Polonia evalúa el desarrollo de un arsenal nuclear propio frente a la amenaza rusa
El presidente Karol Nawrocki sostuvo que el país debe construir un “potencial nuclear” ante la amenaza de Moscú y el despliegue de misiles rusos Oreshnik en Bielorrusia, a pasos de la frontera polaca.
El tablero geopolítico europeo sigue girando. En una reciente entrevista con el canal Polsat, el presidente polaco, Karol Nawrocki, planteó que su país debería comenzar a desarrollar capacidades nucleares propias como parte de su estrategia de seguridad nacional frente a Rusia, en medio de un creciente debate europeo sobre disuasión atómica.
Nawrocki argumentó que Polonia debe construir esa estrategia a causa de la proximidad geográfica con la guerra en Ucrania y la postura "agresiva e imperial" del Kremlin. “Somos un país al borde de un conflicto armado”, advirtió el mandatario, subrayando que el camino atómico se recorrería respetando siempre las normas internacionales.
Este cambio de retórica no es un hecho aislado. El ministro de Defensa, Władysław Kosiniak-Kamysz, respaldó la postura presidencial este lunes desde Cracovia, sugiriendo un enfoque de hechos consumados: "En una cuestión tan sensible, es mejor hacer más y hablar menos". Según el ministro, la situación requiere "diligencia y acción" en lugar de debates circulares.
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En este sentido, el giro de Donald Tusk es lo que más está dando que hablar en los pasillos de Varsovia. Hace un par de años, el Primer Ministro no se mostraba abierto a tratar sobre arsenal nuclear y decía que tener ojivas en suelo polaco era una "desproporción". Pero el escenario cambió y él también: ahora ya no solo se discute el nuclear sharing —(que básicamente es que la OTAN te preste las armas y las cuide en tu casa)— sino que el Gobierno está evaluando seriamente desarrollar un arsenal propio. La idea es dejar de mirar de reojo qué hace o deja de hacer Estados Unidos y tener una capacidad de respuesta soberana, especialmente porque Polonia hoy es, literalmente, el patio delantero de un posible conflicto mayor.
Claro que este plan no es tan sencillo, porque Polonia firmó el Tratado de No Proliferación en 1968 y romper eso traería un problema legal de dimensiones mundiales. Sin embargo, después de lo que se escuchó este fin de semana en la Conferencia de Seguridad de Múnich, la sensación es que el tiempo apremia. Con Rusia pegado a la frontera y Bielorrusia funcionando como su base de operaciones, en Polonia sienten que la disuasión tradicional se quedó corta. Hoy el Ejecutivo prefiere "hacer más y hablar menos" para no quedar "desprotegido" ante los movimientos de Vladimir Putin.
Europa da un giro estratégico y plantea ampliar su “poder de disuasión” nuclear
Polonia no es la única preocupada: la menor confianza en la protección militar de Estados Unidos llevó a otros líderes europeos a plantear lo mismo. Durante la Conferencia, la primera ministra de Letonia, Evika Siliņa, afirmó que la disuasión nuclear puede brindar "nuevas oportunidades" para la región, mientras que el canciller alemán, Friedrich Merz, confirmó que ya se mantienen conversaciones con Francia para establecer una estrategia de disuasión a escala europea.
Ante la pregunta sobre cómo reaccionaría el Kremlin frente a un programa de armas nucleares polaco, el presidente Karol Nawrocki se mostró despectivo y señaló que Rusia suele reaccionar con agresividad ante cualquier movimiento soberano de sus vecinos.
Bielorrusia: el nuevo enclave nuclear de Putin en la frontera europea
La líder de la oposición bielorrusa en el exilio, Sviatlana Tsikhanouskaya, advirtió que el régimen de Alexander Lukashenko está profundizando la presencia militar de Moscú, preparando el terreno para una nueva escalada. Según Tsikhanouskaya, el despliegue de armas nucleares y misiles rusos en territorio bielorruso es inminente, una maniobra que no solo busca presionar a Ucrania, sino que representa una amenaza directa para la seguridad de toda la Unión Europea.
Tsikhanouskaya alertó a la Unión Europea que tiene que "prestar más atención a lo que está sucediendo", tras la difusión de imágenes del Ministerio de Defensa ruso que muestran el sistema de misiles hipersónicos Oreshnik, con capacidad nuclear, ya en servicio de combate en una base aérea del este de Bielorrusia.
El sistema Oreshnik es una pieza clave en la estrategia de intimidación del Kremlin; se trata de un misil balístico de alcance intermedio que, según expertos, podría alcanzar objetivos en el Reino Unido en apenas ocho minutos. Aunque hasta el momento se ha utilizado con cargas convencionales —como en el reciente ataque sobre la ciudad ucraniana de Lviv, a solo 64 kilómetros de la frontera polaca—, Lukashenko ha confirmado que planea estacionar diez de estos sistemas en su país. Imágenes satelitales recientes en las cercanías de Krychau revelan la reconstrucción de estaciones ferroviarias y la creación de nuevas infraestructuras militares que respaldarían este despliegue.
Más allá del armamento, la influencia rusa en Bielorrusia se extiende al aparato productivo. Tsikhanouskaya estima que unas 300 empresas bielorrusas están colaborando directamente con la producción militar de Rusia, consolidando al país como un engranaje fundamental del esfuerzo bélico de Putin. Para la líder opositora, el destino de Bielorrusia está atado al resultado de la guerra en Ucrania: una victoria rusa envalentonaría a Putin para avanzar sobre otros países como Moldavia o Georgia.
GD / ds