Changui Cáceres explica cómo EE.UU. pasó de financiar golpes de Estado a financiar políticos afines
Para el dirigente radical, la crisis de los partidos políticos forma parte de un proceso iniciado hace cinco décadas. "Llevan 40 años preparando lo que en este momento está erosionando en todos lados", sostuvo al describir un supuesto cambio en la estrategia de influencia de Estados Unidos.
El histórico dirigente radical Luis Alberto "Changui" Cáceres sostuvo que Estados Unidos modificó su estrategia de intervención política internacional a partir de la década de 1970. "Los golpes de Estado que ellos venían promoviendo, en definitiva, les salían más onerosos y les traían desprestigio", afirmó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190). Según explicó, la decisión fue "cooptar dirigentes que podían llegar a gobernar los distintos países", un proceso que, aseguró, "llevan 40 años preparando" y que hoy "está erosionando en todos lados".
Luis Alberto "Changui" Cáceres es un histórico dirigente político de la Unión Cívica Radical. Fue uno de los fundadores de la Junta Coordinadora Nacional en 1968, una agrupación clave en la militancia juvenil radical que acompañó la renovación partidaria impulsada por Raúl Alfonsín. Fue diputado nacional, representó a la provincia de Santa Fe en la Cámara de Diputados de la Nación durante dos mandatos consecutivos, desde el regreso de la democracia, entre 1983 y 1989.
—Venimos reflexionando un primero de julio respecto del legado de aquel abrazo entre Perón y Balbín. ¿Cuán distinta hubiera sido la historia si la fórmula hubiera sido mixta, como se buscaba en su momento? ¿Y qué resonancias tiene eso hoy respecto de una candidatura que una al campo popular entre el peronismo y el radicalismo de cara a 2027?
—Si hacemos un poco de historia, el radicalismo y el peronismo tuvieron su desencuentro. Esto es parte de la historia nacional. Hemos tenido coincidencias y hemos tenido diferencias. Las diferencias, en su momento, tenían que ver con lo que eran las libertades públicas, y las coincidencias con lo que era la defensa del protegido, el desarrollo de la industria, el respeto a la soberanía nacional. Todas esas fueron coincidencias con el peronismo.
Y esas divergencias, entre lo que había sido la actitud durante el gobierno peronista en materia de libertades públicas y esas coincidencias en materia de desarrollo social, con una un poco más corta distribución de la riqueza, tuvieron un reencuentro con la actitud de Balbín y la actitud de Perón en su momento. Esto no llegó a cristalizarse como lo pensaba Perón.
Después, las cosas que sucedieron, lamentablemente para el país, fueron parte de un negro pasado que tendrán que mantener ahí sobre los hombros los argentinos, por desencuentros que llevaron a la supresión, a los encubres, a los escarmientos, a problemas económicos que se generaron en su momento y que todavía no se han superado, porque responden a la estatización de la deuda privada, que es algo que después no se pudo superar y fue una pelota que fue creciendo hasta el día de la fecha, donde la deuda externa e interna estamos en 565.000 millones de dólares. En ese parámetro.
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Pero a mí me preocupa la situación y fragilidad del sistema democrático, a partir de los conceptos de crisis que están soportando los partidos políticos y que están dentro de un contexto. Porque, si no entendemos el contexto, por ahí no nos preocupamos tanto. Esto no se está dando solamente en Argentina.
Este es un proyecto que arranca ya por el año 1974, en un acuerdo sobre el Departamento de Estado de Estados Unidos y las grandes empresas. Esto arranca en 1974, donde, de común acuerdo, deciden formar paquetes de dinero que, según ellos, eran simplemente simbólicos. Para mí era un pactón, pero para lo que ellos pretendían era simbólico, era simplemente la puesta en marcha de lo que se iba a venir.
Fueron 800 millones de dólares: 400 millones que salieron del presupuesto de Estados Unidos y 400 millones que pusieron las corporaciones. Es decir, en esa oportunidad ellos decidieron hacer un proceso de cooptación de los partidos políticos.
Tomaron la decisión de que los golpes de Estado que ellos venían promoviendo, en definitiva, les salían más onerosos y, por el otro lado, les traían desprestigio. Que ahorraban plata y solucionaban el problema del desprestigio si cooptaban dirigentes que podían llegar a gobernar los distintos países, tanto en América Latina, pienso que habrá sido lo mismo en Europa.
Hicieron una preselección en cada país de los dos partidos que podían tener posibilidades y arrimaron a cinco personas de cada partido, en una suerte de preselección, en la cual, después de los cinco, fueron tomando uno por uno, en cada uno de los partidos y de los países de América Latina. Pienso que, en el resto del mundo, habrá sido lo mismo. No sé a qué volumen de dinero se pueda entregar, pero llevan 40 años preparando lo que en este momento está erosionando en todos lados.
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—¿Usted dice que Milei sería resultado de eso?
—No, porque creo que el Departamento de Estado tiene la suficiente capacidad para no poner un sujeto como este que tenemos de presidente, que además tiene problemas, según lo que me han dicho psicólogos, de que es psicópata. Creo, sinceramente, que, de poner el Departamento de Estado, hubiera puesto una cosa mucho más presentable.
Lo que sí estoy convencido es que, una vez elegido, producto de las frustraciones de una sociedad que venía de malos gobiernos o peores gobiernos, en un país donde uno pensaba que no podía haber peor gobierno que el que se tenía y el que venía era peor que el que estaba, fue llenándose de bronca.
De golpe, aparece un semimediático que puteaba contra Dios y María Santísima, que representaba la ira, es decir, que en el fondo tenía una buena parte de la sociedad argentina por las frustraciones que se venían viviendo, y lo terminan votando. Además, con una ayuda considerable de los amigos del PJ, en ese momento, que creo que hicieron un gran esfuerzo, que hicieron una mala evaluación en el sentido de dar ayuda económica, de poner fiscales e, incluso, de poner a alguna gente en las listas que no las podía completar.
Esa persona pensó que, de esa manera, dividía el electorado de Cambiemos, que era lo que tenía focalizado el PJ en ese momento como la competencia principal. Y, al mismo tiempo, los muchachos hicieron mal el cálculo, se les fue la mano y este hombre termina siendo presidente.
Yo creo que ahí, una vez que sale presidente, los que manejan el poder económico dijeron: "En realidad, este muchacho no tiene partido, no tiene dinero, no tiene equipo, no tiene nada. Está, como se diría en castellano, en pelotas". Los rodea. Lo primero que le ponen para operar todos los cambios en futuras leyes son los equipos de abogados que ellos tienen. Una vez que consiguen sacar esas leyes, que van en beneficio de lo que ellos pretenden, de lo que ellos quieren desarrollar, bueno, salen a ocupar incluso lugares.
Viene una segunda etapa. Entonces ya empiezan a poner CEOs de ellos, gente que está vinculada con ellos, en distintos lugares del Gobierno, en lo que pueden ser las empresas del Estado, en lo que pueden ser las secretarías, etcétera. Ahí están en los dos lugares del control: el que concede y el que recibe, el que propone y el que acepta. Y esto lo vienen haciendo en distintos lugares.
Péguenle un pantallazo a América Latina en este momento. ¿Qué es lo que queda parado? Queda parado Brasil y México. Y, más o menos, Uruguay, Brasil y México. Todo lo demás ya tiene un solo color. El color con la legislación que está garantizando, en el caso de Argentina, que nos pueden vaciar el país, pueden vaciar la riqueza que potencialmente ha tenido toda la vida la República Argentina, con la garantía de que, si llega a haber una controversia por cambio de gobierno el día de mañana, esto se termina decidiendo en tribunales fuera del país. Y sabemos cómo esto termina.
Nos estamos quedándonos en el país. Estamos acá en lo que es la antesala de un proceso de balcanización del país. Y estas son cosas que a mí me desesperan. Hay cuestiones que yo públicamente no las he planteado antes. Porque, si las planteaba hace 40 años atrás, cuando me enteré de esto, se lo planteé a Raúl Alfonsín, que era presidente en ese momento. Y, posteriormente, cuando seguí durante un período para poder interiorizarme un poco más, se lo planteé a Raúl Alfonsín en Nueva York, en Naciones Unidas, antes de que hiciera el discurso en Naciones Unidas, a él y al vicecanciller que estaba junto con él en ese momento.
Porque había recibido la citación para hacer una reunión con el director para América Latina del Departamento de Estado. Y yo no me quería perder el discurso de Raúl Alfonsín. Entonces le digo: "No entiendo por qué están llamando por los teléfonos de Naciones Unidas". Yo tenía la preocupación de que se hubiera muerto un familiar o alguna cosa por el estilo. Y no. Era esta reunión que me estaban planteando y me estaban esperando. La reunión duró 57 minutos y yo me perdí el discurso de Alfonsín.
—Le propongo lo siguiente: quédese a escuchar la próxima nota, porque lo que viene ahora es una explicación de lo que pasó ayer en la embajada norteamericana, en el anticipo del festejo de los 250 años de la independencia norteamericana. Quédese escuchándolo, que está muy relacionado con lo que usted está diciendo. Y le agradecemos su predisposición para con nosotros y su recuerdo.
—Yo le aclaro que estas cosas no las he dicho antes porque, si las decía hace 40 años atrás, me metían en el manicomio. Y, después, también era absolutamente consciente de que, si empezaba a decir las pocas cosas que hasta ahora les dije y las muchas que podría llegar a decir, bueno, con la KGB, con el Mossad y con la CIA, yo siempre entendí que no se jodía.
Pero, a esta altura, frente a la situación que está atravesando Argentina, frente a lo que veo que el pueblo argentino puede terminar votando, frente a estas cuestiones del algoritmo, por un lado, de la inteligencia artificial, del Big Data y de gente que ya se ha instalado en Argentina y que va a ser la que va a llevar adelante el proceso electoral, bueno, yo ya, a esta altura de los acontecimientos, tiro todo afuera. El pedacito que tiré y la que venga, y al carajo. Y, si me liquidan, me liquidan. Me importa tres cornos. Porque a la patria se la defiende. Y, si defender a la patria significa dejar de existir personalmente, así será.
—Esperemos que no sea así.
RM
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