bipartidismo DEBILIDADO

Reino Unido: “La elección mostró la mayor polarización del electorado en décadas”

Los comicios municipales y regionales dejaron un escenario complejo, tanto para el laborismo como para los conservadores. El economista y politólogo Pablo Castro le dijo a PERFIL que la inmigración y una “economía anémica” ayudan a explicar el duro revés sufrido por el primer ministro Keir Starmer y el crecimiento del partido de ultraderecha. Además, advirtió sobre la posibilidad de una transformación interna en el histórico sistema bipartidista británico.

Falso outsider. Nigel Farage, líder de Reform UK, está en política desde hace varias décadas. Foto: afp

—¿Qué lectura general hace de los resultados?

—El resultado no es inesperado. Hace dos años que las encuestas ponen a Reform muy por encima del resto. Dado el sistema mayoritario de votación en Reino Unido, los resultados podrían haber sido aún peores para el oficialismo. La elección también es muy mala para el Partido Conservador. Además de Reform, los Liberales Demócratas y el Partido Verde obtuvieron un gran resultado. La elección muestra la mayor polarización del electorado en décadas: los votantes de la derecha están motivados por los temas de migración y cambio cultural, mientras que hay votantes de la izquierda a quienes el laborismo les resulta insuficiente y que se están volcando hacia el Partido Verde. Sin dudas es una gran derrota del oficialismo que no ha sabido posicionar al partido frente a estos desafíos.

—¿Se pueden interpretar como un castigo al oficialismo o como un giro hacia la ultraderecha?

—El gobierno de Starmer es mucho más impopular de lo que debería ser, teniendo en cuenta que la economía atraviesa un período más anémico que recesivo. Parte de esa impopularidad viene de la incapacidad de responder a los temas de migración e identidad, planteados por Reform, con una narrativa que resuene con sus votantes. Otra parte, parece venir directamente del liderazgo personal de Starmer. 

Por el lado del electorado, además de que una porción grande ha migrado más a la derecha, vemos polarización y fragmentación en aumento. Hoy podríamos decir que hay 5 partidos relevantes en Inglaterra, además de las fuerzas regionales de Escocia y Gales que también arrasaron en sus países. Para un país de sistema mayoritario first-past-the-post como es el Reino Unido, este nivel de fragmentación podría conducir a una mayor inestabilidad en las políticas públicas.

—Reform UK emerge como un tercer actor en el sistema bipartidista. ¿Crees que habrá alguna transformación a futuro?

—Reform era, y continúa siendo, el favorito para poner al siguiente Primer Ministro. Previo a esta elección local todas las encuestas han dado sistemáticamente que una elección nacional le daría una mayoría cómoda en el Parlamento. Sin embargo falta mucho para una elección –podría ser en 2029–, y antes de eso es posible que el laborismo –que hoy controla el parlamento– busque reemplazar a Starmer. Si llegamos a las elecciones nacionales en estas condiciones de fragmentación, existe alguna posibilidad de que el gobierno actual busque cambiar el sistema electoral, lo cual sería totalmente sísmico para este país.

—¿Farage es una anomalía británica o el síntoma de un cambio?

—Farage se presenta como “outsider” pero en realidad está en la política británica desde hace décadas. Su gran éxito fue persuadir a David Cameron para que los conservadores hicieran el referéndum sobre el Brexit o arriesgaran su supervivencia. Es un fenómeno parecido a otros –Le Pen, Geert Wilders– que representa las preocupaciones del electorado con respecto al cambio demográfico, étnico y cultural. La elección parece sorprender porque finalmente Reform ha llegado a la masa crítica que le permite transformar votos en escaños; pero Farage está hace décadas en porcentajes importantes de voto. Esos votos antes no tenían representación parlamentaria por el sistema usado en UK.

—¿La inmigración es el principal tema que definió la elección o hay otros?

—La situación migratoria hoy no es “peor” que en otros momentos –los niveles de migración neta son menores que con Boris Johnson–, ni la economía está en una crisis más aguda. Lo que ha capitalizado Farage es que no se le ha dado una respuesta que sea satisfactoria a la preocupación del electorado por el tema migratorio. 

Es una acumulación de hastío más que un problema con la respuesta que ha dado este gobierno, que no es particularmente distinta o innovadora –quizá ese sea precisamente el problema.

Si bien existe racismo, también hay una percepción de injusticia en el funcionamiento del Estado de Bienestar británico. Muchas personas que pagaron impuestos durante décadas sienten que los “recién llegados”, reciben beneficios iguales o incluso prioritarios, ya sea por encontrarse en situaciones de mayor vulnerabilidad o por tener más hijos. 

En ese sentido, aparece un choque entre la universalidad de criterios para asignar beneficios sociales y la idea de correspondencia entre aportes y beneficios recibidos. Para una parte del electorado, esa tensión tampoco ha sido resuelta de manera satisfactoria.