ELECCIONES EN COLOMBIA

El fenómeno De la Espriella frente al desafío de Cepeda: cómo llega Colombia al balotaje

La primera vuelta dejó una elección abierta entre el candidato opositor que sorprendió con su crecimiento en las urnas y el referente del oficialismo que logró sostener el voto progresista. Según el consultor político Antonio Aguilar, Colombia atraviesa una nueva etapa en la que las emociones, las redes sociales y la polarización explican buena parte del comportamiento electoral.

La reacción de De la Espriella se produjo luego de que el propio Cepeda lo emplazara públicamente a un debate político Foto: Collage

Desde Bogotá  La primera vuelta presidencial celebrada este 31 de mayo dejó un escenario tan competitivo como inesperado en Colombia. Contra varios pronósticos, el abogado outsider y dirigente opositor Abelardo de la Espriella se impuso con el 43,77% de los votos y se consolidó como la gran sorpresa de la jornada. Ahora disputará la presidencia en segunda vuelta frente a Iván Cepeda, que obtuvo el 40,88%, respaldado por el oficialismo y considerado el principal heredero político del presidente Gustavo Petro.

Los resultados confirmaron que ninguna de las fuerzas en disputa logró construir una mayoría suficiente para imponerse en primera vuelta. El país quedó dividido entre dos proyectos que representan visiones opuestas sobre el futuro de Colombia, en una campaña que ahora promete profundizar la polarización política.

Para el consultor político colombiano Antonio Aguilar, la principal conclusión que deja esta elección es que Colombia ingresó en una nueva etapa política en la que las categorías tradicionales ya no alcanzan para explicar el comportamiento electoral.

 

Una elección atravesada por las emociones

“La política colombiana dejó de organizarse exclusivamente alrededor de partidos, estructuras o ideologías. Hoy el elector se mueve mucho más por identificación emocional que por disciplina partidaria”, explicó Aguilar a PERFIL.

Según su análisis, la disputa entre Cepeda y De la Espriella terminó configurándose como un enfrentamiento de emociones colectivas más que de programas de gobierno. Mientras el candidato oficialista representó la continuidad de las reformas impulsadas por Petro y la defensa del proyecto progresista, el outsider opositor construyó una narrativa centrada en el orden, la autoridad y el rechazo al desgaste institucional.

“Los colombianos no votaron únicamente por propuestas. También votaron desde el cansancio, el miedo, la esperanza, la frustración y la necesidad de estabilidad”, sostuvo.

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Para Aguilar, los resultados transmiten un mensaje doble. Por un lado, muestran que el petrismo conserva una base electoral sólida y competitiva. Por otro, evidencian el crecimiento de un sector importante de la sociedad preocupado por la inseguridad, la situación económica y el clima de confrontación política.

“El país parece estar diciendo que quiere cambios sociales, pero también orden, reformas. Estabilidad, transformación, pero sin incertidumbre”, resumió.

La imposibilidad de definir la elección en primera vuelta responde, justamente, a que ninguno de los candidatos consiguió construir una mayoría transversal capaz de reunir sensibilidades políticas y sociales muy diversas.

Cómo se explica el fenómeno Abelardo

Uno de los grandes interrogantes de la campaña fue el ascenso de Abelardo de la Espriella durante las últimas semanas previas a la votación.

Según Aguilar, el crecimiento del candidato opositor no puede entenderse únicamente desde la lógica tradicional de la derecha colombiana. “Abelardo comprendió mejor que nadie el ecosistema digital contemporáneo. Mientras otros candidatos seguían apostando por formatos convencionales, él construyó una campaña diseñada para circular en redes sociales, transmisiones en vivo y contenidos altamente viralizables”, explicó.

Su estrategia, agrega, estuvo basada en proyectar autenticidad, firmeza y capacidad de confrontación frente a una parte del electorado que percibe distancia entre la dirigencia política tradicional y los problemas cotidianos.

El desempeño de De la Espriella también abrió el debate sobre el futuro de los sectores conservadores. Para Aguilar, más que el nacimiento de una nueva derecha, lo que se observa es una profunda reconfiguración del espacio opositor.

Parte del voto históricamente identificado con el uribismo migró hacia el outsider incluso antes de la primera vuelta. Sin embargo, advierte que sería un error asumir que todos los apoyos obtenidos por otros candidatos de derecha se trasladarán automáticamente hacia su candidatura.

La reciente decisión de la candidata Paloma Valencia de respaldar públicamente a De la Espriella fortalece su narrativa de unidad opositora, pero la transferencia efectiva de votos podría ser mucho más compleja.

El desafío pendiente de Iván Cepeda

Del lado oficialista, Aguilar considera que Cepeda logró preservar buena parte del electorado progresista construido por Petro durante los últimos años, aunque todavía enfrenta dificultades para ampliar su alcance hacia sectores independientes y moderados.

“Su principal fortaleza fue la estructura territorial, la disciplina militante y la coherencia ideológica. Pero en muchos momentos transmitió más defensa del proyecto oficialista que una visión de futuro capaz de conquistar a votantes indecisos”, señaló el consultor político. 

Además, la identificación con el Gobierno actual representa una ventaja dentro del núcleo progresista, aunque también limita su capacidad para captar electores desencantados con la gestión de Petro.

El centro vuelve a quedar relegado

La elección también dejó otro dato significativo: el escaso espacio para las candidaturas moderadas. Para Aguilar, figuras como Sergio Fajardo o Claudia López quedaron atrapadas en una dinámica electoral dominada por la intensidad emocional.

“Las redes sociales favorecen los mensajes contundentes, los conflictos y las identidades fuertes. El centro suele comunicar matices. Y en contextos de ansiedad económica, inseguridad y polarización, los matices suelen perder terreno frente a los discursos más categóricos”, afirmó.

Precisamente por eso, los votantes moderados se convertirán en uno de los botines más codiciados de cara al balotaje.

Las regiones que definirán la segunda vuelta

Aunque Colombia mantiene algunas tendencias históricas —con regiones del Pacífico más cercanas a la izquierda y zonas del centro-oriente con inclinaciones conservadoras—, Aguilar advierte que la geografía electoral ya no alcanza para explicar completamente el comportamiento político.

¿Qué pasará en Colombia? 

Las grandes ciudades, especialmente Bogotá, aparecen como territorios clave para la definición del próximo presidente. Allí se concentra un electorado urbano, profesional y moderado que podría inclinar la balanza hacia cualquiera de los dos candidatos.

“Hoy existe una división cultural y digital tan importante como la territorial. Muchos jóvenes construyen su identidad política a partir de contenidos en redes sociales más que desde estructuras partidarias tradicionales”, explicó.

Una batalla psicológica más que ideológica

Con la campaña de segunda vuelta ya en marcha, Aguilar considera que la disputa estará marcada menos por las ideologías que por la capacidad de cada candidato para gestionar determinadas emociones sociales.

Abelardo necesita transmitir tranquilidad sin perder firmeza. Cepeda necesita ampliar confianza sin perder identidad. La elección se jugará en el terreno de las percepciones”, sostuvo.

En ese contexto, concluye, la pregunta central para millones de colombianos será cuál de los dos temores pesa más: el miedo a la continuidad de los problemas asociados al actual ciclo político o el miedo a una reacción que consideren demasiado radical frente a ese desgaste.

La respuesta se conocerá en la segunda vuelta, cuando Colombia defina quién ocupará la Casa de Nariño durante los próximos cuatro años.

 

LB