Mucho antes de soñar con una carrera política, Donald Trump era un hombre de negocios, acostumbrado a apostar fuerte para generar grandes ganancias. La guerra contra Irán, que ya lleva casi tres semanas, tiene un alto costo para los Estados Unidos, no solo humano y político sino también económico. Pero su presidente parece estar convencido de que es una inversión lucrativa.
El jueves 12 de marzo, voceros del Pentágono aseguraron ante el Congreso de Estados Unidos que en los primeros seis días de la guerra el país gastó 11.300 millones de dólares. Los legisladores demócratas desconfiaron de ese número, que atribuyen únicamente a las municiones usadas, sin contar los costos de desplegar fuerzas en Medio Oriente, gastos médicos y el reemplazo de la infraestructura bélica que se pierda en el combate.
Analistas del Center for Strategic and International Studies (CSIS), un think tank especializado en defensa y política exterior, calcularon que esos primeros seis días habrían costado 12700 millones de dólares. Esta cifra incluye municiones ofensivas, defensivas, pérdidas en combate y costos operativos.
Desglosar la cuenta: misiles, defensa y costos operativos
En los primeros días, el uso intensivo de armamento explica la mayor parte del desembolso. El CSIS detalla que las municiones destinadas a golpes ofensivos alcanzaron 5500 millones de dólares. Cada misil Tomahawk cuesta 3,5 millones de dólares; se dispararon más de 300, por un total de 1200 millones.
La defensa aérea, con interceptores como los del sistema THAAD contra drones y misiles iraníes, sumó 5700 millones. Además, se registraron pérdidas en combate por 1400 millones. Las operaciones aéreas, navales y terrestres también incurren en gastos diarios fijos, como combustible, despliegue de fuerzas y mantenimiento; estos costos operativos se calculan por 2700 millones. Así se llega al número de 12700 millones de dólares.
El dilema del Golfo: entre la paciencia estratégica y la trampa de la guerra
El CSIS calculó que durante las primeras 100 horas de la guerra se gastaron 3700 millones de dólares, equivalente a 891,4 millones por día. El cambio a municiones más económicas y la reducción en lanzamientos iraníes de drones y misiles permiten bajar el costo diario, aunque depende de la intensidad de las operaciones y las respuestas de Irán.
Pero el número sigue creciendo; el CSIS calcula que a razón de casi 500 millones de dólares por día después de la fase inicial. Siguiendo estos cálculos, estima que para el día 12 del conflicto, el total acumulado alcanzó los 16500 millones de dólares. Por lo tanto, es coherente suponer, postula el medio británico The Guardian, que al día 19 el gasto probablemente habrá superado los 18 mil millones de dólares, casi mil por día.
Guerra y presupuesto: la pelea de Trump en el Congreso
De esos primeros 3700 millones de dólares que Estados Unidos invirtió en las primeras 100 horas de la guerra, la mayor parte de esos fondos -3500 millones- no estaban dentro del presupuesto aprobado por el Congreso de Estados Unidos.
Son muchas las voces que se alzan en la esfera pública estadounidense reclamando transparencia en la rendición de cuentas sobre los gastos bélicos, que para muchos sectores son injustificados. Tras la sonora renuncia del ex director de la Agencia Nacional Contra el Terrorismo, Joe Kent, que consideró a la guerra "injustificada" y aseguró que Irán "no representaba una amenaza inminente", los cuestionamientos se hacen cada vez más fuertes.
Mientras el conflicto entra en su tercera semana y amenaza con empantanarse, el gasto acumulado ya obliga a la administración de Trump a pedir al Congreso una revisión del presupuesto. Los legisladores prevén que se les solicitará aprobar una extensión del presupuesto de por lo menos 50 mil millones de dólares.
Nadie sabe cuánto durará esta guerra. Trump aseguró que la operación podía durar "cuatro semanas o más", pero el secretario de Defensa, Pete Hegseth, se negó a dar una fecha de posible finalización. Tras las traumáticas experiencias anteriores en el Golfo Pérsico e incluso la guerra de Vietnam, la ciudadanía estadounidense es escéptica ante la posibilidad de una victoria sencilla y sopesa de cerca los costos del conflicto.