La victoria electoral de Keiko Fujimori no implica, según la socióloga peruana Noelia Chávez, una réplica del fenómeno Milei. Si bien reconoció que "definitivamente ahora hay un vuelco hacia la derecha", aclaró que "hay derechas diferentes" y subrayó que el fujimorismo no plantea "una reducción extrema del Estado", sino una lógica distinta de ejercicio del poder. "Keiko Fujimori no tiene una agenda basada en la reducción extrema del Estado, sino, más bien, de utilizar el aparato público y tenerlo muy a su control", señaló en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190).
Noelia Chávez es una reconocida socióloga peruana, investigadora y docente universitaria, destacada por su análisis de los movimientos sociales, la política estudiantil y las juventudes en el Perú. Se desempeñó como Secretaria Nacional de la Juventud del Ministerio de Educación del Perú. También trabajó en la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria. Es miembro del Grupo de Investigación en Conflictos y Desigualdades Sociales y coordina la Plataforma de Comunicación Académica Puente Perú.
50.000 votos de diferencia a favor de Keiko Fujimori sobre Roberto Sánchez, y varios intentos de Keiko Fujimori de llegar a ser presidenta; finalmente lo logra ahora. ¿Esto implica el inicio de un proceso de salida de la polarización o la profundización de la polarización?
No es sencillo explicar la política peruana en estos años, que ha sido muy caótica y de muchos cambios a nivel político. En realidad, efectivamente, tenemos una diferencia de 49.641 votos al final del conteo, con Keiko Fujimori, después de tres intentos -este es el cuarto- logrando una victoria sobre Roberto Sánchez. Y, más que un país polarizado, diría que es un país muy fragmentado.
Si uno realmente ve la foto de la primera vuelta, a diferencia de las elecciones recientes en Colombia, por ejemplo, en donde claramente dos candidatos tienen mayorías importantes, en el país, en cambio, tenemos una población que vota de forma muy atomizada por candidatos muy diferentes, que no convencen realmente.
Entonces, lo que Keiko Fujimori tiene por delante es un país en donde hay una gran mayoría que no está de acuerdo con ella como líder y con su partido o su propuesta de gobierno, porque ha apostado por la otra opción. Pero no ha apostado por la otra opción de manera cómoda tampoco. Y ni siquiera los votantes de ella todos votan cómodamente por ella, sino que, más bien, están muy desencantados de la política actualmente en el Perú y, por lo tanto, ningún candidato y ningún partido, que son muy débiles en nuestra Nación, logra realmente aglomerar a la mayoría, sino, más bien, concentran muy poquitos votos.
Tenemos una cantidad de partidos que han postulado para esta elección gigantesca, en donde pocos han pasado la valla. Pero eso es lo que quisiera transmitir: no es un país realmente polarizado, esa es la palabra, sino, más bien, fragmentado y desanclado de sus representantes políticos.
Milei, el padrino de la derecha regional
Nosotros en la Argentina no estamos mucho mejor y tenemos un presidente que también fue electo por rechazo a la otra alternativa. Y tendemos a pensar que las cosas son por algo, hegelianamente; que en política no son casualidades, sino que cumplen algún papel en el recorrido de la historia. Entonces me pregunto: es cierto que la sociedad está fragmentada, pero los últimos tres balotajes fueron con Keiko Fujimori. ¿Puede ser algo así como que un subconsciente profundo de la sociedad diga: "Basta, que sea presidenta; veamos qué hace, a ver si podemos dar vuelta a la página"?
Creo que hay un sector que puede tener esta idea que tú señalas: ya que tenga el poder de una vez, que sea gobierno, que muestre qué es lo que realmente puede hacer, en lugar de vivir con el fantasma del fujimorismo, que sobre todo representaba su padre, Alberto Fujimori, en la década de los 90, que construyó un autoritarismo competitivo en el país.
Sin embargo, ella solo ha sido congresista de la República en el año 2006 y después no ha tenido un cargo formalmente en el Ejecutivo. Pero también creo que hay un sector, más bien, estamos en sociedades que votan mucho por el anti. Y en el Perú, con partidos políticos de identidades muy débiles, la identidad que más ha primado en estos últimos 20 años, o desde la transición democrática, ha sido el antifujimorismo.
Lo que hemos visto en estos últimos años, a partir de la elección anterior, que ganó Pedro Castillo, un maestro rural, de izquierda, muy débil también políticamente, y con un intento de autogolpe, además, es que la identidad antifujimorista, que impedía que Fujimori llegara al poder, se ha debilitado profundamente a partir de este gobierno de Pedro Castillo en este año.
No ha podido reconciliar a los sectores que lo aglomeraban, que no solamente eran la izquierda: era la izquierda, la centroizquierda, el centro tecnocrático y algo de la centroderecha liberal. Cuando Pedro Castillo llega al poder, en la anterior elección, esa coalición que existía previamente se deshace.
Creo que eso explica mucho por qué esta vez el antifujimorismo no ha sido suficiente, digamos, y, más bien, Keiko Fujimori, muy disciplinadamente y con mucho aprendizaje detrás, ha logrado hacer una campaña que le ha permitido, ahora sí, llegar al poder. La diferencia no es mucha. Igual son 50.000 votos.
El peso del fujimorismo, el fantasma que acorrala a Keiko
Ayer, en Buenos Aires, la embajada norteamericana festejó anticipadamente los 250 años de la independencia de Estados Unidos y allí estaba presente el embajador. Nuestro presidente, Javier Milei, dijo que América Latina estaba corriéndose hacia la derecha gracias a que inició todo este proceso, que fue Javier Milei. Mencionó, obviamente, a Perú, a Bolivia, a Chile. ¿Hay alguna perspectiva de que el triunfo de un sector más de centroderecha en Perú pueda haber sido ayudado, en algún sentido, aunque en una mínima proporción, por lo que sucedió en la Argentina con Milei, o es una visión disparatada de nuestro embajador?
Creo que la política internacional y los vínculos que tienen los países con las grandes potencias también en el mundo, no solamente a nivel regional, definitivamente influyen en la política interna. Y así como a inicios del siglo XXI tuvimos un giro hacia la izquierda, muy alineado también con corrientes que venían desde Estados Unidos y de otras partes del mundo, definitivamente ahora hay un vuelco hacia la derecha. Y yo creo que ahí es evidente que es así. También tenemos Colombia en este momento.
Pero creo que una de las cosas importantes de señalar, más que decir quién lleva la bandera, es que hay cosas más allá de la región de América Latina que generan también estos vuelcos. En Europa, en Estados Unidos, hacia un lado o hacia el otro; es que no todos los gobiernos de derecha latinoamericana pertenecen a la misma categoría de derechas. Creo que ahí también hay matices que uno tiene que señalar.
No es lo mismo Keiko Fujimori que Javier Milei. Yo creo que Keiko Fujimori, en Perú, es algo más parecido a una derecha liberal conservadora, a como Javier Milei se define en Argentina como un libertario que tiene una agenda ideológica muy marcada, además.
Eso no pasa en el Perú, es diferente. Acá no hay un tema de una agenda de Keiko Fujimori de una reducción extrema del Estado, sino, más bien, de utilizar el aparato público y tenerlo muy a su control. No hay una agenda de ese tipo. Entonces, creo que, si bien hay un giro a la derecha, hay derechas diferentes y son importantes esos matices para entender luego cómo se van a ir alineando en el plano internacional.
RM/ff