"Islandia ya nos costó mucha plata": el blooper geográfico de Trump en Davos que tensó la relación con Europa
El presidente de Estados Unidos culpó a un país equivocado por la caída de los mercados mientras exigía la soberanía de Groenlandia. Pese a las burlas por su confusión, el mandatario redobló la apuesta: amenazó con aranceles masivos y exigió la propiedad total de la isla estratégica.
Donald Trump convirtió su paso por Davos en un laberinto geográfico al confundir repetidamente a Groenlandia con Islandia mientras lanzaba ultimátums territoriales. Durante su discurso central, el mandatario estadounidense vinculó la inestabilidad de Wall Street a una supuesta crisis con "Islandia", nación a la que acusó de costarle "mucho dinero" a su país. Sin embargo, los mercados reaccionaron en realidad a sus propias amenazas de quedarse con Groenlandia, el territorio autónomo danés que el mandatario transformó en su principal obsesión geopolítica para este 2026.
La confusión sistemática dejó perplejos a los líderes mundiales presentes, ya que Trump llamó "Islandia" a su objetivo de compra al menos cuatro veces. El error no pareció un simple desliz momentáneo, dado que el presidente cometió la misma equivocación apenas un día antes en una conferencia de prensa en la Casa Blanca. Los periodistas y analistas en la sala marcaron que la falta de precisión geográfica del mandatario contrastó con la agresividad de sus demandas, lo que instaló un clima de incertidumbre sobre la seriedad de su política exterior en el Ártico.
Más allá del blooper, Trump endureció su discurso y exigió el "título y propiedad total" de la isla. El jefe de Estado rechazó cualquier tipo de acuerdo intermedio, como un alquiler de bases militares, bajo el argumento de que Estados Unidos necesita la soberanía plena para garantizar la defensa regional. Calificó a Groenlandia como un "hermoso trozo de hielo desatendido" y anunció un ambicioso plan para construir allí "el mayor domo dorado" de defensa aérea, con el fin de frenar el avance de Rusia y China en la zona.
El presidente también aprovechó para humillar a los socios europeos por su dependencia militar histórica. Trump afirmó que, de no ser por la intervención de Estados Unidos en el siglo pasado, en Europa "todos hablarían alemán y un poco de japonés". Reiteró que la OTAN es una carga injusta para su país y se quejó de que solo recibe "desprecio y facturas" de naciones que, según su visión, no estarían a salvo sin el despliegue de las tropas estadounidenses en el continente.
Respecto a la posibilidad de una invasión, el mandatario descartó por el momento el uso de la fuerza militar directa. Aunque aseguró que su ejército sería "imparable" si decidiera tomar la isla por la fuerza, aclaró que preferiría evitar ese camino para no romper definitivamente con sus aliados. No obstante, lanzó una advertencia sombría a Dinamarca y al resto de Europa: aseguró que su administración "tendrá memoria" y actuará contra quienes se opongan a la que considera una necesidad de seguridad nacional para el hemisferio occidental.
La Casa Blanca intentó contener el impacto de los dichos presidenciales a través de un comunicado de su vocera, Karoline Leavitt. La funcionaria negó que Trump desconociera la diferencia entre ambas naciones y sostuvo que el mensaje fue malinterpretado por la prensa. Sin embargo, el daño diplomático se concretó de inmediato: el Parlamento Europeo decidió congelar las negociaciones comerciales con Estados Unidos, mientras que el gobierno danés ratificó que no cederá ni un centímetro de sus fronteras bajo presión externa.
Presión sobre el gasto de Dinamarca y la respuesta de Copenhague
El enojo de Trump con el gobierno danés se centró en lo que él consideró una inversión insuficiente en la defensa del Ártico. El presidente reclamó por un viejo compromiso de 2019 donde Dinamarca prometió destinar 200 millones de dólares a fortalecer Groenlandia, asegurando que solo se ejecutó una fracción de ese monto. Por el contrario, el ministro de Defensa danés, Troels Lund Poulsen, recordó que su país ya puso en marcha un plan de 2.000 millones de dólares que incluyó drones de largo alcance y tecnología satelital para proteger la soberanía de la isla frente a cualquier amenaza externa.
La estrategia de la Casa Blanca incluyó la amenaza formal de aplicar aranceles del 10% a los aliados europeos a partir del 1 de febrero si no aceptan negociar la venta del territorio. Esta penalidad podría subir al 25% a mediados de año. Ante este panorama, el primer ministro británico, Keir Starmer, aseguró que no permitirá que el Reino Unido sea extorsionado y defendió que el futuro de la isla depende exclusivamente de los groenlandeses. Starmer remarcó que las amenazas comerciales son un camino equivocado para tratar con aliados estratégicos.
En sintonía con su discurso, Trump utilizó sus redes sociales para difundir montajes donde el mapa de Groenlandia aparece bajo los colores de la bandera de Estados Unidos. En su perfil de Truth Social, el mandatario compartió fotos donde se lo ve plantando el estandarte estadounidense en la nieve y mapas que incluyeron a Canadá y Venezuela como parte del territorio administrado por Washington. Estas acciones reforzaron la idea de que la propiedad de la isla es su prioridad absoluta para 2026, a pesar de los errores de nombres que marcaron su presentación.
TC