Más de 5.400 casos reportados

Violencia de género en Haití alcanza niveles extremos: pandillas triplican ataques sexuales y mujeres y niñas son las principales afectadas

La mayor parte de la capital está bajo control de bandas armadas que expanden su influencia por rutas estratégicas. A las sobrevivientes les toca enfrentar impunidad total, sin acceso a policía efectiva, justicia operativa ni servicios médicos o psicológicos adecuados.

Pueblo de Haití Foto: Europa Press

La violencia en Puerto Príncipe y otras zonas urbanas disparó los ataques sexuales, triplicándose en los últimos años según la ONU y diversas organizaciones humanitarias, con niñas y mujeres como principales víctimas. A partir de 2025, se registraron miles de casos de violencia sexual, incluyendo violaciones colectivas por grupos de hasta diez agresores, utilizadas deliberadamente como herramientas de control territorial y de terror. 

Así lo denunció la organización médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF), quien admitió estar “alarmada e indignada” ante el incremento de la violencia sexual y de género. La clínica Pran Men’m, abierta hace diez años en Puerto Príncipe, atendió a más de 17.000 pacientes durante la última década, de los cuales 2.300 corresponden solo a los primeros nueve meses de 2025. Más de 350 de ellos son niños y hombres.

De hecho, antes de 2022, la mitad de los casos atendidos eran menores de 18 años, y hoy representan el 24%. A diferencia de ello, el número de víctimas de entre 50 y 80 años se multiplicó por siete.

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“Los números nos han conmocionado”, declaró Diana Manilla Arroyo, jefa de misión de MSF en Haití. “No se trata solo de cifras, sino de la gravedad. Más de 100 personas fueron agredidas por diez o más perpetradores simultáneamente, y el promedio de atacantes por caso es de tres”. Aquellas agresiones se producen durante secuestros, ocupaciones de territorios y para controlar la distribución de ayuda humanitaria, según la organización.

Algunos expertos estiman que los grupos armados controlan cerca del 90% de Puerto Príncipe, consolidando su poder mediante el uso sistemático de la violencia sexual. Dicho informe incluye relatos estremecedores, como el de una mujer de 53 años que fue violada por tres hombres jóvenes, y cuyo ataque fue seguido por la agresión sexual a su hija. La ONU calcula que 1,4 millones de personas fueron desplazadas en los últimos años a causa de la violencia, muchas de ellas confinadas en refugios temporales sin condiciones mínimas de seguridad.

De esta manera, la falta de infraestructura adecuada y refugios disponibles agrava la crisis. MSF alerta que las mujeres embarazadas, con niños o con necesidades médicas a menudo son rechazadas en los centros de acogida. “Sin refugio seguro ni opciones de reubicación, nuestros pacientes son devueltos al mismo entorno que provocó su trauma inicial, solo para regresar un día después”, señalaron.

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Además del drama humano, la situación refleja una profunda fragilidad institucional: la policía local es insuficiente, la justicia colapsada y los servicios médicos y psicológicos son limitados. 

Estigma y desconfianza

El temor a denunciar abusos sexuales en Haití persiste de manera alarmante, alimentado por el estigma social y la desconfianza hacia la policía y el sistema judicial, ampliamente colapsado. Algunos sobrevivientes evitan incluso buscar atención médica, conscientes de que la violencia puede alcanzarlos: en barrios controlados por pandillas, los civiles son percibidos automáticamente como aliados de los grupos armados y enfrentan riesgos de golpes.

Según Médicos Sin Fronteras (MSF), en 2022 la proporción de sobrevivientes que acudieron a la clínica Pran Men'm en los tres días posteriores al ataque cayó drásticamente, de casi dos tercios a un tercio. Esto significa que cerca del 70% de las personas llegó demasiado tarde para recibir profilaxis postexposición contra el VIH.

Así, de manera similar, el porcentaje de pacientes que buscaron atención dentro de los cinco días posteriores al ataque descendió del 72% al 41%, dejando a casi el 60% sin la oportunidad de prevenir embarazos no deseados.

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Para hacer frente a la estigmatización, algunas organizaciones locales implementan estrategias creativas que combinan arte, teatro y música, acercándose directamente a las mujeres afectadas. Las sobrevivientes participan en grupos focales seguros, donde pueden expresar sus experiencias, escribir sobre lo ocurrido y compartir relatos.

MV/DCQ