15 años después, los indignados de España vuelven a las plazas por la crisis de la vivienda
José Luis Barceló explicó como vive Europa las manifestaciones por la crisis de la vivienda que llevá más de 20 años sin poder resolverse. El periodistas aseguró que las protestas surgen de "una fractura social importante y de una tristeza social de no poder emprender como se emprendía en el pasado".
La crisis de la vivienda volvió a ocupar el centro de la escena social en España, con un fuerte aumento de los alquileres y las dificultades para acceder a una propiedad. El fenómeno reavivó las protestas y el malestar de amplios sectores de la población, en un país donde la vivienda propia históricamente ocupó un lugar central en los proyectos familiares. En diálogo con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el periodista, politólogo y empresario de medios español José Luis Barceló analizó las causas de una crisis que, según explicó, lleva décadas sin una solución estructural.
Barceló vinculó la situación actual con las consecuencias de la crisis financiera de 2008, la desaparición de las cajas de ahorro, los cambios en el mercado laboral y la transformación de la estructura económica española. También se refirió al impacto del crecimiento demográfico y de la inmigración sobre la demanda habitacional, y explicó por qué, a su entender, el acceso a una hipoteca y a la vivienda propia se volvió cada vez más difícil para las nuevas generaciones.
José Luis Barceló es un periodista, politólogo, escritor y empresario de medios de comunicación español. Cuenta con una extensa trayectoria en la prensa económica y digital en España, desempeñándose actualmente como editor-director del diario El Mundo Financiero, histórica cabecera de divulgación económica, fundada originalmente por su padre en 1946. Bajo su liderazgo digital, el medio publica análisis globales sobre mercados, geopolítica y finanzas.
José Luis Barceló, muchísimas gracias. Buenas tardes para usted allí en España. Madrid atraviesa una ola de indignación social inédita por el aumento de los desahuciados, el encarecimiento exponencial de los alquileres. Me gustaría que nos explicara, desde el otro lado del Atlántico, a lo mejor lo estamos exagerando o subvalorando, porque queríamos su opinión, qué es lo que está pasando realmente en el alma de los españoles respecto a este tema.
No es una elucubración o un falseamiento de la situación real. La verdad es que España vive en estos momentos una situación gravísima de, no solamente de indignación social, sino que seguramente será incluso una situación de imposibilidad de atajar el problema real que existe, que es gigantesco. Es un problema que lleva probablemente más de 20 o 25 años, probablemente un cuarto de siglo, sin resolver por parte de diversos gobiernos que no atendieron el tema. Partimos ya de la crisis de Lehman Brothers, que en España se tradujo aproximadamente en 2011 con la caída de unas entidades que eran las cajas de ahorros, que hacían un negocio parabancario. Eran unas cajas que tenían un enfoque social. Esas cajas de ahorros, cuando desaparecieron después de la crisis de Lehman Brothers, llevaron a una situación de insolvencia en buena parte del patrimonio inmobiliario que estaba hipotecado, porque eran las propias cajas de ahorros las que hipotecaban. No eran entidades financieras habituales, como puedan ser los bancos multinacionales de índole capitalista. Eran un tipo de cajas de ahorros que tenían también un vínculo social o una vocación social, y esas cajas de ahorros, a la hora de sucumbir, provocaron un derrumbe total del sistema social de hipotecas. Hay que partir de la base de que España es un país fundamentalmente comprador. No es un país, al corte anglosajón, centroeuropeo, germánico o anglosajón de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá o Australia, donde la gente arrienda para vivir. En España, la vocación familiar, que es parecida a la italiana, es la de adquirir propiedades, es decir, comprar, comprar la casa, comprar incluso el comercio, el establecimiento donde va a ejercer una función empresarial o de comercio. Y eso ocurre también con las viviendas, y todo esto, evidentemente, nadie podía desembolsar la totalidad del dinero que hacía falta para comprar una vivienda. Estamos hablando de los años 90 o del final de los años 2000. Lo que hacía la gente era realmente hipotecarse, es decir, pedir un empréstito a la entidad financiera bancaria o, en este caso, a las cajas de ahorros, que luego sucumbieron. Ahí se creó una especie que llamaron de banco malo, que era un banco público, y ese banco se quedó prácticamente con un millón de viviendas, viviendas que no eran ni sociales ni públicas: eran viviendas de promoción privada que no pudieron ser colocadas en el mercado porque hubo aquella crisis. Y en aquel momento lo que ocurrió es que ni la promoción privada pudo poner en el mercado esas viviendas que había creado, ni tampoco la sociedad pudo hacerse con ellas. Quedaron sucumbidas a ese banco malo, que era el Sareb. Era un banco que lo que intentó era hacerse con aquella cantidad enorme de viviendas que quedaron sin comercializar, con una intención que no se materializó, y de ahí viene parte del caos. Ese millón de viviendas que hoy se dice que hacen falta probablemente estarían ya en ese banco malo, en ese Sareb. Pero con este tránsito de tiempo, prácticamente 20 años, muchas de esas viviendas se han deteriorado a tal punto que es imposible comercializarlas o ponerlas en mercado. Requerirían una inversión importantísima, brutal, de rehabilitación y de reconversión para que puedan ser puestas. España tiene una crisis que también viene de una... Por poner un poco todo el contexto, yo quiero que usted... Le dejaré también posibilidad de que me abunde alguna pregunta más, pero si hay una situación también complementaria a esto que dificulta más la cosa, y es la enorme presión que ha creado en España la inmigración. Tanto la legal como la ilegal, las dos. España es receptora de una enorme cantidad de población inmigrante del norte de África y de América Latina, porque entiende que España es un país que ha tenido una conexión directa histórica con esos territorios, con esos espacios de naciones y de Estados del mundo. En la parte norteafricana, porque es la primera frontera con Europa, y es fácil entender que los norteafricanos entiendan que España es la primera frontera a asediar. En la parte de América Latina, porque hay unos vínculos naturales de historia, de cultura, de tradición, que hacen que España sea fácil para acceder a Europa, y se busca España como un principal puente de entrada, como una cabeza de puente o un primer acceso a una Europa que luego es mucho más amplia que lo que es solamente España. Pero España es el acceso fácil a esa entrada en Europa.
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José Luis, veo que en Nueva York gran parte de la campaña que hizo Mamdani triunfar, tenía que ver con el congelamiento de alquileres. Veo que en Berlín, Die Linke, también tiene una política focalizada exclusivamente con el tema de la vivienda. Ahora, paralelamente, vemos que a nivel nacional, tanto en Estados Unidos como en Alemania, gana la derecha, y si no entendemos mal, en el caso de España también existen posibilidades de que en las próximas elecciones triunfe la centro-derecha, sino directamente con un porcentaje mayor de la más derecha, la derecha más extrema. ¿Cómo se equilibra este discurso que se parece, como usted dice, al de los indignados? De hecho, la palabra desahuciados me llama la atención, que parecería ser un discurso como el de aquella época de la crisis de las hipotecas, más focalizado a la izquierda, con este crecimiento a la derecha. ¿Estaremos en el fin del ciclo de la derecha está de moda, o no tiene nada que ver un tema con el otro?
No, realmente en España es que es una cuestión sin resolver, el problema de la vivienda, y además es completamente diferente, si me lo permite, al de los países anglosajones, el Reino Unido, lo que ocurrió en Estados Unidos, o incluso lo que ocurre en el centro de Europa, en Alemania o Austria. En España, el 87, casi el 90% de los habitantes en España y las familias están en propiedades, en viviendas, en apartamentos, en tierras que son de su propia propiedad, es decir, que lo compraron ya en los últimos, el último medio siglo, más del último medio siglo han ido comprando. En España existe una tradición de comprar vivienda y adquirir la propiedad, ya sea para ejercer el negocio, ya sea para que vivan sus hijos. Es una tradición que es así, parecida a lo que ocurre en Italia. Eso no ocurre ni en el Reino Unido, ni desde luego en Alemania. Cuando Die Linke lo plantea, es que realmente en Berlín y en Alemania en general, pero ahí hay un carácter muy diferencial con Alemania Oriental, lo que fue la antigua República Democrática Alemana, que no ha cumplido sus expectativas de desarrollo, de progreso y tampoco de incorporación a lo que es la riqueza y el bienestar que parece que se disfruta en la República, lo que fue la República Federal Alemana, la Alemania Occidental. Hay situaciones muy diferentes las que se viven en España respecto de las que podrían vivirse en Europa Central Oriental, todos los países que procedían del antiguo Comecón, de la antigua Europa del socialismo real, aquello que procedía de la quiebra del sistema socialista soviético y que era del sistema bipolar, del sistema de la Guerra Fría. Toda aquella Europa Central y Oriental tiene un carácter muy diferente. Y, de hecho, está marcando también unas políticas muy diferentes en Europa, en la Unión Europea, respecto del resto de los países de Europa, de la Unión Europea. Las situaciones son muy diferentes y también los problemas lo son. Pero en el caso de España es todavía más remarcable porque ni siquiera existe una política de arrendamiento, no ha existido. Se ha buscado como un plan B, como una especie de situación de las familias para salir de una imposibilidad de hacerse con la vivienda tradicional. Todo el mundo quería comprar para sus hijos, para su familia, para su proyecto vital. Eso en España ya no se puede producir, hay que olvidarse de ello porque ha pasado a una nueva etapa en la que han pasado ya probablemente 25 o 35 años en la que eso no es posible porque no existe quien te financie la adquisición de vivienda, la compra de la vivienda. Antes venía financiada por esas cajas de ahorros y por esos bancos y hoy en día eso es prácticamente imposible. Además, también ha habido una disolución de las unidades familiares. ¿Qué pasa con las unidades familiares? No son las unidades tradicionales que había. Ahora tenemos un tejido social en España que tiene una... España está ahora mismo... 50 millones de habitantes. Y una buena parte de ese crecimiento viene precisamente por la inmigración. España tiene que ser realista con su situación poblacional, que, por cierto, desde Europa, desde algunos países ajenos a Europa, como pueda ser China o la India o Rusia, especialmente todos los grandes países de los BRICS, consideran que España se va a convertir en una gran potencia demográfica. Y eso no quiere decir que sea una potencia económica, financiera o una gran potencia industrial. Va a ser una potencia demográfica en Europa que va a mandar también de una parte importante del Parlamento Europeo a través de sus representantes, a través de los eurodiputados que son electos. España no será una potencia industrial o económica, pero sí lo va a ser demográfica.
José Luis, ¿qué cambió que hace 30 años, 20 años, se podía hacer una hipoteca, imagino, a 20 o 30 años y hoy no? ¿Qué cambió desde el punto de vista de la regulación financiera que no haya hipotecas para compra de propiedades?
Bueno, probablemente ha sido la confianza en el mercado laboral. Ha habido un deterioro. Ha habido también un cambio en la estructura del Producto Interior Bruto del país. España se ha convertido en una gran potencia turística y eso no lo puede negar nadie. Es una gran potencia en el sector de los servicios. España no sé si será la primera, la segunda o la tercera potencia mundial en turismo, pero está ahí, en ese nivel. España fue antaño una potencia industrial. Probablemente sería al final de los años 70 o primeros de los 80 una potencia industrial importante, con altos hornos, con astilleros, con una producción de vehículos a motor importante dentro de lo que es Europa. Hoy eso ya no existe. También fue una potencia pesquera en el sector agropecuario. Todo lo que era ganadería y el sector del vino o del aceite fue una potencia importante. Hoy ya no es tanto esa potencia. Sí es una potencia en el sector servicios y en sector turismo. Y esa transformación tan rápida, porque ha sido muy rápida, quizás algunos que ya se nos ha puesto la barba blanca no lo vemos en esa trayectoria. Pero es verdad que si lo vemos en términos de estadísticas, vemos que ha habido una transformación, un giro importantísimo. Y lo que hoy se financiaba como, bueno, es decir, tu padre te financia, te apoya, te avala para que puedas comprar una casa o montar un negocio, aunque fuera sencillo, una zapatería o una panadería, eso ya no existe en España. Se ha perdido. Y ahí es donde hay todo esto que estamos viendo. Esas protestas en la calle vienen de una fractura social importante y de una tristeza social de no poder emprender como se emprendía en el pasado. Hay una queja importante y probablemente yo le diría que no ha sido atendida por ninguno de los partidos políticos que han estado en los últimos 30 o 40 años en España. No se ha visto el cambio importantísimo en el sector financiero, en el sector también de creación de empleo, y eso ha dejado por tierra también la expectativa de que se puedan comprar casas. La crisis de la vivienda viene efectivamente de una frustración importante del sector financiero, que tiene una imbricación total con el sector social para saber… El sector financiero tiene que saber en qué se fía del crecimiento social, de la fiabilidad de la gente cuando emprende, cuando crea un negocio, qué perspectivas de futuro tiene. Si uno tiene que estar cambiando de ciudad para ir a buscarse la vida, a trabajar... Esto el sector financiero lo ve muy negativamente y decae la posibilidad de financiación.
José Luis Barceló, nos dio una clase magistral. Muchísimas, muchísimas gracias. Le mandamos un fuerte abrazo y quedamos a la recíproca en lo que podamos del otro lado del Atlántico. Muchísimas gracias.
A vosotros. Espero que no caigan allá en lo mismo que estamos cayendo acá. Hay que intentar tomar las acciones en lo bueno y en lo malo. Muchísimas gracias. Fue un gran placer.
LMM
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