RDEsc: Irina Alonso llevó El libro del desasosiego de Pessoa al teatro
La actriz, dramaturga y directora Irina Alonso contó en Ronda de Escritores (RDEsc) cómo trabajó con fragmentos de El libro del desasosiego, de Fernando Pessoa, para construir un espectáculo centrado en una noche de insomnio.
La actriz y dramaturga Irina Alonso habló sobre su relación con Fernando Pessoa y explicó cómo surgió su acercamiento teatral a El libro del desasosiego, una obra que la acompaña desde hace años y que decidió transformar en una experiencia escénica concentrada en una única noche. Invitada a Ronda de Escritores, por +Perfil, contó que el autor portugués forma parte de un grupo reducido de escritores que conserva como referencias desde su adolescencia.
“Me metí con Pessoa, me metí con El libro del desasosiego, material que amo”, explicó Alonso. En esa misma constelación personal ubicó a Juan José Saer y César Vallejo, dos autores que también la acompañaron durante buena parte de su recorrido artístico.
La dramaturga recordó además que ya había trabajado anteriormente con textos de Vallejo para un espectáculo televisivo. En el caso de Pessoa, sin embargo, el desafío era diferente: partir de un libro extenso y fragmentario sin pretender trasladarlo de manera completa al escenario.
Una noche posible dentro de El libro del desasosiego
“Elegí algunos fragmentos como para hacer un recorrido posible y contar una noche en la vida de ese personaje”, explicó Alonso. La decisión fue construir una situación precisa que pudiera contener el universo del libro sin intentar reproducirlo en su totalidad. La acción transcurre durante una madrugada de insomnio. “Son las cuatro de la mañana, tiene su máquina de escribir, su botella de vino y desgrana sus pensamientos a lo largo de esta noche”, relató.
Ese marco le permitió organizar los textos alrededor de un tiempo dramático concreto. El personaje permanece despierto, escribe, bebe y deja avanzar una cadena de pensamientos que conecta diferentes zonas de la obra de Pessoa.
La noche funciona así como una estructura capaz de ordenar aquello que en el libro aparece disperso. “Elegí algunos fragmentos”, insistió Alonso, y a partir de esa selección armó un recorrido con principio, desarrollo y una lógica propia.
“Pessoa no dejó un orden”
Una de las libertades centrales del proceso apareció justamente en la organización del material. Alonso explicó que decidió realizar su propia traducción y que no trabajó siguiendo una única edición.
“Hice una propia traducción, tomé diferentes fragmentos de aquí y de allá”, señaló. La elección no fue arbitraria: también se apoyó en el carácter abierto de El libro del desasosiego y en la ausencia de una organización definitiva establecida por Pessoa.
“Pessoa no dejó un orden, así que con más razón tuve libertad de hacer la cronología que yo necesitara”, explicó.
Esa falta de una secuencia cerrada le permitió modificar la disposición de los textos según las necesidades teatrales. El objetivo no era reconstruir una versión canónica del libro, sino encontrar un orden capaz de sostener la experiencia de ese personaje durante una madrugada.
Pablo Caramelo y un personaje pensado desde el cuerpo
El encargado de llevar ese material a escena es Pablo Caramelo, actor y poeta, además de pareja de Alonso. “El actor que encarna todo esto en su cuerpo es Pablo Caramelo, que es muy buen actor y además es mi marido”, contó.
El vínculo de Caramelo con la poesía también incidió en la construcción del personaje. Alonso señaló que existe una conexión entre ambos universos: el protagonista es poeta y empleado, mientras que Caramelo es poeta y actor.
La dramaturga contó que terminó de escribir la pieza pensando específicamente en él y en sus posibilidades como intérprete. Esa decisión trasladó el trabajo desde el plano puramente literario hacia el cuerpo, la voz y la presencia escénica.
La oficina como contrapunto del mundo interior
La propuesta no se concentra únicamente en los pensamientos nocturnos. También aparecen momentos de la vida cotidiana del personaje y, especialmente, su trabajo de oficina. “Va desde lo más cotidiano, que son sus aventuras en la oficina, con el famoso patrón Vázquez, que yo acá le puse el jefe Vázquez”, explicó Alonso.
Ese universo burocrático funciona como contraste frente a la intensidad de su vida interior. De un lado aparece la rutina, el empleo y la repetición; del otro, la poesía, el pensamiento y la necesidad de escribir.
El contrapunto permite mostrar que el desasosiego no está separado de la vida diaria, sino que convive con ella. El personaje trabaja, cumple horarios y responde a un jefe, pero al mismo tiempo construye una existencia interior atravesada por preguntas, imágenes y escritura.
Pessoa y Kafka, unidos por la escritura nocturna
Durante la conversación, Osvaldo Quiroga relacionó esa tensión con Franz Kafka, quien también desarrolló buena parte de su obra mientras sostenía una actividad profesional alejada de la literatura. “Franz Kafka escribía de noche después de trabajar como empleado, como abogado en una compañía de seguros”, recordó Quiroga.
Alonso coincidió con el paralelo. En ambos casos aparece la convivencia entre una vida práctica, sometida a la rutina laboral, y otra dimensión dominada por la necesidad de escribir.
En la versión teatral de El libro del desasosiego, esa tensión se concentra en la madrugada: un hombre solo, frente a una máquina de escribir y una botella de vino, intentando darle forma a aquello que piensa. Como resumió Alonso, la apuesta fue precisamente “hacer un recorrido posible y contar una noche en la vida de ese personaje”.
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