INTERNACIONAL
Crisis diplomática en el Reino Unido

Escándalo en Washington: destituyen al número dos de la embajada británica por filtraciones de secretos de Estado

James Roscoe fue removido de su cargo de manera fulminante. La corona británica investiga la filtración de conversaciones ultrasecretas sobre la guerra de Irán, en un nuevo capítulo de purgas que salpican al Foreign Office tras el caso Epstein.

Rey Carlos y Donald Trump 28042026
Rey Carlos y Donald Trump | AFP

Un nuevo e impactante escándalo diplomático sacude los cimientos de la embajada de Gran Bretaña en Washington. James Roscoe, el número dos de la delegación y una de las figuras más respetadas del servicio exterior, fue destituido de forma fulminante por el gobierno británico.

Según una primicia del diario The Times, Roscoe está siendo interrogado en el marco de una investigación de alta seguridad por la filtración de conversaciones ultrasecretas sobre la guerra de Irán, ocurridas durante una reunión del Consejo de Seguridad Nacional.

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La noticia fue comunicada formalmente a los funcionarios de la embajada el pasado martes mediante un escueto correo electrónico, donde se les notificaba la remoción de Roscoe y se les anticipaba que los detalles sobre su salida se brindarían al día siguiente.

Hasta el momento, el hermetismo es total: se desconocen los motivos profundos de la drástica decisión y cuál es la situación legal y diplomática actual del exfuncionario.

Roscoe, de estabilizar la embajada a la caída en desgracia

James Roscoe, de 49 años, ocupaba el cargo de segundo al mando desde julio de 2022. Sin embargo, su rol se volvió crucial cuando debió asumir como embajador interino durante cinco meses, logrando estabilizar la delegación tras la abrupta salida del anterior embajador, Lord Peter Mandelson, quien fue removido por su vínculo con el caso Epstein.

Entre sus mayores éxitos recientes se destacaba la impecable organización de la visita de Donald Trump al palacio de Windsor y la reciente gira del rey Carlos III a Washington a finales de abril.

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Con la llegada del nuevo embajador, Sir Christian Turner, en febrero de este año, Roscoe había retomado sus funciones como encargado de la gestión diaria de la embajada. Su destitución causó una profunda conmoción en un cuerpo diplomático que ya venía severamente golpeado por el escándalo de Mandelson y su controvertido proceso de veto.

La trayectoria de Roscoe en el poder británico era intachable hasta este martes. Fue jefe de prensa en Downing Street bajo las gestiones de Tony Blair y Gordon Brown, secretario de comunicaciones de la Reina Isabel II, director de comunicaciones en la Oficina del Gabinete y el Departamento para la Salida de la Unión Europea (Brexit), y embajador ante la Asamblea General de la ONU en 2019.

Actualmente residía en Washington junto a su esposa, la reconocida violinista y escritora Clemency Burton-Hill.

El factor Epstein y la maldición de las filtraciones en Washington

La remoción de Roscoe se suma a una racha negra para la diplomacia del Reino Unido en territorio estadounidense. La embajada parece arrastrar una maldición de inestabilidad: Sir Kim Darroch debió renunciar en 2019 tras filtrarse cables donde criticaba a Donald Trump, y Peter Mandelson fue destituido por el primer ministro Sir Keir Starmer en 2025 debido a sus vínculos con el desacreditado financiero Jeffrey Epstein.

Sumado a esto, la última visita del rey Carlos III —que el propio Roscoe defendió públicamente en CNN como un símbolo de "unión" y de alianzas económicas y de defensa increíbles— ya venía empañada por otro desliz.

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El actual embajador, Sir Christian Turner, fue grabado en secreto en un liceo haciendo comentarios indiscretos que terminaron en el Financial Times. Turner afirmó allí que la verdadera "relación especial" de EE.UU. era con Israel y no con el Reino Unido, y criticó duramente al sistema político norteamericano por no avanzar contra las "altas personalidades" que eran amigas de Epstein, calificando de "extraordinario" que el escándalo no hubiera afectado a nadie en ese país.

Hoy, con la salida de Roscoe bajo sospecha de espionaje o infidencia en un tema tan sensible como Irán, el Foreign Office británico se sumerge en una era de purgas internas y paranoia geopolítica de consecuencias impredecibles.