OPINION

¿De qué se alimenta Netanyahu? La energía del poder y el poder de la energía

Netanyahu puede autorizar operaciones en Teherán, atender el frente interno, negociar con la Fiscalía su propio juicio, dar entrevistas, manejar a la oposición norteamericana, tuitear en redes.... Pero hoy, más que ser parte de la solución para Israel, se ha convertido en su problema central.

En RDC se reveló que siguen las complicaciones entre Reino Unido e Israel y surge el debate por la solución de dos Estados Foto: Cedoc Perfil

No sabemos cuál es la dieta del Primer Ministro de Israel. No sabemos si es vegana, mediterránea, de ayunos intermitentes o de hamburguesas a las 3 de la mañana. Lo que sí sabemos es qué lo mantiene con una energía única. Una energía que no es biológica. Es política. Pura.

Se podrá criticar todo lo que queramos a Netanyahu. Y debemos criticarlo. Se podrá pensar - como pienso - que hoy, más que ser parte de la solución para Israel, se ha convertido en su problema central. Pero negar su vitalidad sería de necios.

Netanyahu es el agujero negro que se traga la agenda nacional en Israel

Las últimas 6 elecciones en Israel no giraron sobre Irán, ni sobre el costo de la vivienda, ni sobre la educación, ni sobre el futuro de los territorios. Giraron sobre un solo hombre. Bibi sí, Bibi no. Los que lo aman y los que lo odian. Con la infinidad de temas existenciales que vive Israel, Netanyahu eclipsa y posterga todo. Es el agujero negro que se traga la agenda nacional.

Una vitalidad única

Uno lo ve en campaña y parece que estuviera arrancando su carrera política. Tiene un hambre pocas veces vista. Como dijo Balzac: "El poder no se mantiene, se conquista todos los días".

Netanyahu con Javier Milei, cuando coincidieron en la Asamblea de la ONU.

Es multifacético y nunca se lo ve estresado. En una misma mañana pasa de autorizar una operación quirúrgica en Teherán, a desactivar una rebelión de Ben Gvir y Smotrich, a negociar con la Fiscalía su propio juicio, a pelearse con la Corte Suprema, a dar una entrevista a Fox News, a manejar a la oposición norteamericana y a tuitear contra los medios. Frentes internos y externos de un solo día, sin pausa, que a cualquier persona normal la dejarían en cama por semanas con un ACV.

Es, sin duda, un animal político incomparable. No es casual que sea el hombre que superó en tiempo a todos los primeros ministros de Israel, incluido Ben Gurion. David Ben Gurion, su espejo y obsesión, fundó el Estado. Netanyahu quiere demostrar que sin él, el Estado no sobrevive.

Difícilmente Israel encontrará una persona con ese nivel de energía y capacidad. En eso, incluso sus más acérrimos detractores en privado lo reconocen.

El manual del eterno

Netanyahu no inventó nada. El modelo existe y lo conocemos bien, dentro y fuera de Israel. "Après moi, le déluge. Después de mí, el diluvio" - atribuida a Luis XV. Yo soy el Estado. Sin mí, el caos.

Y como viene el panorama electoral, es muy posible que se reitere la realidad de las últimas elecciones y el mago nuevamente logre conformar coalición. Tiene el mapa en la cabeza. Nadie en la Liga política israelí trabaja como él.

El momento del mediocre necesario. Y aquí está la tragedia.

Dicho todo lo anterior, hay momentos en la historia que es mejor contar con una figura mediocre o de menos jerarquía que permita no ser, incluso siendo el mejor, el factor de desunión.

Lo explicó Montesquieu hace 300 años: cuando la República depende de un solo hombre, ya no es República.

Israel no necesita hoy al mejor estratega. Necesita un administrador modesto que pegue los pedazos, no un mesías que los rompa. No necesita a un Napoleón. Necesita a un Adenauer después de la guerra, que no era brillante, era confiable. Alguien que permita que el país respire y se cure.

La historia judía lo sabe. El Rey David fue el más grande. Guerrero, poeta, conquistador de Jerusalem. Y sin embargo, Dios no lo dejó construir el Templo. ¿Por qué? Dice el Midrash en Bereshit Rabá: porque tenía demasiada sangre en las manos. Lo tuvo que construir su hijo, Shlomó, un hombre de paz.

Netanyahu ganó todas las batallas políticas. Pero está perdiendo la guerra por la unidad de Israel. Un país que después del 7 de octubre necesita suturar y él es, para la mitad del país, la herida abierta. 

Israel no necesita hoy al mejor estratega. Necesita un administrador modesto que pegue los pedazos, no un mesías que los rompa

Claro, si los resultados son los que se pueden presumir, ¿quién le hará a Netanyahu, convencido de que es el único que sabe y puede liderar a Israel, decidir dejar lo que más ama? El fuego sagrado del poder, las luces y el centro de la escena.

Dejar el poder voluntariamente es el acto más antinatural para un político de raza. Como decía Maquiavelo en El Príncipe: "El que no sepa despreciar el poder, nunca será digno de él".

Hay que ser muy grande para poder dar un paso al costado siendo el rey del tablero. De Gaulle lo hizo. Ben Gurion lo intentó. Rabin decía que había que saber cuándo irse.

La pregunta no es de qué se alimenta Netanyahu. Sabemos que se alimenta de poder.

La pregunta es si Israel puede seguir alimentándose solo de Netanyahu.

 

(*) Miguel Steuermann es director de Radio Jai.