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MODO FONTEVECCHIA
REGRESO INMINENTE

El fin del Brexit: "Inglaterra podría volver a la UE en meses"

El politólogo y experto en política británica, Guillermo Makin, analiza la inestabilidad gubernamental en el Reino Unido, el impacto económico del Brexit que impulsa un histórico cambio de humor social hacia la Unión Europea, y traza un agudo paralelismo con la crisis del sistema democrático en los Estados Unidos.

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Siete primeros ministros en una década se presentan como el síntoma más evidente de un proceso político que, lejos de consolidar la soberanía británica mediante el Brexit, ha sumido al Reino Unido en una persistente crisis institucional. En la entrevista con Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el politólogo y analista internacional, doctor Guillermo Makin, indicó que este escenario no es más que la consecuencia directa de lo que define sin rodeos como un "disparate": la decisión de abandonar la Unión Europea.

En un diálogo exhaustivo que esquiva los lugares comunes, el actual investigador asociado en el Centro de Estudios Latinoamericanos de Cambridge desglosa las complejidades de un sistema parlamentario que, a diferencia del presidencialismo, utiliza la renovación de sus liderazgos como una válvula de escape ante situaciones críticas. Sin embargo, advierte que la economía británica no muestra datos que respalden los mitos de la separación, lo que ha generado un viraje drástico y paulatino en la subjetividad del electorado: hoy, una abrumadora mayoría de la sociedad desea el regreso a Europa.

A lo largo de la entrevista, Makin no solo profundiza en los desafíos que enfrenta el Partido Laborista para conducir este histórico cambio de humor social, sino que también cruza el Atlántico para trazar una provocativa comparación entre los sistemas políticos de las dos grandes potencias anglosajonas. Al contrastar el igualitarismo histórico de Inglaterra con lo que califica —apoyado en textos fundacionales y en las tesis económicas de Thomas Piketty— como la "república oligárquica" y profundamente desigual de los Estados Unidos en la era de Donald Trump y Silicon Valley, el analista ofrece una perspectiva lúcida, crítica y fundamental para comprender el descontento global de nuestra época.

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Guillermo Makin es politólogo, analista internacional y doctor por la Universidad de Cambridge. Es un reconocido experto en política británica y relaciones angloargentinas. Trabajó como asesor para la Cámara de los Comunes en Londres y actualmente es investigador asociado en el Centro de Estudios Latinoamericanos de Cambridge.

Guillermo, muy buenos días, muy buenas tardes para usted allí en Inglaterra. Siete primeros ministros en diez años. ¿Es la maldición del Brexit? Es decir, ¿Inglaterra no encuentra salida después de haber cometido un error, si es que así se puede considerar aquella decisión del Brexit?

Mire, señor Fontevecchia, en el sistema parlamentario es muy normal cambiar al primer ministro cuando hay una situación crítica. Es mejor que retener a un presidente que no tiene más control que sobre el estacionamiento de la Casa Rosada. El nuevo primer ministro tendrá un dato que será el otorgado por el partido que ganó las elecciones. Yo no dudo —es decir, no se puede poner en duda— que es difícil gobernar Gran Bretaña por la situación del Brexit, donde no hay ningún dato económico que indique que hayan crecido y favorecido la igualdad o el pleno empleo. Todo ha andado muy mal. Entonces, las consecuencias se pagan.

Y Guillermo, ¿hay un cambio de humor en la sociedad respecto del Brexit? Es decir, ¿hoy sería posible rever aquella decisión?

Sí, hay muchos indicadores, inclusive encuestas coincidentes, que indican que una mayoría abrumadora —el 64%, la última cifra que vi— dice que querrían retornar a la Unión Europea. Y la Unión Europea ha hecho saber que sí, que sería posible. Así que es cuestión de que se formalice todo esto y se converse.

¿Cuál sería el partido y cuál sería el líder que podría lograrlo con mayor éxito o con mayor eficacia?

Probablemente ninguno. En el Partido Conservador ni pensar, y en Reform tampoco. Así que el Partido Laborista tiene una mayoría de casi 200 diputados en una cámara de 650; entonces se puede mover cómodo si el partido se disciplina.

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¿Y en cuánto tiempo usted ve esto factible, un regreso del Reino Unido a la Unión Europea?

Por lo menos dos o tres meses. Pero comparado con las tardanzas que hubo antes en la década del 70, con el veto de de Gaulle y demás, es relativamente rápido el proceso. Además, la Unión Europea está deseosa de reincorporar a una economía importante como la británica.

Y eso, al mismo tiempo, ¿sería para la Unión Europea —en un momento en el que enfrenta serias dificultades— como un espaldarazo, un oxígeno nuevo?

Sí. Tendrá ciertas dificultades, pero las va negociando y superando. Y es, después de todo, la tercera economía del mundo después de Estados Unidos y China.

Guillermo, y la moneda independiente, que siempre fue una particularidad que tenía el Reino Unido, incluso siendo parte de la Unión Europea. ¿Usted cree que eso también es posible de ser cambiado y que puedan llegar a adoptar el euro, o eso está fuera de cualquier análisis?

Más allá de lo que yo crea, he leído que aceptarían que Gran Bretaña —como digo yo, el cada vez más desunido Reino de la que fue Bretaña— le van aceptar retener la libra.

Porque, obviamente, si la segunda plaza bursátil del mundo cambiara su moneda, sería una revolución económica inclusive.

Sí, pero los beneficios no serían unívocos. Es decir, lo que se gana por un lado se podría perder por el otro. A Londres le conviene mantener su actitud distinta, según entiendo por lo que me han dicho. Pero las circunstancias, como decía Maquiavelo, pueden determinar algo bastante distinto.

Guillermo, reflexionábamos con algunos colegas, algunos analistas tanto norteamericanos como argentinos, sobre cierta sincronía del cambio de humor en Gran Bretaña respecto del Brexit con el cambio de humor de los norteamericanos respecto de Trump, considerándolos a los dos —al Brexit y a Trump— como emergentes casi paralelos hace poco más de una década. ¿Usted encuentra algún punto de contacto en esto, tanto en la emergencia del Brexit y la primera presidencia de Trump, como ahora en el cambio de humor de los votantes en Gran Bretaña y en Estados Unidos?

Trump es un disparate. El Brexit fue un disparate. Todavía estamos por ver si Estados Unidos logra enderezar el barullo que ha hecho Trump de su política exterior y de sus fuerzas armadas. Así que no son simultáneos; hay un cierto retraso entre uno y otro.

Esa perspectiva de "disparate" que usted utiliza como una palabra bastante fuerte... ¿Es un cambio de subjetividad? Porque aceptaban disparates en un pasado cercano los ingleses. ¿A qué atribuye este cambio de subjetividad a lo largo de la década? Obviamente, al fracaso económico que significó la salida del Brexit. ¿O hay algún otro elemento más del orden de lo sociológico y no de lo económico?

Mire, el cambio a favor de una reunificación de Gran Bretaña con la Unión Europea ha sido paulatino en estos diez años, pero siempre muy marcado, más cuando se veían las cifras. El británico es un sistema muy democrático, mientras que en Estados Unidos muchas universidades y expertos lo han caracterizado últimamente como una república oligárquica. Entonces, muchas opiniones no cuentan o no corren para muchos sectores del electorado. Son sistemas políticos algo distintos: uno presidencial y el otro parlamentario.

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Ahora, fíjese lo particular, lo paradójico, porque el oligárquico sería el norteamericano, cuando normalmente Gran Bretaña tendría que ser la cuna de la aristocracia. Entiendo que usted se refiere a que es oligárquico...

Sí. Si usted lee El Federalista, que es la explicación que hacen los constitucionalistas que escribieron la Constitución estadounidense, dice en tres oportunidades que hay que impedir que prevalezca la mayoría. Eso en el Reino Unido nadie lo dice.

Dice que desde sus orígenes había un planteo en la Constitución norteamericana más elitista, para decirlo de alguna manera.

Claro, lo que pasa es que está acompañada por un mito que impide su reforma y su crítica.

Y cuando usted habla también de estas oligarquías, intuyo —corríjame si no estoy en lo cierto— que se está refiriendo a la acumulación de dinero que produce en Silicon Valley ahora la inteligencia artificial, y antes las empresas tecnológicas.

Sí, es una sociedad mucho más desigual. Gran Bretaña también es una sociedad muy desigual. Si usted se fija en la investigación que ha hecho (Thomas) Piketty, se demuestra que las dos sociedades eran mucho más igualitarias cuando realizaron la Segunda Guerra Mundial, porque debieron financiarla y cobrarle impuestos a la gente con altos ingresos. Ahora nadie hace eso ni en el Reino Unido ni en Estados Unidos.

Usted dice que de cualquier forma, más allá de que las dos se volvieron más desiguales, siempre hubo un igualitarismo mayor en Inglaterra que en Estados Unidos; que las diferencias de clases sociales en Estados Unidos siempre fueron más marcadas a lo largo de este siglo XX que pasó.

Sí. Bueno, es distinto porque en el siglo XX pasaron una serie de cosas que sería medio largo detallar, pero en efecto, en Estados Unidos tener éxito monetario es bien visto. En Inglaterra, a veces se seleccionan mal los métodos.

Muy interesante esta perspectiva de un Estados Unidos oligárquico y una Inglaterra más igualitaria. Guillermo, le agradezco muchísimo. Fue muy interesante hablar con usted, muy gentil.

Yo trabajé con ustedes varios años por la década de los 80, no sé si se acuerda de mí.

Francamente no, pero bueno, evidentemente fue un acierto haber trabajado con usted en la década de los 80, algo que tenemos que recomponer rápidamente.

Gracias.

De la misma forma. Muchísimas gracias.