Fragilidad estructural

Por qué 2026 será una año tranquilo financieramente, según Gabriel Rubinstein

El economista advierte que la calma no nace de la solidez interna, sino del respaldo político de Estados Unidos.

Gabriel Rubinstein, economista Foto: Twitter

“2025 cerró bien”, resumió Gabriel Rubinstein al analizar el escenario económico reciente, y proyectó que ese contexto favorable “debería extenderse durante todo el 2026”. Según el economista, esa "tranquilidad" no responde a una fortaleza estructural sino a un factor externo: “el gobierno ha conseguido un apoyo muy fuerte del gobierno de Estados Unidos”, que permitió “calmar las aguas” y sostener el orden financiero, aun cuando el país mantiene “reservas negativas en 18.000 millones de dólares” y depende “95 % de la voluntad” del secretario del Tesoro norteamericano. De todas formas, en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el exfuncionario aclaró: "Los problemas, que son un montón, siguen. A los que les va bien, les va bien; a los que les va mal, les va mal".

Gabriel Rubinstein es licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires, ocupó el cargo de secretario de Política Económica en el gobierno entre 2022 y 2023. En el período 2002–2005 fue asesor de la Secretaría de Finanzas Argentina y representante del Ministerio de Economía en el Banco Central de la República Argentina. En la actualidad se desempeña como director de IAR Consultora, anteriormente conocida como Gran Consultora. R

¿Cómo cerró 2025 en términos económicos y qué perspectivas se abren de cara a 2026?

2025 cerró bien, cerró tranquilo, después de haber pasado por un susto muy grande en toda la época preelectoral, que pudo tener consecuencias muy negativas y bastante caóticas, pero que se pudo frenar, y donde fue muy importante: el gobierno ha conseguido un apoyo irrestricto, un apoyo muy fuerte del gobierno de Estados Unidos, que le permitió calmar las aguas, le facilitó que ganen las elecciones. Una vez que ganan las elecciones, y con ese apoyo externo, todo se tranquilizó y ahora estamos en ese período de tranquilidad que, en principio, debería extenderse durante todo el 2026.

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No hay en principio drivers o situaciones que uno pueda probar que generen, por ejemplo, corridas cambiarias.  Siempre en Argentina suelen ser el termómetro, suele ser el síntoma de que algo, algún terremoto, está ocurriendo o va ocurrir. Y bueno, ahora todo se presenta mucho más tranquilo y, salvo algo inesperado, los problemas hay un montón que siguen. A los que les va bien, les va bien; a los que les va mal, les va mal, y todo eso va a seguir así. Hay muchos temas ligados a la situación de la industria, la pérdida del empleo. Se pierde la industria y se gana el Rappi y el Uber, etcétera.

Hay muchos temas, que eso también es usual en cualquier país del mundo: que hay problemas que solucionar. Pero no se ve que este año, a nivel financiero, pueda haber una situación ya muy complicada, excepto que, se formara una oposición política, que ya se forme este año, cosa que es difícil, que se vislumbre que le pueda competir a Milei exitosamente. Eso puede ser aquello que cambie el panorama de tranquilidad cambiaría, pero no necesariamente por el “riesgo kuka”, como dice el gobierno. Simplemente porque pueda venir otro gobierno que pueda pensar que sea más conveniente que haya un dólar más alto. El tema es que haya una oposición competitiva que crea, o que sea percibida, que va a buscar un dólar más alto en Argentina, te dispara una catástrofe cambiaria.

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Respecto del riesgo país, ¿no resulta paradójico que en realidad el riesgo sea la oposición al oficialismo? Por un lado el riesgo país, por otro lado el valor del dólar, y que desate, como vos decías, una crisis financiera.Cuando la lógica de la democracia es la alternancia y, por el contrario, lo que tendría que bajar el riesgo país y calmar a los mercados es que exista una oposición seria y responsable.

En cuanto al riesgo país, efectivamente, si existe una oposición seria y responsable, debería bajar, y debería bajar bastante, porque es una de las cosas que impide que el riesgo país baje sustancialmente, si bien ha bajado mucho últimamente. Deberíamos todos pensar que no hay riesgo de default, que no hay riesgo fiscal, y cualquiera que venga al gobierno va a hacer las cosas bien en ese punto: la macro va a estar ordenada.  Ahora bien, como el tema cambiario está irresuelto, y eso siempre genera una tensión, cualquier crisis cambiaria puede generar un efecto dominó negativo, y eso también asusta a los inversores.

O sea, el hecho de que tu situación cambiaria hoy dependa 95 % de la voluntad de un tipo que se llama Scott Bessent, que es el secretario del Tesoro americano, que es el secretario de Trump, de un gobierno de Trump que no le está yendo bien electoralmente y que mañana puede cambiar de opinión por cualquier razón, o puede simplemente ser reemplazado por otro gobierno. Eso trae una fragilidad estructural. Argentina hoy, con reservas negativas en 18.000 millones de dólares, depende para su orden macroeconómico de una decisión de Trump. Si Trump sube el pulgar, está todo bien. Si Trump baja el pulgar, está todo mal.

Eso es una fragilidad que Argentina debería buscar las formas, aunque sea con algo de tiempo, de terminar con eso. No por una cuestión ideológica, antiamericana ni nada, sino una elemental situación de fortaleza interna. Y si vas a tener un apoyo externo, que hoy lo necesitás, tenés que buscar que ese apoyo externo sea de la comunidad internacional o de algún país en particular hacia la República Argentina, y no de Trump a Milei, porque eso te pone de manifiesto la debilidad de la estructura. 

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En ese sentido, ¿vos creés que está el gobierno dejando pasar una ventana de oportunidad para unificar el mercado de cambios ahora, sin un riesgo de salto devaluatorio, con esta especie de verano financiero?

Sí, habría que sacar algunas retenciones para que se termine la brecha del 4 al 5 % a través de esa forma. Es un tema. Pero yo creo que, más que eso, lo importante sería ir hacia un esquema cambiario más sólido. Una manera de ir a un esquema cambiario más sólido: compras de reservas y que la acumulación, lo que quede en el Banco Central de esas compras, sea mucho más sustancioso de lo que es ahora y de lo que el gobierno prevé. Como arrancamos de 18.000 negativas, tendríamos que tener más o menos 30.000 positivas como mínimo. Estamos como 40.000 o 50.000 millones de dólares abajo.

Claro, si vos tenés un tipo que tiene 100.000 millones de dólares que te dice: “Yo te voy a ayudar, pase lo que pase", bueno, te quedás tranquilo. Pero la debilidad se manifiesta y es importantísima. Entonces, lo que va a tener que hacer es ser agresivo en la compra de dólares. Al ser agresivo en la compra de dólares implica un dólar más alto y que, en todo caso, usar la ayuda americana, la ayuda de Bessent, para que no sea pánico.

O sea, en vez de mantener este techo o ese valor de referencia, sacárselo de encima, eh, comprar los dólares que tengas que ir comprando y saber que, a un valor más alto, ponele, 2.500, vas a tener ese put que te da la Unión Americana: “a ese valor dado te compro todos los dólares que sean necesarios”. Eso te frena el pánico en algún punto, por ejemplo 2.500, y de esa manera podés darte el espacio para ir comprando muchos más dólares de lo que el gobierno piensa: tres, cuatro, cinco veces más de lo que el gobierno piensa, aceptando que eso mantenga por algunos meses algún impacto inflacionario, pero que va solucionando un problema de fondo. 

Porque mantener todo el tiempo la inflación tratando de que baje,que igualmente está alta, pero tratando de que baje, y un día desensillar y tener un salto cambiario… ¿a quién le sirve? Es como postergar el problema. Si el gobierno no quiere postergar el problema, debería hacer algo diferente en materia cambiaria, porque el gobierno no está en condiciones de poder decir que la ayuda americana va a ser eterna.

Primero, porque no sabe si Milei va a ganar o perder las elecciones: no puede tener la arrogancia de pensar que siempre va a ser presidente. Y segundo, porque también Trump puede perder en 2028. Eso es lo que las encuestas hoy dicen. Y el Partido Demócrata no está de acuerdo con la ayuda a Argentina, y parte del Partido Republicano tampoco. Tiene fragilidades políticas en el horizonte. Entonces, para mí, lo recomendable, sin ninguna clase de populismo, sin ninguna consideración política de corto plazo, sería empezar a solucionar el problema cambiario en serio y no esta tímida política de compra de reservas.

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¿Y podría ser que desde el punto de vista político el objetivo de bajar la inflación y mantener el dólar bajo sea el objetivo electoral para 2027, y que finalmente ese salto cambiario, se produzca después de las elecciones de 2027, antes de que Trump salga del poder en 2028, y que haya un cálculo político sabiendo que sería mejor aceptar un dólar de paridad libre, que sería un poco más alto, que generara un poco más de inflación ahora, en lugar de aceptarlo, posponerlo para 2027 o fines de 2027?

Podría pasar. La cosa es que, como ahora hay tiempo, deberían hacerlo ahora. Si Milei gana en 2027, en principio creo que no va a tener tampoco muchos incentivos de corregir. Lo puede corregir también y puede aprovechar esa ayuda americana, que a lo mejor después se termina. Lo que pasa es que es una pena, porque justamente hoy, con el poder político que tiene hoy y después de una extitosa elección, y con la ayuda americana, yo diría: el momento es ahora. Parece que no se espera dos años para corregir un problema que podés corregir ahora, porque vos tenés tiempo políticamente de tener un salto inflacionario no muy grande durante unos meses y después tener una macro verdaderamente mucho más sólida.

Pero bueno, sí, seguramente el cálculo político es: lo que más nos conviene es intentar bajar la inflación mucho más de lo que ha logrado hasta ahora y seguir con eso, que sigue siendo el activo económico principal del gobierno. Y bueno, que la oposición no de señales de vida, digámoslo así, o de ser competitiva. Entonces, sigamos así, que tenemos el camino bastante avanzado para las elecciones, mientras tanto vamos haciendo reformas y lo que quieran de política, y las cosas estructurales, que pueden ser laboral, impositiva y de ahí en adelante, en una economía siempre muy a dos velocidades. Una parte a la que le va bien y otra parte a la que le va mal.

RM