Derrumbe laboral

El presidente de la Cámara de la Construcción explica por qué se perdió 1 de cada 4 empleos desde 2023

Gustavo Weiss analizó la caída del sector, la falta de inversión y el impacto del crédito hipotecario en el empleo.

Gustavo Weiss Foto: CeDoc

En Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) y Radio JAI (FM 96.3), el empresario y referente del sector de la construcción Gustavo Weiss analizó la caída de la actividad, la pérdida de empleo y las perspectivas de la economía argentina a partir del desempeño de uno de sus sectores más sensibles.

Gustavo Weiss es ingeniero en telecomunicaciones, mecánico y electricista, graduado de la Universidad Nacional de La Plata. Ha presidido la Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO) en distintos períodos y actualmente vuelve a ocupar ese cargo. Además, es presidente de Le Print S.A., empresa con más de 60 años de trayectoria dedicada a obras viales, hidráulicas, eléctricas y de arquitectura.

Jorge Fontevecchia lo saluda. Un gusto hablar con usted. No queríamos dejar de pasar la oportunidad para hablar probablemente con quien representa el sector, junto con los textiles, el sector más castigado por este modelo económico, y tener una mirada desde otra perspectiva de la evolución de la Argentina. Es decir, tomar a la construcción como termómetro. Hay quienes dicen que sin crecimiento de la construcción nunca va a haber crecimiento de empleo. Así que le pido primero un balance general de su perspectiva de estos dos años y medio y lo que ve al año y medio que le queda a este Gobierno en su primera etapa.

Buen día, Jorge. Un gusto estar con ustedes en el programa. Nosotros lo que estamos viendo es que la industria de la construcción tuvo una caída del 25% entre mediados del 23 y mediados del 24. Perdimos 120.000 puestos de trabajo en ese período. Desde mediados del 24 a la fecha, prácticamente dos años estabilizados, pero en ese nivel de actividad sensiblemente inferior.

Motivos: por un lado, la baja inversión, prácticamente nula inversión en obra pública nacional, motivada por la priorización del ajuste fiscal, de que no se gaste más de lo que se recauda en materia de impuestos. No queda dinero disponible para esta inversión, por un lado. Y, por otro lado, también una baja actividad en el sector de construcción de casas y departamentos, fundamentalmente porque el volumen de créditos hipotecarios que los bancos están otorgando a familias de clase media para acceder a su propia vivienda no tiene el volumen necesario para dinamizar el sector, porque los bancos no tienen fondeo a largo plazo.

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Usted sabe, Jorge, que en el mundo los bancos colocan los créditos hipotecarios, pero los descargan en el mercado de capitales, básicamente con fondos de pensión, compañías de seguro, etcétera, que colocan fondos a largo plazo y las hipotecas son una de las inversiones más seguras que hay. Pero ese mercado de capitales en Argentina no existe, hay que crearlo y, hasta tanto no exista, los bancos no tienen un fondeo a largo plazo. Por lo tanto, la cantidad de créditos hipotecarios que pueden otorgar es pequeña en consideración al volumen general necesario.

La suma de los dos conceptos, baja inversión en obra pública nacional y una actividad inmobiliaria tranquila, la defino yo, hace que tengamos la caída que mencioné y no veo que en los próximos meses, al menos, estas dos situaciones vayan a variar sustancialmente.

Gustavo, usted mencionaba el tema de un mercado inmobiliario tranquilo. Estuvimos hablando aquí, por ejemplo, con Eduardo Costantini la semana pasada, la paradoja de que el costo de la construcción en dólares se duplicó, no porque el costo en pesos haya aumentado más que la inflación, sino por la modificación de la política cambiaria. Y, paradójicamente, el metro construido se mantiene igual. Es decir, se duplica el costo de construir y el metro construido se mantiene igual, lo que parece así, a priori, una contradicción absoluta. Sin embargo, se justifica en que no hay dinero en las personas para poder comprar propiedades. Entonces, por más de que sea mucho más negocio comprar que construir, o una oportunidad comprar, no hay dinero para poder hacerlo. Me gustaría si usted nos pudiera hacer una descripción de la historia de la construcción, de la relación entre construcción y valor de lo construido para tratar de comprender este momento en el contexto de nuestro pasado.

Como todos sabemos, entre los compradores de inmuebles están aquellas personas que necesitan comprarlo, familias que necesitan comprar y no tienen ahorros suficientes. Ese vasto sector de clase media que está pagando hoy un alquiler podría acceder a su propia vivienda pagando una cuota no mayor que el alquiler que está pagando por la misma vivienda, siempre y cuando tuviera plazos de 20 o 30 años, como existe en la mayoría de los países del mundo, pero que en Argentina tiene el inconveniente que mencionamos anteriormente.

Por otro lado, está el sector inmobiliario que se mueve, yo diría, en efectivo. Acá hay que hacer también dos grandes diferenciaciones: aquel sector ABC1 que puede pagar el metro cuadrado en lugares súper top de Buenos Aires, para dar un ejemplo, que puede pagar 6.000, 7.000, 8.000 hasta 10.000 dólares el metro cuadrado, tiene los recursos suficientes, lo compra, va, se muda y vive en esos departamentos. Y también hay un sector de gente que lo hace como inversión.

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Como todos sabemos, los argentinos tienen una capacidad de ahorro en dólares realmente muy importante. Cuando uno puede acceder a un departamento pagando pocos dólares, los inversores están más interesados. Cuando se necesitan más dólares para el mismo departamento, entonces ya no tanto. Eso hace que hoy los desarrollos inmobiliarios, por el motivo que usted comentaba, Jorge, que aumentó el costo en dólares por la relación peso-dólar, no porque haya aumentado en sí mismo en dólares, hace que se genere un precio de venta que hoy el mercado no convalida.

Entonces, si yo soy inversor hoy y quiero comprar un inmueble como inversión, me conviene comprar el producto terminado y no meterme, como tradicionalmente era un buen negocio, en el pozo, esperar el producto terminado y ahí hacer una diferencia de valor. Entonces los inversores hoy van a ese mercado. Eso, obviamente, en un determinado momento del proceso, las viviendas terminadas se acaban, nuevas o usadas, eso debería repercutir en aumentar un poco el precio de venta general de los departamentos. Algo ha aumentado, no lo suficiente como para que aún los desarrollos sean rentables. 

Gustavo, usted decía 120.000 menos puestos de trabajo que en 2023 ¿sobre un total de cuánto?

Sobre un total de 520.000 aproximadamente.

O sea que perdieron el 20 y pico por ciento, casi una cuarta parte del total de los empleos.

Es efectivamente. Eso es el empleo directo, ¿no? Nosotros calculamos que, por impacto de la baja de obras, se pierde también un empleo indirecto vinculado tanto a los fabricantes de materiales que proveen a nuestra industria, que han caído mucho también significativamente, sino también al ecosistema que se arma alrededor de una obra. Cuando hay una obra en algún pueblo del interior, además de los materiales de construcción, trabaja el restaurante, el hotel, el remisero, etcétera. Se genera un ecosistema donde la construcción derrama por muchos lados. Bueno, el conjunto de ambas cosas, según nuestros análisis, implica que perdemos prácticamente un empleo indirecto por cada empleo directo.

Además está claramente en empresas como, por ejemplo, las cementeras, que dentro de la minería uno ve que, en el promedio del crecimiento, hay algunas actividades que retroceden, que son aquellas que producen materiales para la construcción, como el cemento. Gustavo, ¿qué otro momento usted recuerda de la historia de la economía argentina, si tomamos la construcción como termómetro de la microeconomía, en que la cantidad de empleos cayó casi en una cuarta parte?

Yo lo que recuerdo, porque además lo viví, dados mis años en la actividad, recuerdo como punto de inflexión mínimo de la actividad la crisis del 2001, con una gran diferencia. En la crisis del 2001, el sector venía con muy baja actividad. Los últimos años de la convertibilidad ya tenían muy poca actividad, y la crisis derivó en que la cantidad de empleados de la industria, en los primeros meses posteriores, era de 150.000 trabajadores. Para que usted se dé una idea de la magnitud de la caída en aquel entonces. 

Me gustaría ahora, Gustavo, una comparación suya con la industria. Cuando usted habla con sus colegas de otras ramas bien afectadas por este modelo económico, como la industria, en ese intercambio, si fue parecido, por ejemplo, al intercambio que usted tenía en 2001-2002. Trato de encontrar en sus palabras algo que signifique un espejo de la economía en su conjunto.

Sí, usted sabe que nuestra institución forma parte del G6, motivo por el cual tenemos una relación permanente con mis colegas de la Unión Industrial, de la Cámara de Comercio, de la Sociedad Rural, bancos, Bolsa de Comercio. Si dejamos por un lado la actividad financiera, que tiene otro sendero en este momento, cuando uno habla con la industria, y el presidente de la Unión Industrial lo dice permanentemente, la industria también está pasando por un momento muy complejo, no solamente la industria vinculada a nosotros, sino la industria en general. Está afrontando problemas con una capacidad instalada ociosa muy grande, con competencia fuerte del exterior en algunos casos y con bajo consumo en otros.

Realmente, cuando uno se reúne con ellos, la industria está atravesando un proceso muy complicado. El campo, en cambio, si bien la producción parece que este año va a ser récord, también tiene problemas de insumos, de relación entre venta y costos, a pesar de que los granos han aumentado. También se incrementaron significativamente los costos, el tema de los agroquímicos, la guerra, etcétera. Hay muchos lugares donde no hablo tanto del sector núcleo de la producción, sino de zonas donde los rindes son un poco menores, en las que la situación no es tan fácil para esos productores. Y el comercio también está pasando por un momento de bajas ventas, con una caída del consumo que impacta directamente en la actividad.

Decía que encontraba cierto paralelismo entre lo que le pasa al agro y a la construcción. Es decir, el precio de venta en dólares se mantiene, tanto para el metro construido como para los productos exportables del campo, pero el costo en dólares aumentó sensiblemente por la paridad peso-dólar. En ese punto hay una coincidencia.

Una pregunta más, Gustavo: usted planteó que la reforma laboral “nació vieja” porque no contempla la destrucción de empleo que genera la inteligencia artificial. Me gustaría su reflexión sobre ese punto y, en particular, sobre si el sistema indemnizatorio de la construcción puede ser un modelo trasladable al resto de las actividades.

A ver, por un lado, efectivamente yo mencioné el tema de la inteligencia artificial en un reportaje largo. Yo en lo personal todavía no lo veo en la vida diaria, pero estoy muy preocupado por la pérdida de empleo que va a significar en los próximos años. Y yendo a su pregunta, nosotros tenemos un sistema en el cual todos los meses le depositamos en una caja de ahorro a nombre de cada trabajador una cuota parte de la indemnización. De forma tal que el trabajador, cuando se desvincula, ya tiene depositada la indemnización. Va, cobra y se va. 

Nuestro sistema funciona muy bien, sobre todo en aquellos trabajos que son temporarios. La construcción, obviamente, empieza y termina, inevitablemente los trabajadores se tienen que ir. Puede funcionar para actividades de temporada, como en balnearios, por ejemplo. Pero no tanto para la industria en general, que tiene muchísima más estabilidad, donde la rotación es baja.

¿Y esto por qué? Porque nosotros le depositamos la cuota parte de la indemnización, pero la gran diferencia con el sistema general es que el trabajador cobra la indemnización tanto si lo despido como si renuncia. En el sistema general, en cambio, si usted trabaja en la industria o en el comercio y renuncia, no recibe indemnización; si lo despiden, sí. Entonces, en actividades con baja rotación, ese sistema no resulta conveniente, porque en la práctica es más caro, ya que se termina pagando también a quienes deciden irse. Por eso el resto de la actividad económica no adhiere a este esquema.

 

GD/ff