Día 890: Los Caputo, los Menem y el frasco de escorpiones
La interna entre el sector de Santiago Caputo y el karinismo dejó al descubierto las fracturas que atraviesan al oficialismo. Aunque Javier Milei intenta sostener el control político, la guerra digital expone un poder atravesado por desconfianzas y operaciones cruzadas.
Hay una metáfora en política que no tiene un origen claro, pero es bastante precisa para describir la dinámica de las luchas internas que terminan liquidando un proyecto político. Si encerrás varios escorpiones venenosos en un frasco, más que intentar sobrevivir, terminan atacándose unos a otros hasta la muerte. La guerra de trolls entre Las Fuerzas del Cielo, con Santiago Caputo a la cabeza, y el karinismo conducido por Martín Menem en las redes no parece tener ningún tipo de sentido práctico y debilita aún más a un Gobierno que no encuentra el rumbo. ¿Podrán los escorpiones superar su propia naturaleza y dejar de atacarse unos a otros o la dinámica de la propia interna será el desencadenante de la derrota libertaria en las próximas elecciones?
Primero vamos a explicar lo sucedido por si alguien se lo perdió. El destape del caso Rufus se produjo por un error técnico y un descuido digital en el manejo de las redes sociales. El paso a paso de cómo se descubrió la vinculación de Martín Menem con la cuenta anónima ocurrió de la siguiente manera: la cuenta @PeriodistaRufus publicó un tuit con críticas directas hacia Santiago Caputo y su entorno.
Para respaldar su argumento o difundir un contenido específico, el usuario incluyó en la publicación un enlace que derivaba a un posteo de la plataforma Instagram. Al hacer clic en ese enlace de Instagram desde la plataforma X, el sistema abrió una ventana de previsualización que expuso los datos de origen. Debido a las funciones de sincronización de la aplicación, cuando un usuario comparte un link teniendo su propia sesión de Instagram iniciada, la plataforma deja un rastro digital que invita al receptor a "seguir" a la persona que envió o generó ese enlace original.
En la pantalla de los usuarios y militantes que ingresaron al link, apareció visiblemente asociada la cuenta oficial del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem. La advertencia en la interfaz delató de manera inmediata el origen del mensaje y encendió las alarmas en el ecosistema digital oficialista. La información llegó rápidamente a oídos de la tropa digital que responde al asesor presidencial, liderada por comunicadores como el Gordo Dan, quienes capturaron las pantallas del error y reconstruyeron el mecanismo para certificar que el rastro conducía directamente al legislador riojano.
Santiago Caputo recogió las pruebas y lanzó el contraataque público publicando un tuit corto con la frase "Qué gagá" (Martín Menem tiene 51 años y Santiago Caputo 39), arrobando directamente a la cuenta @PeriodistaRufus. Al notar que el engaño había quedado al descubierto, los administradores del perfil anónimo eliminaron la cuenta por completo en un lapso de veinte minutos. Lejos de aplacar la situación, el cierre intempestivo de la cuenta provocó una nueva y más dura reacción del asesor presidencial, quien publicó: "Borrar la cuenta lo único que confirma es que es de ustedes". Horas más tarde, el estratega redobló la apuesta al compartir un posteo de su entorno que fustigaba directamente a la conducción de los Menem en el armado político por su falta de pericia en el manejo de redes: "No pueden manejar cuatro cuentas fake y quieren manejar la botonera".
¿Cuál es el origen de esta disputa? ¿Realmente los Menem y los Caputo representan ideas distintas de cómo aplicar el plan de gobierno de Javier Milei o simplemente es una pelea de poder?
Volviendo a la imagen de los escorpiones peleando dentro del frasco, el frasco funciona como metáfora de la falta de salida. Y el de este Gobierno empieza a achicarse. Sostenido en gran medida por el respaldo de Estados Unidos —económico, a través del Tesoro norteamericano y su influencia ante el FMI, y político, por la afinidad ideológica con Donald Trump—, el mileísmo enfrenta un escenario internacional menos favorable. El desgaste de Trump tras el conflicto con Irán anticipa un futuro electoral sombrío, lo que llena de preguntas al gobierno libertario sobre la reacción de los mercados frente a un declive del principal garante frente a los acreedores financieros.
A medida que se acercan las elecciones norteamericanas, el frasco se vuelve más pequeño y en el plano económico, el RIGI y ahora el llamado “Super RIGI”, lejos de provocar una explosión de inversiones extranjeras capaces de modificar la estructura productiva o reactivar rápidamente la economía, siguen siendo —por ahora— más promesa que transformación concreta. Existen anuncios, algunos de enorme magnitud, pero todavía no alcanzan a mover la aguja cotidiana. Mientras tanto, proliferan las casi 25 mil empresas que bajaron sus persianas con este gobierno, los profesionales que se reinventan manejando Uber y los trabajadores obligados al rebusque.
Hay expectativas de inversión, pero pocos puestos de trabajo reales en el presente.
Qué decían los mensajes de la cuenta anónima atribuida a Martín Menem
A eso se suma una inflación que, aun lejos de los picos recientes, permanece alta en términos históricos y tarifas de servicios y transporte que siguen erosionando ingresos y paciencia social. El humor colectivo oscila entre la resignación y el escepticismo.
Es dentro de ese frasco, de esta situación sin salida aparente, donde los escorpiones del caputismo y el menemismo karinista empezaron a picarse entre sí. El affaire Rufus expuso a Martín Menem como un operador de una cuenta anónima que no sólo atacaba a Las Fuerzas del Cielo, sino también al propio Luis “Toto” Caputo y otros integrantes del oficialismo. La guerra digital explotó y expone las fracturas del Gobierno a plena luz del día. ¿Cuánto de los problemas que tiene el propio Gobierno son generados por filtraciones de ambos bandos para perjudicarse mutuamente?
El presidente Javier Milei intentó una operación para salir de la guerra interna con un viejo recurso: atacar al periodismo. Es decir, frente al conflicto interno, buscó reavivar la guerra contra un enemigo externo, una jugada clásica.
El Presidente se agarró de que el acusado de narcotráfico Fred Machado llegó a un acuerdo con la justicia estadounidense para declararse culpable del delito de lavado y otras acusaciones, cerrando la causa por narcotráfico. De esta manera, ataca a la prensa al decir que mentimos contra Espert. Vamos a leer el tuit.
“PERIODISTAS DE MIERDA (95%)
A José Luis Espert le DESTRUYERON la reputación, lo empujaron al ostracismo y quisieron convertirlo en un criminal mediante una OPERACIÓN POLÍTICA Y MEDIÁTICA INFAME.
Durante semanas lo ENSUCIARON, lo DIFAMARON y lo condenaron públicamente sin pruebas, sólo porque defendía las ideas de la libertad y les resultaba incómodo.
Pero finalmente, la Justicia de Estados Unidos aceptó la declaración de INOCENCIA respecto del narcotráfico del que se acusaba a la persona utilizada para golpear y ensuciar a José Luis Espert.
Ahora pregunto: ¿A quién carajo se le ocurre que, a los 58 años y después de toda una vida exitosa de trabajo en el sector privado, el profesor Espert entra en política para lavar dinero del narcotráfico?
Hicieron MIERDA a un tipo inocente. Le arruinaron la vida, le destruyeron la carrera política y buscaron dinamitar a uno de los pocos que llevaba MÁS DE 20 AÑOS defendiendo las ideas de la libertad en la Argentina.
¿Y todo por qué? Por MISERABLES. Por operadores. Por basura política y mediática que vive de destruir gente honesta.
Muchos periodistas y muchos políticos deberían pedir DISCULPAS PÚBLICAS. Pero todos sabemos que NO LO VAN A HACER, porque viven de operar, mentir, difamar y ensuciar. Y si surgiera el milagro de que algunos lo hicieran, no veríamos ni un DÉCIMO del tiempo empleado en pedirle disculpas con respecto al tiempo empleado en arruinarle la vida.
Es por eso que NO ODIAMOS LO SUFICIENTE A LOS PERIODISTAS.
Con José Luis Espert, SIEMPRE del lado de la verdad y de la libertad.
VIVA LA LIBERTAD CARAJO...!!!”
El planteo de Javier Milei sobre José Luis Espert tiene varios problemas. El principal es que presenta como una “declaración de inocencia” algo que no fue exactamente eso. En Estados Unidos, Federico “Fred” Machado —el empresario vinculado financieramente a Espert— no fue absuelto en un juicio por narcotráfico, sino que llegó a un acuerdo con la fiscalía: aceptó declararse culpable de otros delitos, como lavado y fraude, a cambio de que se retirara la acusación narco. Eso no significa que un tribunal haya probado su inocencia.
Además, aunque se descartara el narcotráfico, el vínculo económico entre Machado y Espert existió. El propio Espert reconoció haber recibido unos 200 mil dólares de una empresa ligada al empresario, algo que inicialmente había negado o evitado explicar. Por eso el tema no nació de una operación sin pruebas, sino de documentación judicial y movimientos financieros reales.
Milei también exagera cuando plantea: “¿Quién puede creer que Espert entró a la política para lavar dinero?”. En realidad, buena parte de las críticas nunca apuntaron a decir que Espert fuera un narcotraficante, sino a cuestionar la transparencia de sus vínculos económicos con una persona investigada por delitos graves. Son cosas distintas. Se puede pensar que Espert no cometió delitos y, al mismo tiempo, considerar legítimo que se investigue el origen y la naturaleza de esos fondos.
Tampoco es exacto decir que “lo condenaron sin pruebas”. Hubo documentos judiciales, transferencias registradas y vínculos reconocidos por el propio Espert. Se puede discutir si algunos periodistas exageraron o utilizaron políticamente el caso, pero no que todo haya sido inventado.
Finalmente, Milei convierte el episodio en una batalla épica contra “los periodistas de mierda”, para tapar el conflicto interno.
La aparición y posterior desenlace del caso Rufus exponen que la feroz interna libertaria dejó de ser una mera disputa de egos en las redes sociales para transformarse en una guerra abierta por el control de los negocios del Estado y los resortes económicos de la gestión. Las acusaciones que la cuenta anónima vinculada a Martín Menem lanzaba contra Santiago Caputo perforaron el blindaje del oficialismo porque no apuntaban a la pureza ideológica, sino a la cartelización de áreas estratégicas en favor del círculo íntimo del asesor presidencial.
Al ventilar públicamente la adquisición de Flybondi por parte del exespía Leonardo Scaturicce, señalado como operador y hombre de máxima confianza de Caputo para influir en las designaciones de control aduanero y recaudación, el perfil fake tocó una fibra extremadamente sensible. El ataque se profundizó al denunciar el vertiginoso desembarco de los hermanos Juan y Patricio Neuss, amigos de la infancia del estratega, en sectores neurálgicos como la red eléctrica de Transener y la licitación de la Hidrovía.
Vamos a ver un tuit viejo de la cuenta Rufus que ilustra las presuntas operaciones del menemismo karinista contra los seguidores de Santiago Caputo.
Para el ala del Gobierno alineada con Karina Milei y el titular de la Cámara de Diputados, estas maniobras corporativas representan la construcción de una fenomenal caja política paralela, diseñada por el entorno de Caputo para financiar estructuras de poder propias y consolidar un esquema de influencia que margina al resto del espacio. Cuando el error técnico del enlace reveló que detrás de estas delicadas filtraciones de información estaba la terminal de los Menem, la furiosa reacción del asesor tildando de incapacitados políticos a sus socios de gobierno desnudó la fragilidad de la alianza gobernante.
La utilización de cuentas fake para operar políticamente no es una novedad en este Gobierno. Desde el principio, hay varias cuentas sin nombre que postean mensajes que luego son compartidos por el Presidente u otros funcionarios. Como si fueran personas anónimas que opinan libremente que Milei toma como prueba de que la opinión popular está de su lado.
Estas cuentas provenían del ecosistema de Santiago Caputo, quien además tenía cuentas fake que ya habían sido identificadas por la prensa, SomeBody y SnakeDocLives.
Lo que sucedió fue que la misma táctica que usaban contra el resto de las fuerzas políticas las empezaron a usar para la lucha interna. Ya en 2024 se le atribuía a Martín Menem la cuenta Praetor de León. El periodista Luis Majul le preguntó por esto en su momento y esto respondió el presidente de la Cámara de Diputados.
Probablemente la pelea entre Martín Menem y Santiago Caputo haya iniciado como una pelea de egos, dos personas que se muestran como machos alfa, de familias poderosas del país que hace dos años no eran conocidos por nadie y ahora son parte del establishment político del país.
Los Menem, una familia ligada a la casta política y a las disputas de poder, mientras que los Caputo provienen más del sector privado aunque con negocios con el Estado y la política.
La pelea termina de tomar una dimensión familiar, cuando la cuenta fake de Martín Menem ataca al propio Toto Caputo. Como si la idea de una familia dentro del poder, una sociedad interna, no pudiese tolerar a otra sociedad haciéndose con el poder y los recursos del Estado. Una disputa digna de los Montescos y los Capuletos por los resortes del poder y la caja estatal.
El affaire Rufus institucionalizó una fractura donde el control de la botonera estatal y el reparto de los grandes contratos económicos de la Argentina se dirimen mediante operaciones cruzadas, carpetazos corporativos y un espionaje interno que amenaza con dinamitar el equilibrio del propio triángulo de hierro presidencial.
Del otro lado, el karinismo enfrenta acusaciones similares: la creación de un conjunto de negociados corruptos que tuvieron en el Caso ANDIS vinculado a Lule Menem y al 3% para Karina su punto más bochornoso.
La biología ofrece una metáfora útil para entender esta etapa. Cuando una célula no puede alimentarse del exterior, activa un mecanismo llamado autofagia: empieza a consumir partes de sí misma para sobrevivir. Algo parecido parece ocurrir en el oficialismo. Cuando el plan político y económico deja de expandirse sobre la realidad, las tensiones internas se intensifican y el organismo empieza a metabolizar sus propios conflictos para sostener una vitalidad cada vez más exigida.
Jorge Macri cruzó a Martín Menem por una eventual candidatura de Mauricio Macri
Claro que ningún frasco está cerrado para siempre. Siempre puede abrirse una salida inesperada. Un repunte económico, la concreción efectiva de inversiones del RIGI que alimenten la idea de un país en ascenso o un error opositor de gran magnitud podrían modificar el equilibrio. En política, incluso un escorpión herido puede encontrar la forma de salir del vidrio antes de morir envenenado.
Por lo pronto, la pelea entre Santiago Caputo y Martín Menem expone una disputa directa entre el asesor presidencial y Karina Milei y el hecho de que el Presidente no haya echado a Caputo representa un límite a su propia hermana. Un Gobierno que se devora a sí mismo porque no tiene éxitos concretos de cara a la población. En eso es similar al Frente de Todos.
Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi
MV/ff
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