"Milei ve las relaciones internacionales como economía, se le pierde lo humano”
Ricardo Lagorio cuestionó el alineamiento de la Argentina con Estados Unidos e Israel, advirtió sobre los riesgos de sacar a Malvinas del marco de Naciones Unidas y señaló que el Gobierno reduce las relaciones internacionales a una mirada económica.
En un escenario internacional marcado por la guerra en Ucrania, las tensiones entre las grandes potencias y la disputa diplomática por las Islas Malvinas, la política exterior argentina vuelve a quedar en el centro de la discusión. Ricardo Lagorio, diplomático de carrera y exrepresentante argentino ante las Naciones Unidas, analizó en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), la orientación del gobierno de Javier Milei y advirtió sobre los riesgos de confundir una política exterior basada en intereses permanentes con otra condicionada por afinidades personales o coyunturales.
Con más de 40 años de trayectoria diplomática y experiencia como embajador en Rusia y representante ante la ONU, Lagorio planteó sus diferencias con el enfoque internacional de la actual administración, especialmente por su vínculo con Estados Unidos e Israel y por el lugar que ocupa el multilateralismo. También se refirió a Malvinas, a la relación entre Rusia, Europa y China y a la necesidad de recuperar una mirada de las relaciones internacionales que, según sostuvo, no reduzca todo a la economía: “Ahora nos perdemos lo humano”.
Ricardo Lagorio es un diplomático de carrera que cuenta con una extensa trayectoria en el ámbito de las relaciones internacionales. Se desempeñó como embajador en Rusia en 2016, con concurrencia en Bielorrusia; como jefe de misión adjunto en la Embajada de Argentina en los Estados Unidos entre 2000 y 2003; fue representante permanente ante la ONU, designado por la administración de Javier Milei a comienzos de 2024. Pero, tras discrepancias con la línea dura de la Casa Rosada y la recordada votación de la delegación argentina en relación con Cuba, fue removido de sus funciones a finales de octubre de 2024.
Ricardo, usted ha cruzado distintas administraciones, de distintas ideologías y distintas formas de encarar la visión del mundo, así que tiene buenas credenciales para podernos hacer un balance. De algo que usted ha marcado: cuánta diferencia hay entre una política exterior basada en intereses permanentes y una basada en afinidades personales o coyunturales. Entonces, le pido que profundice su idea en el marco de lo que está pasando hoy en día con Malvinas, con la relación con Estados Unidos y con la política en general del gobierno de Javier Milei.
Mire, como no, ante todo muchísimas gracias por la invitación. Mire, yo soy un funcionario del Servicio Exterior de la Nación. Tuve más de 40 años como diplomático y sirvo a la Nación, no a un presidente o presidenta de turno. Y es importante: la política exterior tiene que tener continuidad, no puede cambiar cada cuatro u ocho años debido a la alternancia, muy bueno y positivo de la democracia, de los ciclos electorales. Por eso, la política exterior tiene que tener un eje, basarse en intereses, valores y continuidad. Y yendo a su pregunta específica de Malvinas, a mí me parece muy importante que el señor presidente de la Nación haya dado el discurso que dio. Yo lo dividiría en dos: la parte conceptual, reconocer la relevancia de Naciones Unidas en la solución del problema de Malvinas, algo que hasta ahora no lo había hecho. A mí me tocó ser su embajador durante nueve meses en Naciones Unidas. Es un presidente que no quiere el multilateralismo, no lo entiende, no lo respeta, y el multilateralismo es esencial. Así que esa dimensión me parece muy buena, que sería la dimensión de continuidad de la política exterior de Malvinas. Me preocupa el contexto en el cual lo estamos dando, porque esta renovación del interés en las islas Malvinas no pareciera estar únicamente en el tema del paraguas de las Naciones Unidas, el multilateralismo, el hecho de que sea un tema de descolonización, sino que pareciera entrar mucho más en la dimensión temporaria, coyuntural de —yo diría— la diferencia que tiene el presidente Trump con el Reino Unido y con Europa. Y eso es riesgoso, es peligroso, porque el tema Malvinas no debe salir de su cauce multilateral. Las Malvinas no se van a ganar en Naciones Unidas, pero sí se pueden perder, porque si las sacamos del contexto, que es un tema de descolonización, que tenemos el apoyo de la comunidad internacional, y pasa a ser un tema transaccional dentro de la política sumamente cambiante del presidente Trump, que cambia varias veces de idea al día, yo no garantizaría un final feliz. Sobre todo porque el presidente Trump lo único que ha dicho es que puede rever la política. Yo no lo he escuchado decir que las islas Malvinas son argentinas. Ese sí sería otro tema.
Cuando usted dice que las podemos perder en las Naciones Unidas, me gustaría que compartiera con los legos en relaciones internacionales qué garantía significa para la Argentina que el tema esté dentro del marco de la descolonización. ¿Cuáles son los peligros que significa que salga de ese marco y vaya a ser simplemente una negociación entre potencias?
Que esté en el marco de la descolonización significa que nosotros tenemos el apoyo de países con los cuales tenemos relaciones bilaterales muy malas. Por ejemplo, todos los años, cuando se negocia la resolución en el Comité de Descolonización de las Islas Malvinas, ahí me ha tocado ser yo, tuve que hablar con Corea del Norte, Irán, Nicaragua, Cuba, Siria y Venezuela en el año 2024, que tenemos enormes diferencias, empezando por Irán, que es un país del cual hemos sufrido sus consecuencias terroristas, pero que nos apoya. Y nos apoya África, nos apoya Latinoamérica, nos apoya Brasil, con el cual no tenemos buenas relaciones ahora. Si eso lo perdemos y entramos en un contexto bilateral transaccional, donde el presidente Trump podría ser un mediador, como él lo ha insinuado, desde ya sería fantástico que el presidente Trump diga que las Malvinas son argentinas. Mientras que no lo diga, es un poco riesgoso, porque entonces cambiaríamos ese, digamos, paraguas de soberanía, legalidad y legitimidad que nos dan cientos de países en Naciones Unidas por el voluntarismo cambiante de un presidente que va a jugar la ficha Malvinas en su tablero con el Reino Unido y con Europa.
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O sea, concretamente, lo más fuerte que tiene la Argentina es que tiene razón. Es una cuestión de derecho dentro del marco de la descolonización. Quitar ese marco y que pase a ser una negociación por fuera de si tiene razón o no tiene razón, solo si tiene fuerza o no tiene fuerza, sería perder la mayor ventaja que tiene la Argentina.
Así es, porque todos los países que se han descolonizado se han descolonizado bajo el principio de la autodeterminación. La Argentina pudo incorporar el principio de la continuidad territorial, que es reconocido por Naciones Unidas como un principio también para la descolonización. Eso no lo podemos perder, eso no lo podemos perder. Y saliendo de Naciones Unidas corremos ese fuerte riesgo.
Ricardo, usted tiene una experiencia única, que es haber sido durante casi el primer año de esta presidencia su representante de las Naciones Unidas, usted decía: tenemos un presidente que no cree en el multilateralismo. Me gustaría ahora salir del tema de Malvinas y elevarlo a toda la política internacional del gobierno. Brasil, por ejemplo, China. Me gustaría su opinión general sobre la mirada del gobierno actual sobre las relaciones internacionales.
Mire, no es ningún secreto que el señor presidente lo ha dicho: que la política exterior argentina debe alinearse con Estados Unidos, yo diría Donald Trump, y con Israel, Netanyahu. El alineamiento no es política, porque nosotros no tenemos los mismos intereses que Estados Unidos e Israel. Podemos coincidir en un 70, 80, 90, 50 por ciento, pero nunca el alineamiento, porque termina siendo subordinación y nos quita margen de maniobra. En cambio, nuestros países más cercanos, vecinos, aliados históricos, como Brasil, lo dejamos de lado. Uruguay mismo, Europa. Con el cual hemos firmado un tratado de libre comercio que es fundamental. En el mismo discurso del señor presidente se refiere en forma denigrante de Europa. El Reino Unido es innecesario, es innecesario. Hay que tener y, desde ya, no hablamos de África, de Asia. Tener a Estados Unidos de lado es muy importante. Ahora, a Estados Unidos, no a una administración tan fluctuante, que es distinto. Yo distingo los Estados Unidos de Donald Trump. Yo distingo al Estado de Israel de Netanyahu, porque si personalizamos las relaciones, las hacemos dependientes de la duración de esas personas y, por suerte, en democracia, mayorías y minorías son transitorias, y eso hay que tenerlo en cuenta.
Puede ser también, Ricardo, que teniendo un presidente economista y que pone tanto foco en la economía, reduzca las relaciones internacionales a relaciones económicas, que sea otro de los problemas?
Muy probablemente, y por eso fíjese, Jorge, que en la Cancillería no hay vicecanciller. Normalmente, en la Cancillería, el número dos es el secretario de Relaciones Exteriores. Está vacante. Totalmente de acuerdo. Es una visión del mundo: finanzas, economía. Ahora nos perdemos lo humano. Yo soy un multilateralista tempranillo, fue mi primer destino, pero fíjese que la Carta de las Naciones Unidas, tomando una frase fenomenal de la Constitución de Estados Unidos, empieza con “nosotros los pueblos”, we the people, no nosotros las economías. No perdamos de vista que, en definitiva, la política tiene que ver con el ser humano, con nosotros los pueblos y con mejorar su bienestar. Y no se mejora solamente en términos económicos. Faltan las instituciones, la cultura, y eso va mucho, mucho más allá de... Lo escuchaba antes, la infraestructura económica.
Ricardo, me gustaría su opinión sobre Rusia, con la experiencia de haber estado allí. Rusia-Europa, Rusia-Asia, Rusia-China. Está claro que la economía se ha trasladado a Asia y Rusia quedó ahí, en el medio, como una potencia, como tiene su escudo, mirando las águilas bicéfalas al oriente y occidente. Bueno, con su experiencia de haber sido embajador en Rusia, la guerra en Ucrania, el péndulo ahora al revés que Rusia hace con China, cuando antes China hacía con Rusia, ¿cómo imagina el papel de Rusia en este contexto de afectación a Europa por un lado como una amenaza y a China como un aliado?
Mire, Rusia es un país necesario. Enorme error, muy criticable y condenable la invasión a Ucrania. Un país como Rusia no puede ni debe hacerlo. Ellos tienen sus agravios, pero nada justifica la invasión, como nada justifica lo que está haciendo Estados Unidos en Irán. Ahora, yo diría que el gran desafío para Rusia, para Europa, para el mundo, es cómo se reinserta Rusia en el espacio europeo. Rusia es Euroasia, ahora es Europa. Europa, si no consigue tener una relación moderna, legal con Rusia, nunca eso va a ser definitorio, porque dejar a Rusia solamente en el ámbito asiático, dependiente de China, con el cual comparte más de 4.000 kilómetros de frontera, no es positivo para la estabilidad europea o del mundo. Así que yo diría que acá está el desafío de terminar la guerra sin violentar a Ucrania, nada fácil, y cómo se reinserta Europa en el escenario europeo, que quizás fue el mal manejo de los 90 que no ayudó a esto. Fácil hablar hacia atrás, pero personajes tan importantes como George Kennan y Henry Kissinger decían que la expansión de la OTAN era un error, y evidentemente lo fue. Eso no justifica la invasión, pero hay que reconocer los errores.
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Yo, como diplomático, creo en el soft power, no en el hard power. Todos los años, Jorge, se aumenta el presupuesto para la defensa y se disminuye el presupuesto de la paz, y todos los años hay más conflictos. Mi moraleja: si no creemos en la paz, al menos usémosla porque es más barata.
Ricardo Lagorio, muchísimas gracias. Fue un placer.
Igualmente, muchas gracias. Buen día.
LMM
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