Brote de hantavirus en un barco: habló un pasajero argentino y dijo que “por ahora no puede volver”
El entrevistado Carlos Ferello detalló que se encuentra sano debido al escaso contacto físico con otros viajeros y estimó su regreso al país para mediados de junio, una vez cumplidos los protocolos epidemiológicos.
El brote de hantavirus detectado en el crucero de expedición MV Hondius derivó en una emergencia sanitaria internacional con evacuaciones médicas y el fallecimiento de tres pasajeros, obligando a los sobrevivientes a cumplir estrictos protocolos de aislamiento en Europa. A partir de una entrevista en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el argentino Carlos Ferello relató desde Ámsterdam cómo el escaso contacto físico con el grupo afectado le permitió mantenerse sano, aunque advirtió que deberá permanecer bajo vigilancia epidemiológica hasta mediados de junio. "Por ahora no puedo volver”, aclaró.
El ingeniero jubilado oriundo de Carmen de Areco, Carlos Ferello, cobró notoriedad en mayo de 2026 por ser el único pasajero argentino a bordo del crucero MV Hondius, afectado por un brote de hantavirus en el océano Atlántico. Había iniciado su travesía el 1 de abril en Ushuaia con el objetivo de realizar una expedición marítima hacia la Antártida y diversas islas remotas, pero el viaje se transformó en una emergencia sanitaria internacional tras el fallecimiento de tres pasajeros. Debido a los protocolos epidemiológicos globales, Ferello fue evacuado hacia Ámsterdam, donde debe cumplir una estricta cuarentena de seis semanas en un hotel para descartar cualquier contagio, pese a no haber presentado síntomas.
—Tenemos mucho interés en hablar con usted y agradecemos su predisposición para atendernos. ¿Cómo se siente?
—Estoy en cuarentena, pero bien, sin síntomas ni nada.
Hoy me dieron los resultados de un PCR que me hicieron cuando llegué acá a Holanda, así que sigo en cuarentena acá.
—¿Ninguna sensación física, ningún síntoma?
—Para nada.
—Lo más importante, me imagino, es eso mismo para su familia, que debe estar intranquila.
—No, yo les avisé que realmente no me había dado ni juntado con mucha gente dentro del barco. Siempre me mantuve un poco alejado porque era un grupo especial: el 90% eran avistadores de aves y ornitólogos. Yo no tengo esa especialidad, así que tampoco tenía mucho tema de conversación.
Después, el idioma también me costaba mucho; hablaban inglés o francés y eso hacía que estuviese más aislado.
—¿Qué lo llevó a hacer ese viaje, que, como usted contaba, la mayoría de los pasajeros no tenía nada que ver con usted?
—Hace dos años hice un viaje con esta empresa a la Antártida. Es una empresa que hace este tipo de viajes distintos a los cruceros tradicionales que uno conoce. A mí me gusta el mar, me gusta navegar. Siempre mantuve contacto con la empresa y, en un momento, me mandaron un mail avisando que se hacía este viaje.
Esta empresa hace excursiones a la Antártida desde septiembre hasta aproximadamente el 30 de marzo y después lleva los barcos al norte para hacer lo mismo en el Ártico. Es una empresa holandesa, así que ese traslado lo tiene que hacer sí o sí.
Me anoté porque me gusta navegar y me gustaban los lugares raros incluidos en el recorrido, como la isla Tristán da Cunha o Santa Elena, con toda su historia.
—Usted dice que no tenía mucho contacto con la mayoría, que se conocía entre sí y compartía esa pasión por el avistaje de aves. ¿Cómo fue el viaje? ¿Cómo eran esos encuentros en los desayunos, almuerzos o cenas? ¿Y cómo cree usted que se contagiaron quienes terminaron infectados?
—Ya se sabe que el paciente cero vino contagiado desde afuera. Había estado haciendo excursiones antes en Chile y también estuvo en Argentina. Así que ya se sabe con certeza que él fue el primero. Él estaba con su esposa, así que primero fue él y después se contagió la mujer.
Además, el virus tiene un período de incubación bastante amplio. Desde el momento en que uno se infecta hasta que aparecen los síntomas pasan bastantes días, incluso semanas.
—¿Y cómo se enteraron de la forma de infección?
—Después de ellos dos, se contagiaron el médico que los atendía y tenía contacto seguido con ellos, por lo menos con él al principio y después con la mujer.
También un guía, de los que llevaban a los pasajeros a la costa en los semirrígidos.
—Escucho su lenguaje, su síntesis, y percibo una persona instruida. ¿A qué se dedica usted? ¿Qué hacía previamente?
—Ahora estoy retirado de la actividad naval. Ya estoy alejado de todo eso, pero me quedó el gusto por los barcos y por navegar.
—Sobre su vida allí en Holanda: ¿cuánto tiempo le queda? ¿De qué se hace cargo la compañía naviera? ¿Cómo lo traen de vuelta? ¿Cómo serán estas próximas semanas?
—Con respecto a quién se hace cargo, es Holanda, por ser el país de bandera de la empresa y de los buques. Hay un convenio de seguridad y vida en el mar que establece que, ante una catástrofe de una embarcación, el responsable de llevar a buen puerto a los pasajeros es el gobierno de bandera del buque.
Un muerto, 50 enfermos y 1700 aislados por un brote de gastroenteritis en un crucero
Salvo que quiera intervenir algún país, como hizo España con unos 10 o 15 españoles, o Estados Unidos con los pasajeros norteamericanos.
En mi caso, tanto los consulados como el Ministerio de Salud de Argentina se comportaron excelentemente. El consulado argentino acá en Holanda hizo mucho para traerme hasta acá. Holanda mandó dos aviones militares a Tenerife. Nos rescataron en dos vuelos distintos. Yo estoy con un grupo de 15 personas, que en realidad son todos tripulantes del buque. Yo soy el único pasajero. Nos trajeron a un hotel en Ámsterdam desde el lunes.
—¿Usted puede salir o está encerrado allí en el hotel?
—Nos permiten dos salidas, pero a un patio nada más. Dos salidas de media hora o 45 minutos. Recién hoy nos dejaron salir. Tuve una al mediodía y otra a la noche.
Si no, estoy acá dentro de la habitación y no me puedo mover.
—¿Cuándo tiene previsto volver? ¿Dentro de cuántas semanas sería?
—Eso no lo decido yo. Según el informe que emitió el Ministerio de Salud de Holanda, la fecha máxima es el 18 de junio. Así que todavía falta.
—Después de eso, ¿piensa quedarse en Europa o vuelve directamente el 18 de junio a la Argentina?
—Me quiero volver. La verdad es que el viaje ya era largo de por sí. Yo tenía que estar en Buenos Aires el 4. Todo lo demás es tiempo que no estaba previsto quedarme.
—¿Le hizo acordar a la pandemia estar encerrado sin poder salir?
—La verdad es que creo que a los periodistas les hizo acordar más a la pandemia. No te das una idea de la cantidad de periodistas de todo el mundo que llegaron a Tenerife cuando arribó el barco. Y además, todos los noticieros hablaban de este contagio.
Pero sinceramente yo nunca pensé que era para tanto porque en Argentina ya conocíamos bastante el hantavirus. Sabemos que es distinto al COVID-19. Es un virus que pasa de animales a seres humanos y que después, salvo una cepa específica, no se contagia de humano a humano.
Esa cepa necesita un contacto muy directo y continuo. Por eso se dio mucho en la pareja de holandeses y también en una pareja de francesas.
—¿Y Máxima no pidió verlo allí en Holanda, siendo el único argentino del grupo?
—No, no creo.
—De cualquier manera tiene una gran historia para contar cuando regrese a la Argentina.
—Sí, sí. La verdad es que fue un final tan distinto a lo esperado. Nunca me fui tanto tiempo. No me gusta estar tanto tiempo fuera de casa.
El brote de hantavirus en el crucero: ¿Es posible pensar que sea la causa de una próxima pandemia?
Ya iban a ser casi 40 días, treinta y pico de días.
—Ya está extrañando.
—Sí, bastante. Quiero volver.
—Lo comprometemos a entrevistarlo aquí en el piso cuando regrese a Buenos Aires, alrededor del 18 de junio.
—Sí, teóricamente el 18 de junio, salvo que influyan los PCR negativos, que no tenga síntomas durante este tiempo y que me sigan dando negativo los análisis. Ahora me van a hacer otro el lunes que viene.
—Y siga mi consejo: aproveche que está ahí, pídale al consulado argentino que Máxima de Holanda lo reciba y se saque una foto con usted.
—A nosotros mismos, como pasó en las islas de Cabo Verde, no nos dejaban acercarnos. Tuvimos que estar fondeados. Y en Canarias tampoco nos dejaron amarrar; tuvimos que quedar fondeados afuera del puerto.
MV
También te puede interesar
-
Hantavirus: la OMS confirmó 11 casos y tres muertes por la cepa Andes que puede transmitirse entre humanos
-
El brote de hantavirus en el crucero: ¿es posible pensar que sea la causa de una próxima pandemia?
-
La OMS advierte por más casos de hantavirus
-
Carlos Ferello, el único argentino en el crucero del hantavirus: "Por ahora no tengo síntomas"