentra su capacidad operativa en el AMBA con 55 plantas, despliega una capilaridad fundamental en el interior del país. Las instalaciones en provincias como San Juan y La Rioja operan como nodos clave para una logística exportadora que alcanza mercados en más de 100 países. Este despliegue no solo permite abastecer la demanda interna, sino que convirtió al sector en un hub de creación de valor agregado y producción de divisas, un combo que hoy se diferencia de la estructura de servicios o extractivismo puro que promueven los nuevos regímenes de inversión.
Esta consolidación productiva sirvió, además, como dique de contención ante las estrategias de las empresas extranjeras del sector, cuyo lobby se enfocó en la extensión de patentes y la limitación a la producción de biosimilares. Al arraigarse en territorio porteño y bonaerense, pero también con una fuerte presencia en provincias, los laboratorios nacionales construyeron condiciones de competitividad que le pusieron límites a la agenda de las multinacionales, logrando mantener una oferta de medicamentos cuyos precios, en gran parte de los últimos 29 meses, evolucionaron por debajo del Índice de Precios al Consumidor (IPC).
Eficiencia fiscal y ahorro para el sistema sanitario
El impacto de este modelo se mide también en los ahorros para el sistema de salud. Según el informe de CILFA, la producción local de medicamentos complejos —incluyendo tratamientos para la atrofia muscular espinal y diabetes tipo 2— permitió al sistema sanitario un ahorro acumulado de USD 10.540 millones desde el lanzamiento de las versiones nacionales frente a las importadas. La proyección para el quinquenio 2026-2030 prevé que este efecto se profundice, con una estimación de ahorro adicional de USD 12.136 millones, consolidando a la producción nacional como una pieza de eficiencia fiscal y sanitaria.
A diferencia de los sectores que hoy demandan incentivos impositivos extraordinarios para radicar inversiones, la industria farmacéutica nacional opera con un modelo que combina alta calificación laboral y una red de 196 plantas industriales, de las cuales 186 son nacionales. Muchas de estas plantas cuentan con habilitaciones internacionales de organismos como la FDA o la EMA, lo que les permite competir en mercados globales con tecnología que, en muchos casos, es pionera en la región.
Innovación tecnológica y exportaciones
Esta capacidad de innovación tecnológica es precisamente la que permite que, incluso en meses de caída en la industria manufacturera general, el sector farmacéutico logre sostenerse como uno de los pilares exportadores con mayor valor agregado. Mientras otras ramas fabriles sufren la falta de insumos o el peso de las importaciones baratas, los laboratorios nacionales hicieron de la sustitución tecnológica su principal herramienta de defensa.
Si bien no accede a beneficios especiales, como el RIGI y su nueva versión Súper RIGI, la capacidad de sostenerse en medio de una crisis que no desconoce, su tracción de producir divisas, generar empleo y abaratar los costos del sistema público de salud lo posicionó como un actor central de la economía argentina, que dejó de ser visto como un espectador marginal en la pelea por la productividad.
El éxito de esta "resistencia" productiva demostró que, cuando existe una base de laboratorios arraigada y con capacidad instalada, el modelo de desarrollo local es viable si las condiciones de mercado y de protección la asisten. “La tracción económica que despliegan hoy es, ante todo, un recordatorio de que la competitividad no siempre depende de beneficios impositivos, sino de una política industrial que priorice la producción nacional como eje central de la economía”, afirmó a PERFIL un referente industrial.
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