Crisis económica

Manuela Castañeira: la unión de la izquierda y Argentina como país ideal para el anticapitalista

La dirigente del Nuevo MAS sostiene que existe una oportunidad inédita para ampliar la base electoral anticapitalista y disputar poder con un proyecto que busque transformar de raíz el sistema vigente.

Manuela Castañeira Foto: CEDOC

La izquierda argentina atraviesa un momento de debate estratégico en medio de la crisis social, el desgaste de los partidos tradicionales y la búsqueda de nuevas alternativas políticas frente al gobierno de Javier Milei. Manuela Castañeira sostiene, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), que existe una oportunidad histórica para unificar a los sectores anticapitalistas, ampliar su base electoral y construir una propuesta colectiva que aspire a disputar el poder desde la movilización social y la transformación profunda del sistema.

La socióloga, dirigente política y referente de la izquierda trotskista en Argentina, Manuela Castañeira, es la principal figura del Nuevo Movimiento al Socialismo (Nuevo MAS), una organización de izquierda anticapitalista, socialista y feminista. A lo largo de su trayectoria participó activamente en movimientos estudiantiles, sindicales y de mujeres, y fue una de las dirigentes vinculadas a la campaña por la legalización del aborto en Argentina y a las movilizaciones de la llamada “marea verde”. Castañeira fue candidata presidencial en las elecciones de 2015, 2019 y 2023 por el Nuevo MAS. En esas oportunidades compitió en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), aunque no alcanzó el porcentaje mínimo requerido para acceder a las elecciones generales. En 2019 se destacó por ser la única mujer precandidata a la Presidencia y también la más joven entre los postulantes de esa elección.

Intercambiamos mensajes respecto de las posibilidades que tiene la izquierda. Es un tema que hemos tratado varias veces en este programa y vos planteabas que era un momento para juntar a todas las izquierdas. ¿Cuál es tu visión sobre la oportunidad y el desafío que tiene la izquierda en este contexto?

Hemos intercambiado al respecto y, sobre esta oportunidad, te agrego que es histórica. Una oportunidad histórica de unificarse. Creo que es clave abordar este debate porque nos posibilitaría romper nuestro techo.

Estamos en un momento donde todos los espacios políticos están en discusión. Vivimos en un mundo agitado y en un país donde el gobierno de Milei ha profundizado la carestía de la vida, la miseria social, el dolor y las dificultades para amplios sectores de la sociedad, incluso para aquellos que en su momento lo votaron y que hoy dicen: “Milei me arruinó la vida”.

En un contexto donde los centros políticos no son el eje, no proponen alternativas y no pueden dar respuestas, la izquierda tiene la posibilidad de presentar una alternativa superadora.

La paradoja de Myriam Bregman

Las teorías de los superhéroes son lindas para el cine y tal vez para la fantasía, pero realmente creo que nadie puede, por sí solo o sola, resolver los grandes problemas de la sociedad. Por eso se requiere toda la fuerza de la izquierda.

Hemos sacado esta carta abierta y hecho público este debate. Te la traje también impresa. Vos sabés que soy una persona del papel, siempre te traigo programas por escrito, libros y demás. En esta oportunidad la traje porque para nosotros este debate tiene que ser público. Lo tenemos que dar con el conjunto de la sociedad, con nuestros votantes, intercambiarlo con el periodismo, en los medios de comunicación, y hacer que la sociedad sea parte de esta mirada.

Cuando planteás que los superhéroes son lindos para la ficción, pero que en la realidad se necesita una organización, una suma de personas, ¿te referís específicamente a Myriam Bregman, sobre quien se coloca el significante del crecimiento de la izquierda?

Hay una cuestión que quiero aclarar. Me da una enorme alegría que haya referentes de la izquierda que tengan una buena imagen ante la sociedad y que les vaya bien en las encuestas. Eso es muy positivo y nos fortalece a todos.

Ahora, no podemos pensar que alguien por sí solo pueda resolver las cosas. No sé si ella lo plantea de esa manera; posiblemente no. Pero a veces el debate se presenta como una cuestión de personas solas.

No digo que lo haya dicho ella, para nada. Pero sí creo que muchas veces existe una mirada muy personalista de la política, en general y también en la izquierda.

En líneas generales se busca un significante porque simplifica la comunicación. Alguien que encarne una propuesta. Los analistas electorales siempre hablan del candidato, independientemente de las ideas que haya detrás. Pero vos planteás que tal vez son necesarias las dos cosas.

Exactamente. Pueden ser las organizaciones, pueden ser los nombres. Pero esa idea del significante fue muy propia del último período y estuvo muy exacerbada por las PASO: la idea de que una figura abstraída del programa y de la organización es la que va a dar respuestas y resolver los problemas. Yo tengo una mirada de la política muy distinta: colectiva, participativa y desde abajo.

¿Cuál sería ese techo que tiene hoy la izquierda? Y si se rompiera, ¿hasta dónde podría llegar?

No lo sabemos. No sabemos hasta dónde podríamos llegar si nos unificáramos. Venimos de muchas décadas de fragmentación, de muchísimo tiempo sin construir alternativas unitarias.

Y no lo digo solo en términos electorales, sino también políticos. En esta mirada de la política desde abajo, creo que también hay que preparar a la sociedad para las alternativas de izquierda.

En su momento el kirchnerismo le quitó a la izquierda una parte del electorado. ¿Podríamos decir que la obsolescencia del kirchnerismo también le abre la posibilidad de adquirir una masa crítica impensada hasta entonces?

Totalmente.

Así que podríamos decir que en ese 15% o 20% del kirchnerismo hay una cantidad de votantes que la izquierda nunca tuvo y que podría captar. Nosotros usamos la figura del "entrismo trotskista de Macri a Milei". ¿Podríamos decir que existe una oportunidad para que los votantes del kirchnerismo duro encuentren en la izquierda una alternativa que ya no encuentran en el peronismo?

Yo creo que eso puede darse, sin duda. Viene existiendo un diálogo porque hay un encuentro en la experiencia social de resistir a este gobierno. En la calle, cotidianamente, hay personas que vienen de votar al kirchnerismo o tienen pertenencia peronista y nos dicen: “Mis referentes no están, pero ustedes sí. Con ustedes comparto la lucha por los jubilados, por los derechos de las mujeres, por la universidad”.

Hay un diálogo que empieza a construirse en la vida cotidiana, en la vida política y social. Creo que no siempre esos fenómenos sociales se traducen automáticamente en términos políticos, pero hay una oportunidad para trabajar en ese sentido.

Y te digo más: también hay mucho desencanto entre trabajadores que se habían volcado al mileísmo y entre amplios sectores de la juventud que hoy dicen: “Me arruinó la vida y quiero buscar otra opción”.

Hay un gran momento de convulsión y de dolor que abre nuevas perspectivas. Estamos en el siglo XXI, con nuevas discusiones. Los partidos tradicionales están muy desgastados y afectados. Hay falta de programas, de propuestas, y una acumulación de fracasos.

Creo que ahí existe una gran posibilidad para construir alternativas. Te digo más: alternativas anticapitalistas.

Se suele decir que la izquierda en Argentina tuvo siempre una menor participación que en países vecinos porque el peronismo ocupó ese lugar, o parte de ese lugar. Y que no pudo surgir con la fuerza del PT, como ocurrió en Brasil, porque allí no existía el peronismo. ¿La decadencia del peronismo crea esa oportunidad a la izquierda?

Es un análisis muy interesante. De todas maneras, la izquierda en Argentina, así como en Francia, cuando hablamos de izquierda hablamos de una izquierda anticapitalista, roja, que viene teniendo un protagonismo muy particular para la región.

Incluso, comparada con Brasil, posiblemente sea más visible en el debate público. Creo que hay una consolidación de ese espacio. Ahora tenemos que preparar a la sociedad para traducir eso en términos electorales e incluso en términos de gobierno.

Por eso me parece importante desarrollar esa discusión de manera cotidiana, tanto en el debate político como en los programas.

¿Puede ser también, tratando de orientar a la audiencia de la forma más didáctica posible, que si hubiera una izquierda unificada que lograra, por ejemplo, un 20% de los votos y, en un proceso de aproximaciones sucesivas, encontrara un candidato capaz de competir por la Presidencia, como fue el caso de Lula? Creo que fueron catorce elecciones hasta que llegó al poder. Luego, en ese acercamiento a la Presidencia, ¿opera el famoso teorema de Baglini y obliga a dejar de ser anticapitalista?

Ahí me estás mencionando una tradición política muy distinta, que es la socialdemocracia.

Pero el PT, en su origen, era anticapitalista.

No necesariamente. Creo que tuvo un origen posiblemente más a la izquierda que el peronismo, pero derivó hacia otro tipo de programas. Y ahí aparece el problema y los peligros.

Lula tiene un origen obrero, además, a diferencia de muchos de los referentes del peronismo. Ahora bien, el problema es que hoy Lula encabeza un gobierno de la socialdemocracia. ¿Qué quiere decir eso?

El libertarismo de izquierda que sumó votantes a Milei

El problema de hoy es que se trata de una gestión de las miserias del capitalismo y no de una gestión con medidas contra el poder. Eso ha llevado a que, hoy en día, inclusive después de ganarle a Bolsonaro —y te digo que nosotros llamamos a votar críticamente a Lula en las elecciones de Brasil, porque somos parte de una corriente internacional que también ha participado en ese debate—, aun así, el tipo de gestión de su gobierno le está dando posibilidades al bolsonarismo.

Entonces volvemos al debate en la Argentina y volvemos al debate del programa. Realmente creo que para hacer las cosas diferentes hay que ser diferente, hay que tener otros programas, hay que cuestionar el poder, hay que cuestionar esta idea de que todo es para comprar y vender.

Y, por supuesto, ¿es legítimo pensar que la izquierda puede gobernar? Totalmente. ¿Es difícil? Seguramente. Sería utópico pensar que podríamos hacerlo sin la movilización popular de las mayorías sociales para construir realmente un Estado diferente y no terminar como esas experiencias que fracasaron.

Podemos mencionar a Lula, pero también podemos mencionar a Podemos, a Syriza y a todos aquellos que integraron el Estado para no cambiar nada, para gestionar y administrar la pobreza y la miseria, y terminan reproduciendo aquello que nosotros queremos cuestionar.

Por eso me remito todo el tiempo a lo social, a la fuerza social, a preparar a la sociedad para estos programas, a la movilización, a la idea colectiva de la política, a alejarnos de las figuras de los salvadores y a la construcción desde abajo hacia arriba. Porque realmente estoy planteando que, en este siglo XXI, donde tenemos un capitalismo que nos propone guerra, miseria, violencia y agresión, tenemos que construir una salida práctica.

Y para mí esa respuesta práctica es el anticapitalismo.

¿En qué país lo encontrás?

Es lo que tenemos que construir.

O sea, decir que Argentina tendría que ser el primer país que encontrase esa alternativa.

Yo creo que Argentina es un país maravillosamente preparado. Es un candidato maravilloso para la revolución y para las ideas anticapitalistas. Creo que Argentina tiene una gran participación política, tiene movilización social y tiene este vínculo entre plazas y palacios muy aceitado.

Creo que hay una izquierda muy fortalecida y legitimada ante la sociedad por una trayectoria de militancia honesta y comprometida. Creo que tenemos muchísimas posibilidades y tengo mucho entusiasmo como parte de la nueva generación de la política. Y creo que eso suma.

MV cp