"El régimen de los ayatollahs no tiene nada que perder porque su guerra es existencial”
Paulo Botta sostiene que la lógica económica pierde peso frente a una percepción de amenaza total porque los iraníes “están dispuestos a pagar cualquier costo con tal de no perder el poder”.
Para el analista internacional, el conflicto con Irán ingresó en una lógica donde los cálculos tradicionales dejan de tener sentido. “Da la sensación de que el elemento costo hoy en día no funciona para Irán”, afirma Paulo Botta, y explica que la percepción del régimen es la de estar frente a una amenaza total: “están peleando una guerra existencial”. En ese marco, en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), sostiene que “están dispuestos a pagar cualquier costo con tal de no perder el poder”, lo que configura un escenario en el que la diplomacia pierde eficacia y la escalada se vuelve más difícil de contener.
Paulo Botta es un reconocido académico y analista internacional especializado en temas de seguridad y política en Medio Oriente, el norte de África y Asia Central. Es doctor y diploma de estudios avanzados por la Universidad Complutense de Madrid; también es licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Católica de Córdoba. También es profesor, protitular de la Universidad Católica Argentina y profesor de Escuela Superior de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas.
No sé si llegó a escuchar usted la entrevista que le estábamos haciendo recién a un economista argentino, donde planteaba una especie de tormenta perfecta en el mundo de esta inflación, o sea, de reducción de la cantidad de bienes, en este caso los bienes energéticos, aumento del precio necesario para ellos, quita de la capacidad de consumo de otros bienes, por lo tanto aumento de los precios en general y reducción de los bienes, es decir, inflación con menor crecimiento. El hecho de que se esté produciendo esta situación, el conflicto allí con Irán, ¿a usted le hace presumir de que esto va a poner una especie de presión para que los actores la den por terminada antes o, por el contrario, ya se cruzó el límite de que es irreversible?
En realidad sería deseable y creo que ahí es donde chocan las estrategias. Desde el punto de vista iraní saben que militarmente es imposible detener la presión de Estados Unidos e Israel y, por lo tanto, lo que están haciendo es hacer exactamente esto. Afectar la economía de todos los países del Golfo, fundamentalmente grandes exportadores de gas y de petróleo, para que de esa manera se genere una disrupción en la economía internacional y, de esa manera, se genere esta esta voluntad de detener el ataque militar.
Resta por ver si realmente eso va a poder hacerse. Creo que más que nada depende de condiciones políticas domésticas. Y me estoy refiriendo básicamente a que el próximo mes de octubre, hacia finales del mes de octubre o antes de esa fecha, deberían tener elecciones en Israel; en noviembre, en Estados Unidos. Y creo que tanto Israel como Estados Unidos van a tener mucho que ver en esta cuestión de presión doméstica electoral.
La economía internacional ya está sufriendo, todos los países; nuestro país también va a recibir ese efecto y, por lo tanto, nosotros lamentablemente somos un Estado asimétrico, no podemos manejar lo que está sucediendo, solamente sufrir las consecuencias.
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Con la idea de que hay una interrelación entre guerra y política, la idea de la guerra como política y la política como guerra, como continuidad una de la otra a través de distintas formas, pareciera también haber una especie de interrelación entre guerra, política y economía, y costo, el costo de una guerra. El argumento utilizado en la Segunda Guerra Mundial para tirar las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki fue casualmente el costo: que una acción que se iba a continuar por la resistencia de los japoneses durante mucho tiempo iba a ser más costosa que el costo, inclusive en vidas, de una guerra atómica como fue en ese momento. El hecho de que aumente el costo de la guerra y que los dos países que la llevan adelante como fuerza inicial, que son Israel y Estados Unidos, tengan elecciones entre septiembre y octubre, ¿no le hace presuponer que un escenario probable sería que traten de acelerar para reducir el costo antes de esa fecha?
Sí, eso podría indicarnos tal vez lo que quieren, aumentar la presión al máximo de manera tal de que el costo se haga insostenible para Irán y, a la vez, minimizar lo posible el costo para ellos mismos. Sin embargo, yo quisiera centrarme en algo que me parece que es importante. Cuando uno analiza un conflicto tiene que hacer, a veces, el esfuerzo de ponerse en el lugar del otro. Da la sensación de que el elemento costo hoy en día no funciona para Irán.
Porque la percepción desde el lado de los iraníes es que están peleando una guerra existencial, que está en peligro, básicamente, no sé si la continuidad del país, pero sí la continuidad del régimen. Y, en este sentido, para el régimen el mundo es todo. Entonces ahí no hay una cuestión de costos; creo que están dispuestos a pagar cualquier costo con tal de no perder el poder, y eso tal vez es lo que lo vuelve más peligroso.
Se ha arrinconado en una situación que vuelve muy complicada cualquier posibilidad de negociación. Y, por si esto fuera poco, tampoco existe la confianza posible para que se encuentre una solución negociada. Entonces, yo diría, ahí sí que es la tormenta perfecta. Ninguno cree en la diplomacia. En los aspectos militares la disuasión no funciona, sino que siguen aumentando. Por otra parte, para alguno de los actores el costo, cualquier costo, es pagable, al menos porque eso es preferible antes que perder el poder.
¿Y el costo para Estados Unidos y para Israel? Es decir, está claro que en el caso del régimen de Irán es existencial; por lo tanto, el costo es absoluto, es la muerte. Ahora, en el caso de los Estados Unidos y de Israel, ¿no puede haber un mayor costo en el presente inmediato para ahorrarlo en un costo dentro de dos o tres meses? Es decir, aumentar la agresividad concretamente, de manera maximalista, para acortar el período.
Sí, y creo que ahí habría que analizarlo. No es lo mismo para Estados Unidos que para Israel. Para Israel Irán es el problema; el problema no existe mientras tanto, que para Estados Unidos Irán es uno más de los problemas, y esa creo que es la primera diferencia. En segundo lugar, los costos en términos electorales. Hay una creciente oposición, como lo vimos ayer en el Senado de Estados Unidos, hacia la política de Trump, lo cual se considera que ha sido tal vez injustificado el ataque a Irán en medio de un proceso de negociación.
El sector que más lo ha apoyado no se siente identificado con esta guerra, como se llama, una guerra por elección. Del lado israelí es algo distinto, porque la percepción del peligro no es teórica. Para la población israelí, las reacciones y las respuestas de Irán llegan, se miden, se sienten, afectan la vida diaria.
En el caso de Estados Unidos puede darse el lujo la población norteamericana de pensarlo en términos de costo: lo que me cuesta volver a llenar el auto de nafta y también lo que puede significar en términos de identidad ideológica al momento de las elecciones. En el caso israelí es distinto.
Creo que ahí hay una diferencia, porque estamos hablando del mismo hecho, del mismo conflicto, pero en realidad luego se ve distinto desde los dos lados y ahí creo que es donde estamos viendo las crecientes diferencias entre Estados Unidos e Israel, manifestadas, entre otras cosas, en los tweets del presidente norteamericano.
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