Política de Estado

La bandera de Malvinas en el Mundial, explotación petrolera en las Islas y la continuidad del Informe Rattenbach

"El colonialismo británico nos cuesta entre 1.500 y 2.000 millones de dólares al año", advirtió el especialista Juan Rattenbach, quien alertó sobre los nuevos proyectos de explotación petrolera offshore en las islas y la urgencia de que Malvinas sea una política de Estado.

Juan Augusto Rattenbach Foto: X @jmrosas1845

"El colonialismo británico en territorio argentino nos cuesta promediando entre 1.500 y 2.000 millones de dólares al año", advirtió el abogado e investigador Juan Rattenbach sobre el impacto geopolítico y económico que rodea a las Islas Malvinas. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el nieto del general que lideró la histórica comisión investigadora de la guerra remarcó que "Malvinas es las 24 horas del día" en su vida y llamó a construir una estrategia diplomática sólida frente a los vaivenes de la política exterior actual: "Lo que nos debemos como sociedad internamente es no ser menos que la Selección Nacional y lograr que la causa se convierta en lo que tiene que ser: una política de Estado".

Juan Augusto Rattenbach es un abogado egresado de la Universidad de Buenos Aires y magíster en Economía Aplicada en la Universidad Torcuato Di Tella e investigador especializado en la causa Malvinas, la Antártida y Atlántico Sur; ejerce como profesor universitario en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de Quilmes. Además, coordina el grupo de trabajo de Malvinas, Antártida, Atlántico Sur y Cuenca del Plata en el Observatorio de Coyuntura Internacional y Política Exterior. Nieto del general Benjamín Rattenbach, el militar que lideró la comisión investigadora encargada de evaluar las responsabilidades políticas y militares de la Junta Militar durante la guerra de Malvinas.

—En este último tiempo se han acelerado los anuncios de licitaciones de empresas británicas, canadienses, israelíes para proyectos de exploración, de explotación de hidrocarburos offshore en la cuenca de Malvinas, proyecto llamado Sea Lion. Me gustaría que nos hiciera una especie de balance de lo que esto representa, la comparación que puede llegar a tener con Vaca Muerta, si estamos frente a algo de una magnitud realmente preocupante o solamente preocupante en sentido simbólico por la utilización de nuestros recursos.

—La historia de Malvinas y petróleo es una historia de larga data, al punto tal que hay algunos autores e investigadores que incluso creen que uno de los disparadores del conflicto del Atlántico Sur de 1982 fue justamente el descubrimiento de grandes yacimientos de petróleo en la plataforma continental que rodea a Malvinas. Mencionó el proyecto León de Mar, Sea Lion, que forma parte de la cuenca norte de las Islas Malvinas. Pero la realidad, a pesar de las especulaciones tanto de la década del 70 como también en la inmediata posguerra, hasta el día de hoy los británicos no han explotado —sí han explorado, que es la fase previa—, no han explotado el petróleo que se encuentra en Malvinas. Esto ha generado mucha tensión diplomática con nuestro país.

Recordemos que hubo una tentativa y estuvieron muy cerca de avanzar en el petróleo de Malvinas para el año 2010-2011. Es en ese contexto que el Estado Nacional dictó una ley de nacionalización de YPF, donde además vino de la mano de algo que no se suele mencionar, que es el agravamiento de las multas por actividades no autorizadas por el Estado Nacional argentino en materia de exploración y explotación de hidrocarburos.

Pero quizás algunos recordemos que en el año 2014 hubo una baja drástica del precio internacional del barril, que quizás lo recordemos de lo que fue quizás la crisis económica en Venezuela por este tema. Pero esa baja drástica del precio internacional del barril también tuvo como consecuencia en Malvinas la suspensión de todo proyecto de explotación de hidrocarburos. Pero ahora, en un contexto de un precio barril un poco más estable, el gobierno británico ha anunciado que estaría en las vísperas de avanzar y arrancaría con la explotación de barriles de petróleo a partir del 2028.

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—¿Qué comparación respecto de lo que significan esas reservas con Vaca Muerta se puede hacer?

—La diferencia con Vaca Muerta es que son distintos tipos de hidrocarburos. Ahí estamos hablando de shale oil y shale gas. En el caso de Malvinas sería convencional, pero con la práctica de explotación de costa afuera u offshore, que tiene como gran desventaja los costos que tiene de extracción y que, por supuesto, es mucho más costoso sacar petróleo del mar y de la plataforma que en continente. Por eso también estos proyectos son muy sensibles a las oscilaciones internacionales de los precios, pero al mismo tiempo generan conflictos internacionales muy fuertes. Recordemos que también hay una tensión territorial entre Venezuela y Guyana por lo que se conoce como el territorio del Esequibo. Y justamente hay empresas británicas que estarían interesadas en avanzar en el petróleo de Guyana y, por lo tanto, casi como si fuera un movimiento de pinzas, tanto en el Atlántico Sur como en la zona del Caribe, se han generado tensiones diplomáticas.

Sin embargo, las actividades científicas de la década del 70, que muchos le atribuyen el desencadenante de la guerra de Malvinas de 1982, sacaron como primera conclusión de que, desde una perspectiva británica por supuesto, hay un Mar del Norte en el Atlántico Sur. Recordemos, para quienes no lo tienen muy en cuenta, en el contexto de la crisis del petróleo de 1973, lo que hizo el gobierno británico (de la mano también de otros países como, por ejemplo, Noruega o incluso también Estados Unidos) es avanzar en estas actividades de explotación de hidrocarburos offshore, cuyo primer principal epicentro es el Mar del Norte. En un contexto de crisis se vio con otros ojos a Malvinas, y quizás por eso también explica cierta reticencia de los británicos a cumplir con lo que manda Naciones Unidas respecto de la soberanía y la cuestión de fondo de Malvinas.

—Independientemente de las diferencias de la exploración del shale oil y del petróleo tradicional en continente y en el mar, con las desventajas que eso puede tener, ¿se podría decir que es el 10% de lo que la Argentina produce de barriles? ¿Ese sería el potencial que estamos hablando que estas empresas van a explotar, por lo menos este proyecto de Sea Lion?

—Sí, algunos calculan 55.000 barriles. Obviamente, cambiaría la dinámica de la discusión de soberanía, que es lo que más le preocupa a la Argentina, nos preocupa a nosotros. Porque ya, si pensamos lo que pasó después de la guerra de Malvinas, es que los británicos ocuparon 200 millas de espacios marítimos y de plataforma continental alrededor de cada isla: de Malvinas, Georgia y Sándwich del Sur.

Y eso generó que al día de hoy Malvinas sea la única colonia británica superavitaria a nivel mundial solo por los recursos pesqueros. Que, para que tengamos alguna dimensión, estamos hablando de exportaciones de pesca que rondan los 500 millones de dólares, y algunos estiman que el colonialismo británico en territorio argentino nos cuesta a la Argentina, promediando entre 1.500 y 2.000 millones de dólares al año. Eso es lo que nos cuesta el colonialismo británico en Malvinas, tomando en cuenta toda la economía colonial británica en el Atlántico Sur.

Pero si le sumamos el petróleo, esa cifra podría escalar a un nivel que ya complejizaría aún más la discusión por la soberanía. Porque claramente tendría como paradoja una mayor intransigencia británica, pero al mismo tiempo una mayor tensión a nivel continental por los históricos respaldos que han tenido los países sudamericanos, sobre todo en los últimos 10-15 años, a la Argentina por el reclamo de soberanía de Malvinas.

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—El hecho de ser nieto del militar que hizo el informe crítico de los errores cometidos por la última dictadura militar, habiendo sido Malvinas, se podría decir, el más grande de todos, ¿qué te genera a vos como responsabilidad? ¿Qué te genera internamente? ¿Cómo te modifica tu manera de pensarlo?

—Para mí Malvinas es las 24 horas del día. Por mucho tiempo quizás intuía que esto iba a pasar de niño. El punto de inflexión fue el año 2012, justamente cuando se desclasifica el Informe Rattenbach y se da a conocer el informe final y sus 16 anexos. De hecho, ahora mismo me encuentro en el Museo Malvinas, que es el lugar donde trabajo. Y lo que buscamos es malvinizar. Y de la mano de eso, obviamente estuve escuchando muy atentamente tu editorial, así como también las de la semana pasada. La Selección Nacional, con esa bandera después del partido entre Argentina e Inglaterra, ha cambiado los tiempos de la causa Malvinas.

Quizás en una perspectiva de que se están acelerando los tiempos también de la causa Malvinas, porque claramente los jugadores mostraron una consigna a aproximadamente mil millones de personas, quienes estuvieron viendo ese partido. Fue tapa de todos los diarios del mundo, y me parece que un poco lo que nos debemos como sociedad internamente, frente a tanta demonización externa en redes sociales y algunos que otros medios de Gran Bretaña principalmente, es: no podemos ser menos que la Selección Nacional. Me parece que tenemos que empezar a construir en términos educativos y culturales, pero sobre todo con la responsabilidad que implica, de cara a la dirigencia nacional, estar a la altura de la causa Malvinas, como estuvieron nuestros héroes de Malvinas, nuestros veteranos, y la Selección Nacional la semana pasada contra Inglaterra frente a los ojos del mundo.

—¿Y la política del actual gobierno?

—Personalmente tengo una opinión muy negativa, dado que Malvinas y la estrategia de cara a la recuperación de Malvinas no es una política de Estado. Entonces cambia el gobierno y las alianzas internacionales de cara a nuestro reclamo de soberanía. Vos mencionabas la cuestión con Brasil, un país hermano que históricamente ha apoyado a la Argentina, sobre todo en este siglo XXI; lo mismo que Uruguay, que de forma inédita en 200 años de historia, el puerto de Montevideo en el año 2011 prohibió el amarre de buques británicos que estuvieron en Malvinas sin la debida autorización nacional.

Y hoy estamos, por un lado, con un Brasil que ante esta disociación continental, ha firmado un acuerdo de alianza estratégica con Gran Bretaña hasta 2031. Ese acuerdo claramente también es una respuesta a la política internacional del gobierno actual. Y también, inmediatamente después del partido Argentina-Inglaterra, la Cancillería, como si se hubiera despertado, denunció formalmente la navegación de un buque británico que salió de Malvinas y navegó por aguas jurisdiccionales argentinas violando los acuerdos de reanudación de relaciones diplomáticas del 89 y del 90, después del partido, cuando ese hecho del buque había pasado 12 días antes.

Entonces, lo que estamos viendo, y por eso hago referencia a la Selección Nacional, es que, de alguna manera, ese hecho en el partido de fútbol del Mundial en Atlanta creo que está generando un cambio también a nivel interno, porque la malvinización como fenómeno social y cultural está avanzando a una velocidad galopante. Y me parece que eso naturalmente tiene que tener una caja de resonancia para que Malvinas, siendo una causa del pueblo argentino, se convierta en lo que tiene que ser: que es una política de Estado, y no que cambie la política internacional porque cambia el gobierno en una coyuntura electoral.

—Una revista de Perfil en aquel momento, cuando se dio a conocer el informe de tu abuelo, lo publicó con mucho conflicto en aquel momento, así que tengo doble placer de haber hablado con vos. 

 

RM/ff