CARTA ORGANICA

Qué cambios le quiere hacer Javier Milei al BCRA y qué opina el mercado

El Gobierno trabaja en cambios a la Carta Orgánica del BCRA para reforzar su autonomía y acotar herramientas que, en los últimos años, fueron utilizadas para financiar al Tesoro. Qué opina el mercado sobre la iniciativa que apuntaría a fortalecer la credibilidad del programa económico de mediano plazo.

Qué cambios le quiere hacer Javier Milei al BCRA Foto: CeDoc

El presidente Javier Milei quiere avanzar con una reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA), una discusión que el Gobierno considera central para consolidar su programa económico. La iniciativa fue presentada en una reunión con diputados y senadores de La Libertad Avanza, convocada por Karina Milei para ordenar la agenda legislativa del oficialismo.

El proyecto, según analizó el equipo de Research & Strategy de Inviu, es trabajado en conjunto por el Poder Ejecutivo, el Ministerio de Economía y el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado. El foco está puesto en reforzar la independencia del Banco Central y acercarlo a modelos que ya funcionan en otros países de la región, donde la conducción de la autoridad monetaria tiene mayor continuidad y no queda tan expuesta a cada cambio de gobierno.

Qué dice la Carta Orgánica del Banco Central y por qué Milei quiere reformarla

La discusión toca una fibra sensible de la historia económica argentina. Durante años, el BCRA ha sido utilizado como fuente de financiamiento del Tesoro, sobre todo a través de adelantos transitorios y transferencias de utilidades. Ese mecanismo permitió cubrir déficits fiscales, pero también terminó asociado a más emisión, inflación y pérdida de confianza en el peso. De todos modos, algunos operadores del mercado están lejos de aceptar que hoy haya independencia entre el BCRA y el Tesoro. 

Qué busca modificar el Gobierno

Uno de los cambios principales sería restringir, o incluso eliminar, la posibilidad de que el Banco Central otorgue adelantos transitorios al Tesoro. También se analiza limitar el uso de reservas internacionales para el pago de deuda pública, una facultad que fue incorporada en la reforma de la Carta Orgánica de 2012.

Desde Inviu señalaron que “una mayor independencia del BCRA representaría un cambio institucional relevante para la política monetaria argentina” y podría ayudar a fortalecer la credibilidad del esquema macroeconómico de mediano plazo.

En los hechos, el Gobierno apunta a reducir la discrecionalidad. La lógica oficial es que, si el Tesoro no puede recurrir al Banco Central para financiarse, la política fiscal queda obligada a sostenerse con recursos propios o con financiamiento genuino. Es una forma de ponerle un candado institucional a una práctica que, en la Argentina, se repitió en distintos gobiernos.

Para el economista Mariano Ricciardi, CEO de BDI Inversiones, la decisión del presidente Javier Milei busca dar “una señal institucional fuerte”: volver a un Banco Central más enfocado en preservar el valor de la moneda y con menos margen para financiar al Tesoro con emisión. Según explicó, la mirada del Gobierno es que la reforma de 2012 amplió demasiado las funciones del BCRA y facilitó el financiamiento monetario del déficit, que luego terminó trasladándose a inflación.

Ricciardi sostuvo que el mercado ve bien la iniciativa en términos conceptuales, porque puede reforzar la credibilidad, la independencia del Banco Central y la disciplina fiscal. De todos modos, marcó un límite: “La ley ayuda, pero no reemplaza la consistencia macro. Si no se sostiene el equilibrio fiscal, no se acumulan reservas y no se consolida la confianza, el cambio normativo solo no alcanza”.

Del cierre del BCRA a un Banco Central más rígido

El cambio también tiene una lectura política. Milei construyó buena parte de su identidad económica con una crítica frontal al Banco Central y llegó a plantear directamente su cierre. Ahora, el camino parece ser otro: no eliminarlo, sino endurecer sus reglas de funcionamiento.

El economista Leo Anzalone, presidente del CEPEC, señaló que la reforma buscaría redefinir el rol del Banco Central dentro del nuevo esquema económico. “El eje central es volver a poner como prioridad absoluta la estabilidad monetaria y limitar de forma más estricta el financiamiento al Tesoro vía emisión”, explicó.

Para Anzalone, el Gobierno persigue dos objetivos. El primero es dar una señal política e institucional de que terminó el ciclo de dominancia fiscal, es decir, que el Banco Central deje de funcionar como una herramienta para cubrir déficits. El segundo es consolidar credibilidad de largo plazo, un punto que considera clave para bajar la inflación de manera permanente y avanzar en la normalización cambiaria.

“Hay un punto conceptual interesante. Milei arrancó su carrera política planteando directamente el cierre del Banco Central, pero hoy el camino parece otro: no eliminarlo, sino endurecerlo. En la práctica, pasar de una idea de desaparición a una lógica de reglas más rígidas e independencia más fuerte. Eso marca una evolución en la estrategia”, analizó Anzalone.

La señal al FMI y al mercado

La reforma también dialoga con los pedidos del Fondo Monetario Internacional. Según Inviu, la iniciativa va en línea con las recomendaciones que el organismo hizo en mayo, cuando planteó la necesidad de fortalecer la independencia del Banco Central dentro del proceso de consolidación macroeconómica.

Para el mercado, el dato relevante será si el proyecto logra convertirse en una regla efectiva. La autonomía del BCRA fue prometida muchas veces, pero su peso real siempre dependió de la disciplina fiscal y de la decisión política de no usar la emisión como atajo.

En esa línea, Anzalone consideró que el mercado debería leer el proyecto de manera positiva, sobre todo porque una Carta Orgánica más restrictiva reduce la discrecionalidad futura. “En Argentina, buena parte de las crisis inflacionarias tuvieron como origen la monetización del déficit”, sostuvo.

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La reforma aparece, entonces, como una pieza institucional del programa económico. Menos financiamiento monetario al Tesoro, más límites al uso de reservas y una autoridad monetaria con mayor distancia del poder político. Pero los analistas coinciden en que el verdadero test estará fuera del texto de la ley: en la capacidad del Gobierno para sostener el orden fiscal, recomponer reservas y mantener la confianza.

Ahora bien, el cambio en la Carta Orgánica formará parte de una agenda legislativa más amplia que La Libertad Avanza quiere ordenar con sus bloques. Además de la reforma del BCRA, el oficialismo prevé avanzar con la reforma política, cambios en el régimen de Zona Fría y modificaciones a Inocencia Fiscal.

La negociación no será sencilla. La independencia del Banco Central suele generar consenso en términos generales, pero el debate aparece cuando se discute hasta dónde debe llegar esa autonomía y qué margen debe conservar el Gobierno ante situaciones excepcionales de deuda, crisis cambiaria o falta de financiamiento.

Por ahora, el proyecto apunta a dejar menos espacio para que el Banco Central vuelva a financiar al Tesoro. Esa es la señal que busca dar Milei. Lo que resta saber es si el Congreso acompañará esa reforma y si el nuevo marco institucional logrará sobrevivir a la próxima tensión económica.

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