La transformación del voto popular

Facundo Pedrini: “El PJ se convirtió en un partido de incluidos, hoy el cabecita negra es libertario”

Facundo Pedrini analizó el desplazamiento de los sectores populares hacia La Libertad Avanza, la pérdida de identidad del peronismo y el desencanto de una sociedad atravesada por la precarización, el multiempleo y la falta de paciencia.

Facundo Pedrini Foto: Captura web

El peronismo dejó de representar de manera exclusiva a los sectores populares y, en paralelo, el discurso libertario logró instalarse entre trabajadores que históricamente habían formado parte de su base electoral. Para Facundo Pedrini, periodista, escritor y director de noticias y contenidos de Crónica TV, ese desplazamiento expresa una transformación más profunda de la sociedad argentina: “El peronismo se convirtió en un partido de incluidos. Hoy por hoy, los cabecitas negras son libertarios”.

En diálogo con Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), Pedrini analizó los cambios en las identidades políticas, el voto de los sectores populares y la relación entre el mileísmo y el peronismo. También se refirió al voto como una forma de supervivencia, al desencanto de parte de la sociedad y a la dificultad de la oposición para ofrecer una alternativa frente a un electorado que, según describió, tiene cada vez menos tiempo y paciencia.

Facundo Pedrini es periodista, escritor, docente y productor que actualmente se desempeña como director de noticias y contenidos de Crónica TV. Ha cobrado gran notoriedad pública por ser el principal estratega y mente creativa detrás de las icónicas y virales placas rojas del canal, participa en programas reales y conduce ciclos audiovisuales como el espacio de entrevistas cara a cara. Es autor de Argentina, una historia en placas, un repaso histórico por el pasado reciente del país narrado a través del formato y el humor característico de los carteles informativos de Crónica Televisión. 

Yo agregaría también que nosotros somos fans de Facundo, de una frase que, a nuestro juicio, sintetiza mejor que nadie la problemática sociológica actual, que es así textualmente: “El repartidor que lleva café a una radio vota por Milei; el periodista de clase media que pide ese café, creo que era además un café de especialidad, para completarlo, vota el peronismo”. ¿Cómo puede ser que ese repartidor que tiene un salario informal, básico, mínimo, tenga una adscripción por La Libertad Avanza y, al mismo tiempo, el cheto de Palermo que se hace traer un café de especialidad y paga un repartidor, al mismo tiempo vote al peronismo? ¿Qué pasó con, lo podríamos decir, la gentrificación del peronismo? Y, al mismo tiempo, la popularización del discurso de derecha. Así que somos todos oídos, Facundo, para que profundices la línea.

¿Qué tal, Jorge? Buenos días, gracias por la deferencia de la invitación y un honor estar una vez más acá, en la editorial Perfil. No, lo que pasa es que el peronismo se convirtió en un partido de incluidos. Hoy por hoy, los cabecitas negras son libertarios. Y no es por una cuestión de doctrina, sino que todos somos un poco más rappis. El abogado que en la década del 60 votaba a Alsogaray llevaba un estilo de vida mucho más peronista que nosotros, que tenemos dos o tres trabajos, uno en situación de monotributo, facturando para un programa de radio o lo que sea. Y eso tiene que ver con que el mileísmo social es más efectivo porque es más rápido, es mucho más veloz. Por otro lado, me parece que Milei fue una venganza. Si Cristina es un lugar, Milei es una venganza.  Y una venganza no la soltás. No hay evidencias. Así que no tengo del todo claro cuánto va a durar todo este proceso político. Y tampoco cuál es el plan que tiene el peronismo para captar ese voto joven. Desde mi rol como editor de Crónica Televisión, puedo asegurar que hoy por hoy nosotros configuramos una pantalla de indecisos, pero tiene mucho que ver con esa Argentina que no dialoga en clave electoral con el sentido común, sino que sobrevive. Ese partido de brazos largos, de bruxismo social, que nunca sabe a quién votar porque siempre está sobreviviendo.

O sea, que cualquier cambio de gobierno puede significar pasar al otro lado de la supervivencia. Entonces, su voto es continuamente un dilema.

Es un dilema, es preideológico, incluso a veces es predemocrático. No tiene demasiados códigos de confirmación con lo que está pasando. Es un voto en defensa propia también, ¿no? Es un voto en defensa propia de todo lo obtenido y todo lo que todavía no perdió.

Me quedo pensando: si vos decís, bueno, hoy es un partido de los incluidos, el peronismo. Bueno, probablemente esa gentrificación también le tocó al radicalismo. El radicalismo comenzó siendo un partido reformista, se fue convirtiendo en un partido de clase media y después, progresivamente, en el siglo XXI, directamente un partido más cercano a la centroderecha. Es una especie de lógica de recorrido de cualquier organización, en un proceso... ¿Es una cuestión de, podríamos decir, movilidad social ascendente de alguno de sus componentes? ¿En que se vayan gentrificando?

Sí, y la palabra prohibida es vecinalismo, a mi juicio. Argentina dejó de ser una oportunidad para ser una certeza. Y lo que estamos, me parece, viviendo hoy es un sistema de representación lleno de personas que pelean por lo concreto. No hay más soñadores en Argentina. Lamentablemente, hay algo del metro cuadrado que copó la agenda política, ¿no? Al estar tan disociados durante mucho tiempo de la voluntad de las mayorías, tal vez obsesionados en interpretar el deseo de las minorías, hoy por hoy hay un regreso a lo pragmático, a la figura del hacedor, como si fuera la única forma de hacer política. Y el problema de eso es que el peronismo se convirtió en un espacio ambulanciero, ¿no? Hay un justicialismo crescenti, que todo el tiempo está levantando cuerpos de la calle, pero no sabe qué hacer una vez salido del hospital.

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Decías que la venganza es una emoción profunda, que no se corrige con argumentos. Que la venganza es absolutamente pasional y que incluso podría haber, si compartís esto, en la venganza puede el vengador incluso herirse a sí mismo con tal de herir al otro y, con tal de herir más al otro, incluso herirse a sí mismo. Eso te hace suponer que aunque los resultados sean negativos en términos económicos, para ese votante vengador, de cualquier forma, renueve su venganza.

Sí, porque una venganza no la soltás con evidencias. De todas formas, yo lo que veo es un retroceso en el mileísmo popular, ¿no? Por algo, Milei vira hacia determinadas consignas que están más cerca del nacionalismo que de sus propios valores libertarios.

Perdoname que te interrumpa ahí. O sea, Milei también se gentrifica, porque cuando uno mira el voto en la Ciudad de Buenos Aires de 2023 y de 2025... Ahí se ve claramente, tomando la Ciudad de Buenos Aires simplemente como una especie de túnel de viento del resto, de que Milei ganaba antes en el sur y pasó a ganar en el norte de la ciudad y perder en el sur.

Sí, un fenómeno parecido a lo que le pasó a Mauricio Macri en la elección de 2015. Pero sí, sí, sí, es así. Yo lo que advierto es que, bueno, hay que ver qué es lo que va a pasar el año que viene. Yo creo que Argentina no va a explotar. No va a haber una crisis total. Me parece que, en ese sentido, la calle está controlada. Y lo que se viene es un tiempo de úlceras, ¿no? Un tiempo de úlceras y de implosiones, más que de estallido social. Independientemente de las tres elecciones que tenemos por delante, Israel, Brasil y Estados Unidos, me parece que hoy por hoy, si bien Milei no tiene contra quién perder, la interna a cielo abierto del peronismo nos necesita más a nosotros, que somos los interlocutores y los que estamos todo el tiempo alimentando ese fogón de apariencias, que a un pueblo adentro.

Me quedaba pensando también otro efecto más racional, además del voto venganza, que me parece muy interesante, que es el del capital invertido. Cuando una persona compra acciones en algo y las acciones bajan, dice: “Ahora no es momento de vender”. Vuelven a bajar y dice: “Ahora no puedo vender, tengo que esperar, porque peor que esto no va a haber”. Es decir, hay una relación en la cual una derrota, una pérdida, reafirma mantenerse en el mismo camino, para no tomar pérdida, como se llama en finanzas. Puede ser que al votante de Milei también le pase algo parecido, decir: “Bueno, todo este capital emocional invertido, no lo puedo pasar a pérdida”. Y hasta que se llegue un momento en que no quede otra alternativa, vuelva a renovar su confianza para salvar su capital emocional.

Y eso abre otra pregunta, que es: ¿existirá el mileísmo sin Milei? ¿El mileísmo social lo puede trascender? Yo creo que en la última elección, que es un poco el parámetro general que tenemos, el ordenador político no fue el mileísmo, fue el antikirchnerismo. Creo que como identidad política, hoy el antikirchnerismo es mucho más fuerte que el mileísmo. Hay algo del votante que no quiere transitar, pero, sobre todo, no quiere volver hacia determinados lugares. Y me parece que hubo algunos pactos democráticos que inauguró La Libertad Avanza que se tienen que sostener. Son los que tienen que ver con la previsibilidad. El peronismo no puede subestimar más la paz. Ni el orden. Que fueron palabras que durante mucho tiempo subestimó. En Argentina, en el siglo XXI, no se pudo hablar de justicia, no se pudo hablar de orden, no se pudo hablar de Dios. Y me parece que eso hizo mella en una orfandad que eligió a Milei como una venganza a un sistema de representación. Y nada indica que después de un loco va a venir un psiquiatra. Nada indica que después de un personaje que vino a mover la escena puede venir algo un poco más previsible.

¿Y Kicillof podría hablar de Dios, de orden, de paz?

Yo creo que Kicillof no elige hablar de nada. Es raro lo que está pasando con la oposición. Los candidatos que más crecen son los que permanecen en silencio, hoy por hoy. Cristina crece en las encuestas y hace siete meses no tuitea. Hay una mirada napoleónica de no interrumpir al rival cuando se está equivocando, que creo que es un poco irresponsable. Porque hay un pueblo en diáspora, hay un pueblo en catacumba que está esperando que alguien le diga algo, que alguien le prometa algo por afuera de lo que ya está jugando Milei. Y eso creo que no está sucediendo.

Axel Kicillof se reunió con José Luis Manzano en un encuentro con empresarios en Nueva York

O sea, todos los que no son del oficialismo están a la espera de no mostrar sus cartas antes de que las muestre el otro.

Juega con las cartas del otro.

Entonces, los políticos pueden esperar para ver cuál es el momento oportuno, pero la sociedad no puede esperar.

No, la sociedad creo que no puede esperar. No hay paciencia. Me parece que Argentina transita un escenario poskirchnerista, pero en los hechos ya la gente no tiene paciencia, tampoco tiene tiempo. No tiene ni tiempo ni paciencia, tiene ansiedad y creo que está viviendo el partido de la supervivencia, del multiempleo, de la precarización. Lo veo cada vez más complejo.

Vos, como nadie, vamos a volver a marcarle a la audiencia que sos el responsable del canal de televisión que se especializa en el sector socioeconómico que tradicionalmente votaba al peronismo y que te habrás encontrado con un porcentaje importante que votó a La Libertad Avanza. ¿Cómo fue el trayecto de estos casi tres años? ¿Qué pasó con la relación de tu audiencia con Milei y hoy?

Bueno, gracias por marcarlo. Crónica siempre fue la pantalla de los indecisos. Es cierto que el contrato electoral de nuestra audiencia es mixto. Hubo mucha gente que se inclinó hacia la figura de Javier Milei. Hoy por hoy, aquellos que no están convencidos o, de repente, son los que no fueron a votar, prefieren no hablar de política. Y no es por reconocer un error o por mostrarse por afuera de ese pacto que sugirió o propuso el Gobierno. Simplemente están desencantados. Yo creo que el público de Crónica y esa porción de uno de dos, C1, C2, que es la audiencia a la cual nosotros dirigimos y nos dirigimos, tiene el alma del lado de afuera.

¿Cómo es eso?

Que está en situación desangelada. Tiene el alma del lado de afuera. Milei fue, si se quiere, su última carta. Entonces, hoy por hoy, no se inclina de una opción democrática, a mi juicio, va a conformar, y ya conforma, las filas de las personas que no van a votar, que son la nueva mayoría. 

¿Le duele hablar de política?

Le duele hablar de política porque es una relación de espejoLa política... Recordaba, cuando venía para esta redacción, la película de Nixon y ese famoso doble cuadro donde él ve a John F. Kennedy: cuando los estadounidenses te ven, ven lo que quieren ser, y cuando los norteamericanos me ven, ven lo que son. Yo creo que el votante de Milei puede llegar a inaugurar un tercer cuadro, que es el del marco vacío, en donde solamente radica a sí mismo y no puede caberse en su propia urgencia.

¿Cuánto te ayuda la formación intelectual, el manejo del lenguaje, de lectura de ciencias sociales, casualmente para comunicarte con una audiencia que requiere mayor simpleza?

Bueno, la verdad que el público de Crónica está muy concretizado. De un tiempo a esta parte, la televisión también abordó el lenguaje de simplificación del discurso. Nosotros trabajamos mucho sobre la premisa del verismo italiano: los grandes temas de la humanidad interpretados por las pasiones bajas. Es un canal sin mosquitero, sin duda. A mí me lleva mucho tiempo interpretarlo simple, aunque parezca mentira, y la formación que incluso tuve en esta casa, porque yo formé parte del posgrado de Perfil, me lleva a tener mejor relación con la abstracción para tratar de disociarme un poco de la historia puntual o del caso que viene a la puerta. Crónica es un canal comedor, para empezar a trabajar la capa del fenómeno o la capa de la tendencia. Ir de lo particular a lo general y de lo general a lo particular es más fácil con un par de libros encima.

Bueno, nos enorgullece que seas un egresado del posgrado de Perfil. Felicitarte por la manera de poder simplificar. El repartidor que lleva café, vota Milei; el periodista de clase media de Palermo que lo espera, vota al peronismo, es un ejemplo de eso, de cómo pensamientos profundos, complejos, se pueden expresar de una manera sintética que abre la mente. Felicitaciones, Facundo. Gracias por estar acá.

Gracias, Jorge, por el espacio.



LMM