Recesión

La subfacturación se acopló a la lluvia de importaciones textiles, profundiza la crisis industrial y ya se expande a otros sectores

Remeras a un centavo de dólar y un mecanismo que burla los controles. La ingeniería que vacía los galpones y desvela a los fabricantes.

Ariel Maciel: “El 40% del mercado, lo que te dicen los empresarios, está de manera informal” Foto: Cedoc Perfil

Una remera de algodón a menos de un centavo de dólar, un pantalón de jean a un dólar y una toalla por debajo de los 30 centavos el kilo. La industria textil prendió las alarmas ante el fenómeno de la subfacturación de importaciones. La maniobra para evadir impuestos se filtra mientras la producción nacional pasa por un fuerte período recesivo, el más grave de los últimos 10 años. Además, el efecto de la lluvia importadora ya empezó a contagiar otras industrias que se encuentran con esta estrategia de evasión fiscal que les genera más competencia.

Un informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) aseguró que más del 70% de las importaciones textiles que ingresaron a la Argentina fueron declarando precios que se ubican muy por debajo de los promedios históricos. El reporte sectorial señala la inviabilidad de estos valores, advirtiendo que, en muchos casos, los precios declarados en Aduana no llegan a cubrir ni siquiera el costo internacional de la materia prima utilizada.

El contagio a otros rubros y el reclamo ante Caputo

Es un fenómeno que se está dando fuertemente en textiles e indumentaria, pero que también empieza a replicarse en otros sectores. Fuentes vinculadas al comercio exterior explicaron a PERFIL que ya se reportan este tipo de prácticas en rubros como el acero y la industria del juguete y que la caída de medidas antidumping empeora la situación. Como contó este medio, en 2026 la mitad de las barreras comerciales vencen este año y el Gobierno no muestra intenciones de sostenerlas en el tiempo.

El malestar es creciente al punto tal que fue tema de la reunión entre la Unión Industrial Argentina (UIA) y el ministro de Economía, Luis Caputo, cuando dos meses atrás los fabriles reclamaron el fortalecimiento de los controles ante el ingreso constante de importaciones que declaran valores irrisorios. En esa mesa de negociación, los empresarios expusieron que la sobrecapacidad productiva a nivel global está induciendo un ingreso desleal de manufacturas subdeclaradas.

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Según señalaron fuentes industriales, la declaración a menor precio de bienes finales queda oculta entre la lluvia de importaciones de bienes finales. En 2025 la compra en el exterior de bienes de consumo aumentó un 54% con respecto a 2024, según datos del Indec. De acuerdo a la consultora Qualy, en el primer bimestre del año siguieron en aumento, en 1,3%.

Fábricas paralizadas y sangría laboral

La proliferación de mercadería subfacturada golpea a un sector que ya transita una fuerte parálisis. Durante enero de 2026, el índice de producción industrial textil registró un brutal derrumbe del 23,9% interanual, alcanzando el nivel más bajo de toda la serie estadística que inició en 2016. Se trata de una caída casi ocho veces más profunda que la contracción del 3,2% que promedió la industria general.

Con los galpones abarrotados de stock sin vender, las fábricas se ven obligadas a desenchufar sus líneas de montaje. El uso de la capacidad instalada en el rubro textil perforó el piso histórico y se ubicó en apenas un 24%. La estadística marca un violento retroceso de 11,4 puntos porcentuales contra el mes anterior y expone un incremento drástico de la capacidad ociosa, operando muy por debajo del 53,6% que registró el entramado industrial en su conjunto.

En términos reales, el ajuste de la actividad fabril decantó en una rápida destrucción de capital humano. Los registros laborales marcan que el segmento de textil, confección, cuero y calzado finalizó el año con 100.000 puestos formales, lo que implica una pérdida de 12.000 puestos de trabajo interanuales a diciembre de 2025. La sangría en las nóminas es constante y desde fines de 2023 la rama manufacturera acumuló una baja que supera las 20.000 fuentes laborales perdidas.

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Mutación importadora y rentabilidad nula

A la recesión interna se suma una mutación perjudicial en la matriz de comercio exterior. En febrero se importaron 12.800 toneladas de productos textiles por un valor de 32 millones de dólares. El problema radica en la composición de esa balanza. Mientras el ingreso de bienes finales con valor agregado, como las prendas de vestir, experimentó un salto del 54% interanual en volumen, la importación de insumos básicos como hilados, tejidos y materias primas sufrió caídas superiores al 35%. Esta radiografía técnica confirma que el mercado importador argentino dejó de demandar bienes para sostener sus procesos productivos y aceleró agresivamente la compra de productos terminados.

Este esquema clausura cualquier proyección de expansión productiva. La inversión sectorial, medida tradicionalmente a través de las compras de maquinaria importada, cerró el primer bimestre de 2026 con magros desembolsos por USD 22 millones. Esta cifra representa una contracción del 11% frente al mismo período del año anterior, cristalizando el modo de supervivencia financiera en el que operan las hilanderías y tejedurías.

La confirmación final de esta asfixia dual —parálisis por recesión sumada al aluvión de importaciones subfacturadas— se refleja en los márgenes de rentabilidad nulos. En febrero de 2026, el rubro de prendas de vestir y calzado registró una inflación mensual neta del 0,0%, destacándose como el único sector de toda la economía sin variaciones al alza en el mes. En la medición interanual, el índice sectorial avanzó un 15,1%, menos de la mitad del 33,1% del nivel general de precios.

 

AM/ML