El futuro del trabajo

“El monotributista anticipó al Rappi, no tendría que haber aparecido”

Jorge Sola, integrante del triunvirato de la CGT, cuestionó el rumbo del sindicalismo frente a las nuevas formas de empleo y advirtió que el monotributismo anticipó la transformación laboral que luego profundizaron plataformas como Rappi.

La reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei en 2025 busca modernizar y flexibilizar el régimen laboral argentino Foto: Noticias Argentinas

El mundo del trabajo cambió y, con él, también la relación entre los trabajadores, la política y las organizaciones sindicales. Jorge Sola, secretario general del Sindicato del Seguro e integrante del triunvirato de conducción de la CGT, sostuvo que el sindicalismo enfrenta el desafío de comprender una realidad en la que el empleo dejó de ser necesariamente estable y en la que nuevas formas de trabajo modificaron las identidades tradicionales. En diálogo con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia, por +PerfilRadio Perfil (AM 1190), planteó una autocrítica sobre el papel del movimiento obrero frente a esas transformaciones.

Sola señaló al monotributismo como uno de los primeros síntomas de esa transformación y afirmó que “el monotributista no tendría que haber aparecido”, porque anticipó una forma de trabajo más líquida, similar a la que luego expresaron plataformas como Rappi. Para el dirigente, esa mutación laboral también tuvo consecuencias políticas y sociales: trabajadores que antes se identificaban con el peronismo comenzaron a votar a La Libertad Avanza, mientras creció una lógica de “cuentapropismo emocional” basada en la idea de que cada individuo puede salvarse por sí mismo.

Jorge Sola es un dirigente sindical que se desempeña como secretario general del Sindicato del Seguro e integra el triunvirato de conducción de la CGT junto a Octavio Argüello, de Camioneros, y Cristian Jerónimo del Vidrio. Es abogado graduado de la Universidad Nacional de Rosario, con un posgrado en Sociología y Ciencias Políticas en FLACSO. También se ha desempeñado como profesor de Ciencias Biológicas.

Jorge, un gusto de tenerlo acá. Me hace reflexionar cómo fue cambiando el sindicalismo argentino y la CGT, ¿no? O sea, tenemos un abogado, al mismo tiempo técnico mecánico, profesor de Ciencias Biológicas y diplomado en Ciencias Políticas por FLACSO.

Sí, en la de Construcción.

En la de Construcción. A ver, cuéntenos, ¿cómo fue esa de Construcción?

Bueno, básicamente, siempre digo, mis viejos... Mi papá no pudo terminar la escuela primaria, mi vieja a los ponchazos, tengo una hermana que también terminó solo en la escuela primaria. Una familia muy humilde, donde muchas veces faltaba la comida. Yo soy del interior, del interior profundo, de Venado Tuerto. Mi papá trabajó en el campo mucho tiempo, después fue trabajador camionero, y mi vieja, empleada doméstica, trabajaba en las casas. Así que apostaron porque el más chico, que soy yo, pudiera tener una educación. Creían que la educación salvaba. Yo soy hijo de la justicia social, y me dieron la posibilidad de estar en el mismo escalón que gente de otro poder adquisitivo o de otras capacidades para poder llegar. Así que estudié siempre en la escuela pública, en el industrial, donde me recibí de técnico mecánico, e hice tres años de Ingeniería en Construcciones, que fue una carrera interrumpida. Y después, nada, entendí que me parecía que sí, que la educación era un lugar... Mi vieja siempre dijo que nos salvaba.

¿Usted hizo industrial y después Derecho?

Hice industrial. No, después terminé el terciario, que fui profesor de Biología. Rendí para ingresar como guardaparques nacional, había rendido bien y, bueno, no lo hice. Entonces estudié profesorado de Biología. Y después estudié Derecho, mientras era padre, mientras trabajaba en Buenos Aires, vivía en Venado Tuerto, pero estudiaba en Rosario. La carrera la hice libre, no cursé. Y después de ocho años me recibí y seguí en la diplomatura de Sociología y Ciencias Políticas en FLACSO. Bueno, siempre me preparé para ser un mejor dirigente gremial a partir de estudiar Derecho. Y esa siempre fue mi manera de pensar que podía discutir de igual a igual con quienes discutían los derechos de los trabajadores, pero tenía que tener conocimientos.

¿Qué le cambió la perspectiva de lo que debía ser el sindicalismo haber pasado por un posgrado en Ciencias Políticas en FLACSO?

En principio, digamos, no aferrarme a los dogmas, que a veces suelen ser las cuestiones institucionales y a veces corporativas. Los dogmas son los que se repiten durante mucho tiempo, y ver que la sociedad va mutando, va cambiando. Y en este momento de dinámica permanente de cambio me abrió mucho la cabeza en ese sentido. Y en comprender también a quienes representamos, que son trabajadores, que tienen, por supuesto, el concepto del trabajo, la mayoría, como ordenador social, pero que en cada etapa de las sociedades van teniendo una interacción no solamente con quienes los representan, en este caso los dirigentes gremiales, sino entre sí diferente. No es lo mismo la solidaridad del mundo del trabajo en la Revolución Industrial del siglo pasado que la que está ahora. Siempre digo que la podemos parangonar con lo que Bauman llamaba la sociedad líquida. Para mí había un trabajo sólido antes, que era aquel trabajo del obrero, del empleado de fábrica, que empezó a transformarse en un trabajo de la sociedad, un trabajo líquido. El trabajo líquido es ese que no dura mucho tiempo, que para poder trabajar puede laburar de mozo y luego ir a pasear un perro y después subirse a un Rappi, y que efectivamente esa mirada implica que es necesario un nuevo contrato social en el mundo, sin duda, en la Argentina con más seguridad todavía.

Nosotros citamos al director de noticias de Crónica TV, Pedrini, que sintetizó la problemática así: ¿cómo puede ser que un repartidor de una aplicación que lleva un café especial, sofisticado, a alguien en Palermo, que por un café sofisticado pide un Rappi, el que lo lleva, vota a La Libertad Avanza y el que lo recibe en Palermo vota al peronismo? ¿Qué pasó?

Y bueno, pasó, primero, una autocrítica desde la política, representando los intereses sociales. No solamente el peronismo, sino la política toda, creo yo. La Libertad Avanza es una representación de una comunidad de indignados, de ofuscados, de enojados con justas razones, en muchos casos. Y un montón de partidos tradicionales o de ideologías tradicionales han quedado solamente para eventos electorales, pero de ideologías tradicionales que no supieron interpelar a la sociedad que representaban. Antes, cuando uno decía: “Bueno, los barrios pobres son peronistas”, no había manera en que no sucediera. Los barrios pobres eran peronistas. Había una cuestión de clase.

De clase, sí.

Y los trabajadores eran peronistas. Hoy nosotros, en nuestros gremios, han votado a La Libertad Avanza, como en algún momento han votado al PRO, con lo cual eso se ha un poco deshilachado. Lo que sí me parece es que ahí hay una... La explicación es esa que creo. Y después hay algo que me parece muy bien: un colega suyo lo planteó como el cuentapropismo emocional, comparándolo con el cuentapropismo laboral, que es Jorge Eliotti, de La Nación. Comparándolo con el cuentapropismo laboral: hay un cuentapropismo laboral que es este pibe que lleva un café y que se va ganando el mango todos los días, pero también está emparentado con esa mirada emocionalmente en que yo me salvo solo y entonces no necesito a nadie que intermedie por mí: ni el dirigente gremial, ni el dirigente de la Iglesia, ni el dirigente político. Y si tengo que elegir, elijo a alguien, pero no es un líder que es para siempre. Y ese cuentapropismo emocional, para las instituciones democráticas, es un verdadero problema, porque efectivamente la democracia hace tiempo que dejó de ser la solución de los problemas cotidianos que la gente necesita que le solucionen. Claramente, usted y yo, la democracia es algo que va mucho más allá de eso, porque pasamos la dictadura, por ejemplo. Pero los pibes que nacieron en democracia, sobre todo en este siglo, hay deuda de la democracia que no es tan saldada: un mejor trabajo, un trabajo formal, poder estudiar, poder comer todos los días. Bueno, eso se lo reclaman a todos. Entonces ese cuentapropismo emocional empieza a tener relevancia y yo creo que la política tiene que prestar atención a eso. Eso es una de las cosas. Y la otra cosa es que también creo que las entidades intermedias y quienes lo reclaman, representamos, usted como periodista, yo como dirigente de los trabajadores, los empresarios, a veces le pedimos más cosas a la política de lo que la política hoy está dispuesta a dar. Con lo cual yo creo que nosotros tenemos que generar políticas de Estado de la sociedad para que hoy está Javier Milei, mañana está Myriam Bregman, se respeten siempre: educación, trabajo, proyecto industrial, proyecto de generación de producto bruto interno, distribución de la riqueza. Esas cosas tenemos que poner de acuerdo. Y si la política no lo hace, por cuestiones absolutamente de miradas ombliguistas, quienes tenemos responsabilidades tenemos que ayudar a que eso suceda. Yo me siento mucho con los dirigentes de las asociaciones empresariales, que son gremiales empresariales, y tenemos, en este momento, grandes coincidencias respecto del diagnóstico. Entonces yo digo: bueno, es un gran primer paso para que tengamos coincidencia en, por ejemplo, un proyecto industrial como lo tiene Brasil o como lo tienen otros países industrializados, o lo tiene Alemania, en donde los representantes de los trabajadores y los inversores genuinos nos sentemos en una mesa y digamos: hay cinco cosas que las vamos a mantener. Discutimos, ¿no?: más apertura, menos apertura, más incentivo, más relajamiento fiscal. Yo creo que eso es una deuda que tenemos.

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Usted decía que tenemos que tener una deuda y no tenemos que hacer una autocrítica. Yo le había preguntado hace un ratito cómo le había cambiado su perspectiva de cuál es el rol del sindicalismo, habiendo hecho un posgrado en Ciencias Políticas en FLACSO. En esa autocrítica, ¿qué hizo mal el sindicalismo y cómo tendría que ser el sindicalismo del siglo XXI?

¿Qué no hizo? Algunas cosas seguramente, digamos, que tienen que ver con haber representado los intereses de una manera que los trabajadores todavía no... Estaban mutando. Hay una parte de los trabajadores formales que todavía tienen una amplia representación por parte de los dirigentes gremiales y de los gremios, lo cual ahí hay una fortaleza muy grande. Y eso, en esa potencia, el sindicalismo se basa. Tiene historia, tiene capilaridad, tiene territorialidad, tiene federalismo, tiene representatividad de los intereses genuinos de estar cerca. Eso es importante. Lo otro es el mundo del trabajo que ha cambiado y que ya no solamente, digamos, estamos llegando tarde al futuro, sino que lo estamos mirando... El futuro que estamos mirando ya es pasado para nosotros. Y ese mundo del trabajo tenemos que saber interpelarlo. ¿Por qué? Porque, bueno, las capacidades y habilidades han cambiado. La política no ha ayudado a eso. Voy a dar un solo ejemplo de por qué no. Y ahí también es un error de... quizás del sindicalismo, de no haberse opuesto con firmeza. El monotributismo, el monotributista no tendría que haber aparecido. Porque eso era directamente hacer del mundo del trabajo y de la relación de dependencia un mundo líquido, como lo decíamos. 

O sea, el monotributista anticipó al Rappi, parecido a alguna cosa. 

Sí, y fue una decisión política. Como las decisiones políticas que acá en algún momento... Y eso tiene que ver también con la mirada de cómo se conforma la sociedad argentina. Después de la crisis del 2001, fue necesario poner planes sociales. Fue una necesidad coyuntural, social, para llevarla adelante. Ahora, la gente durante mucho tiempo dejó de pedir trabajo para pedir planes sociales. Y la política aceptó que eso fuera. Y nosotros dijimos: no, no. Se tiene que pedir trabajo. Porque los planes sociales fueron, o son, para un momento determinado de la vida de una persona. Luego, tiene que volver al trabajo como ordenador social. Y ahí me parece que el no estar sentado en la mesa de decisión política, el movimiento obrero, ahí hay un gran error. ¿Y por qué lo digo esto? A veces fuimos invitados, pero fuimos convidados de piedra. Y a veces participamos en estadios electorales. Y la verdad que para pensar un país, no se piensa cada dos años y de acuerdo a las circunstancias, sino que hay que pensarlo mucho antes. Y con políticas de Estado a largo plazo. Y me parece que en eso tenemos que ser más firmes. Y tuvimos que ser más firmes a la hora de exigirnos. Más allá de la afinidad ideológica de quien esté sentado en el gobierno. Pasó el peronismo, pasó el PRO, volvió a estar el peronismo y La Libertad Avanza. Bueno, este es un escenario en el que hoy efectivamente es muy difícil dialogar. Pero antes tuvimos la posibilidad de estar presentes. No es que teníamos divergencias. Es que no estuvimos sentados a la hora de definir qué país queríamos. Y yo creo que el movimiento obrero en eso tiene que recuperarlo. Pero no con nombres nada más. A mí, digamos, conformarnos con una lista, que es importante, por supuesto, con una lista de diputados está muy bien. Pero es necesario que haya un proyecto escrito con puño y letra de los trabajadores. Con el nuevo mundo. Con el nuevo trabajo que estamos, porque nosotros representamos a todos, a pesar de que algunos estén en la informalidad o en otra manera de trabajar, ¿no?

Porque cuando usted planteaba que quiso estudiar Derecho, que tenía claro que quería ser líder sindical, que tenía que estudiar Derecho para tener la formación que le permitiera llevar adelante la representación con igual nivel de conocimiento del que tenía enfrente y cuando luego hizo un posgrado en Ciencias Políticas en FLACSO, y yo le preguntaba qué me imaginaba, de qué tenía que ser un sindicalista. Cuando vi a Hoffa, por ejemplo, y las comparaciones con, por ejemplo, el líder de Camioneros de Argentina, le parecía que parte de los errores también estaba allí. Uno de sus colegas nos decía que había que terminar con los sindicalistas millonarios. Así como haber permitido el monotributo, que las organizaciones sustituyeran al trabajo, crear sindicalistas que se perpetuaban en el tiempo y que tenían un poder económico a veces mayor que con las personas que estaban discutiendo del sector empresario. ¿Se suma a esos errores?

Sí, y tendrán que hacerse cargo cada uno de ellos, sin duda que sí. Pero la mirada es siempre que las instituciones, el arquetipo que se ha armado sobre el sindicalismo, a veces, no en este caso de su mirada, y en muchos casos, es prejuicioso. Y creer que todo el mundo anda, digamos, con las características con las que se lo pone al sindicalismo, son casos aislados de la enorme cantidad de dirigentes gremiales que no tienen que ver con...

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Aunque sean diez sobre varios miles, pero claro, tienen esa relevancia que catectizan a toda la actividad.

Sí, pero bueno, eso cada uno tiene que hacerse cargo, y sus propias instituciones tienen que llevarlo a mejorar. ¿Y por qué digo esto? Porque nosotros tenemos elecciones cada cuatro años, a diferencia de, por ejemplo, el Poder Judicial, voy a poner algo que está por sobre las cuestiones. Nosotros estamos chequeados porque somos personas políticamente expuestas, digamos, bajo el sistema financiero. Claramente, cada uno después tiene que rendir cuenta, no solamente ante sus propios afiliados y, en mi caso particular, ante la moral y la ética de mi familia, que no es un tema menor para mí. O sea, mi viejo y mi vieja están siempre presentes.

Están mirándolo.

Carlos y Carmen, yo siempre digo, me presento como hijo de... Y para mí es muy importante. Luego, lo que usted me preguntó, bueno, a mí el solo hecho de poder prepararme intelectualmente no me hace más sabio. Mirá, hay un montón de gente que es inteligente, pero no por eso es más sabia. Y he conocido un montón de dirigentes gremiales que tenían la inteligencia de la calle, que muchos no la tienen. En el sindicalismo, pasar de canillita a campeón se puede pasar de la noche a la mañana, pero después uno tiene que manejarse como un campeón en el centro del ring. Y eso es, digamos, de una calidad humana para prepararse, de cómo llevarlo adelante y demás, inconmensurable. ¿Por qué le digo esto? Porque la estructura que ha tenido el movimiento obrero argentino en sus prestaciones que ha logrado implica tener una preparación muy grande a la hora de coordinar y manejar eso. Usted me contaba recién la estructura del diario, que es similar a la que tenemos nosotros en el gremio, con hoteles, con prestaciones sociales, con prestaciones de capacitaciones, con prestaciones de obra social, y eso implica mucha preparación. Entonces... Pero a veces nos quedamos con... Bueno, pero se bajó de un auto que tiene los vidrios polarizados. ¿Hay alguien que se bajó de los vidrios polarizados? No son la mayoría, no.

Cuando usted mencionaba, sea Milei o Myriam Bregman, puso a Myriam Bregman y no a un peronista. ¿Por qué?

Porque el peronismo está... Los dos son peronistas.

Los dos son peronistas.

Reflejo lo que decía Perón. Pongo los dos ejemplos para citar los polos opuestos, que serían alguien de una derecha muy extrema a alguien de la izquierda también...

¿Qué encuentran en común en ellos en ese...?

No, lo que pongo es que cualquiera puede llegar al poder, pero el proyecto que tiene que estar de país tiene que ir mucho más allá del movimiento, del movimiento pendular que tiene la política argentina. Porque si no pasamos de tener equilibrio fiscal a un Estado bobo y demás. Entonces, si me pregunta para mí, yo digo que el peronismo está siempre en el justo medio tratando de contener...

¿El peronismo sería el justo medio entre Bregman y Milei?

No necesariamente alguien que usted sepa. Yo creo que sí.

Es como una simplificación, como una simplificación.

Sí, claro. Hay un ejercicio claro en que para mí, por ejemplo, digo, yo necesito que en una mesa esté sentado el empresariado y los trabajadores, es decir, el capital y el trabajo, para simplificarlo. Y un Estado inteligente y eficaz, ¿no? Un Estado amplificado, bobo, más grande, gendarme. Y entonces para mí eso es estar en el justo medio.

¿Y cómo ve el peronismo el año próximo?

Preocupado. Preocupado. Preocupado porque veo demasiadas miradas individuales y... Parece que necesitamos consensuar un proyecto unificado en todas esas miradas. Yo creo que el peronismo es absolutamente imprescindible para el armado de un frente opositor, de una coalición opositora, pero con el peronismo solo no alcanza. Creo que el peronismo tiene que ser generoso a la hora de convocar, para después también ser generoso a la hora de gobernar. Eso es algo que tenemos que aprender también. En el peronismo siempre hemos llamado a grandes frentes y después, a la hora de gobernar, ha gobernado el peronismo a pesar de algunas coaliciones que hemos armado. Y esa generosidad tiene que ser redituable. Es decir, te convoco a que vengas a armar el proyecto conmigo y después a que lo llevemos adelante.

Algo como hizo Lula, por ejemplo, con Alckmin.

Claro, sí. Y además Lula tiene algo muy importante, que también Perón lo hizo en su tiempo. Lula, y él lo dice expresamente, para conocer el ser brasilero, es decir, cómo era el ciudadano brasilero, tuvo dos años dando vueltas por todo el interior del país. Y a veces veo en el peronismo, y sobre todo en otros partidos...

Pero usted, viniendo del interior profundo, como dijo, tiene esa sensibilidad.

Claro, pero aparte digo, es ambacentrista algunas miradas. Creen que lo que se resuelve en el... en el AMBA, en el Conurbano y en Ciudad de Buenos Aires, tiene la misma aplicación en la pampa agrometalmecánica o en el cordón cordillerano con la minería. Y la verdad que no, porque tienen otra manera. El problema es el mismo. Falta el trabajo. Ahora yo voy allá y las características de la solución son diferentes. Entonces, peronismo, ¿qué necesita? Una mirada de proyecto que incluya a todos. Donde estén sentados todos y donde ninguno de nosotros, nosotros tengamos galones, ¿sí? Yo me bajo y soy un militante más que aporto de mi intelectualidad o de lo que represento. La segunda, recorrer el país. Recorrer el país y ver que en cada lado hay una demanda y esa demanda no me la trae un tercero, sino que hablo con el trabajador, hablo con el empresario, hablo con el Estado jurisdiccional. La segunda, que eso sea empático. Y en ser empático con esta sociedad implica hablar de otra manera. No con dogmas. No se puede mirar el futuro por el espejo retrovisor. Eso es una condición que debemos aprender.

Cuando usted habla de Lula, Lula, por ejemplo, colocó a Marina Silva en el Ministerio de Ambiente y no solamente colocó a la derecha en Economía. ¿Usted se imagina un gobierno peronista en el que coloque, les voy a hacer un ejemplo entre tantos que podría haber, de presidente del Banco Central a alguien del radicalismo? Como Prat-Gay, por ejemplo,  o a López Murphy y coloque a Myriam Bregman en el Ministerio de Ambiente y Estado Social.

Yo creo que es imprescindible que alguna vez alguien que sea presidente, en el segundo día de su mandato, no en el primero, porque en el primero se tiene que acomodar, pero en el segundo convoque a una mesa de concertación donde sepa que su proyecto político que llevó y que lo hizo ganar necesita de la mirada de todos los otros. Es Portugal hace cinco o seis años donde se pusieron de acuerdo para salir de la crisis. Es saber que los trabajadores que están perdiendo, en algún momento, van a decir: bueno, me sumo a esa mesa donde voy a perder, pero también donde sé que en poco tiempo voy a ganar. Porque si no vamos perdiendo generaciones tras generaciones. Y los temas no se van hablando, se van pateando. ¿Quién va a hablar de...? O sea, cuando se habla de la reforma laboral, se habla de esta reforma laboral que no modernizó nada. Cuando hablemos de reforma previsional, la vamos a hablar desde la mirada solamente del peronismo. Necesitamos que ahí, que es un tema sensible, central e imprescindible para hablar, esté sentado el radicalismo, esté sentado el PRO, esté sentada la izquierda de Myriam Bregman. Todos, todos tienen que estar ahí. Porque efectivamente es un acuerdo político. Pero ese acuerdo político no basta con la mirada de los políticos nada más. Yo quiero que ahí esté la UIA, quiero que esté la CGT, quiero que estén las pymes, quiero que esté... Quiero que esté la Sociedad Rural, es un problema de todos. Ahora, si cada uno va a solucionar su problema de acuerdo a su propia mirada, bueno, se gobierna para poder ser reelecto o para poder ser revalidado cada dos años. La verdad que no.

Este discurso que le escuchamos, Jorge, ¿representa el discurso general de la CGT actual?

Sí, sí.

¿Qué van a hacer el 17 de octubre?

Vamos a celebrar. Mirá, le tengo una noticia. El 16 de octubre vamos a hacer un festival que se llama Fuerza. Hemos... Y es un proyecto que hacemos desde CGT, porque para nosotros también el 17 de octubre es celebración. Y el reclamo también es celebración. Así que en el Espacio C vamos a hacer un festival de música como centralidad. Ese mismo día, el 16, probablemente... Va a suceder. Vamos a juntar una mirada de economistas de distintos puntos de América Latina para pensar la economía que viene en América y en la Argentina. Y el 17 lo celebraremos seguramente en algún lugar, si hay alguna invitación, como va a haber muchas.

Cuando usted escucha continuamente que se pide... Que en realidad hay una lucha entre dos temores. Un temor a volver al pasado.

Sí.

Y otro temor al volver al pasado. Y un temor al presente. Este presente que no da resultados y temor a volver a un pasado que no dio resultados. Pero que se pide no volver al pasado como una alternativa superadora del peronismo. En esos actos, por ejemplo, el 17 de octubre, tendrían que estar caras como usted y no tendrían que estar las caras de los que representaron el sindicalismo en el pasado. Vuelvo al caso, por ejemplo, de Camioneros. De esos sindicalistas que representan la historia que la Argentina, la Argentina tuvo en los últimos, por lo menos este siglo.

Tengo mucho... Cuando le dije de algún dirigente con inteligencia de la calle, Hugo es uno de ellos. Tengo muchísimo respeto por Hugo y mucho cariño. Yo no sé si se trata... Mire, en esos actos se le habla a la gente que va a escuchar ahí. El problema es cuando tenemos que hablar a la gente que no nos escucha o que nos cancela de antemano. Y ahí es el verdadero debate. Ahí sí, por ahí... Yo no puedo decir lo que puedo decir. Ahora, puedo hacer, por ejemplo, también en noviembre vamos a hacer una Bienal de pensamiento, de arte y de cultura. Y en ese lugar, de otra manera, puedo decir lo que pienso sin necesidad de que sea un discurso político. Y sin necesidad de que haya toda esa estructura, esa maquinaria que se arma cuando se arma un acto político. Bueno, tenemos que saber que tenemos que ser creativos a la hora de llegarle a los pibes y a las pibas que por ahí ya no escuchan más esto. Digamos... Ya el modo de comunicación ha sido diferente, ¿no?

Jorge, felicitaciones. Me gustaría, obviamente, que el ejemplo suyo se repitiera, que hubiera más sindicalistas del más alto nivel que hayan hecho todo ese curso sonoro, que hayan preocupado. Es cierto que la inteligencia de la calle es lo que Natura no da, Salamanca no presta. Sí, es cierto. Pero si además de eso se le agrega a la inteligencia natural que cada uno tenga la formación, sin ninguna duda se amplía la comprensión. Así que, bueno, celebro que... Que los secretarios generales de la CGT tengan esta formación, me es un aire fresco. Y, bueno, cuente con nosotros para hacer visibles esos cambios.

Pero cómo no, están invitados. El 16 de octubre vamos a hacer el festival. 15 y 16 de noviembre, la Bienal de Pensamiento Arte. Y vamos a estar en la calle también oponiéndonos a muchas políticas de este gobierno, como ocurre. Muchísimas gracias por el espacio.

Faltaba más. Muchísimas gracias.

LMM