ECONOMIA
EL IMPACTO DE LA GUERRA

La inflación cerró marzo en torno al 3% para el mercado, pero la nafta amenaza con recalentar los precios

La inflación de marzo se habría ubicado en torno al 3%, pero el salto en los combustibles comenzó a presionar los precios. Mientras el Gobierno busca contener el impacto en surtidores con medidas fiscales y regulatorias, el costo de la nafta ya se traslada al bolsillo y pone en tensión la continuidad del proceso de desinflación.

Empleado de estación de servicio
Empleado de estación de servicio | NA

Con el cierre de marzo, el mercado viene ajustando al alza sus previsiones de inflación para el mes, en un contexto donde se espera el impacto del conflicto en Medio Oriente y su efecto sobre el petróleo, que ya empezó a filtrarse en los precios domésticos, especialmente a través de los surtidores. Aunque el Gobierno buscó contener ese traslado con medidas fiscales y regulatorias, la dinámica del costo energético se consolida como uno de los principales focos de tensión para la desinflación.

Como dato contundente vale señalar que la inflación no baja desde hace 9 meses, cuando en mayo de 2025 se ubicó en 1,5%. A partir de ahi, comenzó a mostrarse el recorrido alcista. En mayo se sostuvo en 1,5%; 1,6% en junio, 1,9% en julio y agosto, 2,1% en septiembre, para luego saltar a 2,3% en octubre, 2,5% en noviembre, y cerró 2025 con 2,8% en diciembre, Finalmente, enero y febrero registró 2,9% en ambos casos.

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El gobierno tenía en mente llegar a agosto con un IPC que arrancara con 0, pero la geopolítica le está frustrando los planes. Por caso, el presidente Javier Milei admitió hace unos días la existencia de "contratiempos" para seguir ajustando el sendero de la desinflación. "Han habido contratiempos, pero eso no hará que abandonemos la lucha con las herramientas del manual de la libertad", sostuvo el libertario a través de X en respuesta a un usuario que le consultó si se esperaba inflación 0% para agosto y una proyección anual de entre 15% y 17% para 2026.

En cuanto al mercado, en el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, si bien los analistas también habían ajustado al alza la inflación del tercer mes del año al situarla en torno al 2,5%, con un 0,3% por encima de la previsión anterior, parecen estar un poco rezagados con las últimas previsiones de privados que llegan hasta proyectora un 3,2%.

Ahora, la aceleración viene impulsada en particular por el alza de los precios regulados, y en particular los combustibles, que comenzaron a presionar nuevamente sobre el índice general.

Algunas previsiones de las consultoras privadas sobre el IPC de marzo

Tanto para Analytica como para LCG -que hacen seguimiento de precios semanal de alimentos y bebidas, la inflación general del tercer mes podría ubicarse en torno al 3%, lo que supondría una aceleración de 0,1% respecto al mes anterior (2,9%). Las consultoras dieron cuenta de una marcada aceleración de los precios del rubro las dos primeras semanas, para moderarse hacia la última semana.

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Según las estimaciones de EcoGo, la inflación general de marzo se ubicaría en 2,9%. Desde la consultora señalaron que la mayor presión sobre el índice vino por el componente estacional de Educación, con subas del 12%, al que se sumaron los ajustes en tarifas y combustibles.

En paralelo, un relevamiento de la Universidad Torcuato Di Tella mostró expectativas de inflación más elevadas para el corto plazo. El informe indicó que, para los próximos 30 días, la inflación esperada a nivel nacional es de 4% en promedio y de 3% según la mediana.

El reporte también remarcó que, bajo esas proyecciones, la inflación anual esperada se ubica en 33,5%.

El combustible vuelve al centro de la escena inflacionaria

El principal factor detrás de esa presión es el salto en el precio internacional del petróleo tras la escalada bélica en Medio Oriente. Ese shock externo empezó a trasladarse al mercado local, donde el valor de la nafta se ubica actualmente en torno a los $2.000 por litro, marcando un fuerte incremento en términos reales respecto de los meses previos.

Surtidor de combustible

De acuerdo con un análisis de Nadin Argañaraz, titular del IARAF (Instituto Argentino de Análisis Fiscal), el impacto de la guerra fue significativo: "el precio de la nafta pasó de $1.657 en febrero (a valores actuales) a $2.000 en marzo, lo que implica una suba real del 21% en apenas un mes. Este aumento no sólo tiene efecto directo sobre el IPC, sino también indirecto, a través de transporte, logística y costos de producción", señal.

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El informe también muestra que el componente impositivo sigue siendo clave en la formación del precio. Actualmente, de los $2.000 por litro, unos $367 corresponden a impuestos, lo que deja un precio neto de $1.633. Si ese tributo volviera a su nivel real de marzo de 2018, la nafta debería ubicarse en torno a $2.225, es decir, un 11% más que el valor actual.

El Gobierno busca contener el traslado a precios

Frente a este escenario, el Gobierno desplegó una serie de medidas para evitar que el shock energético impacte de lleno en la inflación. Entre ellas, se destaca la decisión de postergar la actualización de los impuestos a los combustibles (IDC e ICL) prevista para abril, una herramienta que en los últimos meses se utilizó como variable de ajuste para suavizar subas en surtidor.

Además, se avanzó en la implementación de un corte mayor de bioetanol, de hasta el 15%, con el objetivo de reducir la dependencia del petróleo importado y amortiguar el impacto de la suba internacional del crudo en los precios locales.

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Estas medidas apuntan a sostener el proceso de desinflación, en un momento donde el ancla cambiaria y la política monetaria más contractiva venían contribuyendo a moderar la dinámica de precios. Sin embargo, el frente energético aparece como un factor exógeno que limita el margen de maniobra.

El impacto en el bolsillo: cae la capacidad de compra

Más allá del efecto sobre el índice de precios, el aumento de los combustibles ya tiene consecuencias concretas sobre el poder adquisitivo. Según el mismo informe de Argañaraz, la capacidad de compra de un asalariado privado registrado viene deteriorándose de forma sostenida.

Desde junio de 2025 hasta febrero de 2026, esa capacidad cayó 12%, pero al incorporar el impacto del aumento del combustible tras la guerra, la caída alcanza el 27% en marzo. Sólo entre febrero y marzo, el deterioro fue del 17%, reflejando el efecto directo del salto en el precio de la nafta sobre el ingreso real.

El economista advierte que este deterioro responde a una combinación de factores: un incremento real del precio del combustible en la etapa previa al conflicto, el shock adicional de la guerra y unos ingresos que se mantienen relativamente constantes.

El caso es que el escenario general deja marzo con una inflación que sigue contenida en términos generales, pero con nuevos focos de presión. Por un lado, los precios mayoristas y algunos indicadores de consumo muestran señales de moderación. Por otro, el impacto de la energía, a través de los surtidores, amenaza con interrumpir ese proceso.

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