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MODO FONTEVECCHIA
Guerra en medio oriente

Juan Battaleme: “Trump no va a pagar el costo de la guerra porque no puede ser reelecto”

El analista sostuvo que el costo político recaerá sobre el Partido Republicano y señaló que Donald Trump podría declararse ganador sin una victoria decisiva: “puede pararse y decir ‘misión cumplida’”.

Juan Battaleme 31032026
Juan Battaleme | Captura web

Juan Battaleme analizó el escenario internacional marcado por la guerra con Irán y, sobre el impacto político en Estados Unidos, dijo: “esta es una guerra en la cual Trump no paga los costos políticamente; los paga el Partido Republicano”. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), remarcó que el presidente estadounidense “tiene la posibilidad de salvar la cara” y hasta “pararse y decir ‘misión cumplida’”, aun sin una victoria clara, en un conflicto que, según advirtió, podría derivar en “un standoff, un empate”, y cuyas consecuencias “vamos a tener durante todo el 2026”.

Juan Battaleme es un politólogo y académico especializado en relaciones internacionales, seguridad y defensa. Licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, cuenta con una maestría en Ciencias del Estado por USEMA y es magíster en Relaciones Internacionales por FLACSO. Se desempeñó como secretario de Asuntos Internacionales para la Defensa dentro del Ministerio de Defensa de la Nación. Es el director académico y secretario académico del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales. Además, es académico como profesor de Política Internacional Contemporánea y Teoría de las Relaciones Internacionales en instituciones como la UBA, UCEMA y UADE.

Lo conversábamos recién con Jorge Castro, quien hablaba de la supremacía militar norteamericana en contraste, al mismo tiempo, a ese choque de voluntades con una cultura milenaria difícil de doblegar. Entonces, la fuerza, por un lado, fáctica de las armas, y por otro lado, la fuerza de la cultura en un choque de voluntades. ¿Cuál es su propia visión de este choque de voluntades y lo que va a terminar resultando?

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Pondría la voluntad en Israel en particular y en Irán; los dos tienen la misma voluntad, y eso hace que la guerra se esté extendiendo por demás. Estados Unidos tiene un potencial militar que sigue sin tener paralelo, pero la clave es que Irán ha combinado voluntad, capacidad militar y uso de la geografía en pos de generarnos a todos, generarle al mundo, los costos de esta guerra. Eh, esa es mi primera mirada.

Irán se probó un hábil defensor, se preparó para este tipo de guerra y puso todo lo que tenía que poner, independientemente de lo que sea el régimen, digo, como defensor. Entendió cuáles eran los límites de los Estados Unidos, sobre todo los políticos, los límites de la economía mundial, y con eso está jugando, comprando tiempo...

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¿Cómo sigue? ¿Cuál es su prospectiva?

El cómo sigue es complejo por dos razones. Primero, Irán puede seguir hasta el final, que el país termine destruido y que quede, no importa qué línea de ayatolás quede, pero que quede parada. La Guardia Revolucionaria puede decir que ganaron y van a encontrar un ecosistema que va a sostener que ganaron. El riesgo es la cantidad de tiempo que esto está insumiendo.

Estados Unidos tiene límites: límites, por un lado, fácticos, que es el petróleo; por otro lado, el Congreso, que está cada vez más en desacuerdo con este tipo de operación. De hecho, hay discusiones acerca de si le van o no le van a dar los fondos que Trump ha pedido. Ha comenzado una ronda de consultas Trump con los países del Golfo para que empiecen a pagar la cuenta de esta guerra, que es del orden de los 1000, 1500 millones de dólares al día; y un Israel que está dispuesto a llevar esta guerra a las últimas consecuencias.

No es un dato menor que Irán haya atacado, o haya mandado un mensaje muy cerca, a la central nuclear de Dimona y que Israel haya hecho lo propio. La perspectiva es de seguir escalando. Lo que no sabemos es cuál es el límite. Hay fuerzas militares que están llegando muy específicas para acciones militares muy específicas, como son los grupos de asalto anfibio de los marinos.

E Irán tiene todavía capacidad militar y tiene misiles y drones que están llegando vía el Caspio desde Rusia y, además, una especie de comando y control que hacen los rusos que hace que, con menos misiles, Irán pueda ser mucho más efectivo, que es lo que se ha visto ahora. Y, a todo esto, tenemos que recordar que esta guerra, por los actores, está relacionada con lo que sucede en materia climática en Europa; por lo tanto, en paralelo hay una segunda guerra que empieza de vuelta a retomar calor, que es la guerra de Ucrania.

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¿Qué relación coloca usted entre la guerra de Ucrania y esta? ¿Se pueden terminar solucionando ambas en un acuerdo, no sé, geopolítico global entre China, Rusia, Estados Unidos e Israel?

No, creo que Rusia encontró una ventana de oportunidad "por culpa de los Estados Unidos" si uno quiere, pero encontró una ventana de oportunidad para tratar de establecer los términos y condiciones de la guerra de Ucrania. ¿Qué quiero decir con esto? Rusia rechazó los 20 puntos del plan de paz presentado por los Estados Unidos y dijo algo más: con Estados Unidos no se puede negociar porque no es confiable. Lo vemos, y puso el ejemplo de Irán. Le declaró el apoyo a los ayatolás y está haciéndole de soporte estratégico a Irán.

Como estas dos son guerras de desgaste, en definitiva, y son guerras de cuánta capacidad tiene uno para empujar y cuánta capacidad tiene el otro para resistir, cuánta capacidad tiene Rusia para empujar, cuánta capacidad tiene Ucrania para resistir, si Rusia aprieta el acelerador tal vez tenga esa ventana de oportunidad para lograr el cierre de este ciclo. Y puede hacer muchas cosas: puede actuar en el Báltico, puede actuar en el Bósforo.

Recordemos que los estrechos pesan, entonces hay mucha relación. Y China está jugando otro partido. China se está mostrando prudente, se está asegurando la llegada de sus recursos energéticos, que los necesita. Irán está usando eso también como ventaja a su favor y ha jugado un rol de dejar que todos se desgasten y ver cómo queda para China. Salió hace poquito un artículo en Financial Times que justamente señala esto: que esta guerra va a terminar reafirmando la posición de gran poder de China.

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Me gustaría su evaluación de guerras asimétricas porque pareciera ser que potencias que tienen infinitamente menos cantidad de armamento, de poderío militar, pueden prolongar durante tiempo muy amplio una resistencia ¿Por qué pasa esto?

Hay un excelente artículo que se llama How the Weak Win Wars, del año 2002. Sobre todo por una cosa que ya tenemos medio olvidada, que es la guerra de Irak. En la guerra de Irak también hubo una estrategia asimétrica. Cómo los débiles utilizan a favor geografía, clima, ventajas terrestres para bloquear el esfuerzo de guerra del más poderoso. Hay distintos tipos de asimetrías. La cuestión es que, si el poderoso plantea una guerra convencional, el débil lo que tiene que tratar de hacer es plantear acciones no convencionales.

O sea, si Estados Unidos lo que quería era provocar un acceso a Irán, el cambio de régimen, en definitiva, tiene que ver con los accesos: cambiar políticamente un país, ya sea porque lo bombardean, porque lo conquistan, etcétera, el débil lo que tiene a su favor es utilizar la geografía, utilizar los pocos recursos que tiene para obstaculizar ese esfuerzo.

Lo vimos con el estrecho de Ormuz. El estrecho de Ormuz es el uso perfecto de la asimetría. Pongo minas de profundidad, cargas de profundidad, minas oceánicas en el mar; pongo misiles antibuque. El estrecho son 30 km, los buques son objetivos fáciles, rápidos, fáciles, exactamente. Esa es una. La otra es lo que vimos en Afganistán: la pelea de los talibanes de golpear a los outpost, a las posiciones americanas adelantadas y retirarse. Y uso, de vuelta, la geografía; la capacidad de que yo determino cuándo atacar. El poderoso tiene que esperar.

Ahora, dicho eso, hay también guerra asimétrica que hace el poderoso, puesta extrema legitimidad. Por ejemplo, en la Segunda Guerra Mundial, los bombardeos que hacían los aliados sobre los centros de población e industriales alemanes eran parte de una guerra asimétrica; lo que se llama las campañas de contrainsurgencia también son campañas en las cuales los poderosos, o los actores que tienen poder militar, tratan de romper la resistencia del débil. El problema acá es que el poderoso pierde legitimidad. Cuanto más fuerte, cuanto más violenta, si uno quiere grosera es su acción, menos legitimidad tiene en audiencias domésticas y en audiencias internacionales.

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¿Cuánto es político y cuánto esa voluntad tiene que ver con cuestiones que son del orden antropológico? Pienso, por un lado, Vietnam, y en el sentido opuesto, la guerra de Malvinas, ¿por qué Argentina no pudo resistir? ¿Qué diferencias hay en estos 40 años que pasaron desde el punto de vista militar? Había un problema de falta de legitimidad del gobierno que llevaba adelante esa guerra. ¿Argentina, con otro gobierno, hubiera podido resistir de otra manera, hubiera podido complicar la vida a Gran Bretaña de otra manera? Los drones hacen una diferencia que no existía hace 40 años. Me gustaría una comparación suya, dado que para los argentinos la guerra de Malvinas, que fue la última guerra convencional del siglo XX, resulta especialmente interesante.

Empiezo por ahí. Fue la última guerra convencional donde los dos actores, uno poderoso y uno relativamente más débil, porque la Argentina no era mucho más débil de lo que hoy sí, ciertamente, es un actor débil militarmente, pero en ese momento había cierta paridad. Y Argentina peleó y Gran Bretaña pelearon en base a esas paridades; fue la última guerra convencional.

Fue una guerra simétrica donde el que tuvo el apoyo, como se sabe, de Estados Unidos en términos tecnológicos, en términos satelitales, pudo hacer una diferencia en el uso de su aparato convencional. Cuando vamos a Vietnam, Vietnam es el ejemplo de obliteración de Nixon, que bombardeó todo lo que pudo bombardear, tanto en la campaña Linebacker 1 y 2. Destruyó todo lo que pudo destruir, pero eso tuvo consecuencias dentro de los Estados Unidos: resistencia, todo lo que ya sabemos, en una guerra que era cada vez más impopular.

Hoy es muy difícil para un Estados Unidos que pasó, en los 60, a bombardear, lo que se llamaba carpet bombing, tirar bombas, a ataques de precisión, justamente porque nadie quiere lidiar con el colateral, que aún hoy existe. suena feo, pero es un colateral. Nadie quiere lidiar con eso políticamente, deslegitima políticamente.

Entonces pasamos a esta época de precisión. Ahora, Ucrania, con los drones, como ejércitos pensados en términos masivos con Ucrania, utilizó los drones para frenar el esfuerzo de ese ejército que se les venía encima. Y se transformó en una guerra de desgaste y se transformó en una combinación de Primera Guerra Mundial y siglo XXI, porque tenemos trincheras, tenemos fortificaciones defensivas, drones y movimientos de tanques al mejor estilo Segunda Guerra Mundial. El escenario de Ucrania combina todo: Primera, Segunda y siglo XXI.

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Cuando uno viene a Malvinas, es el problema de la legitimidad. Más allá de que el gobierno militar tenía montones de problemas, entre ellos sabemos que era un gobierno que legítimamente no tenía apoyo de la población, la causa Malvinas generó ese apoyo. Primero, no planteó de manera activa cómo resolver a la flota. Creo que el exceso, el falso optimismo, “golpeamos, declaramos a Malvinas y obligamos a los ingleses a negociar”, esa idea que estaba detrás falló.

Dos: no usamos la geografía a nuestro favor. En definitiva, había que bloquear a la flota británica y eso no se hizo. Se la dejó llegar, y una vez que se la dejó llegar se puso toda la esperanza en el poder aéreo aeronaval, en la Fuerza Aérea y en la Aviación Naval. Y en eso fuimos exitosos. Los ingleses tuvieron un costo muy grande, pagaron un costo muy grande. Y lo mismo el día que quisieron desembarcar. Pero, de vuelta, fue una guerra simétrica; fue en condiciones en las cuales dos actores pelearon una guerra de igual a igual, y eso es lo que tiene de llamativo la guerra de Malvinas, en un mundo que todavía no presentaba los cambios tecnológicos que presenta ahora.

Si hubiéramos podido haber planteado la guerra de forma distinta, sí. No nos dedicamos a pensar cómo hubiéramos planteado de distinta esa guerra. Primero, nos tendríamos que haber preparado para esa guerra. Nos habíamos preparado para otra guerra con Chile, como usted muy bien sabe. Pero hemos tenido la posibilidad de pensarlo a la luz de qué haríamos distinto, y ahí aparece un factor cultural: nos volvimos antimilitaristas, si queremos, en toda esta etapa de la democracia.

Está relativamente poco, y ahora, producto de los cambios que se están dando en el mundo, estamos dándonos cuenta de que cometimos dos errores: primero, no balancear y ver que la dimensión militar de Malvinas tenía consecuencias y tiene consecuencias para el siglo XXI; y segundo, ese antimilitarismo lo transformamos en debilitar nuestro propio instrumento militar.

Entonces, es sabido que hoy la Argentina corre detrás de Chile, corre detrás de Brasil, etcétera, y que hay escenarios conflictivos en los cuales tenemos que prestar mucha atención, como, por ejemplo, la Antártida; como, por ejemplo, la relevancia que tiene tener un decir en caso de que suceda algo en el estrecho de Magallanes o en el pasaje de Drake. Y ahí el poder militar tiene un rol fundamental, y sobre todo una de las capacidades más difíciles de reconstruir, que es el poder naval.

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Su prospectiva de cómo termina esto, cómo afecta a las elecciones norteamericanas, si estamos en el cenit de Trump o ya comenzó su proceso de pérdida de poder, si termina siendo un Waterloo para Trump, aun con todo el poderío militar lo que le está pasando en Irán.

Dos cosas. Esta es una guerra en la cual Trump no paga los costos políticamente; los paga el Partido Republicano, lo va a pagar Pence o Rubio. Él no puede ser electo, así que tiene esa ventaja. Dos: conociendo desde la praxis, desde el análisis, al personaje, desde su lógica, Trump le dijo al mundo que ganó las elecciones de 2020. O sea, no habría que extrañarnos que Trump diga “yo gané la guerra”, a pesar de las consecuencias que eso tenga, que hoy no veo una victoria decisiva. Puedo ver un standoff, un empate, pero no una victoria decisiva por parte de Trump.

Ahora, Trump puede pararse y decir “misión cumplida” y después empezar a lidiar con las consecuencias de la guerra. En eso estoy 100%: que puede pasar por ahí. El Partido Republicano va a pagar costos. Lo que no me queda claro es si va a perder las dos cámaras o no, porque tampoco el Partido Demócrata ha sido muy efectivo. Por ejemplo, han querido poner en juego la ley de poderes de guerra y fallaron dos veces.

Y el Partido Demócrata tampoco presenta una gran alternativa a todo esto. Entonces, Trump tiene la posibilidad de salvar la cara y pasarle los costos al Partido Republicano. Lo último que quiero decir con respecto a eso es, desde el punto de vista objetivo de la guerra, que esta guerra, si terminara mañana, las consecuencias de esta guerra las vamos a tener durante todo el 2026. Y me cuesta ver que termine mañana, justamente porque ya empiezan a haber intereses relacionados en que la guerra siga, en que Irán siga resistiendo.

Llega un momento en que se acaban los objetivos militares y hay que hacer otras cosas, y esas otras cosas las paga en legitimidad Israel y los Estados Unidos. Otras cosas: atacar centros de poblaciones civiles, que no veo a los Estados Unidos haciéndolo a propósito. Con lo cual, como dijo Marco Rubio, cuatro semanas de operaciones terrestres puntuales, cargar la costa de Irán, tratar de terminar con la amenaza de misiles antibuque. Y una muy arriesgada es empezar a capturar los buques que salen de Irán hacia China, Indo-Pacífico, pero eso puede arrastrar a China al conflicto, y la verdad que sería una apuesta muy osada. Hay que ver cómo sale la cumbre de Trump y Xi Jinping a mediados de abril, que va a ser un dato importante.