Jaime Duran Barba: “El discurso de Milei en el Congreso fue exitoso, montó un espectáculo”
El consultor ecuatoriano analizó el giro de la política hacia la lógica del espectáculo y sostuvo que la comunicación actual se impone sobre el contenido: “Si hacía un discurso sereno, yo lo cambiaba a los cinco minutos”.
Jaime Duran Barba afirmó que el discurso de Javier Milei en el Congreso durante la apertura de sesiones ordinarias "fue exitoso" porque "montó un espectáculo”. El asesor político sostuvo que la política global atraviesa una etapa en la que la emoción y la búsqueda de dopamina pesan más que los argumentos racionales. “Para llamar la atención y para conseguir audiencia, necesita ser desorbitado, necesita ser insólito”, explicó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190).
Jaime Duran Barba es un consultor de imagen y asesor político ecuatoriano que fundó la empresa de asesoramiento político Informe Confidencial. Sus campañas abarcaron numerosos candidatos en América Latina, incluyendo las presidenciales y de jefe de gobierno porteño de Mauricio Macri. Además, es autor de libros como "Los nuevos electores latinoamericanos" y "El arte de ganar", y colabora como columnista en Perfil.
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Estamos en un día muy ajetreado. Cuando combinamos con vos esta entrevista la semana pasada no imaginábamos este contexto en el que íbamos a estar. El mundo está patas para arriba. El presidente Donald Trump puede decidir sacar al presidente de Venezuela y matar al jefe de Estado de Irán, el segundo jefe de Estado que saca de su condición de puesto de mando en poco más de un mes y medio.
Es algo que veníamos anticipando en la columna de Perfil desde hace mucho tiempo. La lógica es la que se desmoronó, la lógica de la Ilustración. Estuvimos acostumbrados a un razonamiento que venía del libro que moldeó nuestra mente. El libro lo lees línea por línea, página por página, tiene una secuencia, un principio, un fin. Escribir siempre nos permite pensar racionalmente. De eso hemos pasado a la red, que no permite el razonamiento profundo. La red es un conjunto de estímulos que prescinde de los contenidos. La gente que votó por Trump no votó para que haga lo que hace, sino porque le divertía. Estamos en una sociedad completamente lúdica, en la que son las formas las que están permitiendo el triunfo de Trump, de (Zohran) Mamdani, de Pedro Castillo, de Javier Milei, izquierda, derecha, no importa, pero son siempre formas originales que captan la atención, que hipnotizan a la gente. Nos hemos acostumbrado a buscar dosis de dopamina con cada cosa que hacemos. Entonces entramos a la red, en donde existe un multiverso, no solo de palabras, también de imágenes, memes, chistes, y eso es lo que constituye nuestra realidad actual.
A mí, como ponía uno de los artículos de Perfil, me sorprende cuán famoso se hizo el monito Punch, de Japón. Todos los canales de televisión del mundo han estado transmitiendo su vida, cómo él se lleva bien con su madre de peluche, cómo los otros monos le atacan. En el mundo es más conocido que el primer ministro de Japón, cuyo nombre nadie conoce ni se interesa. El fenómeno de los therians es impresionante. Una cosa estrafalaria que pasa en Buenos Aires se convierte en una semana en un tema mundial. El Salvador sacó ley contra los therians. (Nayib) Bukele pena con cárcel a quien se crea therian. En Quito hubo un llamado a que los therians se reúnan en un parque. Hay therians en México por cantidades. ¿Qué es un therian? No es una idea, no es algo que viene de una reflexión medianamente profunda sobre la realidad. Es una noticia pintoresca que tiene más difusión que la discusión sobre el código laboral argentino, que no tiene ningún espacio en ningún lado.
Estamos en esta sociedad del espectáculo. Describo cómo funciona. No necesariamente es la sociedad en la que me gusta vivir. Como hemos conversado contigo, me formé yo en el otro extremo. Mi primera carrera fue filosofía escolástica, que es lo más lejos que puede haber de un therian, pero el mundo está así.
¿Existe alguna posibilidad de que sea un proceso pendular, que estemos atravesando una especie de era de oscurantismo nuevamente y que sean ciclos de la humanidad de cierto crecimiento de la humanidad, en el que hay avances y retrocesos y algunos de esos retrocesos sean para volver a avanzar, o sos pesimista?
Soy optimista. Esto no tiene una vuelta. Es la humanidad que avanza, es la tecnología que avanza. Como decía en alguna otra entrevista, aunque salga el modelo más hermoso de máquina de escribir, yo no la compraría para botar mis computadoras a la basura. Las máquinas de escribir se fueron. Fueron lindas, yo escribí mi tesis doctoral en una Remington, pero nadie puede pensar en sustituir la computadora con eso. Tú como presidente de un grupo de medios tan importante, nunca vas a cambiar tu maquinaria actual para volver a una imprenta de tipos.
El doctor Velasco, que era un presidente democrático pero autoritario, normalmente empastelaba las imprentas de oposición. ¿Qué significaba eso? Que la policía iba y pateaba las cajas para que se mezclen las letras y, hasta volver a ordenar las letras, se demoraban seis meses. Pero eso era posible cuando yo era niño. Ahora ya no es posible. Tú tienes el periódico en la nube y, honestamente, aunque yo utilicé máquina de escribir y papel carbón durante muchos años de mi vida, ahora físicamente estoy incapacitado para usarla. El otro día intenté contarle a mi nieto qué era una máquina de escribir, porque le parece una cosa absurda. Me preguntó: ¿y dónde se imprime el texto? Dije: no, no, esta no imprime textos. Intenté usar la máquina y no pude. Ya no es algo que está en mi mundo.
Eso pasa también con la política. Hay un nuevo lenguaje que tiene que ver con el multiverso, que tiene que ver con este hecho de que mezclamos palabras con imágenes, con memes, con música todo el tiempo, y eso, como habría dicho (Marshall) McLuhan, nos masajea el cerebro. Tenemos otro cerebro que está buscando siempre dopamina, está buscando siempre una satisfacción inmediata con algo insólito, con algo gracioso. Entonces, la comunicación eficiente de los políticos tiene que aprender ese lenguaje. No creo yo que necesariamente por eso deben ser vacíos. Creo que es posible pensar en serio la política y fue un poco la frase final de mi último artículo en Perfil. Para entender esta sociedad tan liviana hay que pensar profundamente, pero teniendo ideas hay que aprender cómo podemos llegar a la mayoría de la gente, que ahora funciona con sentimientos, impulsos y con muy poca racionalidad.
Vos nos anticipaste que Milei podía ser presidente. Y después de que perdió las elecciones en la provincia de Buenos Aires en septiembre del año pasado y supuestamente estaba en su peor momento, y él hizo un evento musical que la mayoría de los analistas lo consideramos un error. Vos, por el contrario, dijiste: "No, ese es el verdadero Milei. Eso que está haciendo es muy bueno y le va a terminar dando resultado". Semanas después, cuando él gana las elecciones de octubre, confirmaron, como tantas otras veces, que vos tenías razón y nosotros estábamos equivocados. Frente a la exposición de ayer, ¿cuál es tu balance nuevamente? ¿Crees que, a pesar de que a nosotros nos indigna y nos produce rechazo, él está en lo cierto y que hace lo correcto para lograr aumentar su popularidad o por lo menos mantenerla?
Distinguiría dos cosas. Que esté en lo cierto es una cosa. Que esté actuando correctamente para mantener su popularidad es otra. Pues sí, yo creo que la de ayer fue una cosa totalmente exitosa. Si él tenía un discurso sereno, pausado, sobre las ventajas de sus teorías económicas y de la guerra cultural, estas cosas que dice, ¿cuánta gente habría escuchado el discurso? Yo lo habría cambiado a los cinco minutos, porque me aburre, no, no me interesa, y soy una persona dedicada al estudio de la política. Las personas que no están estudiando ven y se van. Pero ¿cuánta gente se mantuvo todo el tiempo viendo el espectáculo, más que el discurso, el espectáculo que protagonizó Miley ayer?
Para llamar la atención y para conseguir audiencia, necesita ser desorbitado, necesita ser insólito y, con eso, atrae la atención, maneja la agenda y hace lo que, a su manera, también está haciendo Trump en el mundo. Él lo que hace es protagonizar la política del mundo con decisiones, en su caso más graves, bombardear países, apresar presidentes, pero es todo un espectáculo, que es en grande el mismo Trump que fue a freír papas en el McDonald’s. Es un señor que conserva la iniciativa de comunicación haciendo cosas que a todos los que tenemos una formación clásica, como tú y yo, nos parecen horribles. Siempre te dije una frase y es que una buena pieza de comunicación es aquella que horrorizaría a mi abuelita si estuviese viva. Mientras más terrorizar a mi abuela, estaría mejor la pieza.
Desde un punto de vista escolástico, ¿hay un punto a partir del cual la realidad supera la idea? ¿Va a haber algún momento en que esa teatralización, si luego no se corrobora con mejoras en la calidad de la vida de la gente, eso mismo que primero divierte luego horroriza? ¿Puede suceder ese proceso de inversión a partir de que la realidad sea un continuo contraste con el relato?
Si en la realidad colapsa la economía argentina, va a ser difícil mantener el espectáculo. Entonces será necesario que asome otro espectáculo más interesante para reemplazarlo. Pero que porque las cosas van muy mal, se vuelva a elegir a (Raúl) Alfonsín es imposible. Las relaciones que yo tengo con mi nieto no se parecen en nada a las que tuve con mi padre y las del hijo de él con él van a ser todavía más disruptivas que las que mantiene conmigo. No hay posibilidad de vuelta al pasado porque, finalmente, los seres humanos dependemos de la evolución tecnológica. No habría habido democracia sin imprenta. La imprenta es la que causa finalmente este tipo de pensamiento lógico, etcétera.
No habría habido esta avalancha de outsiders, que son tantos que ahora ellos son los insiders, sin el internet, porque es por todos lados. Es Trump, es (Giorgia) Meloni, es Pedro, es Daniel Noboa, es Javier Milei. Son todos personajes de fuera de la política. Pero lo que a nosotros nos parece más interesante, cuando conversamos, es que están fuera de la lógica ilustrada, no piensan con la lógica antigua, no creen en las instituciones, no sienten las instituciones. Para Trump no hay límites de países, es una especie de gerente de una gran empresa inmobiliaria que puede comprar el país de al lado o invadirlo como hacía cuando tenía negocios inmobiliarios.
La noción de institucionalidad, que fue tan difícil de implantar después de la Segunda Guerra Mundial, y todas las instituciones de las que Estados Unidos se ha retirado, no le interesan porque no son pintorescas. Él está más interesado en hacer cosas que llamen mucho la atención. Mi impresión es que cuando hace estas operaciones militares, en el fondo está participando de un videojuego. No siente que hay seres humanos en Irán o Venezuela, simplemente tiene un videojuego con el que puede bombardear cosas como bombardean los jovencitos ahora en sus máquinas.
¿Cuántos doctorados tenés?
Yo he estudiado una cantidad de carreras, y no me recibí siempre. Me recibí en Argentina gracias a un profesor, un genio de Bariloche, que me dijo: “Si no sacas el máster, no te vas de la Argentina”. Entonces me obligó, pero he estudiado un montón de cosas. Empecé por filosofía escolástica, que curiosamente es la carrera más práctica que conocí. Es la que me enseñó esto que ahora ya no está de moda, pero es utilísimo, la lógica. Yo permanentemente trato de comprender lógicamente cómo pasan las cosas, y eso me permite entender todo.
Quiero ir al fondo de la cuestión de tu columna de ayer con lo que planteaste del homo sapiens al homo ludens. O sea, de la idea cartesiana de pienso y luego existo a una idea hedonista de me divierto, luego existo. ¿Qué transformación es la que se ha producido? ¿Qué atribuís profundamente ese cambio en la estructura de la representación del mundo?
Es una transformación profunda que tiene que ver con una alteración de nuestro cerebro. Es algo físico. Lo he estudiado bastante a fondo en estos meses en que me encerré a escribir mi nuevo libro. Y este gran académico del MIT, Alex Pentland, en "Sabiduría compartida", estudia el tema bastante a fondo. Hay un texto que se publicó hace unos años de un hacker finlandés que se llama "La ética del hacker". Es un libro curioso porque tiene una introducción escrita el creador del sistema abierto Linux, que era otro hacker, por cierto, y tiene un post scríptum del gran sociólogo Manuel Castells. Él explica mucho esto, que es una nueva forma de vivir la vida. Estoy haciendo para el libro un pequeño pedazo comparando la ética de Max Weber con la del hacker. Es una visión totalmente distinta de la vida. A los hackers no les interesa el dinero, les interesa un disfrute intenso de romper las normas y eso les vale más que el dinero y que cualquier cosa.
Es muy interesante ver cómo ha cambiado todo porque de los coches enormes, que cuando yo era joven eran símbolo de prestigio, en la actualidad en que todos los estudios que se hacen en Stanford dicen que los jóvenes actuales no quieren tener coches. Simplemente están buscando más bien usar coches robóticos, a los que llamas y te descuentan automáticamente la tarjeta de crédito, porque tener coche ya no es prestigioso y menos un coche enorme que gasta mucha gasolina, que también quedó como algo prestigioso.
Todos los valores cambiaron porque nuestra mente cambió. Las dos dimensiones en las que vivimos todos son el tiempo y el espacio. Y el tiempo cambió. El tiempo era muy lento. Antes yo, cuando mi padre iba a Estados Unidos, le escribía una carta, obtenía una respuesta al mes y me parecía perfecto. Hoy, cuando mando a mi nieto un mensajito y no me responde en media hora, pierdo la cabeza y le digo a la mamá que lo ubique enseguida porque está pasando algo. El sentido del tiempo cambió y eso les pasa a los ciudadanos también, no quieren esperar, quieren satisfacer sus pulsiones inmediatamente. Ahora, el tema de fondo es que sus pulsiones no son las que creíamos los analistas de la sociedad anterior. En el fondo no es solucionar los problemas, en el fondo es tener respuestas que les den dopamina.
Te pongo nada más un ejemplo práctico de algo ocurrido durante el gobierno de Mauricio Macri. Estos estudios vienen desde hace tiempo diciendo que lo más grave en la sociedad digital es no responder. No importa si cuando respondes dices: “Además no puedo hacer nada”. Llegó una carta de una señora de Formosa que, a la usanza actual, decía: “Mauricio, ha crecido un árbol delante de la ventana de mi casa y quiero que por favor lo hagas tumbar. Atentamente, Olga Pérez”. Con Mauricio lo leímos y nos reímos. ¿Cómo va a tumbar un árbol en Formosa? ¿Qué se hizo como respuesta? Un mensaje de respuesta a la señora diciéndole: “Querida Olga, yo en Formosa no conozco ni al alcalde, así que no puedo tumbar el árbol, pero voy a mandarle una notita pidiéndole que lo haga, aunque tal vez no me haga ningún caso. Atento, Mauricio”.
Nosotros en muchos casos hacíamos seguimiento para ver qué pasa con la gente normal. Con esa respuesta, esta señora estaba feliz. Había impreso el mensaje, lo tenía en un marquito en su sala y estaba perfecto. No tumbó el árbol, pero hablo de la expectativa que tiene de satisfacción. La satisfacción es esta sensación. En la antigüedad habríamos dicho: “Pero qué brutalidad, el presidente no puede tumbar un árbol. La señora debe estar furiosa”. No, me respondió: “Está buenísimo. Además, me trata de tú a tú, me firma Mauricio. Tengo esto en la casa. ¿Qué me importa la vista de la casa?”. Son nuevas actitudes.
¿Cómo se llama el nuevo libro que estás terminando de escribir?
"La política en la edad de la inteligencia artificial".
¿Cuándo se publica?
Yo espero terminar el libro en tres semanas más y entregarlo a Sudamericana en el otoño. Estoy deseoso de ir a Buenos Aires porque veo que ya la temperatura ha bajado, y yo detesto el calor. Si termino el libro y puedo ir a Buenos Aires, voy a ser el tipo más feliz de la vida.
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