escenario incierto hacia 2027

Eduardo Fidanza: “Aún hoy en un balotaje Milei le sigue ganando a candidatos peronistas”

El analista político advirtió sobre la debilidad opositora. “Hoy no tenemos una buena oposición”, dijo y sostuvo que los datos muestran un fuerte rechazo al peronismo, especialmente a Cristina Kirchner.

Eduardo Fidanza Foto: Cedoc

Aunque crece el malestar con la gestión libertaria, el escenario electoral todavía favorece al oficialismo. “Alrededor del 60% dice que quiere un cambio de gobierno”, señaló Eduardo Fidanza en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), pero advirtió que, al proyectar una segunda vuelta, “cuando uno arma los escenarios de balotaje con Milei versus alguna figura del peronismo, Milei gana el balotaje”. Según el analista, esta aparente contradicción se explica por la debilidad opositora y el persistente rechazo hacia el peronismo. 

Eduardo Fidanza es licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires, especialista en Sociología del Desarrollo por el Instituto de Cooperación Iberoamericana de Madrid. Es socio fundador y director de Poliarquía Consultores, una de las consultoras líderes en estudios de mercado y encuestas electorales en el país. Fue profesor titular de Teoría Sociológica en la UBA durante más de dos décadas, donde fundó la cátedra dedicada al pensamiento de Max Weber. Además, es miembro de número de la Academia Nacional de Periodismo y forma parte de organizaciones internacionales de investigación y opinión pública como WAPOR. 

Escribiste textualmente en una de tus columnas: “Es más grave que el desgaste normal de un gobierno, porque estaría quebrándose la credibilidad de los dos pilares del proyecto libertario: la ética pública y la nueva economía". Cuando se derrumban los pilares de una estructura, se cae la estructura. ¿Estamos frente a esa situación?

Esto que yo planteo es incipiente. Eso es lo que estamos viendo en los estudios cuantitativos y cualitativos de opinión pública. Tiene que ver con cómo el gobierno planteó su gestión, ante todo, como una gesta moral. ¿Fue oportuno o fue oportunista? Porque señaló a la élite política, en parte a la económica, que llamaríamos el establishment, y trabajó sobre el cansancio y el resentimiento de la sociedad en relación con las élites.

Algo que no es nuevo, pero le puso una carga moral muy fuerte. Fijémonos que el presidente dice que la moral tiene que ser una política de Estado. Entonces, la desilusión esta, incipiente, tiene que ver en primer lugar con esto: con la diferencia entre el parámetro moral que se auto fija el gobierno y las conductas de ciertos funcionarios, en este caso concentradas en el jefe de Gabinete.

El segundo punto es el punto de la economía. Cristina Kirchner le entregó el gobierno a Mauricio Macri con 25% anual, y estamos hablando de una inflación del 30% después de un ajuste severísimo que lleva dos años. ¿Qué es lo que está pasando? Una vez que decimos la inflación pasó de 200 a 30, lo que tenemos que ver es el trade-off entre nivel de inflación y nivel de los ingresos y, además, tasa de ocupación. Lo que está ocurriendo es que, con este nivel de inflación, los ingresos no alcanzan y además aparece el temor a perder el trabajo, efectivamente el testimonio de haberlo perdido. Esta es la base de mi comentario.

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Uno podría decir que ese 200 de inflación no es representativo de la tendencia. Fue un pico; de hecho, la inflación venía a 6% mensual. 80% anual, pero no era 200. Entonces, bajarla de 80 a 30 es el punto, con el nivel de recesión que se produce.Esa es probablemente la diferencia. En el programa que nos precede aquí, Marcelo Longobardi hacía una comparación con lo de Adorni, con aquella famosa tapa de Noticias de María Julia Alsogaray. Como una especie de escándalo pornográfico, en el que ahora la cascada, el piso de mármol travertino y todas estas cuestiones nimias y secundarias pasan a tener el grado de pornografía. Por tu propia experiencia, ¿hechos como este quedan marcados, así como fue aquel caso de María Julia Alsogaray, en la mente de la gente?

Lo primero que hay que decir es que hay una esfera mediática, que hoy es más compleja, porque ahí hay que incluir no solamente los medios convencionales, sino las redes sociales. Pero luego está el conjunto de la sociedad, que por supuesto participa de las redes. Pero lo que se observa, y ya esto es una observación casi de una regularidad, es que, en ocasión de la insatisfacción con la economía, se despierta la sensibilidad con la corrupción.

Y esto funciona más o menos así: un funcionario se está montando una casa, con la famosa cascada y los famosos cerámicos. Mientras tanto, yo la estoy pasando mal, no me alcanza con dos trabajos, los ingresos cada vez son menores, no hay oportunidades. Ahí es donde se produce el cruce entre el problema económico y la corrupción.

Hay algo además en el caso Adorni, como fue el caso que vos referís de María Julia Alsogaray, que es una cuestión de banalidad que además está combinada con una especie de actitud sobradora, de actitud despectiva, de actitud de desprecio. Por ejemplo, Milei: un caso de agresividad directa. Pero Adorni se junta con su jefe en el punto del desprecio. Es decir, “ustedes no son más que periodistas”, siendo él un periodista. No tiene la gravedad de llamar a los periodistas “basuras humanas”, pero el desprecio está presente como estilo. Así que este es el punto.

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Quiero agregar algo más, porque los frentes que tiene abiertos el gobierno son muy complejos. Acá hay un punto que hay que analizar: ¿por qué el caso Adorni se ha convertido en un caso tan transparente desde el punto de vista de la justicia? ¿Por qué, en cuanto sale el arquitecto o la persona que hace los arreglos, ya sabemos sus declaraciones? ¿Por qué está ocurriendo esto? Bueno, creo que acá hay también un conflicto que no lo disculpa de ninguna manera Milei, pero eso es otro frente que hay que preguntarse: ¿qué pasa entre el gobierno y la Justicia? El ministro de Justicia es un conocido operador del ámbito judicial. Ahora el juez Lijo, que tiene esta causa y que ha dormido muchas causas, ahora tiene velocidad y además se revelan los hechos.

Esto también nos lo tenemos que preguntar, porque mi impresión es que hay una crisis en las élites. Empezamos a ver la desconfianza de muchos protagonistas del arco empresario, la duda de los inversores respecto a las actitudes del gobierno. No son solamente las encuestas adversas: es una crisis de la relación del gobierno con otras instancias de poder en la Argentina.

¿Cuánto afecta a la imagen del propio Milei que mantenga a Adorni? ¿Y si creés que hay alguna forma de error en mantener a Adorni, o que es intencional y obedece a algún tipo de estrategia, como por ejemplo uno podría suponer, no dar el brazo a torcer con los periodistas, dado que Adorni representa el significante antiperiodista?

Eso lo hemos visto en otros gobiernos: los gobiernos, bajo la presión de los medios, consideran que si le piden la renuncia a un funcionario sospechado, lo están entregando al enemigo. Entonces resisten. Pero hay un punto en donde se puede resistir un tiempo, pero esto ha entrado en una dinámica como si fuera una bola de nieve. Hoy tenemos el día posterior a la revelación de los 245.000 dólares, y esto viene ocurriendo hace dos meses, y los indicadores de opinión pública del gobierno están en descenso.

Y en ese descenso, además, pesa la economía, pese a la percepción de corrupción. Adentro del mismo gobierno hay ya suficiente ruido como para pensar que tal vez el funcionario sospechado no pueda seguir siendo mantenido, porque en un momento los costos son mayores que los beneficios o lo que la estrategia del gobierno considere. Esto tiene una dinámica demasiado veloz y, efectivamente, y eso se le atribuye al ministro de Economía, está repercutiendo en la confianza en una economía que atraviesa problemas, pero necesita confianza desde el punto de vista de los actores económicos, y esto es contraproducente.

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¿Qué estamos viendo también, algo que no es exclusivo de este gobierno? Es el repliegue, la actitud defensiva. Esto que podemos imaginar: que hoy Milei está rodeado solamente de aquellos que le van a decir que sí y no lo van a cuestionar. Y después esta particular cuestión de cómo está estructurado el poder presidencial, depositado en dos personas que uno puede decir, si vamos a la fórmula weberiana: uno tiene el carisma y el otro tiene la administración. Tanto carisma como administración se desgastan. El gobierno libertario está sufriendo algo que es universal, que es el desgaste. Frente al desgaste corresponde reelaborar las estrategias, reconsiderar, ver autocríticamente dónde están los errores, pero lo que sucede es a la inversa: el gobierno se cierra.

Sin embargo, cuando uno contempla los dos años del gobierno libertario, hay algo bifronte, o hay algo del dios de las dos caras. Por un lado está Milei: el que insulta, el que rebaja, el que desprecia, el sospechoso también de actos intransparentes, el del festival de rock. Después hay un gobierno que ha negociado en la Cámara de Diputados, ha negociado en la Cámara de Senadores, que ahora mismo está evaluando qué hacer con las PASO, porque la PASO podrá ser modificada; ahora dicen que puede ser la PAS, sin la O de obligatoria.

Este es un gobierno que negocia. Entonces, eso también hay que considerarlo, porque a pesar de los gritos y los insultos, Milei ha permitido que el gobierno negocie. Entonces arrancó con 40 diputados en 2023, o en el período 2024, y ahora ha logrado más de 140 en determinadas votaciones. Quiere decir que ahí hay una capacidad de articulación política que hay que ver cómo ahora se pone en juego.

La crónica del día de hoy o de ayer: Karina Milei fue a ver a Martín Menem. Se habla de que los Menem pueden adquirir más poder dentro del gobierno. Ahí hay movimientos y tensiones entre la actitud autoritaria, dogmática, y la mediación política. Por eso digo: adentro del gobierno hay también una lucha de visiones que hay que ver cómo se resuelve, pero con un presidente encerrado en sí mismo y no dispuesto a escuchar otra versión de la realidad si no es la que él sanciona como favorable, positiva, buena.

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¿Cómo imaginás el rearmado de la oposición de cara a 2027 y cuáles son los desafíos que enfrentaría un eventual gobierno de la oposición después de un período tan extrovertido como, si se concluyese, hubiera sido el de Javier Milei?

En primer lugar voy a decir que me parece que Milei ejecutó brutalmente un programa que estaba implícito, o más o menos explícito, en los candidatos que disputaron la presidencia en 2023. ¿A qué me refiero? A que un país como la Argentina tiene que tener ciertos parámetros macroeconómicos que ya son cuestiones técnicas; por ejemplo, el equilibrio fiscal, del cual creo que Milei hace un dogma, pero por otro lado es una realidad. Si hoy el peronismo está hablando de equilibrio fiscal, voy a hacer un contrafáctico: es muy probable que si hubiera ganado Sergio Massa, hubiera también habido un ajuste en orden al equilibrio fiscal.

Quiero decir, el equilibrio fiscal es un antes y un después. Podrá haber desvíos, pero nunca los desvíos de cuatro o cinco puntos respecto del PBI que tuvimos en el pasado. Esta es una primera cuestión. Esto lo ejecuta Milei de una manera en que podemos no estar de acuerdo, pero lo ejecuta. Pero respondía a un consenso de la clase política, de la clase empresaria.

Ahora, en torno a esa premisa, una oposición tiene que resolver la cuadratura del círculo: esto es, el equilibrio entre una economía estable y una sociología económica por la cual el costo del equilibrio macroeconómico no signifique que la sociedad sufre más allá de los niveles que puede tolerar. Hay que resolver la contradicción. El Estado tiene superávit fiscal y millones de familias tienen déficit en su economía familiar. Hay algo que no se sostiene.

El gobierno tiene que lograr mantener equilibrio fiscal y que las economías familiares mejoren. Si no lo logra el gobierno, lo va a tener que lograr la oposición. Y ahí va a haber que revisar un punto, además, que se discutió mucho en el gobierno de Macri: shock versus gradualismo. Creo que de shock tuvimos suficiente. Habrá que plantear ahora otras medidas.

Porque en democracia un plan económico no es exitoso simplemente en términos de la ciencia económica: para ser exitoso tiene que cumplir un requisito, que cuando llegue el momento de evaluar al gobierno que lo aplicó, suficientes votantes quieran sostenerlo y seguir adelante.

Hay una famosa teoría económica de la democracia, de 1957, de Anthony Downs, que dice que a la hora de votar la gente evalúa su situación material. Si la juzga buena, vota al gobierno; si no, vota a la oposición. Ahora, ¿a una oposición de qué calidad? Hoy no tenemos una buena oposición, no tenemos oposición, y eso explica por qué el gobierno sigue teniendo un crédito y un horizonte.

Cuando uno pregunta si la gente quiere un cambio de gobierno o quiere seguir con este gobierno, alrededor del 60% dice que quiere un cambio de gobierno. Pero cuando uno arma los escenarios de balotaje con Milei versus, por ejemplo, alguna figura del peronismo, Milei gana el balotaje. Esa es la primera indicación. El peronismo está muy complicado para enfrentar a Milei en un balotaje. Este no es un juicio de valor sobre el peronismo: es lo que están arrojando las investigaciones que hacemos nosotros y otros colegas. Al peronismo le va a ser muy difícil explicar lo que pasó antes, y tenemos la certeza, por los datos, de que la gente tiene rechazo hoy por el peronismo; tiene rechazo, sobre todo, por Cristina Kirchner.

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Lo que se le va a pedir a un gobierno que sustituya a Milei, si tal cosa sucediese, es que mantenga el superávit fiscal y que, al mismo tiempo, logre que haya crecimiento y desarrollo, que es lo que se le pidió a la Alianza y no pudo mantener.

Pero acá hay un punto importante. La Argentina que viene es una Argentina que, en virtud de energía y minería, está cambiando la ecuación de su tenencia o ausencia, o falta de divisas. Entonces, lo primero es que vamos a una Argentina que va a tener más divisas y, como dicen los economistas, va a superar eventualmente la restricción externa. Esto es un punto importante, no porque ello vaya a solucionar los problemas argentinos, sino porque eventualmente le va a proveer al Estado de recursos que habrá que ver cómo se utilizan para tener mayor equilibrio macroeconómico y, a su vez, equilibrio social.

Y acá viene una discusión más de fondo: ¿a qué Argentina aspiramos?, ¿o a qué Argentina aspira el gobierno?, ¿y a qué Argentina puede aspirar la oposición? El gobierno lo que está diciendo es que la gran dinámica viene por el lado de energía y minería, y despectivamente está dando a entender que los castigados van a ser los conurbanos, y en especial el conurbano de Buenos Aires; pero a su vez reconocen que se destruye más rápido que cómo se construye.

Yo no creo que 250 años después podamos restablecer un Potosí. Quiero decir, en el Virreinato del Río de la Plata, la riqueza primera venía de Potosí. ¿Qué riqueza era? Minera. ¿A quién favorecía? Al norte del país. En ese momento el puerto era una pampa desértica, pero después transcurrió la historia y así se armó estructuralmente la Argentina.

Y te voy a decir un dato: hay que leer un artículo de María Julieta Rumi, de La Nación, la semana pasada, que hace un análisis, creo que de un informe oficial que dice que hay 11 provincias que están fuera del RIGI, o sea, fuera de las nuevas inversiones; entre ellas, por supuesto, provincia de Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires, etcétera.

Y de las provincias que están en el RIGI hay un cálculo de nivel de inversión; en relación con ese nivel de inversión, la cantidad de trabajos directos e indirectos que se podrían crear. La primera provincia por inversiones es San Juan, después Catamarca y después Neuquén. Te digo los datos: en San Juan la inversión es del orden de 25.000 millones de dólares y el empleo directo e indirecto previsto es de 55 o 60 mil puestos de trabajo. Hay que tenerlo en cuenta.

El peronismo es una opción. Hoy el peronismo perdería una elección con Milei, como yo dije, pero todavía falta mucho por recorrer. Entonces, el gobierno, los ultraliberales, tienen que estudiar historia argentina, tienen que ver la estructura social argentina y tienen que ver cómo van a equilibrar, las áreas de la economía de capital intensivo y la serie de economía de trabajo intensivo. Esa es una discusión que está, y yo ahí veo un gobierno trabado entre sus agresiones, sus cuestiones, sus sospechas de corrupción, un plan económico de corto alcance, que por supuesto está buscando las inversiones, pero estoy viendo poca visión, poca actitud visionaria. Porque el jefe de Estado está involucrado en una guerra contra lo que él cree que son sus enemigos.

 Y cuando nosotros vamos hacia atrás, uno puede volver a decir: este ultraliberalismo está debatiendo con una idea más nacionalista, si querés, o una idea más industrialista, etcétera. Esto viene de lejos, y lo que hay es enfrentamiento en lugar de mediaciones. Yo ya, a esta altura, abandoné la idea de los grandes pactos, de la ejemplaridad republicana, de que necesitamos estadistas. Me conformo con mediaciones para que haya políticas públicas con cierta continuidad.

Y agrego algo más, porque eso lo escribí en la última columna: existe en la Argentina la democracia procedimental, existe el procedimiento de ir a votar, existe la creencia de que, si uno va a votar, se van a contar en forma transparente los votos, y existe la creencia de que el que pierda va a aceptar su derrota y va a dar lugar a la alternancia. Eso lo tenemos que recordar, porque así funcionó felizmente la Argentina desde 1983.

Y hoy, más allá de las guerras ideológicas y los insultos, observemos si este gobierno está dispuesto a aceptar los procedimientos. Por la cantidad de negociaciones que ha encarado en relación con la vida legislativa, pienso que está acatando los procedimientos, y esos procedimientos son los que lo pueden poner afuera del poder a Milei el año que viene si Milei no logra resolver los problemas que tiene enfrente.

 

RM/ff