Modelos opuestos

Día 862: Francisco en la plaza por la paz y Milei en Israel por la guerra

El viaje de Javier Milei a Israel refuerza una alianza bélica que contrasta con el multitudinario pedido de paz en Plaza de Mayo por el aniversario de Francisco. Su polarización refleja la fractura global entre la retórica de la confrontación y la agenda humanista que hoy gana terreno en la opinión pública.

Día 862: Milei en Israel y el Papa en la plaza Foto: Net Tv

En tanto, el presidente Javier Milei se encontraba en Israel y planteaba, junto al mandatario israelí Benjamín Netanyahu, que Argentina e Israel son aliados estratégicos, ofreciendo su apoyo en la guerra contra Irán, una multitud se congregó en la Plaza de Mayo para participar de una suerte de misa electrónica en homenaje al papa Francisco

En vísperas del aniversario del fallecimiento del sumo pontífice, el Padre Guilherme, sacerdote portugués y DJ, dio un show masivo que reunió a un público completamente heterogéneo y celebró tanto la música electrónica, como los mensajes grabados de Francisco que iban desde el liso y llano amor al prójimo hasta sus pedidos de paz. De hecho, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, terminó de darle marco, al manifestar: “No nos cansemos todos de seguir pidiendo por la paz, unirnos al papa León y pedir por la paz en el mundo, porque la guerra no soluciona nada.” 

Milei en Israel apoyando la guerra y Francisco desde el cielo junto a cientos de miles de personas en la Plaza de Mayo reclamando por la paz. Toda una postal de las coordenadas que dividen al mundo. 

Un evento impactante que podría haber sido en un lugar menos político como en el Obelisco o cualquier otro lugar de la Ciudad, pero se eligió hacerlo en la Plaza de Mayo. La Iglesia nunca hace nada porque sí. 

Este escenario viene de una polémica anterior. La del Papa León con Trump, algo que ya reflejamos en una de estas columnas la semana pasada. Mientras el sucesor de Francisco continúa pidiendo por la paz, Trump lo atacó al plantearle que era débil contra Irán. León llegó a decir que no era cristiano y el mandatario difundió una imagen en la que se veía como Jesucristo. Tras el rechazo de la base religiosa de MAGA, Trump quitó la imagen, aunque luego de ese desliz y tras el fracaso de Estados Unidos en Irán, vive uno de sus peores momentos, inclusive con críticas dentro de su espacio. 

En estos momentos es cuando se agiganta la imagen de Francisco y se entiende la importancia de la Iglesia que supo orientar. La validación de una agenda humanista, en la que los valores de solidaridad, la igualdad y el amor al prójimo a pesar de la diferencia son el punto de partida para un mundo mejor contrastan con el pensamiento de los mandatarios de extrema derecha que dominan al mundo en la actualidad. En estos momentos de guerra, en los que se ven las consecuencias humanitarias y económicas, el pensamiento de Francisco sirve para reunir a la mayoría de la sociedad que se encuentra dividida por múltiples razones, pero que encuentran en aquellos puntos básicos, una razón para acercarse frente a un mundo dominado por personajes que logran representar a una porción cada vez menor. 

La tercera visita de Javier Milei a Israel volvió a ofrecer una imagen política de alto voltaje simbólico: el presidente argentino junto a Benjamín Netanyahu en Jerusalén, en medio de un escenario todavía atravesado por la guerra con Irán y por el desgaste interno del gobierno israelí. Lo llamativo no fue solamente la postal diplomática, sino el tono con el que Netanyahu decidió enmarcarla. Frente a la prensa, el primer ministro afirmó que la confrontación con Teherán “todavía no terminó” y definió la ofensiva conjunta como “la batalla de la civilización contra la barbarie”. 

El mandatario israelí, agregó: “Cada vez que Javier Milei visita Israel, es justo antes de que ocurra algo muy importante”. Esa frase, recogida por el diario Haaretz, sonó menos como una cortesía que como una manera de instalar la idea de que el conflicto sigue abierto y de que el liderazgo israelí aún conserva iniciativa. 

Es increíble cómo Milei coloca a Trump como el responsable de la paz y la estabilidad, cuando todo el escenario en Medio Oriente empieza a deteriorarse luego de que Estados Unidos, motivado por Netanyahu, avanzara en hostilidades contra Irán y ahora en particular haya atacado a un buque en el estrecho de Ormuz, lo que podría significar que el país persa se ausente de las conversaciones de paz que tienen previstas para mañana. 

La visita de Milei ocurre mientras Netanyahu enfrenta un clima político cada vez más áspero, con sectores de la sociedad israelí cuestionando el costo humano, militar y estratégico de una guerra que ya no produce la cohesión interna de los primeros días. En ese contexto, la presencia de un aliado extranjero tan enfático como el mandatario argentino funciona como una señal política: una imagen de legitimidad internacional en un momento de fragilidad doméstica.

Haaretz deja entrever justamente esa tensión: Milei no aparece solamente como un visitante, sino como parte del dispositivo visual con el que Netanyahu intenta mostrarse todavía firme. Lo que para el gobierno israelí es una señal de respaldo, para parte de la prensa local también puede leerse como otra escena de un poder que necesita exhibirse hacia afuera para compensar el desgaste que empieza a sentirse puertas adentro.

Es increíble que esta escena insólita suceda mientras caen bombas y mueren civiles por un conflicto que la mayoría de la sociedad rechaza. Mañana martes será un día clave. Por un lado, en Luján se celebrará una misa en homenaje al Papa Francisco al cumplirse un año de su fallecimiento. Milei está invitado, pero faltará, porque sigue en Israel. Allí, el Presidente será el primer extranjero en prender una antorcha en el acto por el aniversario del Estado de Israel, que cumple 78 años. Probablemente, esto sea una decisión calculada, porque es difícil hacer una misa homenaje a Francisco sin hablar de su incansable lucha por la paz, algo que pondría incómodo al presidente argentino, uno de los pocos mandatarios que apoya a Trump y Netanyahu en el conflicto bélico contra Irán. 

El martes, se reunirá la Unión Europea y el presidente español Pedro Sánchez hará una moción inquietante. Sánchez adelantó que planteará la ruptura de relaciones comerciales entre la Unión Europea e Israel por la violación de derechos humanos del gobierno israelí en Gaza. La iniciativa del presidente del Gobierno español para que la Unión Europea revise —e incluso suspenda— el Acuerdo de Asociación con Israel dejó al descubierto una fractura política que hasta hace poco Bruselas intentaba disimular. Lo que mañana se discutirá entre varios mandatarios europeos no es simplemente una sanción económica, sino una pregunta más incómoda: hasta qué punto Europa está dispuesta a seguir sosteniendo relaciones privilegiadas con Israel pese a las denuncias internacionales sobre la situación en Gaza.

Sánchez no está solo. En los últimos meses, gobiernos como los de Irlanda, Bélgica, Eslovenia, Luxemburgo y, en algunos momentos, también Portugal y Francia comenzaron a respaldar una revisión del Acuerdo de Asociación UE-Israel. Ese tratado contiene una cláusula que condiciona el vínculo al respeto de los derechos humanos. Durante años fue una formalidad diplomática; ahora varios gobiernos sostienen que seguir ignorándola vaciaría de sentido el discurso moral europeo. Del otro lado persiste un bloque más reticente. Alemania, Italia, Hungría, Grecia y varios países del este europeo siguen considerando que una ruptura comercial sería una señal geopolítica demasiado profunda. Berlín continúa siendo el principal freno: para Alemania, la relación con Israel no es solo una cuestión estratégica sino también histórica, y cualquier sanción severa implica una discusión interna mucho más sensible que en otros países del continente.

Lo que emerge es una nueva división dentro de Europa. Por un lado, una Europa mediterránea más inclinada a usar la política exterior como gesto moral. Por otro, una Europa central que privilegia la estabilidad y teme abrir un precedente diplomático de consecuencias imprevisibles. Probablemente mañana no haya una ruptura. La Unión Europea todavía funciona por consensos lentos y equilibrios delicados. Pero el solo hecho de que varios líderes discutan públicamente si deben limitar sus vínculos con Israel revela que el debate ya dejó de ser marginal. Lo que hasta hace poco parecía impensable empezó a volverse posible. Esto es un fuerte golpe para Israel y ya se convirtió en tema de discusión.

La opinión pública europea respecto al conflicto en Oriente Medio muestra actualmente una tendencia marcada hacia el escepticismo y el rechazo a la escalada militar. Los estudios y encuestas realizados durante los primeros meses de 2026 en naciones clave del bloque indican que una mayoría significativa de la ciudadanía se opone a la intervención militar directa y a las acciones ofensivas lideradas por Estados Unidos e Israel, particularmente en lo que concierne a los recientes ataques en Irán y la situación prolongada en Gaza.

Existe una brecha notable entre la postura oficial de ciertos gobiernos y el sentir de sus habitantes. Mientras que algunos líderes mantienen un apoyo institucional tradicional hacia Israel o abogan por alianzas estratégicas inamovibles, gran parte de la población europea ve estas acciones con preocupación, temiendo tanto por las consecuencias humanitarias como por el impacto económico directo. Este último punto es fundamental: los europeos perciben este conflicto a través de un prisma de seguridad energética y estabilidad económica, con la percepción de que la región asume costos elevados, como el encarecimiento de la energía y los suministros, sin una estrategia clara de salida o resolución.

En países como España, Italia, Alemania y el Reino Unido, los datos señalan que el apoyo popular a las operaciones militares es minoritario, mientras que el sentimiento predominante es de preocupación y un deseo de que los gobiernos adopten posiciones de neutralidad o mediación diplomática. Además, ha surgido un discurso crítico sobre la coherencia de la política exterior europea, en el que sectores de la sociedad civil cuestionan la existencia de doble vara al contrastar la postura ante este conflicto con otras crisis internacionales.

“El Papa León comparte con Francisco la lucha por la paz”, afirma Monseñor Gustavo Carrara

De nuevo, mañana en el aniversario de la muerte de Francisco se va a mostrar un escenario mundial dividido entre quienes respaldan la guerra y la creciente mayoría de la sociedad y muchos dirigentes políticos que están por la paz. ¿Será este “principio de revelación”, como le gusta decir a Milei, un punto a partir del cual se pueda detener la ola de la extrema derecha? 

La situación geopolítica actual, marcada por la confrontación militar en Oriente Medio y la reciente imposición de bloqueos marítimos, ha tenido un impacto directo y negativo en la percepción pública del presidente Donald Trump dentro de Estados Unidos. Los sondeos más recientes reflejan una erosión en su respaldo, con cifras que sitúan su popularidad en niveles mínimos para su segundo mandato. Según un reciente informe de NBC News publicado este 20 de abril, el índice de aprobación del presidente ha descendido hasta el 37%, una cifra que los analistas vinculan estrechamente con la gestión del conflicto con Irán y la creciente polarización de los votantes ante las acciones militares. La desaprobación se manifiesta de forma más amplia en otras mediciones importantes. 

La encuesta realizada por The Economist junto con YouGov, con datos cerrados al 14 de abril, sitúa su aprobación en un 38%, mientras que un 56% de los ciudadanos expresa una visión negativa de su desempeño. Este fenómeno no es aislado; los ciudadanos han vinculado sus preocupaciones sobre el aumento en los precios de la energía y el gas con las tensiones bélicas. Otra investigación de la Universidad de Quinnipiac confirma que un 55% de los votantes desaprueba su gestión, destacando que una mayoría considera inaceptables algunas de las retóricas agresivas empleadas durante la crisis. El descontento parece trascender las líneas partidarias tradicionales, aunque mantiene un componente ideológico fuerte. Mientras que los sectores republicanos mantienen un apoyo sólido, con cifras que rondan el 80 por ciento en algunos segmentos, los demócratas y una parte significativa de los independientes muestran un rechazo contundente.

El conflicto, que ha incluido ataques a infraestructuras y bloqueos en el estrecho de Ormuz, ha dejado una sensación de incertidumbre en la opinión pública. Muchos estadounidenses, particularmente los jóvenes, se han manifestado en contra de una mayor intervención militar, lo que presiona las encuestas a la baja. En promedio, los agregadores de opinión como los publicados por Real Clear Politics sitúan su aprobación actual rondando el 40 por ciento, con una tendencia a la baja que refleja el desgaste provocado por la crisis en el Golfo y la inquietud por la estabilidad económica a largo plazo. La combinación de estos factores sugiere que la popularidad del mandatario está siendo rehén de las complicaciones y los costos imprevistos derivados de su estrategia en esta confrontación. 

Son números cercanos a los que tiene Milei en nuestro país. Sucede que los errores del plan de estabilización y las consecuencias de la propia guerra que él apoya junto a Trump y Netanyahu están provocando consecuencias económicas que complican la vida de la mayoría de los argentinos. El retorno de la inflación en alza, el aumento de los precios de los combustibles y su impacto en el esquema de transporte y la persistente caída de la actividad económica vuelven la vida diaria un desafío constante que deja afuera a millones de personas.

Mientras esto sucede, Milei decide viajar a Israel a apoyar la guerra y plantear que mudará la embajada argentina en ese país a Jerusalén, algo que hoy no forma parte de la agenda. Todo esto, al periodismo, a economistas y a la oposición, a la que culpa de los números inflacionarios. Para Milei, la inflación dejó de ser “siempre y en todo lugar un fenómeno monetario” para pasar a ser “siempre y en todo lugar una conspiración de los mandriles”. 

A la par de esta escalada, el caso Adorni sigue su curso y cada vez son más las preguntas sin respuestas

A medida que el frente judicial del Gobierno se complica y se empantana su plan económico, su ataque contra todo el que piensa distinto se intensifica. Exactamente el mensaje opuesto al que se vivió en la Plaza el domingo y al que se dará durante la misa homenaje a Francisco mañana

Cada vez más parece que se bifurcan dos caminos posibles. Uno teñido por el odio y la polarización, que ofrecen este tipo de Gobierno y el que proponía Francisco con los valores del encuentro en la diferencia, la paz y el respeto a la naturaleza. Esperemos que como sociedad podamos elegir correctamente. 

Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi

 

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