Consecuencias de la guerra en Medio Oriente

La guerra entre Irán e Israel genera incertidumbre económica y Brasil busca contener el impacto en los combustibles

Durante una ronda de corresponsales internacionales, especialistas coincidieron en que ninguna guerra resulta beneficiosa para la economía mundial, aunque algunos países productores de petróleo y gas podrían encontrar oportunidades comerciales en medio de la crisis.

Ventas de combustibles en baja: por qué Córdoba sigue siendo clave en el consumo Foto: .

La escalada del conflicto en Medio Oriente continúa generando repercusiones en la economía global. Mientras varios países asiáticos adoptaron medidas para garantizar el abastecimiento de combustibles, Brasil procura amortiguar el impacto interno del aumento del precio internacional del petróleo y evitar que se traslade al bolsillo de los consumidores.

Durante una ronda de corresponsales internacionales, especialistas coincidieron en que ninguna guerra resulta beneficiosa para la economía mundial, aunque algunos países productores de petróleo y gas podrían encontrar oportunidades comerciales en medio de la crisis. Sin embargo, advirtieron que las consecuencias inmediatas suelen reflejarse en los mercados, la inflación y el costo de vida.

En el caso de Brasil, el primer efecto se observó en los ingresos del sector petrolero, ya que el país es uno de los principales productores de crudo de la región. No obstante, el gobierno decidió mantener sin cambios los precios de los combustibles para evitar un traslado inmediato del incremento internacional al mercado interno.

Aun así, los analistas señalaron que el verdadero impacto podría sentirse en los próximos meses. El aumento de los costos energéticos, sumado a las altas tasas de interés internacionales, podría presionar sobre la inflación y complicar aún más la situación económica del país.

Actualmente, Brasil mantiene una tasa de interés de referencia (Selic) cercana al 14%, mientras que la inflación ronda el 4%. Ese elevado costo del dinero, explicaron, dificulta el acceso al crédito para empresas y consumidores, incrementa el peso de la deuda pública y representa uno de los principales desafíos para el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva.

La deuda brasileña ya alcanza aproximadamente el 81% del Producto Bruto Interno (PBI), un dato que, según los especialistas, será uno de los ejes centrales de la campaña electoral. En paralelo, muchas empresas enfrentan dificultades para refinanciar sus obligaciones financieras debido al elevado costo del financiamiento.

Otro de los sectores que observa con preocupación el escenario internacional es el agro. Brasil depende en gran medida de fertilizantes importados, muchos de ellos provenientes de Rusia, por lo que cualquier alteración en los mercados internacionales puede afectar los costos de producción y la competitividad del sector.

En materia diplomática, también se destacó el reciente acercamiento entre Donald Trump y Lula da Silva. Según el análisis realizado durante el intercambio, ambos mandatarios mantuvieron una reunión cordial en la que Trump habría manifestado una buena impresión del presidente brasileño, pese a que continúan las diferencias en torno a las políticas comerciales y los aranceles.

Respecto de los combustibles, los corresponsales coincidieron en que, hasta el momento, no se registraron aumentos en las estaciones de servicio brasileñas. Sin embargo, advirtieron que el precio debería subir como consecuencia del encarecimiento internacional del petróleo, aunque el gobierno continúa interviniendo para sostener los valores y evitar un impacto inmediato sobre el costo de vida.