La coyuntura boliviana actual se encuentra atravesada por una profunda polarización política, severas dificultades financieras y persistentes bloqueos que desafían la gobernabilidad democrática y reinstalan el debate sobre la herencia económica de los mandatos anteriores. Ante esta entrevista, en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el canciller Fernando Aramayo defiende con firmeza la gestión del gobierno de Rodrigo Paz frente a las demandas populares, argumentando que la administración recibió un Estado virtualmente en quiebra y con deudas masivas, al tiempo que desvincula tajantemente la riqueza cultural indígena de los actos vandálicos y aboga por una modernización institucional que deje atrás el reparto corporativo de cuotas de poder.
El actual ministro de Relaciones Exteriores y Culto de Bolivia, Fernando Aramayo, es un reconocido analista político, investigador y especialista en gestión pública, con una amplia trayectoria en el ámbito del desarrollo democrático y el análisis electoral. Su perfil técnico y su experiencia en el ámbito internacional lo convirtieron en una figura clave para la conducción de la política exterior y la reestructuración diplomática del país. A lo largo de su carrera, se ha desempeñado como coordinador de proyectos y asesor para diversos organismos internacionales, entre ellos el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Preocupado por la situación de la hermana República de Bolivia. Me gustaría que nos hiciera una descripción de cuál es la situación hoy, en La Paz.
La situación es compleja desde la perspectiva de estar enfrentando un movimiento desestabilizador de la democracia, de la estabilidad económica y política en el país. Un conjunto de marchas que convocan diferentes intereses.
Hay sectores movilizados que naturalmente están en la demanda de ser atendidos, en tanto 20 años de un régimen liderado por el expresidente Evo Morales y luego por su exministro de Economía no atendieron de manera sustantiva las demandas de diferentes sectores, que hoy quieren ser atendidos de manera rápida.
Muchos de ellos han caído en el engaño de pensar que estas marchas, también movilizadas por el expresidente Morales, tenían ese propósito. Pero la intención es clara. No solamente Morales, sino dirigentes funcionales a la línea que él representa, han planteado la renuncia del presidente Rodrigo Paz.
Naturalmente, esto tiene un nombre claro: sedición, terrorismo de Estado, acciones que, como ustedes observan en las pantallas, se han expresado de forma violenta. Asalto a negocios, daños a infraestructura del Estado y agresiones a personas, bloqueos, además con un nivel de deshumanización increíble.
Han bloqueado rutas sin permitir el paso de ambulancias o de la provisión de combustibles. Esto ha causado ya tres muertes. Es una situación compleja, pero que estamos controlando, de la que vamos a salir airosos. Y en eso el apoyo de Argentina ha sido fundamental, con el envío de un avión Hércules que nos está permitiendo hacer un puente aéreo. Valga la oportunidad para expresar nuestra gratitud con el pueblo argentino en esta situación compleja que estamos enfrentando.
¿Cuáles son las responsabilidades? Y, a su juicio, ¿qué va a pasar con el expresidente Evo Morales?
Hay procesos en marcha y naturalmente tiene que responder ante la Justicia. Él se ha parapetado y ha generado una suerte de atrincheramiento político-social, incluso con la creación de una especie de milicia que tiene ahí, en el Chapare. Ha generado diferentes círculos de seguridad.
Ustedes han podido observar seguramente en diferentes medios que este atrincheramiento que él tiene, este encapsulamiento, lo que busca es que al momento en que los mecanismos de la Justicia y de la Policía se activen para que él responda ante la Justicia, se generen más muertes.
Y el principio básico, no solamente del gobierno del presidente Rodrigo Paz, sino de las entidades públicas, es no entregarle ni una sola muerte más. No queremos ya ser presa de esa actitud a la que estamos acostumbrados de su parte, que ha sido someter al país a un contexto de violencia, de conflictividad y de violación de derechos. Por eso estamos siendo pacientes. Pero el señor Morales tiene que responder ante la Justicia.
Usted fue jefe de Política Económica del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Me gustaría, desde una perspectiva más de relaciones internacionales y una cosmovisión latinoamericana, comparar si lo que está sucediendo hoy en Bolivia, de falta de desarrollo después de muchos años en los que hubo crecimiento económico, se puede comparar con algún otro proceso latinoamericano de lo que se llamó, a principios de siglo, el aumento del precio de las commodities y luego la caída del precio de las commodities. ¿Se puede hacer esa comparación?
Creo que los indicadores económicos que la región pudo reportar en el tiempo del boom de las commodities fueron un aspecto que generó un común denominador, con tasas de crecimiento muy positivas a nivel de América Latina. Bolivia no estuvo exenta de ello.
Algunos países sí supieron aprovechar este boom de commodities generando transformaciones de sus matrices económico-productivas de manera inteligente. Tenemos saltos económicos importantes, como por ejemplo en Paraguay. Sin ir más lejos, la dinamización económica que han tenido países que, a pesar de estar enfrentando situaciones complejas internas, como Colombia u otras economías como la brasileña —que está entre las más importantes a nivel mundial— dan cuenta de un aprovechamiento inteligente de esta situación.
Además, estuvo marcada no solamente por un boom de commodities que respondió a una serie de acciones, como las de China, por ejemplo, en la dinamización del sector de las innovaciones tecnológicas y las infraestructuras, sino también porque supieron innovar en su matriz, en tanto diversificación, a partir del boom generado por la decisión global de la transición energética, con el tema de minerales críticos y tierras raras.
Esto ha sido complejo en el caso boliviano. Una renta petrolera que, en el boom de commodities —que fue justamente el tiempo en el que gobernó el señor Morales— le generó a Bolivia cerca de 60.000 millones de dólares.
Hoy en día, cuando uno busca dónde estuvieron invertidos esos recursos, se da cuenta de que fueron desviados en temas de corrupción, que financiaron regímenes fuera del país e incluso que no redituaron en situaciones de bienestar.
Bolivia luego enfrentó una situación compleja porque no supo aprovechar estos indicadores tan auspiciosos. Y la situación económica en el país, en ese sentido, es dramática. Es decir, el 86% de la economía es informal y el 89% del mercado laboral es informal.
Tuvimos una tasa de inflación de dos cifras en 2025, que hemos logrado controlar. Hemos bajado a una cifra este año. Tuvimos un crecimiento negativo. Ni siquiera nos beneficiamos de manera sustantiva de esa onda expansiva que vino en la situación post COVID-19.
La inversión en capital humano fue mínima. Esto ha limitado la posibilidad de ser parte de las innovaciones tecnológicas. América Latina, en su conjunto, no supera en participación el 1,2% o 1,3%, según datos del Banco Mundial, en las innovaciones tecnológicas. Y Bolivia es uno de los países que están más retrasados en esta perspectiva.
Para cerrar, este es un tema importante también: nunca hemos podido aprovechar nuestra vocación geográfica. No hemos podido convertirnos en ese nodo de conectividad y, más bien, la historia ha sido triste. Cuando uno observa corredores, ve que se ha tratado de evitar físicamente la conectividad con Bolivia. Y esto es parte también de este aislamiento al que nos sometió el régimen anterior.
Actualmente la pregunta tenía que ver con lo que está sucediendo con el precio de los hidrocarburos. Bajó algo el petróleo, pero de cualquier forma está muy cerca de los 100 dólares el barril. La comparación con Bolivia, que era un gran exportador de gas. No sé si se puede hacer alguna comparación con Venezuela. Es decir, países que hace unas pocas décadas parecían ser fruto de un crecimiento a partir de recursos naturales y los terminaron desaprovechando, justo en un momento donde nuevamente los recursos naturales relacionados con la energía pasan a tener un valor enorme. ¿Se puede hacer esa comparación?
Lamentablemente, la comparación viene muy al lugar porque Bolivia, con sus 12 millones de TCFs y esa renta petrolera de 60.000 millones de dólares, no pudo invertir en un proceso real de diversificación energética, menos hablar de transición energética.
Eso ha planteado también que, en el momento actual, hemos pasado de ser productores y exportadores a un país que está en peligro de convertirse rápidamente en un importador neto, por la falta de inversiones en prospección y exploración.
Ello, lamentablemente, nos ha sometido a una situación compleja porque, en el contexto actual, en el que se han incrementado de forma sustantiva los precios de los carburantes, naturalmente Bolivia, al ser un importador neto y tener una situación compleja en tanto dependencia de la divisa norteamericana —que escasea sustantivamente debido a problemas en balanza de pagos y balanza comercial— está supeditada a tener una distribución cara y un abastecimiento caro de los combustibles.
No obstante, al inicio del gobierno del presidente Rodrigo Paz quitamos el subsidio, que otros países no pudieron eliminar de manera muy rápida. Un subsidio que se mantenía desde la década del 70 y que nos está permitiendo sortear de manera un poco más ágil esta situación del crecimiento global de los precios de los hidrocarburos.
Y el modelo que estamos planteando ahora está cimentado en un conjunto de reformas normativas que pretenden atraer inversiones para dinamizar el sector hidrocarburífero. Pero apostamos también a que vamos a poder aprovechar, en este tiempo de transición energética, la posibilidad de implementar tecnologías para energías limpias y que esto puede dinamizar rápidamente el sector económico-productivo boliviano.
¿Llegó a escuchar estos argumentos de Williams Bascopé? Él planteaba que no eran solamente los críticos del actual gobierno partidarios de Evo Morales, sino también sectores populares que votaron por el propio presidente y que se sintieron, de alguna manera, desatendidos.
Sí, la verdad es que escuché esto, pero creo que hay que poner las cosas en su verdadera dimensión.
Acabamos de cumplir seis meses de gobierno. Hemos heredado un país con una deuda flotante, una deuda pública dramática, sin reservas internacionales netas, el Estado completamente quebrado y con un presupuesto general del Estado ya aprobado.
¿Con qué recursos respondes a la demanda social? Y en seis meses, lo que no se logró en 20 años: 245 meses versus seis meses de gestión.
Tiene que haber un poquito también de racionalidad en el sentido de lo que demandas, para poder ver en qué tiempo se te atiende.
El otro aspecto es que no puedes generar un modelo de gobernabilidad, de cogobierno. Cuando te eligen, te eligen a partir de un programa de gobierno. Te eligen para que tú decidas como gobierno y no para que estés cuoteando el espacio político y entregando esto a los sectores.
Estamos conscientes de la diversidad cultural, social y política, pero hay también responsabilidad en el ejercicio del poder de gobierno y esto se debe traducir en políticas públicas.
Por mi edad me ha tocado cubrir recurrentes golpes militares en Bolivia, en la época de las dictaduras militares, en la última parte del siglo anterior. Y siempre recordamos los periodistas la energía que tienen los movimientos sociales en Bolivia en estos actos. Yo recuerdo, por ejemplo, a los mineros que iban con cartuchos de dinamita. El entrevistado anterior hacía un análisis antropológico de que la mayoría de la población boliviana es plebeya. En realidad, en todos los países lo es, pero entiendo que lo que está marcando es un carácter más antropológico, en el cual es imprescindible, para poder gobernarla, entender el llano, para decirlo de alguna manera. Usted es un intelectual, una persona formada internacionalmente. ¿Cómo recibe esta crítica de falta de sensibilidad popular, para decirlo de alguna manera, que sería imprescindible para gobernar una población como la boliviana?
Yo creo que hay que evitar el encapsulamiento y la generalización.
Toda la diversidad cultural, étnica y folclórica que representan nuestras más de 36 lenguas en el país, reconocidas incluso a nivel constitucional, no puede plantearse como mecanismo de expresión el uso de la dinamita o la destrucción del ornato público.
Creo que eso nos quita incluso la posibilidad de entender con claridad cuál es nuestra riqueza cultural como país.
Hay prácticas naturalmente ancestrales que tienen que coexistir y cohabitar con estas prácticas más modernas de gestión de lo público. Pero querer justificar el uso de dinamita, la agresión, el bloqueo y la violencia como parte de una práctica cultural, creo que es erróneo.
Ahí creo que hay una lectura que tiene que profundizarse un poco más. No hay en las culturas andinas, aimara y quechua, la lógica del uso de la dinamita, el no respeto a la vida o el ir contra las leyes y las normas.
Evo Morales denunció que el Gobierno usa aviones Hércules argentinos para movilizar tropas
Más bien, nuestras culturas son muy respetuosas de forma ancestral. Tienen tradiciones de transmisión oral que han durado cientos de años y esto naturalmente tiene que manejarse con esa responsabilidad. Nos tenemos que presentar al mundo con esa responsabilidad.
Segundo, creo que también es importante entender que naturalmente hay una diversidad que tiene que trabajarse, que tiene que ser parte de la arquitectura del gobierno y de la arquitectura del Estado. Pero querer justificar estos hechos de violencia desde la perspectiva de la diversidad cultural creo que no es serio, por decir lo mínimo.
MV
LT