Bolivia: la alianza entre Evo Morales y el actual vicepresidente que pide la renuncia de presidente
El analista político boliviano Hernán Cabrera Maraz advierte sobre la existencia de una estrategia de desestabilización impulsada por sectores radicales que, ante el temor de perder su influencia histórica, buscan forzar la salida anticipada del gobierno.
La persistente inestabilidad política y social en Bolivia se ve agudizada por una profunda polarización ideológica, disputas por la gestión de tierras y la resistencia de sectores sociales tradicionales frente a la gestión de Rodrigo Paz. Según este escenario, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el analista Hernán Cabrera Maraz sostiene que las actuales movilizaciones y bloqueos violentos forman parte de una estrategia para forzar la renuncia presidencial, impulsada por una alianza entre el entorno de Evo Morales y sectores de la propia vicepresidencia.
El reconocido periodista, escritor y analista político boliviano con más de 25 años de trayectoria en el ámbito de la comunicación y la defensa de los derechos humanos, Hernán Cabrera Maraz, fue representante departamental de la Defensoría del Pueblo en Santa Cruz entre los años 2010 y 2016, labor que combinó con su faceta literaria mediante la publicación de obras de ficción como "Gracias por el cuento" y la novela "Desaparecidos". Actualmente, continúa vigente como analista de la realidad social de su país mediante columnas de opinión en portales como La Razón.
Ayer entrevistábamos al canciller de su país y también a un miembro de la constituyente, que tenían opiniones distintas respecto de las causas principales del conflicto. En el caso del canciller, responsabilizaba absolutamente a Evo Morales. En el caso del constituyente, planteaba que el actual gobierno no estaba respondiendo a las expectativas que sus propios votantes habían tenido de él; que una parte importante de los sectores más humildes sentía que era un gobierno de élite, que no entendía antropológicamente a un pueblo —así lo denominó— plebeyo, como la mayoría del pueblo boliviano. ¿Nos puede hacer una síntesis, lo más didáctica posible, de cuál es el fondo del conflicto más allá de la coyuntura?
La naturaleza del conflicto básicamente arranca de una realidad social de grupos que durante más de 20 años fueron empoderados por el poder de turno. ¿Por qué? Porque les dieron todas las condiciones adecuadas, desde políticas y acciones hasta cuotas de poder en espacios del gobierno.
Entonces, este grupo empoderado pasa por determinados sectores que son fuertes, que convocan, que tienen recursos y capacidad de movilización, como los Ponchos Rojos, cierta parte de la Central Obrera Boliviana, parte del sector minero y, obviamente, los más fuertes: los cocaleros, que están protegiendo al expresidente Evo Morales.
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La naturaleza del conflicto radica ahí. Estos sectores, que durante 20 años estuvieron en el poder, dijeron: “Estamos en el poder y no vamos a soltarlo”. No vamos a dejar que otros vengan —“los caras”, como ellos dicen, o los blancos, los oligarcas— y nos quiten el poder que hemos tenido durante más de 20 años. Porque además el poder les dio muchas cosas que beneficiaron a su sector de una u otra manera, aunque la pobreza y el retraso siguen adelante.
Entonces, este sector estuvo, como decimos acá, adulado y privilegiado por el poder. Y vieron que hay un gobierno que emergió de las urnas y al que hay que respetar democráticamente. Este gobierno surgió de forma clara y contundente y, desde un principio, cometió errores. Hay que asumirlo. El gobierno de Rodrigo Paz cometió errores. ¿En qué sentido? En decirles: “Ustedes, que vivieron durante 20 años en el poder, ya no van a tener ni una tajada con nosotros”.
El gobierno se volcó a esa lógica y a otras medidas que probablemente no asuma como errores, y eso encendió la chispa de esta movilización hace más de 15 días. ¿En qué sentido? En entender la tierra como un bien comercial, como un bien mercantil. Ahí se aprobó una ley, la 1720, que ni siquiera fue leída por los diputados: levantaron la mano, aprobaron y al mes siguiente tuvieron que retroceder. ¿Por qué? Porque hubo un grupo de comunidades campesinas e indígenas que hicieron una marcha pacífica y lograron la derogación de esa ley.
Pero para mí, viendo la realidad, esa fue la chispa que incendió los actuales conflictos. Es decir, una ley que privilegiaba a los sectores agropecuarios y agroindustriales y que iba contra estas comunidades que viven de la tierra como bien colectivo. Eso probablemente no fue producto de un análisis profundo.
Esto involucró a los sectores sociales en una movilización que tiene, obviamente, un fin político: la renuncia de Rodrigo Paz. Y eso no se puede negar bajo ningún punto de vista, porque estamos en democracia. Se eligió un gobierno y, si quieren que el señor Rodrigo Paz se vaya, deben acudir a la Constitución, que establece que durante dos años pueden impulsar un revocatorio reuniendo firmas. Y si no están de acuerdo, después de cinco años habrá elecciones. Pero no es a la fuerza, no es a bombazos, no es a dinamitazos como se puede imponer una salida.
Además, se está atentando contra los derechos humanos. Un bloqueo vulnera los derechos de cientos de miles de personas que quieren trabajar: el derecho a la alimentación, al trabajo, a la vida, a la salud, al transporte, a la convivencia social y a la paz social. Entonces, estas acciones violentas buscan golpear al Estado de derecho y forzar la renuncia de Rodrigo Paz.
Pero también hay que asumir, desde el otro lado, que se cometieron errores y contradicciones en el ejercicio del poder, sin entender esta lógica política. Nos guste o no, estemos o no de acuerdo con el MAS, con Evo y con Arce, hicieron un proceso de empoderamiento, de darle a esta gente el “chip” de que ellos tienen poder y no se los pueden quitar. Y obviamente, si llega cualquier otro gobierno, harán lo que estamos viendo.
Hay concomitancia, porque esta gente no se mueve solamente por voluntad propia, sino porque existen factores que la movilizan: factores ideológicos, racistas, de odio y confrontación.
Y lamentablemente en Bolivia vivimos polarizados, divididos y enfrentados. Siempre bajo la lógica de cambas versus collas, de oligarcas versus campesinos, de indígenas versus “caras”, de negros versus blancos. ¿Por qué? Porque al MAS, durante 20 años, le dio resultado confrontar bolivianos contra bolivianos. Y así sostuvieron el poder durante todo ese tiempo. Pero, sin duda, ese discurso se agotó. También esa permanente cantaleta de los 500 años de discriminación, explotación y colonización que seguimos escuchando hasta estas alturas.
Entonces, hay responsabilidad de las dos partes: de los movilizados y bloqueadores, pero también de una sociedad que recurre a hechos de violencia, como destruir la wiphala. Siempre se destruye la wiphala cuando hay conflictos de esta naturaleza. Más allá de que sea un símbolo político e ideológico, también representa la identidad de pueblos indígenas, de los Ponchos Rojos y de sectores campesinos con fuerte arraigo y capacidad de movilización.
Y obviamente, cuando se toca eso, reaccionan y piden la renuncia, en este caso, de Rodrigo Paz, porque no se sienten representados frente a esta realidad del poder.
¿Cuánto de la gente que moviliza realmente sigue a Evo Morales? ¿Cuánto la figura de Evo Morales sigue teniendo una aprobación significativa?
Es contradictorio. Mire usted: Evo Morales no participó en las elecciones nacionales ni departamentales por distintas circunstancias, porque no podía ir a la reelección. Y paradójicamente el MAS, sin Evo, tuvo la votación más baja de toda su historia.
Pero recuerde que Evo Morales es una figura política, un animal político que, desde que dejó el poder, sigue haciendo política a través de la radio, parapetado en el Chapare y mediante reuniones permanentes con el sector cocalero. Y no podemos negar que el Chapare tiene una enorme capacidad de movilización. Yo creo que sí tiene influencia y eso no fue leído por el gobierno.
Hay un dirigente que sigue haciendo política y que tiene capacidad de convocar a las bases por haber sido presidente y por haber construido una amplia base social a la que empoderó y le dio poder político.
Y mire qué paradójico: hace más de 15 días el gobierno anunció la reactivación del juicio contra Morales por el caso de pedofilia y delitos sexuales. Se informó que el fiscal ya lo convocó y, en paralelo, comenzaron las movilizaciones. Entonces, obviamente, uno hace una correlación.
¿Qué significa eso? Que sin duda hay cierta relación. Hace casi 10 días, el señor Edman Lara tuvo una reunión con Leonardo Loza, referente de Cochabamba y alineado con Evo Morales. Se los vio juntos y también participaron de un acto político. Claramente no fue una reunión casual, sino una reunión de alto vuelo político para perfilar esta situación.
Pero también hay otro elemento. ¿Por qué se produce esta situación? Porque usted tiene un gobierno que, si bien emergió con una fórmula política, hoy está desestructurado. El gobierno no tiene un partido sólido que acompañe la gestión, como sí lo tuvo el MAS durante 20 años: un discurso único y una estrategia única. No se salían de eso. Incluso defendían a dirigentes cuestionados o corruptos hasta el final.
Hoy el Partido Demócrata Cristiano está dividido: una parte está contra el presidente y le pide la renuncia, acompañada por el señor Lara. Y por otra parte hay sectores que respaldan la gestión presidencial.
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Y prácticamente desde el día siguiente de asumir, presidente y vicepresidente ya eran enemigos. Entonces, lo que tiene que hacer el gobierno es ordenar la casa, estructurar políticamente el espacio y convocar al vicepresidente a dialogar. Porque claramente hay una conspiración desde sectores de la vicepresidencia que están alentando y apoyando a grupos movilizados que están cometiendo delitos.
¿Qué relación hay entre el vicepresidente y Evo Morales?
Yo creo que hay una relación, si bien no directa, sí indirecta. Él mismo lo ha dejado entrever varias veces. El hecho de haberse reunido con Leonardo Loza, alineado con Evo Morales, demuestra contactos permanentes. Además, el señor Lara viene repitiendo casi el mismo libreto político de Morales: pedir renuncias y evitar que se lo juzgue y procese.
Entonces, hay una relación indirecta de poder que probablemente no pueda probarse con una foto o un documento, pero, si uno analiza lo que hay detrás de esta asonada y de esta movilización, puede entender que buscan un solo objetivo: la renuncia de Paz y la asunción de Lara a la presidencia.
MV
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