“Las historias nos permiten entender otras vidas”
La nueva serie de Prime Video protagonizada por Nicolas Cage transforma el universo de Spider-Man en un thriller melancólico atravesado por pérdidas, desigualdad y personajes exhaustos. Lamorne Morris y Karen Rodríguez hablan sobre el cine negro como base, del heroísmo cotidiano y por qué el personaje sigue funcionando como un espejo emocional global.
Karen Rodríguez escucha la pregunta sobre Spider-Man como fenómeno global y tarda unos segundos en responder. No parece buscar una definición rápida. Más bien intenta ordenar una idea emocional. Porque para ella el personaje nunca funcionó solamente como un superhéroe. Lo que vuelve universal a Spider-Man no son los poderes ni Nueva York ni siquiera el traje. Es otra cosa. La necesidad constante de verse reflejado en alguien que todavía intenta hacer el bien incluso cuando todo alrededor parece roto. “Queremos creer que podemos hacer una diferencia”, dice finalmente. “Queremos pensar que todavía somos capaces de pelear por algo bueno. Queremos tener amigos que se queden a nuestro lado. Y creo que eso atraviesa todas las épocas”. Después hace una pausa y lleva la conversación hacia algo más existencial. “Todo el tiempo estamos buscando propósito. ¿Por qué estamos acá? ¿Qué hacemos en este momento del tiempo? Y cuando contamos historias épicas, porque Spider-Man es una historia épica, en realidad estamos tratando de entender eso”.
La actriz habla de Spider-Noir, la serie original de Prime Video protagonizada por Nicolas Cage, como una versión particularmente vulnerable del mito. Ya no se trata de un adolescente descubriendo habilidades extraordinarias sino de alguien al que la vida ya golpeó demasiadas veces. Un hombre cansado intentando cargar nuevamente con responsabilidades que creía abandonadas. “Estamos viendo a alguien que ya atravesó muchísimo”, explica. “Y eso cambia completamente el peso emocional de la historia. Cambia la tristeza, cambia la responsabilidad y cambia incluso la forma en la que ese personaje se mueve dentro del mundo”.
Lamorne Morris coincide enseguida. Para él, una de las cosas más interesantes de la serie es justamente que utiliza el universo de Spider-Man para hablar menos de poderes y más de desgaste humano. “No es solamente una historia de superhéroes”, dice. “Tiene romance, misterio, crimen, humor, dolor. Tiene todas esas cosas que hacen que incluso alguien que jamás leyó un cómic pueda entrar igual. Porque al final sigue siendo una historia sobre personas intentando sobrevivir”.
Lo universal de lo personal. A lo largo de toda la conversación Karen Rodríguez vuelve constantemente sobre una palabra: comunidad. No la usa como consigna abstracta ni como slogan optimista. Habla de comunidad como una forma concreta de sostenerse emocionalmente cuando el mundo alrededor empieza a romperse. Para ella, Janet funciona exactamente desde ese lugar:c“Para mí la serie habla muchísimo sobre amistad”, dice. “Sobre quiénes son las personas que permanecen cuando las cosas se ponen difíciles. Porque honestamente creo que acompañar a alguien también requiere muchísimo coraje”.
Mientras habla, la actriz conecta inmediatamente esa idea con el presente político y social. Menciona Estados Unidos. Menciona América Latina. Menciona cierta sensación contemporánea de agotamiento colectivo que parece atravesar todo. “Estamos viviendo un momento donde incluso la palabra héroe perdió parte de su significado”, dice. “Todo el mundo usa esa palabra. Pero para mí tiene más que ver con mostrarte. Con aparecer para otros. Janet me enseñó muchísimo mientras la interpretaba. Me enseñó a no caer en la desesperación. A pensar: ‘Bueno, ¿qué sí puedo hacer?’. Porque a veces sentimos que no podemos cambiar nada. Y sí podés. Tal vez no podés resolver todo, pero sí podés hacer algo”.
Lamorne Morris responde desde un lugar parecido cuando se le pregunta qué significa hoy la palabra “héroe”. Sonríe apenas antes de responder, como si supiera que es una pregunta incómoda en un presente donde el concepto parece utilizado para todo y para nada al mismo tiempo. “Creo que un héroe es alguien que lidera con amor”, dice lentamente. “Y suena sencillo, pero no lo es. Porque vivimos en un mundo extremadamente dividido. La gente está cansada, enojada, desconectada. Entonces cuando alguien actúa desde el amor, desde la empatía, desde la valentía, eso tiene un impacto enorme”. Después se queda un segundo en silencio y remata la idea con una frase que parece resumir buena parte del espíritu de Spider-Noir: “El amor y la valentía son superpoderes reales”.
Lo noir como experiencia física. Lamorne Morris no habla del noir como si fuera solamente un género cinematográfico. Habla de algo mucho más corporal. Mientras intenta explicar cómo fue entrar en el universo de Spider-Noir, termina describiendo pequeños movimientos físicos: la manera de sostener un cigarrillo, el ritmo con el que alguien cruza una habitación, la pausa exacta antes de sacarse el sombrero y mirar a otra persona. “Hay una cosa muy estilizada en todo eso”, explica. “La forma en la que fumás, cómo hablás con alguien, cómo te movés. Todo tiene un peso distinto”. Después se ríe un poco y empieza a recordar el vestuario: los tiradores, los sacos gruesos, los chalecos ajustados, los zapatos duros sobre los decorados reconstruidos de Nueva York. “Cuando te ponen todo eso encima entendés inmediatamente que no podés actuar igual que en otro proyecto. El cuerpo entra solo en otra época”.
Durante la preparación volvió varias veces a Devil in a Blue Dress, la película protagonizada por Denzel Washington que utilizó como referencia para entender cómo trasladar la sensibilidad noir a un universo moderno sin perder misterio ni densidad emocional. “Yo quería entender esa energía”, dice, “porque una cosa es imaginar el tono y otra muy distinta es llegar al set y encontrarte con toda esa atmósfera ya construida alrededor tuyo”.
El héroe después del derrumbe. Cuando Lamorne Morris define el corazón emocional de Spider-Noir, usa una palabra inesperada: “heartbreak”. Corazón roto. “Ben Reilly está lidiando con pérdidas”, explica. “Está intentando volver a creer en el amor mientras la ciudad entera también se está derrumbando”. La serie transcurre durante la Gran Depresión, pero ninguno de los actores habla del contexto histórico como si fuera algo distante. Todo el tiempo aparece la sensación de que el relato está dialogando directamente con el presente. “La gente está agotada”, dice Morris. “Está intentando sobrevivir como puede. Y hay una frase en la serie donde Robbie Robertson dice que las personas necesitan un héroe porque sienten que están en las últimas. Creo que cualquier sociedad entiende eso”.
La épica de lo cotidiano. Hacia el final de la conversación Karen Rodriguez deja de hablar de Marvel, del noir y de Spider-Man. Empieza a hablar de su abuela en Tamaulipas. Mientras recuerda esas historias familiares, el tono cambia completamente. Ya no parece una entrevista promocional sino alguien intentando volver mentalmente a una cocina de la infancia: “Las historias que más me marcaron fueron las de mi familia”, cuenta. “Mi abuela cocinando y contándome por qué había tenido que dejar la escuela, cómo ayudó a su familia, cómo mi mamá estuvo en peligro cuando yo nací. Había algo épico en todo eso”. La actriz insiste varias veces sobre esa idea: “La épica de lo cotidiano. Para otros tal vez eran historias pequeñas. Para mí no. Ahí estaba todo. Ahí estaba de dónde vengo. Y después, cuando interpreto personajes, llevo esas historias conmigo”.
Lamorne Morris, por su parte, habla de la cultura pop como un espacio de pertenencia. Recuerda crecer viendo las películas de Sam Raimi y descubrir muy temprano cómo ciertas historias terminan construyendo comunidad:
“La cultura pop nos afecta muchísimo más de lo que creemos”, dice. “Nos da lugares donde sentirnos parte de algo. Y honestamente creo que eso es muy poderoso”.
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