Jorge Sola sobre la reforma laboral: "Hoy el trabajador ya no es el obrero de overol, pero se impuso la precarización"
El dirigente de la CGT analizó el impacto de las reformas en debate sobre los trabajadores y la posibilidad de un nuevo paro nacional. Advirtió sobre el avance de la informalidad y el empleo en plataformas, y planteó el desafío de sostener derechos en un mercado laboral cada vez más precario.
El sindicalismo argentino enfrenta un momento clave: la CGT rechazó de manera contundente la reforma laboral del gobierno de Javier Milei, denunciando un retroceso en derechos históricos y un debilitamiento de la estructura sindical. Según el dirigente Jorge Sola, secretario de la central obrera, se advirtió en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) que "hoy el trabajador ya no es el obrero de overol, pero se impuso la precarización".
El dirigente sindical argentino Jorge Sola es secretario de la Confederación General del Trabajo (CGT), la principal central obrera del país. Sumado a eso, está vinculado al Sindicato del Seguro, uno de los gremios que integran la CGT. Además, suele participar en negociaciones laborales y en debates públicos relacionados con reformas laborales, políticas salariales y medidas económicas que afectan al movimiento sindical.
¿Hay discusiones respecto de la necesidad de un nuevo paro nacional? Este viernes se estaría votando en el Senado. ¿Cuál es la responsabilidad en su caso, pero al mismo tiempo en la conducción de la CGT?
Efectivamente, nos estamos reuniendo durante esta semana para analizar los próximos pasos. Nosotros habíamos sido muy claros en esto: avanzar en todo lo que fuera con las conversaciones con legisladores y referentes políticos que tuvieran ascendencia sobre senadores y diputados para oponerse.
A la luz de los resultados, lo hecho no fue suficiente para convencer a la gran cantidad de legisladores de que votaran en contra de este proyecto. Llevamos adelante movilizaciones, el paro nacional, y también estamos trabajando en una presentación judicial en contra de muchos aspectos de esta ley, de aquí hasta el viernes y en lo que siga, porque para nosotros no termina aún. Si es votada, como todo indica que sucederá, el reclamo y la protesta en la calle se mantendrán.
Sé que usted es de la nueva generación, así que lo que le voy a preguntar no es una crítica a usted, pero ¿siente que de alguna manera la CGT, a lo largo de los años, dejó de representar al total de los empleados de Argentina y se quedó concentrada en una parte de ellos, y que finalmente pierde de alguna forma representación de su lucha?
Yo no creo que pierda representación la lucha. Me parece que, en ese sentido, la búsqueda de lo que la CGT defiende, que son los trabajadores, sigue estando como centralidad filosófica y de principios, no solamente por la historia que antecede, sino también por las referencias que hoy tenemos. Por eso digo que a veces, cuando decimos, no solamente defendemos a los trabajadores formales que tienen derechos a través de sus convenios colectivos y de la propia Ley de Contrato de Trabajo, sino también a los informales, porque no es que no tienen derechos: tienen derechos, pero la ilegalidad de la contratación se los impide ejercer. Entonces, tenemos que recuperar eso.
Ahora, digamos, claramente el cambio de modos y de relaciones en la economía, de modo de producción de bienes y servicios, de cómo se insertaron una gran cantidad de generaciones en el círculo económico, ha modificado la realidad, y eso también implica una mirada y, por supuesto, un trabajo por parte de la representación gremial para incluirlos. No tanto en lo que nosotros representamos, ese universo de 9 millones de trabajadores formales entre privados y públicos, sino también en aquellos que están afuera y que, efectivamente, como siempre digo, a través de ese fraude laboral que fue la creación del monotributo, son empleados que tendrían que estar en relación de dependencia y, a veces, son contratados de manera que evade lo legal. Bueno, ahora con esta ley nueva, directamente los coloca en la situación de empleados independientes. Ahí hay que hacer un gran trabajo para darle centralidad a ese reclamo.
Digamos, la representatividad sigue siendo importante, porque cuando uno dice: “necesitamos más derechos”, sí, claro. Esto lo mantienen los que están afiliados, los que no están afiliados, de un trabajo formal y también los informales. Hay que volver a entablar un diálogo y una manera de entendimiento con ese nuevo pulso social que existe en Argentina y en el mundo, ¿no? Porque en el mundo la informalidad laboral supera el 40%.
En Economía siempre se discutía el tema del famoso pleno empleo y la necesidad, que algunos economistas planteaban, de que existiera cierta cantidad de desempleo para evitar inflación y, al mismo tiempo, para que las personas empleadas cuidaran su trabajo. Siempre había una relación entre nivel salarial y empleo. En la convertibilidad, por ejemplo, los salarios eran más altos, pero había muchas personas que se quedaban sin poder trabajar. Se puede decir que, cuando Eduardo Duhalde asumió en 2002, lo que hizo fue reducir el desempleo: lo bajó del 25% que había alcanzado postconvertibilidad a un número de un dígito, perdón, pero al mismo tiempo redujo los sueldos a la mitad. Hay una relación entre nivel salarial y desempleo; existe competencia entre los monotributistas, por un lado, y los empleados en relación de dependencia con todas las garantías legales, por el otro. Es decir, hay un tema de puja en que el costo de un sector es distinto al del otro. Y se puede ver allí, de alguna manera, una reproducción de aquello que en otra época se solucionaba con el desempleo y que ahora, en lugar del desempleo, se manifiesta como trabajo informal. Por ejemplo, según el INDEC, en los últimos dos años cayeron 500.000 empleados. Sin embargo, no aumentó el desempleo, porque al mismo tiempo estas personas pasaron a ser monotributistas. ¿Cómo analiza usted este fenómeno desde el punto de vista macroeconómico?
Sí, a ver, digamos, lo que sucede también ahí es, en una mirada un poco amplia y quizás central sobre el capitalismo de estos tiempos, diferente al de hace 25 años atrás, que el hombre ha dejado de ser el objetivo de la economía, sino que ha pasado a ser una parte importante de un engranaje más para producir solamente más bienes y más servicios de la mejor manera posible. La producción de eso que antes era una discusión central de qué manera se producía y de qué manera se le daba contención a ese trabajador, hoy ha pasado a ser buscada de otras maneras diferentes.
Y esos modos laborales diferentes, que ya no son de aquel obrero de fábrica de la Revolución Industrial, han venido a irrumpir de manera estrepitosa en la sociedad, y postpandemia con más razón todavía. Voy a citar un ejemplo para no ser muy teórico. Antes, la figura que se tenía del trabajador era aquel de overol que caminaba a la fábrica, cumplía sus ocho horas y volvía a su casa, que era la famosa, por ejemplo, patria metalúrgica. Bueno, efectivamente, eso ha cambiado.
¿Por qué? Bueno, porque hay otros modos laborales, por ejemplo, los trabajadores de aplicación antes no existían y ahora existen; también la irrupción de la figura del monotributista ha sido, digamos, un fraude a aquellos trabajadores que tendrían relaciones de dependencia y hoy son contratados vía tercerización y efectivamente eso se ha impuesto como modo. También hay una mirada del trabajador, no digo de todo, pero quizás de las franjas etarias más jóvenes, que suelen decir: “Bueno, a mí no me interesa el trabajo en relación de dependencia o, en todo caso, si me interesara es solo por un momento y luego busco lo que mejor me conviene.” Eso también es una mirada que hay que considerar. No digo que esto sea un producto de la sociedad toda, pero sí hay una perspectiva de esa suerte de libertad e independencia.
Ahora, lo que tenemos como obligación y responsabilidad, lo que representamos, el trabajo formal y la búsqueda de cobertura del trabajador, es que un monotributista, un trabajador de apps, un paseador de perros, tiene que tener unas coberturas mínimas sociales en las cuales pueda desarrollar esa tarea. No pueden ser iguales a la de un empleado metalúrgico, evidentemente, no la van a recibir, pero tienen que existir. ¿Cómo hay que hacerlo? Bueno, hay que dárselas.
¿Se puede en este contexto con este gobierno? No, no se puede porque descree del Estado de bienestar, con lo cual lo que podría darse a través del Estado, no lo buscan. Bueno, hay que buscar la manera de recuperar que esa gente tenga esa contención, porque no podemos negarnos a que la modalidad de la economía ha cambiado y el modo de producción también. Inclusive, digamos, llegamos tarde a muchos de esos cambios. Llegamos tarde al cambio de la tecnología, imaginémonos como llegamos tarde a la irrupción de la inteligencia artificial. Y eso es un debate para los seres humanos, no solamente para los representantes gremiales, sino para los representantes políticos. Algunos no les interesará, como puede suceder en este país, pero a nosotros sí nos tiene que preocupar y tratar de trabajar sobre eso.
Aprovechando que usted representa la generación nueva de la conducción, queda un tema para el análisis técnico: la desaparición o reducción del desempleo. En otro contexto, el empleo habría aumentado como en la época de la convertibilidad. El monotributo termina absorbiendo el desempleo: al no existir seguro, el mercado lo resuelve con empleo de menor calidad y, por lo tanto, menor costo, como también el fondo de desempleo, que resulta más económico para el Estado y ofrece menor retribución a la persona que lo recibe.
Estamos hablando de un universo de trabajadores que representan al monotributo, alrededor de 4 o 5 millones, que no es poco, sino muchísimo. Mínimamente tienen cobertura social, porque pagan una prestación de salud que deben cubrir las obras sociales sindicales, a las que no aportan directamente y aportan mucho menos que un trabajador en relación de dependencia. También contribuyen a la seguridad social previsional, cuatro o cinco veces menos que un trabajador formal.
Hay otra diferencia respecto de los trabajadores informales: estos no tienen cobertura ni del Estado ni del sistema solidario de salud, mucho menos del sistema previsional. La pregunta que siempre me hago es: los trabajadores de apps, delivery o Uber, ¿quieren vivir toda su vida así, pendientes de esto, pedaleando o trabajando a demanda? No creo que sea así. Nos obliga a mirar hacia adelante. Esta es la coyuntura y lo que está pasando.
A eso hay que pensarlo. Ese es nuestro desafío: no solo como responsabilidad de los representantes de los trabajadores, formales o informales, sino también para ayudar a quienes llevan adelante la política del país a dar cobertura a esto. Este es un gobierno que no le interesa; le resulta conveniente un modelo tipo Perú, donde la informalidad supera el 65%.
El paro general de la CGT tuvo poco impacto en la industria por el bajo nivel de actividad
Es una economía estable en ciertos indicadores, pero políticamente inestable: cambiaron 10 presidentes en ocho años y el presidente del Banco Central sigue siendo el mismo. Allí los derechos de los trabajadores son mínimos o casi inexistentes.
MV / EM
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