Batalla por la plusvalía energética

"En cinco o seis años el extractivismo va a superar al campo"

El exsecretario de Energía, Emilio Apud, aseguró que “no tenemos un plazo infinito para monetizar los recursos” y pidió acelerar inversiones en Vaca Muerta y minería " para que no quede bajo tierra cosas sin monetizar"

Emilio Apud, exsecretario de Energía Foto: Captura de Youtube

“En 5 o 6 años podemos llegar a tener muchísimos más ingresos de divisas a través de la industria extractiva, petróleo y minería, que del campo”, afirmó Emilio Apud. Según explicó el exsecretario de Energía, el recurso “existe” y el desafío pasa por generar confianza y acelerar inversiones, porque “no tenemos un plazo indeterminado para monetizar todas estas riquezas que tenemos”. "En el negocio de los hidrocarburos es necesario apurarse para que no quede bajo tierra cosas sin monetizar", sostuvo en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190).

Emilio Apud es un ingeniero, consultor y especialista de larga trayectoria en el sector energético. Fue secretario de Energía y Minería de la Nación durante la presidencia de Fernando de la Rúa, bajo la órbita del Ministerio de Economía. Además, se desempeñó como director en YPF, es consejero académico en la Fundación Libertad y Progreso y es miembro de la Fundación Pensar, el think tank del partido PRO. 

¿Qué consecuencias tendría para Vaca Muerta, para las inversiones en la Argentina en exploración de gas, de petróleo, una prolongación de la guerra en Medio Oriente y un aumento sostenido del precio del petróleo? 

Depende de cuánto tiempo va a durar este conflicto. Hoy agarra el sistema energético global en buena posición, porque hay stocks y hay sobreproducción. Prueba de ello es que había estado bastante bajo el barril, había llegado a 60; después subió con algunos problemas que son geopolíticos, no son de lo que hace oferta y demanda. Pero en estos momentos nadie puede decir si va a durar o no.

Yo creo que se va a extender por una semana hasta tal vez un par de meses, pero no mucho más, porque entiendo que es contraproducente para Estados Unidos, sobre todo para Donald Trump en un año electoral, porque un precio alto del petróleo incide en el precio de los combustibles y es muy sensible Estados Unidos al valor de los combustibles, y que se pague directamente inflación, y un efecto inflacionario no sería muy agradable para Trump.

Pero, dejando de lado esa forma de interpretar la cosa, yo creo que un barril alto, por un lado, favorece al desarrollo de Vaca Muerta, porque se están haciendo inversiones muy grandes para evacuar, porque el problema no es sacar el petróleo, que hay que hacer inversiones, sino llevarlo para fuera, porque nuestro mercado es chico, nuestro mercado no tiene ninguna relación con la potencialidad de Vaca Muerta.

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Entonces, esta vez un poco tarde, pero ya están en marcha lo que se llaman gasoductos dedicados, que son gasoductos que van directamente desde el yacimiento hasta el punto de embarque o de tratamiento, que sería el golfo de San Matías, sin tener relación con el resto de la red de petróleo y de gas.

Entonces, se están haciendo inversiones de miles de millones de dólares en el oleoducto Vaca Muerta Sur y en los gasoductos para hacer líquido el gas y meterlo en barco. Esto va a ocurrir; lo del petróleo ya está ocurriendo, estamos exportando cerca de 300.000 barriles diarios, y a fin de año, podemos ya exportar casi un millón. Entonces, desde el punto de vista de futuro, un barril bajo no es bueno, sino que daría menos ganancias.

Pero en estos momentos el precio del barril lo que está haciendo es acelerar el proceso de inversión, porque esas inversiones de miles de millones en infraestructura, en logística y en perforación se financian con equity, con dinero que se consigue de los bancos y con el flujo de caja. Y no es lo mismo un flujo de caja con un petróleo a 65 que a 80. O sea que ya en estos momentos se está viendo un ingreso diariamente de millones de dólares que van a acelerar el proceso de integración al mercado internacional de Vaca Muerta.

Pero, por el otro lado, hay que tener en cuenta que se traslada también al precio de los combustibles en forma interna, porque por fin, después de muchos años de populismo energético, se ha dado cuenta el gobierno, y yo pienso que gran parte de la ciudadanía, de que el petróleo es una commodity, tiene un valor internacional que nosotros no somos tomadores de precio, no podemos incidir en nada y, si quisiéramos hacer como se hizo en las últimas décadas de querer tocar el precio del petróleo desde un punto de vista político, lo único que logramos es espantar a las inversiones y dejar de producir todo lo que tenemos y pasaríamos a una etapa de importación.

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Entonces, por eso yo creo que en estos momentos vamos a tener que apechugarnos este cimbronazo que puede haber si se mantiene. Yo pienso que con 80 va a ser muy poca la incidencia en el precio del combustible acá doméstico. Tengamos en cuenta que no se traslada todo. La incidencia del precio del crudo dentro de la conformación del precio del combustible no llega al 40%.

Entonces, en esa proporción es lo que va a afectar. Y las compañías no aumentan todos los días, sino que van ajustando en función de las variaciones y puede ser que, si esto perdura, haya un aumento, y eso no es bueno para el gobierno, porque uno de los objetivos principales que viene defendiendo e imponiendo es, y me parece como buen criterio, bajar la inflación.

Y un aumento de los combustibles incide rápidamente en el nivel del índice de precios al consumidor. Entonces, por un lado es bueno en la macro, porque vamos a tener más divisas y acelera el proceso de exportación, etcétera, pero, por el otro lado, en el corto plazo puede llegar a afectar las cuentas del nivel minorista a través de inflación.

Aprobada la ley de Glaciares, extendido el período de plazo del RIGI, la reforma laboral, ¿cuáles son sus perspectivas? ¿Cuánto hay de dorado como fantasía de que una Argentina en 2030 va a duplicar sus exportaciones por habitante y cuánto hay de realidad, y cuánto puede contribuir en eso, por un lado, la energía y, por otro lado, la minería?

El recurso existe. Lo que es necesario, como son inversiones que no quedan enterradas durante mucho tiempo, uno no puede, como en un comercio o en un sector financiero, entrar y salir. Una vez que entra es difícil salir. Entonces está muy vinculado con el nivel de confianza que tiene el mundo hacia Argentina. Y ese factor está muy deteriorado, después de todas las macanas que hemos hecho durante décadas.

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Entonces, creo que una parte que tiene que hacer el gobierno es tratar de demostrar que no nos vamos a volver a las andadas y que ahora es en serio, que las leyes se van a cumplir. Me parece bien que todo se haga institucionalmente, que se trate de dar este nivel legal a través del Congreso, ir bajando el tema de los DNU y esas cosas. Y entonces yo creo que van a empezar a venir.

El RIGI lo que hace es disipar un poco ese nivel de desconfianza, porque permite sacar partidas de las utilidades. No sé si sabe que lo del cepo es una cosa pequeña lo que se ha hecho. El cepo minoritario, yo le llamo, pero el cepo mayoritario es que las empresas tienen grandes remesas acá retenidas porque no las pueden sacar de sus utilidades, empresas internacionales lo pueden hacer. El RIGI lo permite parcialmente para inversiones de más de 200 millones de dólares y además da un sistema impositivo mucho más friendly y más no tan confiscatorio como normalmente tenemos en la Argentina.

No olvidemos que en estas industrias extractivas hay una parte que es la renta que da el petróleo o la minería, y de esa renta el Estado se queda con una parte que se llama el government take, y si se pasa de la raya el Estado con ese government take, evidentemente las empresas invierten en otro lado. O sea, hay que manejarlo con cuidado.

Y en el caso de la minería he escuchado por ahí que se llevan todo, que no dejan nada. Esas son cosas que confunden a la gente, porque a lo mejor se refieren a las regalías que dejan a las provincias, pero no a todos los impuestos, ganancias y aportes que tienen que hacer una vez que hacen la producción.

Por eso yo creo que es muy auspicioso, mientras siga esta política económica y de no intervencionismo y de apertura, el futuro de la minería. Mientras que Chile exporta 45.000 millones de dólares, nosotros exportamos 4.000 millones de dólares y el recurso es el mismo, porque una raya, que es un límite político, no puede cambiar las características geológicas. Entonces, para mí, sí podemos recuperar, venimos atrasados.

Pero de acá a 5 o 6 años podemos llegar a tener muchísimos más ingresos de divisas a través de la industria extractiva, petróleo y la minería, que el campo. Y lo que hay que tener cuidado es que, a pesar de las señales que está dando Trump con su famoso “drill baby drill”, de hay que darle al petróleo y olvidarse de los eventuales cuestionamientos que hace gran parte de la sociedad por el tema del calentamiento, yo creo que en 30 o 40 años se acaba la era del petróleo.

O sea, no se va a acabar cuando se acabe el petróleo, sino cuando se lo deje de usar, y están apareciendo nuevas tecnologías que van a terminar con la tecnología obsoleta de quemar fósiles, que ya viene del paleolítico prácticamente. Entonces, porque no es solamente el calentamiento global, sino todo el tema de contaminación en las grandes urbes, etcétera. Entonces, no tenemos un plazo indeterminado, infinito, para monetizar, para poner en valor todas estas riquezas que tenemos, que es la segunda en gas a nivel mundial y en petróleo también muchísimo, y hay que apurarse, es decir, yo veo que en el negocio de los hidrocarburos es necesario apurarse, para que no quede bajo tierra cosas sin monetizar.

Y en el caso de la minería hay que aprovechar la tecnología actual. No olvidemos que puede aparecer una tecnología que deje obsoleta, por ejemplo, el litio. Se está hablando ahora de uso de sodio para baterías y entonces el tiempo no corre a favor nuestro. Tenemos que apurarnos y concentrarnos en eso. Lamentablemente son resultados que no derraman sobre la sociedad inmediatamente, pero sí permean en la actividad, porque no es una máquina que saca y que se exporta.Hay un montón de tecnologías, servicios, etcétera, vinculados con eso.

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Continuamente y recurrentemente viene la idea de que Argentina es un país que tiene riquezas, recursos naturales y que nos vamos a convertir en una potencia, granero del mundo, como decía Macri cuando asumió, la frase repetida a lo largo de la historia con distintos elementos. Ahora es Vaca Muerta y ahora es la minería. Usted decía: “En 5 o 6 años es plausible esperar que exportemos tanto o más de energía y minería cuanto del complejo agropecuario”. ¿Qué temor tiene usted de que esas promesas no se conviertan en realidad y de que finalmente sea otra ilusión más, como lo fue en su momento cuando fue el precio de la soja y la idea de la siembra directa, de que Argentina había nuevamente hecho eureka?

Sí, no quiero entrar en términos políticos, pero hay que eliminar del horizonte la posibilidad de que vuelva el peronismo o su versión kirchnerista, que es peor, porque va en contra de todas estas condiciones que hacen que Argentina pueda prosperar desarrollando sus inmensos recursos. La sociedad está cambiando y la posibilidad de que esto funcione es que nos normalicemos, que nos parezcamos a Uruguay, a Paraguay, a Chile, no mucho más, desde el punto de vista institucional, respetar todos los contratos.

Tenemos un montón de juicios que están en curso y perdidos en distintos tribunales internacionales, etcétera, y con solamente llegar a esa normalización Argentina va a explotar para bien. Pero además hay que ver que es necesaria una gran reconversión. Acá esa introducción forzosa que se hizo durante décadas de la industria nacional, de sustitución de importaciones, de vivir con lo nuestro, etcétera, va un poco contra la naturaleza a nivel global, ¿no? Uno tiene que especializarse e incluso agregarle valor en las cosas donde tiene ventajas competitivas y a lo mejor no en otras.

No sé si estamos para fabricar autos o para fabricar heladeras, qué sé yo, hay que ver, pero sí a lo mejor para fomentar todo lo que sea agroindustria, refinación de minerales, petroquímica, hay un montón de cosas que es necesario hacer en una reconversión, que si no se hace la reconversión va a haber serios problemas con esto de la apertura. Entonces, como volvemos a lo de antes, es una cuestión de recuperar confianza. Para recuperar confianza tenemos que mostrar que vamos a ser normales, que no vamos a ser exóticos, que no vamos a intervenir en las reglas de la economía por una cuestión política circunstancial.

 

RM/ff