Elecciones 2027 y el quiebre de la derecha según Felipe Solá: “El PRO va a enfrentar a Milei tanto a nivel nacional como en PBA”
El exgobernador bonaerense reflexiona sobre las tensiones internas del peronismo y el complejo mapa de alianzas que definirá el escenario electoral en la provincia de Buenos Aires. Solá plantea la necesidad de recuperar el vínculo con las necesidades populares para evitar profundizar la fractura social y política del país.
En un mapa político bonaerense marcado por las internas entre el kirchnerismo, el kicillofismo y el sector de Sergio Massa dentro del peronismo, y por el creciente escepticismo de una sociedad golpeada por la crisis económica y social, las estrategias electorales de las principales coaliciones empiezan a evidenciar fisuras profundas entre sus socios fundadores. A partir de una charla exhaustiva sobre el futuro del sistema de partidos y la desconexión de la dirigencia con las necesidades populares, Felipe Solá analizó, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el inevitable quiebre de la derecha y sentenció que “el PRO va a enfrentar a Milei tanto a nivel nacional como en PBA”.
El ingeniero agrónomo y político argentino, Felipe Solá, inició su relevancia política en la década de 1980 y se desempeñó como Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca durante la presidencia de Carlos Menem, período en el que autorizó la introducción de la soja transgénica en el país. Se desempeñó como Vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires y asumió la Gobernación en 2002 tras la renuncia de Carlos Ruckauf, cargo para el que luego fue electo y ejerció hasta 2007, y fue Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la Nación entre 2019 y 2021, durante la gestión de Alberto Fernández. A lo largo de su carrera ha transitado por diversos sectores del peronismo, habiendo sido también Diputado Nacional en varios períodos y uno de los fundadores del Frente Renovador junto a Sergio Massa.
En nuestra última entrevista, que hicimos justo entre septiembre y octubre, después del triunfo del peronismo en la provincia de Buenos Aires y luego de la derrota a nivel nacional, Felipe me decía —él había dicho aquí que ganaba el peronismo rotundamente, lo que finalmente no sucedió— cómo las encuestas están fallando últimamente de manera notoria. ¿Cuánto además es también el deseo el que contamina el pensamiento?
Absolutamente. Eso nos pasa a todos en algún momento. Pero además yo tenía información de alguien, que no lo voy a mencionar, alguien que estudia y que es conocido, muy precisa provincia por provincia, y pifió provincia por provincia. Y yo también. Pero la tenía dos días antes.
Gente seria que normalmente no pifiaría. Indica que hubo un cambio. Indica que la sociedad tiene una volatilidad que hoy no alcanza a medirse. Por ejemplo, hoy tenemos que esos mismos encuestadores dicen que Milei perdió la mitad de su apoyo en seis meses, que del 60% que obtuvo como pico después de las elecciones de octubre hoy volvió a estar en el 30% de aprobación, que era su 30% de las PASO de 2023. ¿Será confiable eso? ¿Cuál es tu propia sensación caminando la provincia de Buenos Aires?
Mi sensación es que, en primer lugar, con respecto a las encuestas, hay cada vez más inferencia a partir de muestras. Y las muestras, a lo mejor, son difíciles porque el universo es muy heterogéneo. Es difícil hacer buenas muestras de un universo como el bonaerense completo, que es tan heterogéneo.
Conozco esa heterogeneidad, en la que uno llega a un pueblo tradicionalmente rural y, si lo rural anda mal, el pueblo va a estar enojado. Y se encuentra con un intendente kirchnerista duro y popular, en un pueblo no muy grande, sin industrias importantes. Sorpresas se dan. Es decir, hay liderazgos locales.
Después, me parece a mí que la gente huye mucho de las preguntas, ni que hablar de las telefónicas. Yo creo que el 90% de la gente, cuando le dicen que es por una encuesta, cuelga. Y las personalizadas son muy caras.
Pero ¿tu olfato?
Golpea lo económico primero, muchísimo. ¿Y sobre quiénes quiero contestar? Sobre aquellos que me dicen “voté a Milei y estoy desesperado económicamente”, o “estoy mal”, o “estoy frustrado”. Pero al mismo tiempo manifiestan un enorme pesimismo o escepticismo sobre qué vendrá.
Descuentan que no va a ser Milei, pero el escepticismo sobre qué vendrá es muy grande. Como diciendo algo así como: “Hemos probado de todo y nada anda”. Una especie de nihilismo que, al final, me reconocen que tienen como la obligación de tener esperanza porque tienen que seguir viviendo, laburando, luchando.
Pero hay que superar un escalón, y eso es cuestión de todo aquel que sea opositor: superar el escalón del escepticismo, lo cual es muy complejo y requiere una sintonía muy fina para moverse en ese sentido.
Con esto de la obligación de la esperanza, ¿puede ser que ese haya sido el motivo del voto de octubre?
Para mí, el motivo del voto de octubre fue muy pragmático y fue el salvataje de Scott Bessent, sin saber quién era, por el salvataje dos semanas antes, diez días antes. Y lo que sí sabían era la amenaza de Trump: “Esta es la última. Si no gana, es la última”. Y en un mundo al que la Argentina mira mucho más que antes porque está Trump, que se hace ver y además amenaza. Todavía no había ocurrido lo de Venezuela, pero sí habían ocurrido ataques a Irán en junio. En ese mundo amenazante, la gente llega en general a verlo y a darse cuenta.
Y si el presidente de Estados Unidos se dirige a la Argentina y dice “esta es la última vez”, es posible que un 5 o 6% de la gente se vuelque, salga de un lado y vaya al otro. Ahí tenés la diferencia de diez puntos.
Como nadie, conocés la provincia de Buenos Aires. Al mismo tiempo, tenés la experiencia de haber compartido una lista con el PRO con Macri. ¿Creés que finalmente el PRO y La Libertad Avanza van a terminar con una alianza en la provincia de Buenos Aires, dado que no hay balotaje y que todos estos levantamientos del perfil de Mauricio Macri no van a terminar en una competencia directa?
Yo creo que sí va a terminar en una competencia directa en las presidenciales, por lo menos. Y no creo que exista espacio. Esa competencia va a ser más fuerte de la que parece, con más enfrentamiento ideológico, metodológico y hasta sobre el modelo económico entre el PRO y La Libertad Avanza.
Y me parece que le va a ser muy difícil, en ese ambiente electoral de enfrentamiento, coincidir en la provincia de Buenos Aires en una sola figura. O sea, creo que va a haber dos candidatos a gobernador.
Como dice un famoso turco, “con mi información, que suele ser errónea”.
Al mismo tiempo, la provincia de Buenos Aires inusualmente tiene 18 candidatos a gobernador del peronismo. Formalmente solo dos. Antes había uno solo a nivel nacional, que era Kicillof. Ahora se sumó el exgobernador de San Juan oficialmente. Pero digo, hay 18 candidatos a gobernador de la provincia de Buenos Aires, cuando normalmente había más para presidente que para la provincia, porque se suponía que era más difícil gobernar la provincia que presidir el país. ¿Qué decís?
Hay dos cosas. En primer lugar, expresar como intendente, por ejemplo, “yo también quiero ser candidato”, implica subir un pequeño escalón respecto de los que no dicen lo mismo. No importa si son candidatos o no después. No lo van a ser después la gran mayoría, pero implica subir un escalón.
¿Y dónde lo suben? En la provincia. En general, lo suben en su propio distrito, pero también para que los demás lo miren distinto, si hay alguno que es amigo, que lo apoye. Entonces, formar un núcleo que después pueda negociar mejor. Entonces, son casi todos negociadores. Alguno llegará, pero casi todos son negociadores. Quedarán dos, no más.
Porque estoy viendo las agrupaciones que hay.
¿Y vos, con mucho conocimiento, quiénes son los que tienen más posibilidades de quedarse?
Hay un sector donde están los Katopodis, Jorge Ferraresi y varios más. Ahí puede salir un candidato. Hay uno que se está moviendo por las suyas, que es muy hábil, pero está un poco desgastado, que es el intendente Julio Alak.
Y después hay un sector, algo así como conurbano Norte, donde la figura más importante debe ser Federico Achaval. La Matanza está en el primer sector que mencioné. Achaval junto con otros intendentes.
Y después hay otra división. Están los grupos, pero hay otra división que es el enojo entre cristinistas y kicillofistas. Y no es un enojo de los intendentes. Claramente no es un enojo de los intendentes. Están dispuestos a estar en este grupo o en otro. Es un enojo en la cúpula de La Cámpora y Kicillof.
Entonces es un enojo superestructural, como se diría, que se va a resolver a favor de quién. En el fondo se va a resolver a favor de Kicillof, pero la prenda de cambio podría ser la gobernación de la provincia.
¿Y quién sería el candidato de la provincia? El candidato cercano a Cristina o de La Cámpora en la provincia, que podría ser el intercambio.
En mi opinión es muy difícil decir quién, porque repaso los candidatos y no encontré ninguno hasta ahora que destaque. Del otro lado veo algunos que destacan un poco más.
Decías que ves al PRO compitiendo con La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires. Se da una particularidad: justamente el candidato del PRO también es el candidato de La Libertad Avanza. Porque Santilli, ¿cómo se resuelve eso?
Santilli va a olfatear hasta último momento y va a ir para un lado o para el otro.
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Porque se da ese juego. Hay dos juegos acá. El juego de los partidos: el juego de Milei, de Macri, el juego de Kicillof, Cristina, el cordobismo, el santafesinismo, lo que fuera.
Pero los juegos de abajo son completamente distintos.
¿Quién sería, a tu juicio, el que pueda ser candidato?
Santilli va a esperar hasta último momento.
Ahora, el candidato de ese sector. Quiero decir, pongamos al PRO y a La Libertad Avanza como un campo político.
El candidato de La Libertad Avanza en la provincia es Milei.
No existe un candidato descollante. Son todos nuevos y bastante torpes políticamente.
¿Puedo hacer la misma proyección del caso de Cristina: que el candidato en la provincia de Buenos Aires será el candidato de Cristina? No importa quién. Pero que Cristina diga: “Este es mi candidato”.
Si hubiera una negociación que resultara en una unidad peronista en la provincia, me parece que ese candidato sería el de Cristina y el de Kicillof. Si no la hubiera, habría una interna.
Pero todo está bastante volátil. Hay algo que quería decirte, que es un poco más profundo respecto de la información de la que estamos hablando y especulando. Y es que la batalla por las candidaturas, que recién es una protobatalla, pero que se va a dar con mucha fuerza desde febrero —porque en enero se vacaciona—, es una batalla que tiene un gran riesgo.
¿Sabés cuál es el riesgo, en mi opinión? Profundizar la idea de la casta.
Es decir, una Argentina que no va a estar mejor económicamente. Va a tener que sortear varios escollos externos y, sobre todo, va a seguir en una decadencia interna. Y la peor de las decadencias desde el punto de vista moral es la pobreza y la falta de consumo. Desde el punto de vista económico es el fiscal: los ingresos fiscales son cada vez más bajos. Si esto es una espiral hacia abajo en la que cobro cada vez menos, tengo que cortar cada vez más.
Los cortes a las Fuerzas Armadas, los cortes a las provincias. Necesitan el voto de las provincias para que no haya PASO, que es una desesperación que tiene el gobierno de Milei. Igual les han cortado a provincias claves antes. Les acaban de cortar. ¿Por qué? Porque se caen los ingresos.
Hablamos siempre de los cortes de presupuesto, porque la gente protesta, y nada menos que el universitario, que dio lugar a la gran marcha de ayer. Hablamos, nos enojamos y nos indignamos con eso, pero revisamos siempre los ingresos fiscales. Es una espiral hacia abajo terrible. Y eso es un descontrol del modelo.
El modelo se descontrola ahí y se descontrola en el endeudamiento externo.
Tenés credenciales para opinar sobre la gobernabilidad en una situación de crisis como fue la mayor de la Argentina, a fines de 2001 y comienzos de 2002. Allí había una salida frente a la convertibilidad: salir de la convertibilidad. En el escenario que planteaste, en el que este modelo económico tenga un problema congénito irresoluble y cada vez haya una retroalimentación de la reducción, una especie de autogibarización, para decirlo de alguna manera, cada vez más chiquito, ¿cuál va a ser la salida? ¿Y para el que tenga que asumir en 2027, si se diera esto de que este modelo se demuestra frente a la opinión pública como insalvable, cuál sería la salida?
En primer lugar, una actitud de pacificación interna muy grande. Porque este gobierno juega la guerra interna. Hay una doble flecha entre la política exterior y la política interior.
El año pasado Milei dijo: “Estamos en una batalla cultural en la Argentina que es a muerte”. Lo dijo en la conferencia internacional de las derechas, en el mes de agosto. Esa idea de “a muerte” en la Argentina, al mismo tiempo que tiene la actitud que tiene con la guerra de Medio Oriente, es una actitud semisuicida frente a un país que tuvo los dos más grandes episodios de terrorismo.
¿El primero sería un tema del orden cultural, no económico: la pacificación?
La pacificación primero. Segundo, decir claramente qué se va a hacer con el tema económico, aunque pueda espantar votos o lo que fuera. Decirlo claramente, con la convicción y la fuerza que tuvo la motosierra. La motosierra era algo para asustar a todo el mundo. Era la convicción de Milei, una convicción que se demostró totalmente equivocada y que además esconde atrás la personalidad de Milei.
Pero con otra personalidad más normal, decir claramente lo que se va a hacer en economía. No guardarse y pensar a último momento, en el poco tiempo que hay entre un balotaje y el 10 de diciembre, lo cual es absurdo.
El argumento es que, cuando vos planteás “hay que planificar”, todos te dicen: “No sabemos cuál va a ser la realidad que nos vamos a encontrar en diciembre”.
Pero tenemos muchos datos para manejar esa realidad. Tenemos los datos de los vencimientos de deuda externa soberana y deuda con el Fondo. Tenemos proyecciones de exportaciones en la Argentina que no van a llegar a ser importantes en 2028, tan importantes como se espera para más adelante.
Tenemos que tomar medidas respecto del cepo. El cepo tiene que seguir, en mi opinión. Tiene que haber cepo. No puede haber 11.000 millones de dólares de saldo neto perdedor del turismo. No puede haber esas cosas en un país que tiene destruida su industria, que no puede dar trabajo.
Hay que fomentar el turismo interno. Hay que abaratar la Argentina.
¿Vos decís que el peronismo no debería tener miedo de plantear una política económica —más allá de que izquierda y derecha sean clasificaciones antiguas— más intervencionista de lo que habitualmente se supone que sería políticamente correcto decir?
La idea sería un mayor intervencionismo, una mayor regulación de ciertas cuestiones. Por ejemplo, el tema que te dije: el turismo interno y el turismo externo en cuanto a divisas. Un acuerdo con las empresas que tienen que girar divisas al exterior, un acuerdo formal y cumplible.
Un acuerdo que implique la no agresión, por razones pragmáticas. La no agresión al Poder Judicial, el no recurrir permanentemente al Poder Judicial para resolver cuestiones políticas. Y eso se trata con la oposición más sensata, con aquellos que no van a ir en la misma lista, pero con los que se puede hacer un acuerdo.
Porque el sector más politizado del Poder Judicial, que además tiene enorme poder porque tiene permanencia, puede ir contra cualquiera: contra Milei y contra otro.
Algo me trae reminiscencias del 2002. ¿Creés que a quien le toque gobernar desde el 10 de diciembre de 2027 se va a encontrar con un nivel de dificultad comparable con lo que fue aquella crisis?
Sí, creo que sí, con dos diferencias. En primer lugar, en 2002 había un temor a algo así como la disolución nacional. Estaba presente esa palabra. Hoy el temor puede ser a cierto sometimiento nacional, interno y externo.
En segundo lugar, no había grieta. La grieta era horizontal: “que se vayan todos” de cierto nivel para arriba. La grieta ahora es vertical. Es más fuerte que el “que se vayan todos”. Y eso perjudica mucho más la gobernabilidad.
Ahora, se parecen a las medidas de Duhalde, que además con el tiempo son reivindicadas por la mayoría de la gente. Son reivindicadas por una razón muy importante: no quiso quedarse, no quiso politizarse tanto ni usar su ego para complicar después las cosas, porque es el ego el que complica las cosas después.
Cumplió una función. A mí me pasó lo mismo en la provincia. Cumplí una función. La recibí muy mal y la entregué muchísimo mejor, con superávit. Y con eso me basta.
Ahora, quiero redondear algo que te dije antes. Yo dije dos cosas. Una: que la campaña política, las agresiones y la aparición permanente en la prensa de fulano contra sultano, mengano contra mengano, que se va a acrecentar sobre todo desde febrero, fortalece la idea de una casta política.
En la medida en que la gente va a estar peor o igual —peor que ahora es difícil, pero creo que va a estar peor, lamentablemente—, ¿qué va a haber encima de eso? ¿Planes, proyectos? No: peleas, pelea tras pelea, difíciles de entender para el hombre que está ocupado todo el día en sobrevivir.
Entonces, ese es el peligro de pensar que la política tiene que ser eso durante un tiempo. Yo creo que va a ganar el que se salga un poco de esas peleas y las mire desde más arriba.
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Ahora, la otra cuestión es la estabilidad política. Siempre se dice que los empresarios ven un programa, un modelo que siempre han pedido, sobre todo los empresarios fuertes o extranjeros: el programa neoliberal, el programa de lo que yo llamo el “club del ajuste” o el “partido del ajuste”, que es medio transversal y forma parte de una batalla cultural semiganada, en el sentido de que nadie que quiera ser dirigente empresario puede decir una palabra en contra del ajuste porque enseguida queda fuera de cualquier posibilidad. Es un club.
Ahora, también se habla de estabilidad política, que es lo que no brinda Milei. ¿Y la estabilidad política no vendrá de la mano de un poquito mayor intervención y mejor diálogo?
¿Y Kicillof es la persona que pudiera llevar adelante una economía como la que vos estás planteando?
Yo estoy hablando del que llegue. Kicillof está muy instalado y no se va a bajar. Va a seguir muy adelante y no le va tan mal en las encuestas. Por lo tanto, sí podría ser el que lleve adelante eso, por supuesto.
MV
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