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La inflación baja, pero hay parámetros como el de la pobreza que es una fantasía

La inflación de septiembre fue del 1,9%, exactamente en línea con varios pronósticos privados. Es una cifra mucho más baja que la que la Argentina venía registrando, pero todavía convive con inflación en dólares, aumentos importantes en servicios y una medición de pobreza que, a mi juicio, parte de un parámetro demasiado bajo.

Pobreza Foto: Cedoc

La inflación de septiembre fue del 1,9%. Exactamente lo que habían pronosticado algunos estudios privados, entre ellos los de Melconian y Santángelo y FIEL, cuyos números habíamos comentado hace algunas semanas.

Si uno observa la evolución reciente, se ve una inflación que fue subiendo hasta alcanzar un pico y luego comenzó nuevamente a descender. Los últimos registros fueron 2,1%, 1,7% y ahora 1,9%.

Es indudable que estamos frente a una tasa de inflación muchísimo más baja que la que la Argentina venía teniendo durante los últimos años, especialmente hacia el final del gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Eso es evidente.

Ahora bien, en lo que va del año la inflación acumulada alcanza el 23,6%. Y ahí aparece una cuestión que vale la pena señalar. El Gobierno había proyectado para este año una inflación del 10,1%. Es decir, estamos en más del doble de aquel pronóstico.

Naturalmente, cualquiera puede equivocarse en una proyección. Es perfectamente comprensible. Pero el Gobierno suele ser bastante virulento cuando un economista, una consultora o cualquier otra persona formula un pronóstico que después no se cumple. Inclusive muchas veces aparece la idea de que una estimación equivocada fue deliberadamente equivocada para perjudicar al país. Cuando alguien se equivoca, le caen las siete plagas de Egipto. Acá hubo un error de pronóstico del Gobierno muy importante. Comprensible, sí. Pero importante.

Una inflación más baja, pero todavía muy alta en dólares

Si uno toma la inflación de los últimos doce meses, estamos hablando de aproximadamente 33,4%. Nuevamente: es una cifra sustancialmente más baja que la que tenía la Argentina. Pero no puedo mirar este número sin compararlo con el tipo de cambio. Tenemos un dólar que se ha mantenido relativamente estable durante bastante tiempo dentro de un sistema de bandas que tampoco mostró grandes movimientos. Y, mientras tanto, los precios siguieron aumentando. Por lo tanto, tenemos una inflación en dólares muy alta. Esto es un hecho.

Al Gobierno no le gusta que se plantee esta cuestión y suele reaccionar contra quienes hablan del tema. Pero, más allá de la discusión política, si el tipo de cambio se mueve mucho menos que los precios internos, el resultado es una inflación en dólares considerable.

Qué pasó dentro del 1,9% de inflación de septiembre

También es interesante mirar cómo se compuso el número de septiembre. 

  • Alimentos y bebidas aumentaron 2%, apenas por encima del índice general.
  • Bebidas alcohólicas y tabaco, 1,4%.
  • Prendas de vestir y calzado, también 1,4%.
  • Equipamiento para el hogar, 1,6%.
  • Salud, 2,4%.
  • Transporte, 1,5%.
  • Comunicación, 2,5%.
  • Recreación y cultura, 1,9%.
  • Educación, 3%.
  • Restaurantes y hoteles, 1,1%.

Pero hay un rubro que sobresale claramente: vivienda, agua, electricidad, gas y combustibles, con un aumento del 3,1%. Ahí está uno de los problemas. Ese rubro quedó 1,2 puntos por encima del índice general. Y allí aparecen, naturalmente, los aumentos de tarifas y de combustibles. 

Por eso, aun dentro de un proceso de inflación descendente, me parece que a la Argentina le va a costar bastante llegar a tasas de cero y algo, como ha planteado Milei. El Presidente llegó incluso a anticipar ese escenario tomando como referencia algunos datos de inflación mayorista. Pero todavía estamos lejos.

El problema del parámetro de pobreza

Después aparece otra derivación de estos números que me parece todavía más discutible. Según la información oficial, una familia tipo necesita alrededor de 1.632.505 pesos mensuales para no quedar por debajo de la línea de pobreza. Francamente, ese número me parece una fantasía.

Una familia de cuatro integrantes que vive con aproximadamente 1,6 millones de pesos mensuales no es, en la Argentina actual, una familia cómodamente instalada dentro de la clase media. Es una familia que está complicada.

El problema, desde mi punto de vista, es el parámetro. Si el parámetro utilizado para determinar quién es pobre y quién no lo es resulta demasiado bajo, entonces naturalmente las estadísticas van a mostrar una caída de la pobreza muy importante.

Pero eso no necesariamente describe con precisión las condiciones reales de vida de una familia. Es como decir que todas las personas que miden más de un metro son altísimas. O que cualquiera que mida más de un metro puede jugar al básquet. El problema no está en la persona medida. Está en el parámetro.

Me parece que eso es lo que ocurre actualmente con la medición de la pobreza en la Argentina. Puede haber una convención estadística según la cual una familia que supera determinado ingreso deja de ser pobre. Pero una cosa es la convención estadística y otra cosa es la realidad cotidiana.

Por eso hay que separar dos cuestiones: La primera es que la inflación efectivamente bajó y que una tasa mensual del 1,9% representa una mejora enorme frente a la dinámica inflacionaria que tuvo la Argentina durante los últimos años.

La segunda es que eso no significa que todos los problemas vinculados con los precios, los ingresos y el costo de vida hayan desaparecido. Seguimos teniendo inflación en dólares. Hay rubros esenciales que aumentan bastante por encima del promedio. 

Y seguimos utilizando un parámetro de pobreza que, a mi juicio, resulta demasiado bajo para describir la situación económica real de una familia argentina.

La inflación está bajando. Eso es cierto. Pero conviene no confundir una mejora en un indicador con una realidad económica completamente resuelta.