Milei a la luz de la Biblia

Cómo los relatos bíblicos sirven para explicar el presente: entrevista con el escritor Gonzalo Garcés

El escritor Gonzalo Garcés analizó cómo los relatos bíblicos permiten interpretar debates actuales sobre la libertad, el capitalismo, el crédito y el rumbo económico de la Argentina. Además, planteó la disyuntiva que marcará el futuro: “La inversión para mañana” o “volver a optar por el ahora a expensas de mañana”.

Gonzalo Garcés Foto: Wikipedia - Mauro Rico, Ministerio de Cultura de la Nación Argentina

El escritor, ensayista y crítico literario Gonzalo Garcés encontró en Los relatos bíblicos una manera de recuperar textos clásicos para pensar algunos de los debates más actuales de la política, la economía y la sociedad. En diálogo con Jorge Fontevecchia, el autor explicó cómo conceptos como la libertad, el sacrificio, la inversión y la construcción de riqueza atraviesan los relatos bíblicos y permiten establecer paralelos con la realidad argentina.

En Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), Garcés también analizó el rumbo económico del Gobierno de Javier Milei, el rol del crédito y las perspectivas hacia 2027. Además, reflexionó sobre el keynesianismo, la confianza y la tensión entre “la inversión para mañana” y la tentación de “volver a optar por el ahora a expensas de mañana”.

Gonzalo Garcés es escritor, editor, ensayista y crítico literario, estudió Letras Modernas en la Universidad de La Sorbona, en París, y Filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Pertenece a la generación de autores surgidos a finales de los años 90 y consolidó su carrera internacional tras recibir el prestigioso premio Biblioteca Breve en el año 2000 por su novela Los Impacientes. Vivió en diversos países y ejerció como profesor de escritura creativa en la Universidad Católica de Santiago de Chile y en la Universidad Torcuato Di Tella. Su lanzamiento más reciente es Los relatos bíblicos, una obra donde analiza los textos del Antiguo y Nuevo Testamento desde una perspectiva estrictamente literaria, histórica y filosófica.

Acá tenemos el libro, que es algo extraño en este momento, donde se editan muchos libros, pero la mayoría con tirajes muy reducidos. Este libro va por la tercera edición en poco tiempo y además con relatos bíblicos. ¿Qué te produjo? ¿Qué te produjo ver que del otro lado de la pileta había agua y en tanta cantidad?

No la vi, Jorge, me tiré sin ver si había agua. Eso es lo que vos hacés cuando escribís un libro sobre algo que te interesa, que te apasiona, y esperás que le interese a otros también. Quiero decirte, de paso, que me siento muy feliz de estar acá hablando con vos, te sigo hace mucho tiempo y es realmente un honor. Pero, para terminar de contestar a tu pregunta, yo me di cuenta, gradualmente, después de la publicación de este libro, que no era de ninguna manera algo para especialistas, o que no era de ninguna manera algo tan exquisito como podía parecer, sino que, al contrario. Sin darme cuenta, escribí un libro que está en el centro de debates contemporáneos. Porque fijate, desde hace 20, 30 años, eso que ahora llamamos izquierda woke sostiene que Occidente, la cultura occidental, la civilización occidental, está construida sobre la opresión y la tiranía. Especialmente la opresión de las minorías. Y más recientemente hubo una reacción a eso, de lo que se llama Nueva Derecha, donde Trump, Milei, Orbán, incluso Putin, empezaron a decir: no, al contrario, Occidente es una estructura mental, es una cultura, es una civilización basada en los valores judeocristianos, que es la mayor máquina de prosperidad y de justicia jamás creada. Entonces, ese debate es el que está ahora. Vos podés poner cualquier discurso reciente de Trump y tiene en la boca la palabra Occidente. Y, bien, Occidente no es un lugar geográfico. Es una forma de organizarnos socialmente, mentalmente, que está basada en las historias de este libro que escribí, Los relatos bíblicos.

¿Y le hace justicia a Trump, Milei, Orbán, eventualmente Putin, abogar por ese Occidente? ¿Representan realmente el espíritu que estaba en la Biblia?

Esa es una excelente pregunta, porque en muchos casos la respuesta es no. Yo no creo que Putin haga honor a lo que figura en la Biblia. Por ejemplo, una de las cosas centrales en la Biblia es la discusión de ideas. Uno tiene esta idea de la religión como algo dogmático, pero la religión organizada es política, es la forma en que determinados principios se ponen en práctica por seres humanos, y los seres humanos son corruptibles y pueden volverse tiránicos y pueden ser deshonestos. Entonces, yo creo que no hay que culpar al texto original. Es como culpar a la Constitución argentina de nuestros malos gobiernos. Y Putin, por ejemplo, no lo representa, porque es un régimen que deriva hacia la tiranía. Pero en otros casos sí. Por ejemplo, cuando se defiende la democracia y el Estado de Derecho, se está haciendo honor a lo que sucede, por ejemplo, en el relato del Éxodo. El Éxodo es uno de los grandes libros de la Biblia y es la historia de cómo Moisés saca a los hebreos de la esclavitud y los lleva a la Tierra Prometida.

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Esencialmente, lo que te muestran ahí es el aprendizaje de la libertad de un pueblo que es esclavo, y que tiene que aprender cómo ser libre, porque no es obvio. No porque dejes de estar sometido al faraón automáticamente sos libre. Tenés que aprender a hacerlo. Eso significa aprender la reciprocidad, a organizarte en forma horizontal con tus semejantes, y significa no obedecer a la autoridad solo porque es la autoridad, sino guiarte por leyes, leyes que además se pueden discutir, se pueden debatir. Todo eso, que es el germen de lo que nosotros llamamos Estado de Derecho, está en este relato.

Y, en ese sentido, el constitucionalismo sería un proceso de evolución de ese Estado de Derecho. Mi pregunta es si vos ¿creés que la ideología normalmente llamada libertaria lo representa?

Mirá, eso es discutible. Lo que me parece indudable es que el capitalismo y el liberalismo clásico sí están basados en una ética que figura en la Biblia. Porque el gran tema que recorre los relatos bíblicos es el sacrificio de algo ahora para obtener algo mejor mañana, que es lo que en el lenguaje de negocios modernos llamamos una inversión. Todo el tiempo eso sucede. Yo sacrifico algo ahora, postergo mi gratificación ahora, para que quede algo para invertir después. Ahora, fijate hasta qué punto esto es relevante en un país como el nuestro, donde lo que podríamos llamar la política populista ha sido, históricamente, lo contrario: sacrificar el mañana para tener algo ahora. Cuando vos emitís moneda sin respaldo, por ejemplo, producís inicialmente una ilusión de bonanza y eso, por supuesto, lo vas a pagar vos dentro de un año, dentro de dos; lo van a pagar tus hijos, tus nietos. Es decir, es todo lo contrario. ¿Qué es el capitalismo sano? Es, esencialmente, sacrificar continuamente una parte de lo que se produce para que haya crédito. Porque el crédito después se reinvierte y así se va agrandando, digamos, la riqueza total. Esa es la teoría. Evidentemente, después, en la práctica, algunos lo hacen mejor o peor. Pero en la Argentina, cuando se dice, por ejemplo, ahora con el problema que tenemos con la mora, es el tema que está en el aire, hay dos maneras en que lo podés encarar. Una es decir: bueno, esto es algo que tienen que arreglar entre los bancos y los que tomaron prestado, tienen que refinanciarlo y, de algún modo, hay también un aprendizaje que se va haciendo en la Argentina de lo que significa tomar crédito en una economía relativamente estabilizada, donde las cuotas no te las licúa la inflación. Podés dejarlo así y podés tratar de que el sistema funcione por sí mismo. O podés decir, como dicen otros sectores: el Gobierno tiene que acudir al rescate. Pero acudir al rescate, en este caso, en primer lugar significa acudir al rescate de los bancos, antes que nada. Porque es un problema mucho más de los bancos que de las personas. Y además, ¿el rescate qué significaría? Solamente hay dos maneras de rescatar a bancos que tienen un problema de mora. Uno es emitir dinero e inyectarlo directamente, y otro es, de una manera indirecta, que el Banco Central tome deuda para, a su vez, prestar a los bancos. Todo eso, aunque parezcan cuestiones técnicas de la economía, se pueden reducir a la cuestión básica de qué privilegio, ahora o mañana. Eso es lo que hace relevantes a los reglamentos.

¿Y la sabiduría está en un equilibrio entre ambas?

Depende del momento, depende de la coyuntura. Hay momentos en los cuales, ponele, si vos tenés una situación de ausencia total de riqueza acumulada, después de una guerra, cuando toda la riqueza fue destruida...

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O una pandemia.

Una pandemia, o cuando los hebreos están atravesando el desierto y no tienen nada, la prioridad es generar riqueza. Entonces, evidentemente, tiene sentido ahí que vos privilegies la inversión para mañana. Ahora, hay momentos en los cuales hay una riqueza acumulada que permite, y hasta sería recomendable, por una cuestión de justicia, por una cuestión de estabilidad social, y porque está bien, digamos, repartir una parte de esos dividendos. El problema, ¿sabés cuál es, Jorge? Cuando nos volvemos dogmáticos y decimos: hay una fórmula para todo y para todo momento.

A ver si interpreto. Yo... Es que en los momentos de crisis hay que ahorrar y en los momentos de bonanza hay que distribuir.

Yo diría que sí.

O sea, sos anti-keynesiano.

Diría que sí. Pero con esta excepción, que el keynesianismo tuvo cierto éxito en algunos momentos muy puntuales. La historia del keynesianismo es muy variada. El Plan Austral fue un plan de corte keynesiano en muchos aspectos y fracasó.

Pero el primero tuvo éxito.

Sí, tuvo éxito. Pero algo que tiene éxito durante un año, no podemos decir que sea un éxito. El éxito es algo que te dura varias generaciones.

Podrían decir que posteriormente Alfonsín no cumplió el Plan Austral y gastó y tuvo déficit fiscal.

Sí, y hay muchos...

Y eso no era parte del plan.

Hay muchos libros que lo cuentan, cómo empezó a sufrir las presiones de este sector, que decía: “Dame un poco para acá, no te va a cambiar nada”.

Trece paros generales.

Totalmente. Y 13 paros generales. Sí, sí. Yo no estoy diciendo que fue culpa de Alfonsín. La realidad nunca es tan simple. Es más compleja. Pero el keynesianismo en Estados Unidos, en los años 30, tuvo un momento energético que efectivamente funcionó. ¿Pero por qué funcionó también? Porque empalmó después con una revolución tecnológica que permitió que lo hiciera sostenible. Pues es que yo, en los cursos que doy sobre Los relatos bíblicos, me gusta mucho cruzar historia, relatos bíblicos, psicología, economía, porque realmente son diferentes dimensiones de un mismo mecanismo. Entonces, un poco en broma, digo que el keynesianismo está basado en la frase de nuestra querida prócer, Mirtha Legrand, que es: “Como te ven, te tratan”. ¿Qué quiere decir eso? Que la imagen que vos das, la imagen de prosperidad que vos das, puede cambiar la mirada de los otros sobre vos y, eventualmente, eso cambia la realidad.

Y cambia tu prosperidad.

Entonces, el keynesianismo es generar una imagen de prosperidad que dé un shock de confianza. Y si eso se afianza, puede iniciar un círculo virtuoso. Ahora, si te quedás en el momento inicial y solo en la imagen, perdiste.

Cuándo viste lo de Cerimedo ayer: ¿Qué te resonó dentro? ¿Qué te pasaba dentro tuyo? ¿Lo ves como un hecho aislado? ¿Lo ves a él como significante de algo más? ¿Como resultado de un gobierno que se llega rápido al poder pero luego no se tienen los equipos formados para llevar adelante ese poder conseguido y entonces aparecen una cantidad de personas? ¿Lo asociás de alguna manera a Adorni?

No sé, el caso de Adorni me parece más discutible. Ahora, en gran medida estoy de acuerdo con lo que decís. Yo pienso que los fundamentos de la dirección económica que tiene el Gobierno son correctos. No porque sea mileísta. Yo pensaba esto antes de que Milei se dedicara a la política. Porque estudié la historia. Veo y vi los programas económicos que, en realidad, son muy importantes. Llevaron a países del subdesarrollo y de altos índices de pobreza a bajos índices de pobreza y desarrollo. Entonces, estoy de acuerdo con eso. Pero también es cierto, como decís, que La Libertad Avanza se conformó muy rápido, a los ponchazos, y que hubo una, vamos a decir, una módica cantidad y, a veces, no tan módica, de vendehúmos y de personajes de vodevil que se sumaron por el camino. Tal vez era inevitable. Tal vez no. En algunos casos se fueron quedando por el camino. Pero bueno, posiblemente Cerimedo sea uno de esos.

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Contame cómo ves 2027.

Yo creo que va a estar en juego, y con esto retomo el tema de mi libro, esa opción fundamental. A ver, las perspectivas para la Argentina, hasta donde puedo ver, sin ser economista, sé de historia, sé de literatura y sé algo de economía, y todo parecería indicar que estamos en el momento en el que se estableció un sesgo exportador, se sanearon las cuentas públicas y va a hacer falta un tiempo más antes de que la confianza se afiance tanto como para que vuelva el crédito, que es el motor del desarrollo. El crédito real, digamos, no el crédito subvencionado. El crédito que prestan los bancos nacionales e internacionales para ampliar empresas. Y cuando empieza ese crecimiento, eventualmente se produce un aumento del poder de compra, el famoso tener plata en el bolsillo, por aumento de la productividad. Así pasó en Chile, llevó años; en Irlanda, en Israel...

O en la convertibilidad.

Sí. Entonces, la opción el año que viene va a ser confiar en la estrategia de la inversión para mañana, que dio algunos frutos y le falta dar muchos, o volver a optar por el ahora a expensas de mañana.

Gonzalo, felicitaciones porque es muy lindo poder encontrar la forma de tomar probablemente el texto más clásico de todos, darle vida actual, traerlo al presente y, al mismo tiempo, que sea punto de referencia para analizar la política, la economía. Felicitarte, merece su tercera edición.

Muchísimas gracias, Jorge, es un placer. Hoy nos tocó hablar de la dimensión económica, pero... Igualmente, a partir de estos textos, podríamos haber hablado del amor, de las historias de familia, de la política conspirativa y de muchas cosas más.

Vamos a repetirlo, entonces. Muchísimas gracias.

 

LMM