"sucesión de falacias"

Marcedes Marcó del Pont le responde a Milei sus acusaciones y debate sobre la reforma del Banco Central

La exfuncionaria cuestionó las acusaciones del mandatario y defendió el mandato múltiple de la entidad. “No hay que naturalizar esta idea de que el Banco Central no es parte del sector público”, sostuvo.

Miguel Pesce y Mercedes Marcó del Pont criticaron la reforma que impulsa el Gobierno sobre la Carta Orgánica. Foto: NA

En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), Mercedes Marcó del Pont respondió a las acusaciones de Javier Milei, quien la señaló por el supuesto “robo” de 10.000 millones de dólares al Banco Central, y cuestionó el proyecto oficial para reformar la Carta Orgánica de la entidad. “Yo tomo estas cosas por quien viene, que es una persona que destila odio, descalificación, que es una sucesión de falacias”, afirmó la ex presidenta del organismo, quien además defendió el uso de reservas para el desendeudamiento y advirtió que el Gobierno busca “blindar este modelo”.

Marcedes Marcó del Pont es una licenciada en Economía, dirigente política que ha ocupado cargos de máxima relevancia dentro de la gestión pública. Fue diputada nacional entre 2005 y 2008. Fue presidenta del Banco Nación entre 2008 y 2010, siendo la primera mujer en liderar esa entidad financiera. También fue presidenta del Banco Central entre 2010 y 2013 y titular de la AFIP entre 2019 y 2022. También se desempeñó como Secretaria de Asuntos Estratégicos entre 2022 y 2023, reemplazando a Gustavo Vélez en la última etapa de la gestión de Alberto Fernández. En la actualidad ejerce con presidencia presidenta de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo.

—Un gusto conversar con usted, especialmente en este día, cuando ayer el presidente Milei la acusó de robarle al Banco Central 10.000 millones de dólares. Me gustaría compartir con la audiencia que no haya visto ayer al presidente, el pedacito en el que la cita para poder pedirle su opinión. 

“Como motivo de la creación del Fondo del Bicentenario, la expresidente y ahora condenada por delitos de corrupción, Cristina Elizabeth Fernández de Kirchner, en complicidad con la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, le robaron al Banco Central 10.000 millones de dólares, que expresados a moneda de hoy equivalen a 15.000 millones de dólares. A partir de dicha estafa, y para esquivar las consecuencias legales de la misma, en 2012 se creó una nueva Carta Orgánica del Banco Central que permitía emitir bajo cualquier pretexto e impidió responsabilizar penalmente a los funcionarios que falsificaban el dinero de todos los argentinos. Frente a la violencia de la Corte Constitucional, frente a esta pasión expropiatoria de la alta política, decidimos poner fin a 91 años de historia y reformar la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina en base a cinco premisas fundamentales".

Me imagino, cuando usted lo estaba escuchando, lo primero que me aparece es el orden jurídico. No creo que usted tendría la posibilidad de hacerlo un juicio por, no ya injuria, sino por calumnia. La acusa de robo, de falsificación, de delito directamente.

—Tomo estas cosas por quien viene, que es una persona que destila odio, descalificación, que es una sucesión de falacias. Es inasible, la verdad, el discurso de ayer. Y a mí me importa más, sinceramente, aclarar de qué viene esta reforma que está planteando del Banco Central, el Gobierno, y por qué condiciona seriamente el futuro de un proyecto que piense el país de la perspectiva de la justicia.

—¿Me permite que le interrumpa un segundito, Mercedes? Allí vamos, el objetivo de la conversación con usted es lo que significa y cuál es la discusión respecto a la cuestión de fondos. Simplemente me parece interesante no naturalizar que se pueda acusar a las personas de delito sin ninguna consecuencia. Pero bueno, es una cuestión de orden personal. O sea, probablemente porque en mi caso trabajo con las palabras todo el tiempo, le asigno una importancia que me parece que debería mantenerse. Pero entiendo de tomarlo como de quien viene. Vayamos entonces a la cuestión de fondo. Cuéntenos su opinión sobre la reforma que propone el presidente.

—A mí me sorprendió que pusiera tanto el foco en lo de las reservas. Ya viene insultando de hace tiempos atrás cuando empezó a hacer campaña para renovar su agenda política electoral con esta idea de, ya no de bombardear el Banco Central, de dinamitarlo, sino de transformarlo en el Banco Central de Cavallo de los años 90. Esa, esa es la idea, volver a la reforma de Cavallo, quizás radicalizada. Tendría que ver bien la letra final del proyecto de ley.

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A ver. Dos cosas. Lo que, cuando hace referencia a las reservas internacionales, se hace referencia justamente a una de las cosas que a mí más me enorgullecen como funcionaria, no solamente como funcionaria del Banco Central y presidente del Banco Central, sino previamente como diputada. Una de las primeras cosas que yo tuve que defender en el Congreso en el año 2005, en Extraordinarias, fue la cancelación del pago al Fondo Monetario Internacional con reservas internacionales. Ese es el proceso de desendeudamiento que se generó. Tanto durante el gobierno de Néstor, como de Cristina, posteriormente.

Primero, a partir de lo que fue el Fondo Bicentenario, que no fueron ese monto, fue seis mil y pico de millones de dólares, pero posteriormente con el Fondo del Desendeudamiento. ¿Cuál era la discusión entonces? La Argentina había heredado una enorme deuda externa. La verdad que teníamos muchas espaldas en materia de reservas internacionales. Yo recuerdo que más juntábamos con mi gestión, llegamos a 54 mil millonde de dólares de reservas internacionales. 

Reservas que devengaban muy poca ganancia en términos de rendimiento y comparar con lo que nos cobraban los acreedores internacionales o los mercados financieros internacionales o el Fondo Monetario. Entonces, la opción estratégica que yo celebro, es decir, ¿por qué no endeudarse intrasector público? ¿Qué quiere decir? Pagamos con reservas internacionales y desendeudamos al conjunto del Estado argentino.

Porque la verdad que cuando yo escucho a estos economistas ortodoxos y los que celebran estos cambios, insisto en que perciben al Banco Central como si no fuera parte del Estado. Y el Banco Central es parte del sector público. Entonces, lo que se hizo en ese entonces, sin ningún efecto monetario, porque lo que se planteaba es que tenía que tener efecto monetario neutro, es usar reservas internacionales y darle al Banco Central una letra. Un título que devenga una tasa de interés muy baja. Entonces, fue todo ahorro para los intereses del conjunto de los argentinos.

¿Quién perdió? Quizás lo que siempre pierden con estas estrategias, tanto de desentenderse, de salir del fondo o tratar de no depender de los mercados financieros internacionales. Es una alternativa a la lógica financiera. Entonces, es que también el fondo insiste tanto en esta reforma de la Carta Orgánica y pasa sobre este tema.

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Entonces, yo diría que las dos cuestiones centrales, yo pensé que iba a entrarle más por el objetivo múltiple, porque nosotros, ¿qué modificamos en el 2012? Y ahí también voy a lo que se escuchó del discurso de ayer, la reforma del 2012. La verdad es que la reforma del 2012, lo que hizo fue, fundamentalmente, volver a un mandato múltiple, diciendo que el Banco Central se tenía que ocupar muy claramente de la estabilidad monetaria. Pero también tenía que ocuparse de la estabilidad financiera.

Venimos de Corralito, Corralón, la crisis, sepamos lo que había sido la implosión de la convertibilidad, bajo esa Carta Orgánica a la que pretende volver Milei Y por el otro lado, era la posibilidad de darle facultades al Banco Central para intervenir en otros aspectos, que tiene mucho que ver con el funcionamiento de una buena economía, ¿qué quiere decir? Lo que pasa con el mundo del trabajo y la producción.

Básicamente, dijimos, se tiene que coordinar el Banco Central y el resto de la política económica, y cuál es el mandato nuevo: ocuparse de la estabilidad monetaria, ocuparse de la estabilidad financiera y también del crecimiento del empleo y de la equidad distributiva. Asimilando a lo que ocurría y ocurre en muchos mandatos de otros bancos centrales del mundo, sin ir más lejos de la Reserva Federal de Estados Unidos o del Banco Central de Israel o de Nueva Zelanda, o sea, podríamos citar muchos casos que tienen estos mandatos duales o múltiples, de los cuales Milei quiere desandar.

Para la persona que nos está escuchando, ¿qué le cambia la vida? Lo que pasa es que esta Carta Orgánica crea facultades. No obliga a utilizar esas facultades, y este gobierno no las está usando. Por ejemplo, de controlar las condiciones del crédito, de controlar las condiciones de las tasas de interés. Estamos en una situación terrible en el endeudamiento de las familias. ¿El Banco Central podría estar haciendo algo para que no fueran estas tasas reales tan positivas para los consumidores y tan negativas para los ahorristas? Sí, podría estar haciendo. ¿Podría estar haciendo algo para regular las tasas usurarias de ciertas plataformas? Sí.

¿Lo hace? No, no lo hace. ¿Tiene facultades? Tiene facultades. Y si no lo está ni está utilizando facultades, ¿por qué quiere volver a una caja boba? Y creo que es básicamente porque quiere blindar este modelo. A partir de una premisa, a mi humilde opinión, que es absolutamente insuficiente, que es que el problema de la inflación es solamente un problema monetario que no tiene que ver con otras cuestiones centrales del funcionamiento de la economía.

—Me gustaría ir para atrás. Mucha audiencia joven incluso no tiene recuerdo de aquellos años o no sigue el tema con el mismo nivel de detalle que los protagonistas. Usted marca un proceso de desendeudamiento con el Fondo Monetario, que es de la presidencia de Néstor Kirchner, cuando se cancela. Entonces, si usan las reservas, las reservas bajan. No es que se las roban ni que las falsifican, sino que las utilizan para pagar deuda externa. Reducir la cantidad de deuda externa que el país tiene, en términos absolutos y en términos relativos sobre el Producto Bruto.

Luego hay otro proceso posterior con Cristina Kirchner. Allí, la reducción de reservas y, a partir de la modificación de la Carta Orgánica del año 2012, ¿tiene que ver también, en parte, con el pago de deuda? Me gustaría que usted aclarara la diferencia entre dos momentos muy distintos: el 2007 o 2006, en el que había una enorme cantidad de reservas, y luego, distinto, en el 2013, 2014 y 2015.

—En el 2005, 2006, cuando se paga, bajaron casi 10 mil millones de dólares las reservas internacionales. Se recuperaron en menos de un año porque efectivamente teníamos condiciones muy favorables del sector externo, de exportaciones, de precios internacionales. Posteriormente, lo que se hizo fue, en el marco de que teníamos también espaldas de reservas internacionales, para avanzar en ese proceso de desendoblamiento. ¿Se puede plantear como una política sostenible en el tiempo? No necesariamente. Va a depender de cuál sea el respaldo de reservas.

Justamente, lo que nosotros hicimos en la reforma del 2012 es quitar la rémora que venía de la convertibilidad, de decir que las reservas tenían que cumplir la base monetaria, cosa que había pasado a ser abstracta, y decir que el directorio del Banco Central, tenía que definir un nivel de reservas óptimas para garantizar la estabilidad del mercado de cambios, fundamental para el funcionamiento macroeconómico de la Argentina, y que si por encima de ese nivel había reservas disponibles, planteaban reservas de libre disponibilidad. Ahí sí se podían aplicar para desendeudarse.

Entonces, obviamente, cuando empieza el proceso de disminución de las reservas internacionales o tener la Argentina en desequilibrio externo, esa posibilidad se ve acotada. La verdad es que cuando uno mira en perspectiva, yo estaba repasando los datos, recuerdo hasta el 2012 se pagaron en total más de 26 mil millones, se desendeudó la Argentina en más de 26 mil millones.

Este es un instrumento que después también utilizó el macrismo. Y, la verdad es que este gobierno viene pagando deuda con reservas. Cuando el Tesoro va y compra los dólares al Banco Central y paga deuda, está usando las reservas internacionales. Ahora, ¿cuál es la diferencia? Que nosotros no lo hacíamos con un superávit a costa de los jubilados, a costa de la sala pública, a costa de la infraestructura, de la ciencia y de la tecnología, porque lo que está haciendo es ajustando el gasto para tener los pesos para comprar esos dólares, sino que nosotros dijimos: se financia intrasector público. Es una deuda que tiene el Tesoro con el Banco Central.

Entonces, me parece que estas discusiones son realmente complicadas, son muy técnicas, pero también hablan de las reservas internacionales, de cercenar instrumentos de la política pública del Estado Nacional a favor de objetivos que tengan que ver con la estabilidad, pero también con lo que pasa con la economía de carne y hueso, lo que pasa con el trabajo y la producción.

—A ver, permítame si yo lo puedo, no sé si de poner de manera más sencilla, al mismo tiempo más silvestre. Hay dos formas de pagar la deuda que hay que pagar, que es una deuda que se tiene, que hay que pagar todos los años con vencimientos: o el Tesoro, o sea, el Poder Ejecutivo, tiene superávit fiscal, es decir, ahorra, va y compra dólares; o, si no tiene ese superávit fiscal, se los pide al Banco Central. Y lo que está tratando de hacer Milei es que no se le pueda pedir al Banco Central. En el caso de los gobiernos que usted integró, no tenían superávit fiscal y utilizaban las reservas del Banco Central. ¿Está correctamente explicado así? ¿Se lo puede simplificar aún más para aquellas personas que no entiendan?

—Está muy bien. La otra opción sería endeudarse con los mercados financieros internacionales. La otra opción es endeudarse con el FMI, como ha hecho el gobierno. Es endeudarse más para pagar deuda.

Quiero decir, y yo no soy una dogmática: no creo que en cualquier momento, en cualquier circunstancia, pueda recurrirse a este instrumento, a este mecanismo. Es bueno pensar un horizonte hacia adelante, que la Argentina, por suerte, porque va a tener una expansión muy fuerte, más fuerte todavía de las exportaciones de petróleo, de gas, de minería, va a estar holgada de dólares para acumular reservas.

Entonces, por eso a mí no me parece baladí esta discusión, porque hacia adelante, un país que va a dejar este gobierno absolutamente endeudado, ¿por qué cercenar esa posibilidad? Por lo menos, de discutirlo responsablemente. ¿Por qué cercenar la posibilidad de que el Banco Central haga lo que nosotros hicimos después de la reforma del 2012? Es decir, señores bancos, una parte del crédito se la tienen que prestar a las pymes y la tasa de interés que le tienen que cobrar no puede superar un spread del tanto por ciento en relación a la tasa de referencia.

Eso obviamente no lo está haciendo el gobierno, pero sí es una facultad que tiene. ¿Y por qué se la quiere inhibir hacia adelante, volviendo al objetivo único? Esto, para que se entienda, una de las cosas que me pasó cuando llegué al Banco Central es que decía: bueno, che, el crédito no está llegando, es muy bajo, no llega para las pymes, ¿qué se puede hacer? Y me decían: no se puede hacer nada, el mandato no te lo permite.

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¿Qué pasa con estas tasas de interés enormes que están cobrando estos spread? ¿Qué se puede hacer? No se puede hacer nada porque la Carta Orgánica no te lo permite, solamente regulación monetaria. Entonces, fue ahí que discutimos con Cristina la necesidad de volver a un mandato múltiple como siempre había tenido el Banco Central, y a partir de ahí se desenvolvieron políticas más activas, interviniendo en algo que hoy es muy sensible para el conjunto de la población, porque el crédito no está llegando competitivamente y las familias de la Argentina están sobreendeudadas.

—¿Y podría explicar el conflicto que sí le queda en la memoria de los argentinos de un poco más edad, en la salida de Redrado del Banco Central y la discusión sobre las reservas, si eran del Banco Central o eran del Poder Ejecutivo, y la modificación de la Carta Orgánica? Colocarlo en contexto de la salida de Redrado. ¿Y qué pasó allí, desde su propia visión?

—Bueno, la salida de Redrado, que Cristina firmó en el año 2009, firmó un DNU, justamente veníamos de la crisis financiera del 2008, en una situación internacional muy complicada, para decir: bueno, parte de la política de desendudamiento, además de generar confianza en la Argentina, de que nosotros vamos a honrar nuestros compromisos, y teníamos reservas suficientes, es pagar con reservas.

Saca al DNU el Fondo del Bicentenario, que eran 6.500 millones de dólares, algo por el estilo. Bueno, ahí Redrado se planta y dice: no, no lo acato. Y ahí fue que fue removido y a mí me tocó asumir posteriormente. Se judicializó y después se levantó ese amparo que había para inhibir esa posibilidad y pudimos pagar. Entonces, yo creo que lo que no hay que hacer es naturalizar esta idea de que el Banco Central no es parte del sector público. A ver, el Banco Central es autónomo, es autárquico, no puede recibir instrucciones del Poder Ejecutivo, pero sí tiene que articular y coordinar con las decisiones de un gobierno democráticamente elegido.

A mí siempre me llamó la atención esta naturalización que decíamos: el Presidente de la Nación define, el Ministro de Economía define, el Ministro de Salud define, el Ministro de Trabajo define, pero no, el Presidente del Banco Central se tiene que quedar y son y sobrepasar el término de un gobierno constitucional. Esto a mí siempre me llamó. Es algo que es muy común en esta era de los bancos centrales autónomos, diría de los 80 en adelante. Nosotros no lo modificamos, sigue vigente esa autarquía, si incorporamos la necesidad de la coordinación, que es casi una obviedad. 

RM/MSS