Reino Unido: "La gente le dio la espalda a Starmer porque los laboristas quieren volver a la UE"
El concejal de Londres, empresario y experto económico Luis Felipe Tillería analiza la estrepitosa derrota del Partido Laborista en las urnas locales, el inminente relevo de Keir Starmer y los motivos por los cuales el electorado británico castiga los intentos de revertir el Brexit.
La estabilidad institucional que caracterizó históricamente al Reino Unido parece haber quedado en el pasado. Tras el quiebre que significó el Brexit, el sistema parlamentario británico se ha visto sumergido en un vertiginoso desfile de mandatarios y en una crisis de representación que agrieta su tradicional bipartidismo.
El reciente e histórico revés electoral del Partido Laborista en sus bastiones municipales tradicionales encendió las alarmas, forzando la salida de Keir Starmer y abriendo paso a liderazgos más radicalizados dentro de la izquierda.
Para comprender la anatomía de este sismo político y las particularidades de una democracia donde el partido —y no el voto directo ciudadano— define al jefe de Gobierno, Modo Fontevecchia por Net TV y Radio Perfil (AM 1190) dialogó con Luis Felipe Tillería, quien desde las entrañas de la política británica, analiza el impacto de la crisis migratoria en el sistema de bienestar, el crecimiento electoral de la derecha de la mano de Reform UK y la firmeza del electorado inglés frente a cualquier intento de la dirigencia por coquetear con un regreso a la Unión Europea.
Luis Felipe Tillería, concejal de la ciudad de Londres, es un empresario guayaquileño radicado en Barcelona y Londres. Es el primer latinoamericano en ser electo concejal en la ciudad de Londres. Experto en economía con cuatro maestrías a cuestas, ha sido galardonado también por su trayectoria pública y empresarial por 20 años en materia de emprendimiento, inversión y política responsable.
Luis, muy buenas tardes para usted allí en Inglaterra. Jorge Fontevecchia lo saluda. Ayúdenos a comprender qué pasó, qué terremoto antropológico pasó en Inglaterra, en Gran Bretaña, en el Reino Unido, que tuvieron tres jefes de gobierno que duraron diez años, seis años... Podríamos decir que hubo un cuarto de siglo con tres jefes de gobierno, y luego, a partir del Brexit, en diez años hubo siete, casi uno por año. Obviamente el Brexit es el punto de inflexión, pero es causa y consecuencia simultáneamente. Me gustaría que usted nos narrase ese cambio de percepción antropológico de los ingleses. Imagino, conjeturo —usted me confirmará—, una autopercepción de una caída de la autoestima de un país fracasado.
Un saludo primeramente, don Jorge, muchas gracias por el espacio. Un saludo a mis hermanos argentinos y un saludo de libertad para todos nuestros hermanos latinoamericanos también. Bien, yo creo que es muy ilógico tratar de capitanear en aguas pos-Brexit sin el capitán que de alguna manera lideró el Brexit. No creo que este cambio de gobierno, este cambio de ficha, se deba simplemente a que el Partido Laborista va a seguir siendo el partido de gobierno; según cómo funciona la democracia en el Reino Unido, el mandato lo tiene el partido. Entonces, ahora simplemente cambian de líder de partido y probablemente cambien un par de fichas en los ministerios, pero quien posiblemente comience a liderar es incluso más radical, más izquierdista que Starmer. Creo que esto no va a ser ninguna solución. Yo creo que incluso podremos ver, si es que no hay unas elecciones generales pronto, como usted dijo, al octavo primer ministro en esta década. Creo definitivamente que el Brexit jugó un papel muy importante, pero lamentablemente quienes han comenzado a liderar el Reino Unido eran personas que no creían en el Brexit, con lo cual es ilógico que esas personas sean quienes lideren al país en un ambiente pos-Brexit.
¿O podría ser una consecuencia de que la gente empezó a descubrir que el Brexit no fue una buena idea?
Yo soy pro-Brexit. Yo creo que el Brexit ha sido una buena idea; lo lamentable es que no ha sido bien capitaneada. Europa no está mejor que el Reino Unido. Creo que la Unión Europea en su conjunto no defiende los valores democráticos que se defienden en el Reino Unido y, en esto, quizás ese matrimonio nunca debió haber existido. La manera en la que los ingleses creen en la democracia es una democracia muy directa, muy local. Por ejemplo, no se vota en plancha por un partido que tiene 15 o 20 diputados o asambleístas. Aquí cada barrio elige un asambleísta, un diputado, un miembro del parlamento. Entonces, la papeleta dice el nombre y la dirección; la gente tiene la cercanía para escribirle una carta y decirle: "El próximo lunes quiero que votes así porque es el representante de este barrio, de esta comunidad". Es diferente, por ejemplo, a como pasa en la mayoría de países de Latinoamérica, en donde si yo le pregunto a la gente cómo se llamaba el segundo de la lista de diputados por la cual ustedes votaron en Buenos Aires, muchas personas no conocen al segundo, tercero o cuarto de la lista.
Exacto.
Simplemente ponen a alguien famoso de carne de cañón. Entonces, son dos diferentes formas de ver la democracia y, para los ingleses, el tener que recibir de alguna manera directrices de Bruselas, en una Unión Europea por la cual ellos no votaron, era algo que no encajaba muy bien con sus valores democráticos.
Clarísimo. Y agregaría otra particularidad más: el hecho de que cambia el jefe de gobierno, pero es el partido el que mantiene al jefe de gobierno y decide quién lo reemplaza, que es otra característica también que puede llamar la atención enormemente a los latinoamericanos.
Correcto. En esta democracia parlamentaria, el ciudadano elige al parlamentario, pero una vez que se forma el parlamento, es el partido el que elige al jefe de gobierno. En este caso ha habido el cambio de Starmer, no por un escándalo personal o algo de esa naturaleza, sino porque hace un par de meses, el mes pasado de hecho, tuvimos las elecciones municipales, las elecciones seccionales, y el Partido Laborista sufrió una grandísima derrota. Quedó relegado al tercer puesto. Perdieron, por ejemplo, el control de Hackney, que es uno de los barrios londinenses que desde su formación había sido laborista; es la primera vez en la historia que lo pierden, y así ocurrió en muchos otros barrios que eran principalmente laboristas. Ante esto, obviamente el partido piensa que Starmer no puede liderar al partido y no puede liderar a la nación si es que buscan permanecer en el poder un mandato más. En el mandato corriente deberían, dentro del plazo de tres años, convocar unas elecciones generales. Lo pueden hacer en cualquier momento; tienen que dar simplemente unas pocas semanas de noticia y tenemos elecciones. Eso está en potestad del partido que está en el gobierno.
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Nuevamente otra particularidad. Es decir, las elecciones dentro de todos los sistemas parlamentarios obviamente se diferencian de nuestros sistemas presidencialistas, pero también son diferentes de Europa en líneas generales. Cuando un jefe de gobierno de un sistema parlamentario en Europa cae, no es el partido el que coloca a otro; tienen que llamar a elecciones.
Correcto. Y normalmente estos reemplazos de partido elegidos dentro del propio partido simplemente carecen de alguna manera de cierta legitimidad. Por eso es la figura que se ha dado con el sucesor. Es muy probable que el sucesor, en un 99% de probabilidades diría yo, va a ser Andy Burnham, quien fue alcalde de Mánchester. Él es muy carismático, muy bueno haciendo campaña electoral. Precisamente porque él endosó y apoyó a uno de sus compañeros para ser electo por ese barrio, por esa ciudad de Mánchester como parlamentario, ahora su amigo ha renunciado. Al renunciar, se hacen unas nuevas elecciones que se llaman las by-elections, unas elecciones interinas solamente en ese espacio constituyente, en ese barrio donde renunció el miembro del parlamento. Ahí se puede presentar cualquiera, y el Partido Laborista eligió precisamente a Andy Burnham para que corra por esa silla, por ese curul, por ese puesto como miembro del parlamento. Efectivamente ganó el jueves pasado y se dice que obviamente todo esto ha sido una táctica para que él sea el nuevo primer ministro. De alguna manera tiene cierta legitimidad porque acaba de ganar unas elecciones hace menos de siete días.
Y más a la izquierda todavía, ¿no? Con un planteo colectivista.
Esto sí. Bueno, yo creo que el mundo se está dando cuenta del fracaso que se está generando y por eso es que el pueblo londinense, el pueblo inglés, ha dado la espalda ya al Partido Laborista. Creo que si llamasen a elecciones el día de mañana, el resultado sería muy similar a lo que tuvimos el mes pasado y tendríamos muy probablemente a Reform UK, el partido liderado por Nigel Farage, como el partido mayoritario.
Luis, ¿también puede ser que otra de las particularidades que ponen en terremoto el sistema inglés sea que el bipartidismo estaba muy consolidado y hoy empieza a agrietarse, al punto de estos vaticinios que usted hace, donde nos encontramos con un bipartidismo en crisis?
Totalmente, concuerdo con usted. La gente no encontró respuestas en el Partido Conservador. Lamentablemente ya no es el mismo Partido Conservador de hace dos o tres décadas; de hecho, yo lo llamaría un partido anticonservador. Más bien, Reform UK es quien de alguna manera viene a reivindicar todos esos valores de libertad: de proponer que los empresarios tengan la libertad de emprender empresas y de generar empleo; la libertad de las personas de poder defender su propiedad privada; y el nacionalismo, de alguna manera, también para defender las fronteras. Fíjese que aquí en Inglaterra se pagan bastantes impuestos, y está bien porque hay un buen pacto social en el cual de alguna manera se puede emprender. Sin embargo, al mismo tiempo que se puede emprender —y Londres es una de las capitales financieras del mundo por la que pasan 3.8 trillones de dólares al día—, al mismo tiempo tenemos un sistema de salud universal que es el NHS. Sin embargo, nos hemos dado cuenta de que se ha agotado la plata porque el Partido Laborista dejó de cuidar las fronteras. Entonces ahora si, por ejemplo, alguien viene aquí en bote, en barco ilegalmente, cruza el mar y se instala en las costas, tiene que pasar por un proceso de dos años. En ese proceso de dos años le dan un estipendio semanal y le pagan la casa. Esto parecería ridículo quizás en Latinoamérica: que a alguien que entra ilegalmente le comiencen a pagar su casa, le paguen su salud y le den dinero en efectivo todas las semanas. Esto causa un efecto llamada indudablemente, especialmente por cómo está el mundo. La gente dice: "Bueno, por último me niegan mi asilo, pero me quedé dos años recibiendo un dinerito, casa pagada para mí y para mi familia, y también me quedé con salud gratis". Quizás estas personas no eran realmente asilados, su vida no corría peligro, pero algunas personas tienden a utilizar y mal utilizar el modelo de asilo para decir: "Bueno, por lo menos por dos años estoy bien y luego me deportarán".
Luis, ¿existe posibilidad —hablábamos ayer con un colega suyo y analista de la Universidad de Oxford— de que Inglaterra vuelva a la Unión Europea, incluso durante el gobierno del laborismo?
Estaban en esas negociaciones. Yo creo que por eso ha sido el gran castigo de la gente. Como le digo, el inglés cree mucho en la democracia y, pese a que fue un resultado relativamente parejo, la gente votó. Y si la gente votó, ese resultado tiene que ser respetado por todos, especialmente por los que perdieron. Entonces, si la gente fue consultada sobre si quería salir de la Unión Europea y la gente dijo "queremos salir de la Unión Europea" y ganó el Brexit, los políticos tienen que simplemente acatar ese mandato popular. Fíjese que en Francia, a principios de los años 2000, hubo un referéndum similar y la gente votó para que Francia saliera de la Unión Europea, pero los políticos dijeron: "Bueno, no, en realidad ustedes no estaban bien informados; ignoremos lo que dijo la gente".
Luis, entonces, a ver si entiendo: ¿no es necesario, no es vinculante el referéndum? Es decir, ¿podría volver a la Unión Europea sin necesidad de hacer un nuevo referéndum?
Es correcto. Podrían volver a la Unión Europea sin necesidad de hacer un referéndum.
Francamente, parece una contradicción.
Claro. Se estila que una decisión, como se le llama aquí, que puede cambiar el destino de una generación, normalmente se someta a referéndum. Normalmente los políticos ingleses, de lo que yo me he dado cuenta, son lo suficientemente caballeros para aceptar el resultado. Como fue el caso, por ejemplo, de David Cameron: él creía que el Reino Unido tenía que estar en la Unión Europea, perdió el referéndum y dijo: "Como yo creo que deberíamos estar en la Unión Europea, pero la gente votó por el Brexit, yo no puedo capitanear este país en aguas pos-Brexit". Y renunció con mucha decencia. En Latinoamérica a veces vemos presidentes que se aferran al poder contrariamente al mandato popular. Aquí ese tipo de democracia por el momento ha funcionado bien y definitivamente, cuando el Partido Laborista comenzó a coquetear con la idea de volver a la Unión Europea o hacer acuerdos que se oponían a la esencia del Brexit, la gente les ha dado la lección.
Luis Felipe Tillería, muchísimas gracias. Su testimonio nos es muy valioso y le agradecemos su tiempo. Muy gentil.
A las órdenes. Adiós.
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