Moody’s alerta que una guerra prolongada en Medio Oriente podría golpear al crédito global
Si la crisis en Medio Oriente deja de ser un shock transitorio y se transforma en un evento prolongado, el impacto irá mucho más allá del precio del petróleo. La presión sobre costos, la desaceleración del crecimiento y un financiamiento más duro podrían redibujar el mapa de riesgo global en los próximos meses.
La calificadora de riesgo Moody's advirtió que un conflicto extendido en Medio Oriente mantendría altos los precios de la energía, afectaría cadenas de suministro, endurecería las condiciones financieras y frenaría el crecimiento. Aerolíneas, químicos y materiales para la construcción aparecen entre los sectores más expuestos, mientras que energía y defensa podrían beneficiarse.
Una escalada prolongada del conflicto en Medio Oriente ya no se lee solo como un riesgo geopolítico o petrolero: también empieza a ser una amenaza directa para el crédito global. En un nuevo informe difundido este 31 de marzo, Moody’s advirtió que una disrupción persistente en la región tendría consecuencias sobre sectores corporativos, soberanos, infraestructura, finanzas estructuradas e instituciones financieras fuera de Medio Oriente, en un escenario de mayores precios de la energía, cadenas logísticas alteradas y menor crecimiento. Según la agencia, los emisores de grado especulativo con vencimientos de deuda de corto plazo serían los que enfrentarían mayores riesgos de refinanciación.
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La advertencia llega en un momento en que los mercados internacionales siguen atentos a la evolución del crudo, al encarecimiento del transporte y al posible impacto sobre inflación y tasas. Para la calificadora, si el conflicto se extiende durante varios meses y altera los flujos comerciales hacia y desde la región, el golpe no será uniforme: habrá sectores y países más vulnerables que otros. Pero el denominador común será un entorno financiero más exigente, con menos margen para compañías con balances frágiles o necesidades urgentes de financiamiento.
Aerolíneas, químicos y materiales, en la primera línea de riesgo
En una publicación reciente Moody’s identificó que los principales riesgos de crédito corporativo se concentran en aerolíneas, productos para la construcción y productos químicos, tres actividades particularmente sensibles al costo de la energía. El razonamiento es directo: si el petróleo y el gas permanecen en niveles elevados por más tiempo, los costos operativos subirán y la rentabilidad se verá presionada.
En el caso de las aerolíneas, la situación es aún más delicada para las compañías de bajo costo, que cuentan con una capacidad más limitada para trasladar los aumentos a tarifas sin afectar la demanda. Lo mismo ocurre con empresas productoras de bienes discrecionales, que quedarían expuestas a un doble frente: mayores costos y consumidores más cautelosos en un contexto de desaceleración. En contraste, los sectores de energía y defensa aparecen entre los pocos potencialmente favorecidos, al calor de un mundo más tensionado y con commodities energéticos más caros.
Asia y Europa, entre las regiones más expuestas
En el plano soberano, la agencia remarcó que Asia-Pacífico es la región más vulnerable fuera de Medio Oriente frente a una interrupción persistente, y que Europa también enfrenta exposición, aunque en menor medida. Dentro de Asia, el foco está puesto sobre los soberanos con peores calificaciones crediticias, especialmente en Asia Meridional, debido a su menor nivel de reservas internacionales y a la debilidad de sus amortiguadores externos.
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Para Europa, Moody’s señala que los países con finanzas públicas más debilitadas y poco margen de maniobra en política económica son los más expuestos a un deterioro del perfil crediticio. En otras regiones, en cambio, la diversificación energética, los colchones fiscales o incluso mayores ingresos por hidrocarburos actúan como amortiguadores y limitan un deterioro más generalizado.
La lectura de fondo es que, si el shock energético se prolonga, no todos los soberanos están igual de preparados para absorberlo. Una mirada muy parecida a la que expuso el FMI en las últimas horas al afirmar que el efecto del conflicto será asimétrico. Algunos exportadores de commodities pueden mejorar transitoriamente sus ingresos externos si logran sostener sus ventas al mundo. Pero del otro lado, los importadores netos de energía, especialmente en Asia, África y América Latina, enfrentan facturas más altas en un contexto de espacio fiscal limitado.
Infraestructura, bancos y seguros: impacto moderado, pero con focos de tensión
En infraestructura, Moody’s trazó un panorama más heterogéneo. Las empresas de servicios públicos aparecen más expuestas en mercados dependientes del gas natural licuado (GNL), como Japón y Corea, aunque la calificadora destacó que los balances sólidos, las coberturas, los mecanismos de traslado de costos y la diversificación de combustibles ayudan a sostener la resiliencia del sector.
Los aeropuertos, en tanto, tendrían una exposición directa más acotada y la posibilidad de reasignar capacidad, mientras que los puertos podrían sufrir el impacto de mayores costos y menores volúmenes, aunque con finanzas que por ahora siguen siendo sólidas.
En cuanto al sistema financiero, la agencia consideró que los colchones de capital de bancos e instituciones financieras actúan como una barrera frente a los efectos de segunda ronda. Si bien la volatilidad, el menor crecimiento y algunos riesgos selectivos sobre activos podrían deteriorar el desempeño, la conclusión de Moody’s es que los niveles de capital actuales alcanzan para compensar buena parte del riesgo crediticio. En seguros, el riesgo aumenta para aseguradoras especializadas y reaseguradoras por posibles siniestros mayores, aunque las pérdidas se mantendrían moderadas en grupos más diversificados gracias al reaseguro y a políticas de suscripción prudentes.
Refinanciación más difícil y más presión sobre los segmentos más vulnerables
Uno de los puntos más sensibles del informe pasa por el financiamiento. Moody’s advierte que un conflicto prolongado endurecería las condiciones financieras globales y pondría a prueba, sobre todo, a las compañías de grado especulativo con necesidades de refinanciación de corto plazo. Es decir, aquellas firmas que ya llegaban al nuevo escenario con menor calidad crediticia y con vencimientos cercanos serían las primeras en sentir el golpe de una mayor selectividad de los prestamistas.
La agencia también destacó que el crédito privado seguiría funcionando como fuente de apoyo para parte de esas necesidades de refinanciación, aunque dejó una advertencia clara: los prestamistas serán cada vez más selectivos. Esto implica que no se cerrará por completo el mercado, pero sí que el acceso al financiamiento dependerá más de la calidad del emisor, del sector y de la capacidad de mostrar flujos robustos en un contexto adverso.
La advertencia del FMI sobre el conflicto en Medio Oriente
A esa advertencia de Moody’s se suma la del Fondo Monetario Internacional, que ya empezó a marcar el riesgo macro global de una guerra prolongada en Medio Oriente. En una conferencia de prensa del 19 de marzo, la vocera del organismo, Julie Kozack, sostuvo que el cierre del Estrecho de Ormuz recortó el acceso a cerca del 20% del petróleo y del GNL transportado por vía marítima en el mundo, al tiempo que los daños sobre infraestructura energética en el Golfo e Irán interrumpieron parte de la producción de crudo y gas.
Según el FMI, ese shock puede trasladarse por al menos tres canales: suba de precios de energía, encarecimiento de fertilizantes y alimentos y un posible endurecimiento de las condiciones financieras, con impacto desigual según el perfil de cada país. Kozack remarcó que los bancos centrales deben mantenerse vigilantes frente a posibles efectos de segunda ronda sobre la inflación y sobre las expectativas inflacionarias, mientras que en las economías más dependientes de importaciones energéticas puede haber presión adicional sobre la balanza de pagos y el crecimiento.
El diagnóstico del Fondo va en la misma línea que el de Moody’s: si el conflicto deja de ser transitorio y se extiende, el problema no será solo el precio del petróleo, sino también el encarecimiento del financiamiento y el deterioro de las perspectivas económicas globales. De hecho, el organismo reconoció que en las últimas semanas el contexto internacional se volvió “más desafiante” por la guerra, una señal que refuerza la idea de que el shock energético ya empezó a colarse en la evaluación de riesgo global.
lr/ff
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