Día 932: Karina y el efecto dominó
Las investigaciones judiciales, las denuncias por presuntas irregularidades y el desgaste político del Gobierno aumentan la exposición de Karina Milei en un escenario cada vez más complejo para el oficialismo.
El Gobierno corre el riesgo de un efecto dominó político si cae Manuel Adorni, una posibilidad que hoy atraviesa toda la interna oficialista.
El peligro central es justamente que la salida de Adorni no sea un cierre sino el inicio de una secuencia de caídas que impacte en el corazón mismo del poder.
La idea de comparar acontecimientos con fichas de dominó aparece a comienzos del siglo XX, pero alcanzó difusión mundial durante la Guerra Fría. En 1954, el presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower, popularizó la llamada “Teoría del Dominó”, según la cual si un país del sudeste asiático caía bajo gobiernos comunistas, los países vecinos probablemente seguirían el mismo camino, como una fila de fichas cayendo una tras otra. Entre los ejemplos que se mencionaban estaban Vietnam, Laos, Camboya, Tailandia y Malasia. Aunque esta teoría sigue siendo discutida por historiadores y politólogos, consolidó la imagen del dominó como una de las metáforas políticas más influyentes del siglo XX.
Sin embargo, la metáfora expresa una idea mucho más antigua: la de la reacción en cadena o el efecto cascada. Diversas culturas ya habían formulado imágenes equivalentes, como “un eslabón arrastra al siguiente”, “la primera piedra provoca el alud” o “el primer ladrillo que cae derrumba el muro”. El dominó simplemente ofreció una representación visual especialmente clara de ese fenómeno. Hoy la expresión se utiliza en múltiples campos —economía, política, empresas o vida cotidiana— para describir cómo un hecho puede desencadenar una sucesión de consecuencias. Incluso dio origen al concepto técnico de “efecto dominó”, empleado en física, ingeniería, epidemiología y teoría de redes para analizar procesos interdependientes donde un evento inicial activa una cadena de reacciones.
En la última edición de la revista Noticias, Juan Luis González analiza la relación entre Manuel Adorni y Karina Milei como parte de una misma lógica de poder dentro de La Libertad Avanza, donde las figuras más cercanas al núcleo presidencial no son desvíos sino expresiones del propio sistema.
Karina es descrita como pieza central del engranaje político y organizativo del oficialismo. No solo ordena, sino que también condensa las tensiones internas del espacio, al punto de que su influencia se vuelve, paradójicamente, una posible fuente de futuros conflictos. La idea de fondo de la nota de González es que, así como Adorni termina siendo presentado como “el hijo perfecto” del dispositivo Milei, también el ascenso y el modo de acumulación de poder alrededor de Karina contiene una lógica de riesgo: cuanto más concentrado y personalista es el esquema, más expuesto queda a que sus propias figuras clave se conviertan en origen de crisis cuando el sistema empieza a mostrar fisuras.
“Hay una clave en el armado libertario que no suele ser tan tenida en cuenta: antes que todo, La Libertad Avanza es un fenómeno profundamente lumpen, una colección de descartados que vieron en el economista de pelos largos la distante posibilidad de, en el mejor de los escenarios, cambiar el auto”, escribe Juan Luis González.
El poder no sólo atrae aliados, también funciona como un escudo. Mientras el "carro del vencedor" avanza, quienes viajan sobre él disfrutan de prestigio, influencia y una capacidad de defensa que va mucho más allá de los votos. Pero cuando ese carro se detiene, las reglas cambian. Los aliados se dispersan, la protección política se debilita y todo lo actuado durante el ejercicio del poder queda sometido a un escrutinio mucho más intenso.
Tras la caída de Adorni, Karina Milei representa hoy como pocas ese fenómeno. Convertida en la funcionaria más poderosa del Gobierno sin haber sido elegida en las urnas, concentra atribuciones, influencia y responsabilidades que, si el oficialismo pierde el poder, podrían transformarla en uno de los principales focos de atención política y judicial, acechada por investigaciones como las causas ANDIS y $LIBRA.
Durante décadas, la política argentina enseñó esta regla, que rara vez falla. El poder protege a los funcionarios en ejercicio. No necesariamente porque garantice impunidad perpetuamente, sino porque el Poder Ejecutivo y la presión democrática de la investidura presidencial, otorgada por el sufragio universal, ordenan prioridades, disciplina aliados y condiciona los tiempos de la Justicia.
Pero también existe otra constante: cuando un gobierno termina, los expedientes empiezan a caminar con una velocidad que antes parecía imposible.
Durante la Antigua Roma, el mayor honor que podía recibir un general era el triunfo en batalla. Después de una gran victoria militar, el Senado le autorizaba a recorrer la ciudad en un carro triunfal tirado por caballos blancos, rodeado de sus soldados, el botín de guerra y los prisioneros capturados. Ese desfile representaba la consagración pública del vencedor como el hombre más poderoso del momento. Desde entonces, la imagen del "carro del vencedor", como metáfora, quedó asociada al éxito, al prestigio y a la atracción que ejerce el poder sobre quienes buscan acercarse a él.
En la ciencia política moderna se habla del bandwagon effect, "efecto carro del ganador". El concepto describe la tendencia a alinearse con quien perciben como triunfador. Es el reflejo de una lógica tan antigua como la política misma: el poder atrae adhesiones.
Pero la física enseña que ningún carro avanza para siempre. Cuando el vencedor comienza a perder fuerza, muchos de los que corrían detrás suyo buscan bajarse antes de que el vehículo se detenga. La lealtad suele durar mientras dura la expectativa de victoria. Por eso, en política, tan importante como observar quiénes se suben al carro del vencedor es prestar atención a quiénes empiezan a saltar de él: muchas veces, ese movimiento anticipa el inicio del cambio de época.
Y además, también existe el efecto contrario, el "carro del perdedor". Si el bandwagon effect explica por qué tantos se acercan al poder cuando parece invencible, el fenómeno inverso describe la estampida que se produce cuando ese poder empieza a resquebrajarse. En ese momento, la protección política se debilita, la soledad del poder se vuelve evidente y las causas judiciales encuentran un nuevo impulso. Cuando el carro del vencedor pierde velocidad, casi nadie quiere quedar arriba de él.
Un repaso por la política internacional muestra que el fin del poder suele abrir una nueva etapa de escrutinio judicial para el entorno familiar de los gobernantes. En Perú, tras la caída del régimen de Alberto Fujimori, no sólo el exmandatario fue condenado a prisión, sino que sus hijos también quedaron alcanzados por la Justicia. Keiko Fujimori cumplió prisión preventiva en el marco de la investigación por presunto lavado de activos vinculado al caso Odebrecht, mientras que Kenji Fujimori (hijo de Alberto Fujimori), fue condenado por tráfico de influencias en el caso conocido como los "Mamanivideos", aunque posteriormente esa sentencia fue anulada y el proceso continuó en otras instancias.
Otro antecedente relevante es el de Egipto. Tras la caída de Hosni Mubarak durante la Primavera Árabe, sus hijos, Gamal Mubarak y Alaa Mubarak, fueron detenidos y sometidos a juicio por corrupción y enriquecimiento ilícito. Aunque años después obtuvieron absoluciones en algunas causas y otras resoluciones favorables, el episodio ilustró un patrón recurrente en numerosos países: una vez que desaparece la protección política que brinda el ejercicio del poder, los familiares más cercanos del jefe de Estado suelen quedar mucho más expuestos al avance de fiscales y jueces. Eso no implica necesariamente una condena, pero sí un cambio drástico en el nivel de control judicial sobre quienes integraban el núcleo del poder.
Además, hay varios casos muy conocidos en los que un gobierno comenzó a perder ministros uno tras otro hasta que el jefe de gobierno terminó renunciando o el gabinete colapsó. Uno de los ejemplos más recientes y citados es el de Boris Johnson en el Reino Unido (2022), considerado el caso más puro del “efecto dominó”. La secuencia fue acelerada: renunció el ministro de Salud, Sajid Javid, seguido minutos después por el ministro de Hacienda, Rishi Sunak. En apenas 48 horas, más de 50 funcionarios dejaron sus cargos, incluyendo alrededor de 30 ministros y viceministros, dejando al gobierno prácticamente paralizado hasta que Johnson anunció su renuncia como líder del partido y luego como primer ministro el 7 de julio de 2022. Este episodio se estudia hoy como un “dominó ministerial” en estado casi experimental.
Carlos Maslatón: "Karina Milei es la presidenta adjunta de la República Argentina"
Otros casos históricos muestran dinámicas similares, aunque con matices distintos. En Estados Unidos, durante el escándalo de Watergate (1974), fueron cayendo sucesivamente asesores, el jefe de gabinete, el fiscal general y varios colaboradores de la Casa Blanca hasta que Richard Nixon perdió el respaldo político y renunció. En Argentina, en la crisis de 2001, la salida del vicepresidente Carlos Álvarez, los sucesivos cambios en el Ministerio de Economía y la erosión del apoyo político terminaron en la renuncia de Fernando de la Rúa. También en Líbano (2020), tras la explosión del puerto de Beirut, dimitió más de un tercio del gabinete hasta que cayó el gobierno de Hassan Diab, mientras que en Italia (2011) la crisis de deuda llevó a la pérdida de la mayoría parlamentaria de Silvio Berlusconi. Desde la ciencia política, este fenómeno suele describirse como una “cascada de renuncias”, donde cada salida incrementa la presión sobre los funcionarios restantes hasta que permanecer se vuelve políticamente más costoso que irse.
En la política argentina también se han visto dinámicas que recuerdan a un efecto dominó, aunque de distinta escala y velocidad. Un caso claro fue la salida de Domingo Cavallo y la posterior caída de Fernando de la Rúa en 2001, donde la pérdida progresiva de apoyo político y renuncias dentro del gabinete aceleraron el colapso del gobierno. Algo distinto, pero con un impacto político acumulativo, ocurrió durante la gestión de Alberto Fernández con la renuncia de Martín Guzmán: no provocó una caída inmediata del gobierno, pero sí abrió una crisis de autoridad y coordinación que marcó el tramo final de la administración.
Sin embargo, estos episodios no son directamente comparables con figuras de mayor centralidad dentro de un gabinete, como podría ser Manuel Adorni en el esquema actual. Un verdadero punto de quiebre solo se asemejaría a un impacto mayor, por ejemplo una eventual salida de un ministro de peso como Luis Caputo. Aun así, estos casos sirven para ilustrar una idea básica: en política, una sola pieza puede no derribar el sistema de inmediato, pero sí iniciar un proceso acumulativo donde cada movimiento debilita al siguiente, hasta que el equilibrio se vuelve insostenible.
Hoy la hermana del Presidente concentra un nivel de influencia inédito para alguien que nunca pasó por las urnas. Decide candidaturas, administra el acceso al jefe de Estado, interviene en la estrategia electoral y se convirtió en el verdadero centro de gravedad del oficialismo. La mayoría de las decisiones importantes terminan pasando por su despacho.
Pero quizás la principal preocupación de Karina Milei no sea la próxima elección. Ni siquiera la próxima crisis económica. Su mayor desafío podría comenzar exactamente el día en que deje de ser la funcionaria más poderosa de la Argentina.
Es difícil que la salida de Manuel Adorni haya puesto fin a la crisis política que atraviesa la administración de Javier Milei. De hecho, quizás su retirada del cargo sea sólo el comienzo de una investigación para ver dónde termina la punta del ovillo. Muchos especulan con que el hilo lleve directamente hacia Karina y Javier Milei.
Muy probablemente parte de la explicación del respaldo público que el Presidente mantuvo hacia Adorni hasta el último momento esté vinculado a este punto.
Ayer, el analista de imagen digital Diego Corbalán analizó en este mismo programa que el escándalo de Adorni destruyó la iniciativa del oficialismo en “la calle online”, y que Milei está preocupado de que la Justicia avance contra su hermana.
1. Diego Corbalán: “Milei teme que la Justicia avance contra Karina” (1:14)
El vínculo personal de los hermanos Milei ayuda a comprender la intensidad con la que ambos se defienden mutuamente. El propio Javier Milei contó en distintas entrevistas que durante su infancia sufrió episodios de violencia por parte de su padre y que era Karina quien muchas veces se interponía para protegerlo. Esa experiencia compartida consolidó una relación de confianza absoluta. Décadas después, esa alianza familiar se trasladó a la política: “Como Moisés y Aarón”, dijo Milei en una ocasión.
Si algún día el poder deja de proteger al oficialismo y las investigaciones judiciales continúan avanzando, es posible que Karina Milei se convierta en el eslabón más expuesto de ese entramado. La hermana que, según el propio Presidente, lo resguardaba de los golpes de su padre cuando eran niños, podría necesitar entonces una protección que ni siquiera el jefe de Estado esté en condiciones de ofrecerle.
Esta semana, el lunes, pasó por el programa Marcela Pagano, protagonista de varias denuncias contra Karina, como aquella en que la diputada nacional, en mayo de 2026, denunció la contratación de su amiga y asistente personal (Andrea Juárez) con fondos del Estado y por presuntas irregularidades en una licitación de 700 millones de pesos para el mantenimiento de la Quinta de Olivos.
Durante la entrevista, Pagano expresó su deseo de que la Justicia investigue hacia arriba para determinar si el presidente Javier Milei o la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, estaban al tanto de las irregularidades atribuidas a Manuel Adorni.
2. Marcela Pagano: "Si fuese Milei estaría muy preocupada por la mujer de Adorni" (0:42)
Ahora veamos otro fragmento, donde la diputada habla del verdadero poder que tiene Karina Milei.
4. Marcela Pagano: “Karina es la verdadera presidenta”
La causa más avanzada es la investigación sobre presuntas irregularidades en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), donde la Justicia investiga un esquema de sobornos y desvío de fondos públicos. En paralelo permanece abierta la causa por la criptomoneda $LIBRA. Allí todavía no existen procesamientos contra Karina Milei, pero las querellas impulsan medidas para esclarecer su eventual intervención, especialmente después de nuevos peritajes sobre teléfonos y registros de comunicaciones incorporados al expediente.
El caso $LIBRA también roza a Manuel Adorni. Hugo Alconada Mon reveló que el entonces vocero se encontraba en la Quinta de Olivos cuando Javier Milei publicó el tuit que impulsó la criptomoneda, un dato que alimentó las dudas sobre quiénes conocían previamente la operación y cómo se tomó esa decisión. Al mismo tiempo, todavía no se sabe de dónde provino el patrimonio que Adorni no pudo explicar. Hasta el momento no existe una prueba pública que vincule ese patrimonio con el expediente $LIBRA, pero la coexistencia de ambas investigaciones mantiene abierto un conjunto de interrogantes que la Justicia busca responder.
Escuchemos la explicación que daba Alconada Mon en marzo de este año sobre por qué no le soltaban la mano a Adorni.
3.Hugo Alconada Mon - Por qué no echan a Adorni (1:07)
Y previo a todas estas causas, Karina enfrentó denuncias públicas por tráfico de influencias y venta de candidaturas.
La más conocida fue presentada por los diputados Mónica Frade y Maximiliano Ferraro, quienes la acusaron de posible cohecho, tráfico de influencias e incumplimiento de la Ley de Ética Pública. La presentación judicial tomó como punto de partida distintas versiones según las cuales empresarios del mundo cripto habrían pagado sumas de dinero para conseguir reuniones con Javier Milei, aprovechando que la agenda presidencial era administrada por la Secretaría General de la Presidencia, encabezada por su hermana.
Con el avance de la causa $LIBRA, esas sospechas cobraron una nueva dimensión. Los peritajes sobre el teléfono de Mauricio Novelli incorporaron audios en los que aparecen referencias a pagos destinados a "Karina", además de mensajes sobre entregas de dinero y reuniones con el entonces candidato y luego presidente Javier Milei.
Uno de los aspectos que más preocupa al Gobierno no es solamente la prueba documental sino también la posibilidad de que alguno de los imputados decida acogerse al régimen del arrepentido. Esa figura cambió la historia de varias investigaciones por corrupción en Argentina.
Los abogados querellantes sostienen precisamente esa hipótesis. Gregorio Dalbón afirmó públicamente que la investigación podría escalar mediante declaraciones de imputados que busquen mejorar su situación procesal. Es una opinión del denunciante, no una conclusión judicial, pero refleja el escenario que sobrevuela la causa.
Y esto ocurre en el contexto de un frente de desgaste que trasciende los tribunales. El caso Adorni monopolizó durante semanas la agenda pública y obligó al Gobierno a responder sobre denuncias patrimoniales y judiciales en lugar de instalar los temas que pretendía impulsar. La crisis política se produjo, además, en un contexto económico más complejo que el de los primeros meses de gestión. La desaceleración de la actividad, con cierres de empresas y comercios, la persistencia de tasas de financiamiento muy elevadas y las dificultades para sostener el consumo comenzaron a erosionar el principal activo del Gobierno: la expectativa de mejora económica.
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Aunque el Presidente conserva un núcleo de apoyo importante, el desgaste dejó de ser exclusivamente político para convertirse en un problema de confianza. Y cuando un gobierno pierde iniciativa, baja en las encuestas y deja de monopolizar el relato público, también comienza a debilitarse ese escudo invisible que suele otorgar el ejercicio del poder. Es precisamente en ese momento cuando el "carro del vencedor" empieza a perder velocidad y las investigaciones judiciales adquieren una dimensión política mucho mayor, más no sea como la sombra de una amenaza futura.
Si el deterioro se profundiza, el riesgo para Karina Milei será grande. Dejará de ser la pieza central de un engranaje de poder para convertirse en una figura evaluada con dureza desde la distancia de un ciclo terminado. En la lógica implacable del “carro del vencedor”, ese tránsito suele ser el más delicado, porque es allí donde, sin la protección y benevolencia del poder, los exfuncionarios quedan obligados a afrontar las consecuencias de sus actos.
Producción de texto e imágenes: Facundo Maceira
MV/ff
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